jueves, 27 de abril de 2017

El agua en los cristales, por Miguel Molina


Es duro oír el agua en los cristales
y ver cómo la mente retrocede
a instantes que ya estaban superados:
amor, pasión, amistad, celos,
odio, placer, conocimiento,
el mar, mi familia, mi ciudad ...
todo vuelve de pronto a ser actual
bajo el nostálgico hechizo de la lluvia.
El tiempo va y viene como quiere
aunque seamos mayores cada día.

Esto hace que me sienta extraño
y, no obstante, algo me complace.
Me gusta tener de qué acordarme
cuando estoy solo, es otoño y llueve.

domingo, 23 de abril de 2017

El ritual del libro, por Rafael Reyes

Libros. Desde las baldas de las estanterías, sobre una mesita de noche apilados, encaramados a la cisterna del inodoro, sugerentes, seductores, sabiéndome lector convulso, como cantos de sirena me reclaman sus títulos. Y así comienza el ritual del libro. Lento, muy lento, como en un juego de amor prohibido, con la yema de mi índice voy acariciando las sutiles curvas de sus lomos. A veces, inopinadamente, me detengo. Me parece incluso percibir un ligero temblor en el que se cree el escogido. Pero luego continúo. Decidido, casi cruel, continúo mi recorrido. De repente, sin previo aviso, engarfio el dedo y tiro de uno. Un libro de poemas, el alma al desnudo. Sobre la solapilla la foto de un autor desconocido, de breve y humilde currículo. Empiezo a pasar hojas, una tras otra, recreándome en el tacto del papel como un licántropo en el plenilunio. En una página cualquiera leo quejas de amor reñido:
Me buscas, te escondes.
Insistes, que ceda.
sincera me embaucas.
Señales de humo,
mensajes cifrados.

Me convence, pero sigo. Hoy no seré presa fácil. Nunca venderse al primer postor, amigo. Lo coloco en su sitio, abriendo el hueco que, desahogados, ya casi ocupan sus vecinos, y sigo. Atento a todo indicio, sigo. Ahora me alejo un poco, busco una visión de conjunto. Así, alineados, como formados para el combate, mis libros deslumbran por su colorido. En los anaqueles, la paleta de un pintor maldito. Un jardín asilvestrado y florido. Un tapiz tornasolado de imposibles cromatismos.
Retomando el rumbo, recobrando el norte, me sumerjo de nuevo en el inmenso mar de mis inciertas cuitas. Descartado lo sublime, considero lo mundano. De la lírica a la vida. En la parte más alta, sobre toda la literatura, entre un libro de viajes y otro de astrología, me sorprende un recetario de cocina. Siempre me gustó lo que todos tienen de manual de alquimia. Magia culinaria; en vez de chisteras, marmitas. Meto alubias, chorizo y verdura, y saco un potaje que se pega a la cintura. Alfabéticamente ordenados, junto al número de la página en que figuran, contundentes o sofisticados, desfilan en el sumario cientos de platos para mi gula. Me prometo pantagruélicos festines. Ya crepitan los fogones de mi hornilla. Ya me veo con mandil, paleta en mano y paño en la cintura. Pero… ¿qué dirán mi madre y las visitas? No es lectura para un hombre de cultura. Mejor cambio de tercio. Ya habrá tiempo para guisos y frituras.
Un poco más abajo, un viejo libro de relatos sobresale y tímido me saluda. Descuadernado en fascículos, sus hojas amarillean ya de puro antiguo. Será heredado, sin duda. Miro en la primera, esa que llaman de cortesía. Ni dedicatorias ni rúbricas. Una cinta encarnada me señala un cuento costumbrista. Por título, en versales y a la vez cursiva, LA PARSIMONIA. En un salón, sentada a la mesa camilla, una abuela teje punto mientras su marido ordena las medicinas; al fondo el televisor mancha de noticias que ya no entienden ni les interesan el día. Una página después, a breves pinceladas desgranada, esta historia sin historia se acaba inconclusa. Siento, en un mismo instante, el placer de lo perecedero, de los finales abiertos, de cuando no ocurre nada, de cuando todo es intrascendente y simple.

