domingo, 12 de mayo de 2019

La isla, por Alba Delgado Núñez

La vida, a veces, nos manda circunstancias que nos ponen del revés. Ella ya tiene preparados sus propios designios. Como no te lo esperas, no sabes cómo narices vas a sobrellevar eso. Entonces te bloqueas, llega la ansiedad de golpe y porrazo. El no saber qué hacer. La incertidumbre, el desamparo... el anhelo.
Y son cosas que tenemos que vivir, tenemos que superar, tenemos que vencer. Tenemos que poner a prueba nuestra resiliencia. Pero el camino no siempre resulta tan fácil.
Hace algunos años, cuando era más joven, una vuelta de tuerca hizo que perdiera el norte, el sur, el este y el oeste. ¡Todos los sentidos! Se encontraba perdida, aislada, desamparada y triste. Un mal día detrás de otro y, al mes, treinta. Otro día y otro y no reventaba. Tantas acumulaciones juntas que no sabían por dónde salir. Llegaba la falta de aliento, de fuerza, la cabeza contra el suelo, la mano en el estómago, el dolor profundo y el llanto incesante que grita desde lo más profundo y deja en evidencia toda tu fortaleza.
Al final aprendió que llorar no es la pena, la pena es no poder hacerlo.
Y que la ansiedad es un monstruo que puedes descodificar, pero hay que tener algunas herramientas.
Entonces decidió que debía tener un lugar propio. Un espacio mental hecho a medida donde poder volar con la imaginación cuando los pájaros negros iban a picotearle las entrañas. LA ISLA.
Cerraba los ojos e imaginaba el sonido de las olas rompiendo con calma en la orilla. Mientras tanto, una fina arena blanca jugaba entre los dedos de sus pies. El sol secaba de su espalda las gotas que se habían adherido tras sumergirse en aquel agua cristalina, color turquesa. Miraba al horizonte y un cielo claro se fundía con el mar. La brisa mecía las hojas de enormes palmeras y un chico amable le ofrecía una piña colada a la par que le daba la bienvenida. O ¡a saber! Pero estaba muy rico. Las dos cosas.
En aquella playa paradisíaca había un chiringuito de día. Estaba hecho de madera o cañas de bambú (según le apeteciera, en su imaginación podía poner lo que quisiera). Y servían todas las bebidas en recipientes de frutas. Nunca vasos de plástico. Todos estaban ricos y daba igual cuántos bebiera o si tenían o no tenían alcohol. Por la noche, algunas personas tocaban tambores, charlaban alrededor de una hoguera, comían cosas a la brasa, saltaban el fuego y quemaban papeles llenos de miedos y malos rollos cuando los tenían que quemar. “¡Al Infierno los demonios! ¡Allí es donde tienen que estar!” Esa era la oración.
El chico se llamaba Rober. Era moreno, de piel tostada, ojos oscuros y pelo despeinado. Casi siempre iba descalzo y vestía con un bañador largo color granate. Era el que le ayudaba a mirar las cosas con objetividad y trazar los diferentes caminos para llegar hasta donde tenía que llegar. Una visión diferente. Siempre tranquilo, siempre con esa sonrisa en la boca, esos colmillos salientes que daban un toque de gracia a aquellos labios de terciopelo rojo.
La isla también escondía varios tesoros: una cueva llena de espejos, donde iban a mirar las cosas desde otra perspectiva; una montaña gigantesca, también con el mismo fin; y un jardín de la alegría donde estaba prohibido ponerse triste. El precio de entrada eran dos carcajadas y media. El medio de transporte eran los pies o, tal vez, el vuelo. Allí cualquiera se movía como le daba la gana. Por algunas carreteras conducían una R6; con el culo en pompa y la adrenalina galopante les devolvía la vida. Como la B12, esencial para el cerebro. Para descansar, había creado una cabaña de madera, con una cama grande, de sábanas blancas y muchos cojines. Tenía todo lo que podía imaginar. Al fin y al cabo, era suya.
Así era La Isla: salvaje, natural, tranquila... y siempre, siempre, SIEMPRE. curativa. Le ayudaba a sacar cosas en claro, a organizar ideas, a no machacarse con malos pensamientos... Al principio iba muy a menudo. Pero sabía perfectamente que no era un lugar para quedarse. De vez en cuando va a visitar a Rober y sus “posibles” soluciones. Sonríe acordándose del sol que bailaba por su espalda. Y agradece haber podido vencer tantas batallas. Pero no, La Isla no es para siempre. A veces hay otras personas que necesitan estar ahí. Nosotros tenemos que aprender y no depender siempre de los mismos recursos. Hay luchas que debemos combatir solos.
Aunque ella (La Isla) siempre va a estar ahí, y Rober, y sus piñas coladas, sus dos carcajadas y media, sus colmillos salientes, sus labios de terciopelo rojo...
Piénsalo ahora tú: Si pudieras crear un lugar en tu mente para escapar de los pájaros negros ¿A dónde viajarías?