¿Y qué me dicen del teatro? Un buena tragedia, de autor renombrado y solemne; una comedia de enredo, ligera y desenfadada; la irreverencia del sainete; la ejemplaridad de los beatíficos autos. Pero no es momento. Con estos textos suelo yo ensayar una suerte de recitado de grupo. Me reúno con amigos. Preferentemente una tarde de lluvia. Nos servimos unas copas, repartimos los papeles y, sin previo aviso, comienza nuestra temeraria función de estudio. Al principio sólo son falsetes; luego nos animamos. Ya imbuidos de la trama, terminamos levantados. Deambulamos por la sala y, con posturas y gestos, escenificamos los diálogos, engalanamos las peroratas. Déjenme de películas. Esto sí que es vivir la literatura.
De obligado cumplimiento, parada y fonda en el compendio del saber y el universo, mi diccionario enciclopédico ilustrado. En un rincón en penumbra, relegado por el pujante ingenio del progreso, resistiendo dignamente al tiempo, acumula en sus cumbres un polvo blanco que le da aires vetustos y solemnes. Fascinado por su inventario de banderas y sus catálogos de razas, con él desperté a la lectura. Allí descubrí el latín de las nomenclaturas. Allí aprendí a diferenciar la fauna europea del exotismo de la africana. Allí pasé horas muertas frente a mapas de colores que luego estudiaría en tardes amargas y eternas. Allí me esperaban, llenos de promesas furtivas, mis primeros cuerpos de mujer desnuda.
Y, ya puestos como estamos, muy cerca y casi también olvidados, El Guerrero del Antifaz, El Jabato y El Capitán Trueno. En edición facsímil y completa sólo esforzados héroes nacionales. Por únicos poderes nobleza, arrojo, tesón y sobre todo gallardía, mucha gallardía. ¡Voto a bríos! A lomos de las quimeras de un niño, en vertiginosos lances y desiguales lides, otra vez me sueño apuesto, intrépido y aguerrido, servidor de dulces y hermosas doncellas, vengador de débiles y desvalidos, azote de desalmados, bribones y malandrines.

Como veo que divago, hago una apuesta segura. Contra el testero de la izquierda, en los libreros bajos, mi colección de narrativa. Negro sobre blanco la gran literatura nos salva de la rutina. ¡Cuántas novelas! Policíacas, históricas, realistas, góticas, fantásticas, de aventuras… Algunas tienen incluso una faja que acredita su excelencia y les confiere aureola de exitosa y muy leída. Otras un tejuelo que como infractor me delata. Me olvidé de devolverla, el de la biblioteca me mata. Para andar ligero sobre asuntos tan graves y definitivos, para zanjar de una vez la cuestión que me desazona y me urge, leo contraportadas. Reseñas y más reseñas resumen su contenido. Todas me guiñan, con todas me quedaba. De las clásicas a las de vanguardia unas y otras me entusiasman. Cuanto más ojeo, menos me decido.
¿Y si para salir del paso, solo por esta noche, recurro a una solución de compromiso? Si no leo un poco en la cama, no duermo tranquilo. Algo más trivial, al mismo tiempo breve y sencillo. Un librito de anécdotas históricas, en plan divulgativo. Quizás uno de etimologías, que son muy entretenidas. Podría ser también una biografía, una guía sobre perros, el catálogo de un museo, un tratado de autoayuda…
Extenuado, confuso, completamente ebrio, ante mis libros me doy por vencido. Como un amante promiscuo en un burdel insólito y surtido, como un jugador empedernido a las puertas de un refulgente casino, como un niño goloso frente a un kiosco de domingo, hoy tampoco tomo partido.
Libros. Desde los baldas de las estanterías, sobre una mesita de noche apilados, encaramados a la cisterna del inodoro, sugerentes, seductores, sabiéndome lector convulso, como cantos de sirena mañana me reclamarán de nuevo sus títulos. Y así comenzará una vez más el ritual del libro.

miércoles, 19 de abril de 2017

El desprecio de las masas, por Ofelia Ara

“Posverdad”: Expresión de nuevo cuño, que mejor se podría llamar “supraverdad”, que significa que la noticia es trascendida por las consecuencias que provoca en la sociedad, en el ánimo de las personas. Así, la noticia pierde su importancia, solo vale su efecto. Por ello, es susceptible de ser falsa, hecho que no tiene ninguna relevancia.

Es necio no intentar defenderse de esta nueva realidad. Debemos como sociedad impedir que se manipule la información de un modo tan descarado. Aunque la Historia se escribe cada día y sería una ingenuidad pensar que no se ha reescrito con segundas intenciones, para sacar un provecho, un beneficio, un rédito, parece bochornoso que se eleve al rango de norma y se asiente como una actividad lícita entre nosotros.
El libro El desprecio de las masas. Ensayo sobre las luchas culturales de la sociedad moderna., de Peter Sloterdijk, escrito en el año 2000, ayuda a entender cómo funciona la sociedad. Ésta está conformada por una “masa” que, siendo un conjunto de personas, piensa y funciona de manera independiente a los elementos-hombres que la componen.
Peter Sloterdijk hace un repaso histórico por la formación de las masas sociales, cuyo origen está en la Modernidad. Desde Hegel, el gran tema filosófico ha sido la emancipación de la masa de los poderes que la oprimen. Pero antes de Hegel, y a diferencia de éste, Thomas Hobbes se propuso convertir la masa en súbdita. Utilizando el miedo como elemento activador de los hombres, defenderá un estado absoluto donde las conciencias se someterían en favor de la pacificación del espacio público. Aquel pensamiento, el de la emancipación, irá evolucionando a través de otros filósofos, como Spinoza, Marx (que analizó la insatisfacción de las sociedades-masas tradicionales), Nietzsche, y derivará en la creación de una ciencia universal de la naturaleza humana, la antropología, que se convertirá en la ciencia de la derogación de la nobleza y cancelará toda diferencia esencial entre los hombres. Y, al suprimir esta esencia, crea una dimensión lógica en la cultura de masas. La antropología expresa que el lema más poderoso del mundo de la igualdad es el esfuerzo de nacer.
Sloterdijk hace un análisis del pensamiento de Elías Canetti, filósofo bulgaro-alemán, que escribió en 1960 Masa y poder, libro que en su día no fue bien recibido porque se negó a la adulación y no fue complaciente con la sociedad a la que se dirigía (pensemos en nuestros numerosos aduladores actuales, tanto filósofos como sociólogos, en busca de la aceptación social). Canetti puso de manifiesto un hecho fundamental del siglo XX: el poder que poseen la maldad y la falsedad a la hora de arrastrar. Este es el primer riesgo que existe al pertenecer a una masa, el hecho de que ésta funciona y siente independientemente y por encima de cada uno de nosotros. Canetti está seguro de que el futuro será de masas dotadas de plenos poderes. Estas masas son las asambleas físicas, tan presentes en el siglo XX. La multitud, consciente de su presencia, constituirá una de las escenas fundamentales del espacio político. Y, hasta ahora, eso ha sido así.
Pero Canetti no anticipó que la evolución de las asambleas físicas se produciría hacia la participación en programas de medios de comunicación masivos. Y este es el mayor peligro para las sociedades-masas: la pérdida de conciencia de su unicidad, ya que solo se perciben a sí mismas a través de símbolos mediáticos. Ahora somos masa sin ver a los otros. Hay quien lo llama “la multitud solitaria”. Aquí es donde entramos nosotros como sociedad. A menudo hemos perdido la conciencia de nuestra potencia política; estamos rodeados de soledades. Como no conocemos nuestro potencial, estamos expuestos a manipulaciones. Aparecen las mentiras y se nos asigna un papel como conejillos de indias. Nos mienten para ver nuestra reacción; la reacción es el objetivo. Defendámonos.

El desprecio de las masas. Ensayo sobre las luchas culturales de la sociedad moderna. Peter Sloterdijk. Editorial Pre-textos

domingo, 16 de abril de 2017

Nada, por Rafi Jiménez


“Cariño, tengo escritas varias escenas bastante buenas, pero no tienen ninguna relación entre sí. ¿Qué hago?” Y la mujer le contestó: “No te preocupes: tú pégalas todas, que ya se encargarán los críticos de decir lo que significan”.
Javier Cercas. La velocidad de la luz.