lunes, 6 de mayo de 2019

Tom Clancy's Ghost Recon Wildlands PC (2017), por David Luna

La última entrega de la prestigiosa franquicia Ghost Recon (ya llevan 10 juegos y la mayoría con mucho éxito) nos presenta un shooter en tercera persona táctico de mun-do abierto. Desarrollado y distribuido por Ubisoft nos lleva esta vez a Bolivia, donde tendremos que luchar con los poderosos cárteles de la droga.
Una de las principales cosas que llaman la atención es el extenso mapeado del juego, que nos da la libertad total de recorrerlo como queramos; eso sí, dependiendo de la zona escogida las misiones serán más fáciles o más difíciles.
Al principio empezaremos con poca munición, armamento más rudimentario y destre-zas limitadas; a medida que vayamos jugando podremos aumentar de nivel desblo-queando un amplio árbol de habilidades, armas, accesorios, ayudas y vehículos.
La inmersión del juego es sorprendente gracias a sus vistosos y cuidados escenarios, sus ciclos de día y noche bien implementados (por la noche muchos enemigos estarán durmiendo, por el día eres más visible…), fauna local, habitantes y vegetación; clima-tología cambiante (lluvia, viento, nieve…), dando la sensación de que realmente esta-mos recorriendo una parte de Bolivia.
Una vez hayamos liberados todas las regiones, podremos enfrentarnos al Sueño, que es el jefe final y líder de la organización. El juego presenta varios finales, que depen-derán de si hemos realizado todas las misiones del juego, y un gran giro argumental de esos que te dejan con ganas de saber más. Lamentablemente, los DLCs (contenido añadido a posteriori) solo sirven para aumentar el número de horas (cosa que no es malo), pero no desarrollan la trama principal.
Si bien gráficamente es muy atractivo, el juego no está muy bien optimizado, haciendo que, a pesar de tener mi PC una buena tarjeta gráfica, presente continuas caídas de frames y lageos. Principalmente esto es debido al alto (y absurdo) uso de la CPU, lle-gando a momentos del 100%, lo que también provoca el sobrecalentamiento del mis-mo. En invierno convierte tu ordenador en un calefactor improvisado, lo que puede llegar a ser agradable, aunque cuando llega la época de calor la cosa deja de tener su gracia.
La explicación a esto es que los juegos de Ubisoft vienen con protección antipiratería DENUVO, que consiste en tener instalado un programa de lo más intrusivo (porque nadie sabe lo que hace) pero que impide que se pueda crear un autoejecutable pirata.  Esto, por mucho que la industria se empeñe en negarlo, afecta gravemente al rendi-miento, pero ya sabemos que en el mundo del videojuego “la pela es la pela” y a la empresa, mientras pagues....
El juego se puede jugar en solitario o en cooperativo, aunque lo verdaderamente diver-tido es jugar con tus amigos (micrófono obligatorio). Al ser un juego táctico, lo ideal es coordinase bien con tus compañeros; ya sea cuando juegas con bots (con la máquina) o con humanos.