Partimos de la premisa de que, a pesar de las críticas (totalmente subjetivas) que voy a verter a continuación, alabo a los artífices (directores y, sobre todo, escritores) de todas las obras que nombro, pues realizan una necesaria, hermosa, difícil y ardua labor, que yo no sería capaz de realizar. Dicho esto, expongo mi opinión.
Últimamente estoy un poco decepcionada con los premiados…
Me refiero a varios ámbitos; por ejemplo, las películas ganadoras de los Óscar de los últimos años dejan, según mi criterio (o mis gustos), mucho que desear. Cuando termino de verlas, me quedo como si nada. Nada se enciende en mí, nada me toca, nada me dice nada.
En cuanto a los Premios Planeta (que es donde yo quería llegar), acabo de terminar de leer la novela ganadora de 2016: Todo esto te daré de Dolores Redondo, escritora muy conocida últimamente por su trilogía del Baztán. Pues tampoco me ha dicho nada… La verdad es que he tardado en leérmelo mucho más de lo habitual y tras el proceso, nada de nuevo. Dice poco, los personajes son planos y la temática, muy de moda en estos últimos tiempos. Ya está.
En 2014 y 2015, Milena o el fémur más bello del mundo de Jorge Zepeda Patterson y Hombres desnudos de Alicia Giménez Bartlett. Todos ellos, por supuesto correctamente construidos y bien escritos, pero… falta algo.
Creo que puede ser la temática. Tratan temas actuales como: globalización, divorcios, escasez de trabajo, corrupción, prostitución, el cambio del papel de la mujer, más atenta a su situación laboral que a los quehaceres propios de la fémina (dedicarse a la casa y a traer niños al mundo…). Sobre este último tema leí el otro día un interesante artículo de Javier Marías titulado “Las tías solteras” y publicado en el País Semanal. No son temas muy agradecidos, no…
Inmensamente diferente es el gigante Juan José Millás. Un merecido (a mi entender…) Premio Planeta en 2007 con El Mundo, novela que, según el propio autor, lo arrolló cuando solo pensaba escribir un reportaje sobre él mismo. Pero este libro sí dice, sí hace sentir y sí envuelve. Cualquier libro de Millás, mago de las palabras, (léase La mujer loca) envuelve.
Y si nos retrotraemos más en los premios, nos vamos a 1988 con Filomeno a mi pesar. Memorias de un señorito descolocado de Gonzalo Torrente Ballester. Aquí sí que hay novela y construcción perfecta de los personajes. Parece que el original protagonista, Filomeno Freijomil Ademar de Alemcastre, es un personaje conocido de nuestra vida real, de tan bien como nos lo imaginamos y acabamos conociéndolo.
Al final, me da la impresión de que lo importante no son los temas en sí, que hoy merecen tanta consideración, sino lo que hay detrás de esos temas. Esa escritura de detrás es la realmente esencial, notable y trascendente. Como dice Javier Cercas: “En una novela lo que no se cuenta siempre es más relevante que lo que se cuenta”. Falta eso en estos últimos premios…
En conclusión, va a ser verdad lo que dice mi padre: “que lo de antes era mejor que lo de ahora”. No es del todo cierto, porque ahora hay mucho talento. Que se premie lo bueno.

lunes, 10 de abril de 2017

El juego de la guerra (y II), por Andrés Núñez Ruz

Lanzado en 1998 por Talon Soft, The Operational Art of War (TOAW) supuso para mí un importante descubrimiento. Por aquella época, con internet aún en un estado embrionario, aprovechaba cada vez que salía por Europa para visitar todas las tiendas de videojuegos o informática donde conseguir juegos bélicos difíciles de encontrar en España. Creo recordar haberlo comprado en Escocia, probablemente en Glasgow.
El título hace referencia a un término acuñado en la Segunda Guerra Mundial para mencionar las operaciones estratégicas en el Frente Ruso, donde lo gigantesco del escenario y enorme cantidad de soldados y material empleados llevaron a los soviéticos, que se sabían superiores en números, a una guerra de desgaste donde se buscaba la victoria más por el agotamiento del enemigo que por cualquier brillante estrategia o táctica.
TOAW, del que llegaron a editarse hasta seis versiones, comprendía escenarios que iban desde la Segunda Guerra Mundial hasta los conflictos modernos, incluida la guerra de Kosovo y enfrentamientos en una hipotética Tercera Guerra Mundial, y de los que destacaría las batallas en la Europa de los años 80. En mi caso, jugué a TOAW I 1939-1955 (del año 1998) y TOAW  Modern Battles 1956-2000 (del año 1999). El juego se desarrollaba por turnos en un tablero hexagonado que, dependiendo de la escala del escenario jugado, podía representar desde 2,5 hasta 50 km y los turnos entre seis horas y una semana. Las unidades podían identificar compañías, batallones, divisiones, cuerpos de ejército o ejércitos, representados en simbología militar que indicaba si se trataban de unidades de artillería, aviación, acorazadas, paracaidistas etc., y a las que se podía dar una amplia variedad de órdenes e instrucciones, así como consultar detalladamente el material del que disponían: ametralladoras, fusiles, cañones, misiles, vehículos...
Su gran pega para mí siempre fue que no era en tiempo real y esto siempre añade un gran elemento distorsionador a pesar de que se introduzcan reglas para paliarlo en la medida de lo posible.
Otro juego que suponía una interesante novedad fue el Close Combat (1996), desarrollado por Atomic Games en base a un juego de tablero de Avalon Hill. Se desarrollaba en tiempo real y en él dirigíamos a una sección o escuadrón de, normalmente, no mucho más de unos 20 o 40 soldados a los que se impartían órdenes de forma individual, aunque también se podían dirigir vehículos como carros de combate.
El Close Combat, cuyo escenario inicial fue el desembarco de Normandía, continúa desarrollándose incluso hoy en día, o hasta hace sólo un par de años, aunque yo sólo conozco las tres primeras ediciones: Close Combat II: Operación Market Garden (1997) y Close Combat III: Frente Ruso (1998). La vista del campo de batalla era cenital y en dos dimensiones. Con unos gráficos pasables para la época, se centraba en el uso de tácticas de infantería a pequeña escala; no llegó nunca a ser muy adictivo para mí.
Tras estos, mi siguiente gran descubrimiento fue la saga Total War. Aunque el juego inicial fue el Shogun Total War, el primero que yo conocí fue el Medieval Total War (MTW), lanzado en el año 2002. Se podía jugar a varios niveles, por turnos en un mapa de Europa, Norte de África y Oriente Próximo dividido en regiones, ofreciendo gran variedad de opciones políticas y de comercio, y  alucinantes batallas en tiempo real que podías jugar dirigiendo un ejército medieval. Podían ser batallas campales o asaltos a fortalezas y edificios con diferentes unidades (lanceros, arqueros, ballesteros, espadachines, caballería pesada o ligera, catapultas etc.), las cuales tenían distintas habilidades: emboscar, escaramuza, flechas incendiarias, formaciones defensivas y experiencia que iban ganando durante el transcurso del juego además de ir siendo mejoradas.
El MTW suponía un gran avance con respecto a lo que yo conocía anteriormente; la moral, el cansancio y experiencia de las tropas así como el liderazgo de tus generales eran factores fundamentales a la hora de librar una batalla. Pequeñas unidades bien situadas, motivadas y veteranas podían darte la victoria sobre ejércitos mucho mayores cuyos soldados pueden ser presa del pánico al ver como muere su general, por ejemplo. Todo esto por no hablar de unos gráficos bastante buenos para la época.