Si juegas con bots habrá misiones que se vuelven muy fáciles, pues en contra de lo que pasa cuando juegas con humanos, los bots a larga distancia son tiradores de élite y nunca erran un tiro. Eso sí, a corta distancia se vuelven bastante torpes y lo ideal es intentar no depender mucho de su eficacia en combate. Otras misiones se vuelven muy complicadas porque en lugar de ayudar se dedican a seguirte y a moverse como pollo sin cabeza, sin prestar atención al objetivo. Es decir, que la IA no es para echar cohetes, aunque no es de lo peor que hayamos visto ni mucho menos.
En este videojuego, aunque se puede jugar en modo Rambo, siempre es más satisfac-torio ir en sigilo, evitando ser detectado, algo que suele llevar a la muerte o a fallar la misión encomendada. Además, es muy importante el uso de un arma francotirador y de los silenciadores. Normalmente nunca cogeremos las armas más ruidosas, como pudiera ser una potente ametralladora; mejor disparar menos balas, pero bien dirigidas, para no alertar a los enemigos y que estos den la alarma. Si no estás acostumbrado, al principio puede ser un poco frustrante, pero no hay que preocuparse, a las pocas horas ya empiezas a sentirte un verdadero Navy Seals capaz de abatir un helicóptero con una pistola y pocas balas.
La jugabilidad es lo mejor del título. Ya llevo más de 300 horas y estoy seguro que aún me quedan por exprimir bastantes más. Y como ya he dicho antes, jugar con los ami-gos te hará pasar épicas horas de diversión y risas. También cuenta con un modo de juego PVP (jugador contra jugador) que, si bien es muy entretenido, aún no lo he jugado mucho, puesto que a mí me va más el cooperativo PVE (jugador contra el entorno).
Este tipo de videojuegos tan complejos presentan una cantidad considerable de bugs. Algunos son los típicos que te quedas atascado entre dos rocas o de pronto te caes al vacío, pero otros son muy molestos y arbitrarios y te pueden hacer perder la misión y hasta la paciencia. Hay que decir que esto depende del día, porque a veces el juego parece todo roto y otras se muestra mucho más estable. Se nota un poco la desidia de los programadores, ya que en todos estos meses que llevo jugando no han arreglado ninguno de ellos, y eso que el juego se actualiza constantemente con nuevos conteni-dos como ropas, armas y vehículos que se pueden obtener de Cajas de Batalla que, supuestamente, se “consiguen jugando” (si solo vives para jugar y además eres un crack), pero lo normal es que se compren con dinero real.
El tema de los micropagos, de los que ya hablé en otra ocasión, es el cáncer de la industria del videojuego y por lo único que no recomendaría comprar este título. Las Loot Boxes en un juego que no es free to play (que puedes jugar gratis) y cuyo precio de salida rondaba los 70 euros es una vergüenza, pero, además, fomentan la ludopatía, ya que abrir cajas es un tipo de juego de azar al que, al igual que a las tragaperras, uno puede engancharse. 
Mi veredicto final es que, si bien no es un juego perfecto, sí es un juego que cumple a la perfección como entretenimiento, sobre todo si juegas con amigos. Su apuesta por el modo táctico hace que no sea para todo el mundo, ya que cada misión requiere un planteamiento y una coordinación; no es para ir a saco.
Si te gusta el mundo del sniper, el sigilo y comprendes bien para qué sirven los silen-ciadores, este producto sí está pensado para ti: cómpralo, disfrútalo y búscame como amigo, que te ayudaré a hacer todas las misiones.