Al MTW le siguió el MTW II, que mejoraba las batallas en tiempo real pero suponía un gran cambio con respecto al juego sobre el mapa, ya que cambiaba radicalmente, no siendo del agrado de todos los seguidores de la saga. El MTW II es quizás el juego al que más tiempo haya dedicado jamás.
La saga Total War continúa muy viva hoy en día con gran cantidad de entusiastas seguidores y usando mecánicas de juego muy similares en Empire Total War (siglos XVIII y XIX), Napoleón Total War, Rome Total War II (el cual estoy jugando actualmente), todos ellos disponibles en la plataforma Steam (el buscar videojuegos  por las tiendas pasó a la historia).
Aunque no tan adictivo como el MTW, ni de lejos tan famoso, 1C Company lanzó en 2007 el Theatre of War (TOW). En su versión original podemos jugar escenarios de la Segunda Guerra Mundial en Francia, Polonia o Rusia. Nos coloca en la piel de un capitán o comandante que debe dirigir una o dos secciones de carros de combate (cuatro o cinco carros, en algunos casos hasta doce) o varias secciones de infantería (normalmente no más de unos 100 soldados). Podemos consultar el estado y habilidades de cada uno de nuestros soldados, ver si están heridos, en pánico o qué armamento llevan. Los vehículos son representados también con gran detalle, así como las piezas de artillería. Además pueden ser incluso capturados por el enemigo o nosotros mismos y, dependiendo de las habilidades de los soldados que lo hagan, su desempeño será mejor o peor. La representación de la balística de fuego es lo más realista que he visto nunca, los disparos de la artillería contracarro unas veces perforan el blindaje y otras rebotan contra el chasis y siguen su camino. Podemos pedir refuerzos, apoyo de fuego artillero o de la aviación (cuidado que nos puede bombardear a nosotros mismos), lo que nos costará puntos de prestigio que vamos ganando conforme cumplimos los objetivos del escenario.
El sonido es otro de los factores del TOW antes de ver las unidades; sobre todo si son vehículos, las oímos y podemos saber más o menos por dónde andan y qué son. Sus gráficos son alucinantes y podemos mover la cámara en tres dimensiones sobre el campo de batalla o centrarnos en la vista de un vehículo o soldado a los que podemos impartir órdenes de forma individual o colectiva. Con algunas mejoras se lanzaron dos secuelas más: TOW II Afrika Korps y TOW III Kursk 1943.
Para terminar el que para mí te mete en la piel de un comandante, coronel o general de la Segunda Guerra Mundial de la forma más realista posible. Se trata de Airbone assault Conquest of the Aegean (COTA), de Matrix Games (2006). En pleno siglo XXI, COTA presenta la misma simplicidad gráfica de los antiguos juegos de tablero para PC de los años 90, como Stalingrad y Operation Crusader. Sin embargo, su complejidad es máxima; jugamos sobre un mapa en tiempo real, las unidades se sitúan sobre el terreno abarcando los sectores de frente que nosotros les indiquemos y cumpliendo lo mejor posible las órdenes que les demos. Cuando damos una orden a una unidad, sección, compañía, batallón, regimiento.., ésta no se pone en marcha inmediatamente sino que tarda un tiempo en redactar e impartir las instrucciones entre sus unidades subordinadas, que dependerá de la habilidad de los jefes de dichas unidades. La información de inteligencia, es decir, lo que realmente está pasando y donde está el enemigo y cuáles son sus planes, tiene siempre un halo de incertidumbre a su alrededor como realmente ocurría. Tendremos acceso a una detallada información de la composición de nuestras unidades, soldados, vehículos, armas, munición y combustible, que irán agotando. Matrix Games ha desarrollado toda una saga basada en esta mecánica de juego: Airborne Assault: Red Devils over Arnhem (2002), Airborne Assault: Highway to the Reich (2003) y Airborne Assault: Conquest of the Aegean (2006). Para mí el juego de guerra definitivo en cuanto a realismo en el plano de la estrategia, aunque jugarlo suponga un reto que requiere de mucha paciencia y afición.

martes, 4 de abril de 2017

Hygge educativo, por Francisco García Gascó

Lo llaman Hygge y es un concepto 100% danés: se dice que éste hace a los hogares más cálidos y a la gente más feliz. Pero ¿qué es exactamente el hygge? y ¿es posible exportarlo a otros países?
Si le preguntamos a un danés qué es hygge, responderá que "es sentarse frente a la chimenea en una noche fría, vestido con un grueso suéter de lana mientras bebes un vino caliente con azúcar y especias y acaricias a tu perro echado a tu lado".
Hygge también es comer galletas de canela hechas en casa, mirar la TV bajo un edredón, tomar el té en una taza de porcelana china en la reunión de la familia en navidad.
Se pronuncia "hu-ga" y a menudo se le traduce como "lo acogedor". Pero tal como dicen los que saben, hygge es mucho más que eso: es una actitud total ante la vida y es lo que ha ayudado a Dinamarca a superar a Suiza e Islandia como el país más feliz del mundo.
Desde que tengo uso de razón mi vida ha estado impregnada de colegios y de maestros, ha sido mi hygge particular. Soy hijo único de padres maestros, que no docentes, unos padres que han amado profundamente su profesión y que me han transmitido esa pasión. Siempre estaba en el colegio y lo siento como mi casa.
Por causas y azares, que no las de Silvio, el verano pasado estuve una semana en Dinamarca junto a mi familia. En los últimos dos años Dinamarca se ha posicionado como el país más feliz del mundo y con uno de los mejores resultados mundiales en los informes de su sistema educativo. Cuando era más joven que ahora, y casi igual de marmosete, tenía la idea de que los escandinavos eran unos seres insensibles, rudos vikingos, una suerte de entes insensibles que desde sus insondables ojos azules nunca llegarían a la profundidad sentimental, al ardor eterno, al gozoso mundo del mediterráneo. Pero los patógenos de nuestra adolescencia se curan viajando. El pasado agosto descubrí un país abierto, culto, lector, amante del arte, de la música; de apariencia silente pero de corazón profundo, de parques infinitos, de espejeante limpieza, de pequeños lugares llenos de velas en torno a escondidas mesas en los que una furtiva conversación escondía la mayor de las felicidades…la de sentirte vivo.
Porque de eso se trata, de saber que estamos vivos, que amamos, que sonreímos, que hacemos más fácil y mejor la vida a los demás.
Y en este viaje los daneses me hablaron del hygge. Desde que soy maestro, porque esa es la maravillosa palabra con la que me llaman mis alumnos de Lucena, he sentido que el crear un lugar cálido, cercano, humano es el secreto para trabajar en las aulas. Una parte esencial de esa creación es mía, es nuestra. Mi alegría será su alegría, mi ilusión despertará el volcán de ingenio que llevan dentro.
Un colegio, un instituto se compone de dos conceptos esenciales: seres humanos, alumnos y maestros esencialmente, y edificio, con sus aulas, patios y lugares comunes. La administración debe entender que solo con los mejores profesores y los mejores lugares alcanzaremos la excelencia (recomiendo ver los trabajos en distintos colegios de la arquitecta holandesa Rosan Bosch, lugares de ciencia ficción para nuestra realidad educativa). No se debe escatimar en recursos. Estamos condenados a la revolución porque nuestra insensatez tiene fecha de caducidad: el día que ahogue definitivamente al sentido común, el ser humano desaparecerá.
Hagamos un hygge educativo, convirtamos nuestra aulas en tardes de invierno junto al fuego, contemos historias que llenen nuestras mentes de ilusiones, de sueños. Enseñemos, a los que todavía no conocen, nuestros alumnos, el inmenso placer de aprender, creemos un parnaso a medida de lo que nos merecemos y se merecen.
Formación, excelencia, inversión y sentido común (en esto último no entran los indicadores, los estándares ni las rúbricas) son los pilares básicos de nuestra silla de cuatro patas. Pero este invento no puede funcionar sin la pasión creadora, el fuego del día a día, el maestro. Esa es nuestra misión, cuidar la silla, hacerla única. Llenar las clases de sillas únicas, de miradas especiales.
El verdadero conocimiento nace de las tripas. Se aprende con el sentimiento, con el corazón y queda para siempre en nuestras almas.

sábado, 1 de abril de 2017

15 Concurso de Relato Corto y Fotografía "El coloquio de los perros" - Bases

La Asociación Cultural «El coloquio de los perros» convoca de forma conjunta su concurso de relato corto y de fotografía. El lema de ambos en esta edición será «Bares». Los participantes podrán concursar en ambos apartados o hacerlo de manera individual en uno sólo de ellos, ateniéndose, en todos los casos, a las normas establecidas en las bases. 

1. BASES CONCURSO DE RELATO CORTO
• Modalidad literaria y tema.
Relatos cortos que se adapten al lema «Bares». Se valorarán la originalidad y singularidad de los trabajos recibidos.

• Participantes.
Podrán concurrir a esta convocatoria escritores sin límite de edad, de cualquier nacionalidad, con obra u obras originales escritas en castellano y no premiadas ni publicadas en otros certámenes. Los autores que presenten más de una obra deberán cumplir de forma independiente y separada para cada uno de sus trabajos las formalidades que estas bases establecen. No podrán participar los miembros de la directiva de la asociación organizadora ni las personas integrantes del jurado. 

• Extensión.
Los relatos tendrán una extensión mínima de 3 folios y máxima de 5 (en tamaño DIN A-4), escritos con letra de cuerpo 12 y tipo Times New Roman, con un espaciado interlineal de 1,5 y márgenes de 2,5 cm. Todas las páginas estarán debidamente numeradas. 

• Presentación.
Las obras se podrán remitir por correo electrónico o postal.
En caso de usar el correo electrónico, el relato se enviará como archivo adjunto en formato pdf a la dirección concursoelcoloquio@yahoo.es.
Cada relato irá en un correo electrónico individual en cuyo asunto aparecerá: Concurso «El coloquio de los perros». En el correo se indicarán: nombre y apellidos del autor, dirección, teléfono y se adjuntará el DNI escaneado.
En caso de usar el correo postal, habrá de enviarse el relato impreso por quintuplicado y por el sistema de lema y plica (en un sobre se hará constar el título del escrito, dentro del cual se incluirán las copias del relato así como otro sobre pequeño cerrado que contendrá los datos de identificación del autor: nombre, apellidos, dirección, teléfono, email y fotocopia del DNI) a la siguiente dirección:
Asociación Cultural «El Coloquio de los Perros»
Avenida de la Constitución, 1-2-4
14550, Montilla (Córdoba)
El plazo de presentación de escritos finalizará el día 1 de julio de 2017. 

• Jurado.
El jurado, integrado por dos miembros de la Asociación organizadora y tres personas de reconocida solvencia en el campo de la crítica literaria, de la temática del concurso o miembros de alguna de las entidades colaboradoras, elegirá los trabajos finalistas, pudiendo estimar, en su caso, si la calidad de los trabajos recibidos no es la adecuada o no se adaptan a estas bases, declarar desiertos los premios.
Los premios serán entregados en un acto público que se anunciará con la debida antelación.

Varios.
Los autores, galardonados o no, facultan a la Asociación Cultural «El Coloquio de los Perros» para la publicación de los trabajos, haciendo constar en cualquier caso la autoría y procedencia de los mismos. Los trabajos no serán devueltos a sus autores. La participación en esta convocatoria implica la aceptación total de las decisiones de los miembros del jurado.
El jurado se atendrá en sus deliberaciones a las presentes bases y resolverá cualquier duda que pueda surgir durante el desarrollo del concurso. 

• Premios.
El Concurso estará dotado de un Primer Premio valorado en 400 euros, un Accésit de 100 euros, así como la publicación de los trabajos premiados.
Estos premios están sujetos a las retenciones tributarias legalmente establecidas.


2. BASES CONCURSO DE FOTOGRAFÍA
• Modalidad y tema.
Fotografías digitales, en color o blanco y negro, que tengan alguna relación con la temática «Bares». Se valorarán la originalidad y singularidad de los trabajos recibidos. 

• Participantes.
Podrán concurrir a esta convocatoria fotógrafos sin límite de edad, de cualquier nacionalidad, con imágenes originales no premiadas ni publicadas en otros certámenes hasta un máximo de 4. Los autores que presenten más de una obra deberán cumplir de forma independiente y separada para cada uno de sus trabajos las formalidades que estas bases establecen. No podrán participar los miembros de la directiva de la asociación organizadora ni los miembros del jurado. 

• Extensión.
Las imágenes deberán presentarse en formato jpg, con resolución de 300 ppp y tamaño mínimo de 1 MB. 

• Presentación.
Las fotografías se remitirán por correo electrónico a la siguiente dirección:
Cada fotografía irá en un correo electrónico individual en cuyo asunto aparecerá: Concurso «El coloquio de los perros». En el correo se indicarán: nombre y apellidos del autor, dirección, teléfono y se adjuntará el DNI escaneado. Además, se acompañará del título de la foto, un breve pie de foto, fecha y lugar de realización de la misma.
El plazo de presentación de imágenes finalizará el día 1 de julio de 2017. 

• Jurado.
El jurado estará integrado por una selección de miembros de la Asociación organizadora y de las entidades colaboradoras que elegirán los trabajos finalistas. En su caso, si el jurado estima que la calidad de los trabajos recibidos no es la adecuada o no se adaptan a estas bases, puede declarar desiertos los premios.
Los premios serán entregados en un acto público que se anunciará con la debida antelación. 

• Varios.
Los autores, galardonados o no, facultan a la Asociación Cultural «El Coloquio de los Perros» para la publicación de los trabajos, haciendo constar en cualquier caso la autoría y procedencia de los mismos. La participación en esta convocatoria implica la aceptación total de las decisiones de los miembros del jurado. El jurado se atendrá en sus deliberaciones a las presentes bases y resolverá cualquier duda que pueda surgir durante el desarrollo del concurso. 

• Premios.
El Concurso estará dotado de un Primer Premio valorado en 200 euros y la publicación de la obra conjuntamente con los relatos galardonados en el concurso de relato corto. Este premio está sujeto a las retenciones tributarias legalmente establecidas.

Asociación Cultural El coloquio de los perros

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