PROS
• Mundo abierto aparentemente vivo.
• Cantidad de armas y personaliza-ciones.
• El uso del francotirador.
• El sigilo y las tácticas.
• Muy divertido para jugar con amigos.
• Altamente rejugable, repetirás con mucho gusto las misiones una y otra vez.
CONTRAS
• Cajas de loot y micropagos abusivos (en grandes cantidades y a precios de estafa nivel Dios).
• Demasiados bugs de todo tipo que no se arreglan.
• Conexión a internet obligatoria.
• Sistema antipiratería DENUVO.



martes, 30 de abril de 2019

La rana de Shakespeare, de Ricardo Reques, por Ofelia Ara

Este no es un libro ecologista. O quizá sí. También es un libro de viajes, un libro de iniciación personal o quizá de término de algo. Emoción y desencanto, denuncia y aceptación, amor y desamor, muchos pares de palabras opuestas sirve para definirlo. Al estilo kerouaquiano, un científico español, enviado a Argentina para hacer un estudio sobre las ranas y el cambio climático, deambula por los paisajes físicos del país y, al mismo tiempo, por su paisaje interior, el lugar donde habitan los sentimientos, los anhelos y deseos, lo honorable y lo que avergüenza. En el camino querrá encontrar el olvido de lo que dejó en España, pero el subconsciente le jugará malas pasadas y no se lo permitirá. Aunque hay una pequeña esperanza cuando se viaja: al volver, uno se da cuenta que el hogar nunca es como se recuerda ni nada es igual a como se dejó al marchar.
Sí es un libro que habla de ecología y el cambio climático. Para los que somos profanos en el estudio del medio ambiente, el cambio climático está asociado al deshielo de los polos y su influencia en el ecosistema de los animales que viven allí, como un ejemplo de lo que al resto del mundo le puede pasar. Pero en sitios tan alejados de los polos como son los trópicos, los animales pueden sufrir muy pronto las consecuencias del calentamiento global. Entre ellos se encuentran los anfibios, de los que están amenazados el cuarenta por ciento de la población. El libro de Ricardo Reques explica que los anfibios tropicales podrían ser más susceptibles al cambio climático porque se encuentran en su óptimo biológico, provocado por vivir en un lugar donde hay pocos cambios, lo que quiere decir que se aclimatan peor cuando los hay. Cualquier pequeño cambio sería letal para ellos. Por esto mismo, la esperanza de supervivencia es mínima. De hecho, es terrible leer que tenemos que acostumbrarnos a vivir sin ranas, que son parte del paisaje de la infancia, objeto de nuestras primeras observaciones y de nuestro deseo ancestral de caza. Su relato está impregnado de melancolía por la certeza de una extinción que puede ser ejemplo de la nuestra. Como dice la voz que narra, el conocimiento que el hombre tiene de su poder de destrucción no le ha hecho ser consciente de una mayor responsabilidad para preservar el único mundo habitable que conoce. Se ha alejado de la naturaleza para vivir en un mundo digital y se puede plantear un por qué: Dios ya no existe, ¿es la soledad que siente el hombre la que lo lleva a eso?
Ecología y literatura. Aparentemente, dos temáticas distintas pero aquí ensambladas con perfección. Ambas hablan de la vida y, en este libro, van y vienen como las olas, de una manera figurada, pero también real pues, como dice, la ciencia plantea respuestas y la literatura da perspectiva. Los científicos ayudan a cambiar la visión del mundo y algunos personajes literarios o del arte contribuyen también a ello, como Shakespeare, gracias a su capacidad de metamorfosis intelectual, lo que Ricardo Reques da en llamar “creatividad anfibia”. La literatura redime a las personas, ayuda a su transmutación, como el científico protagonista, a veces más rana literaria que rana científica, nadando entre el desencanto de un trabajo que considera inútil y el consuelo vital que le proporciona lo que nos induce a creer que practica, la creación literaria.
Reques ha escrito varias historias dentro de la principal, pues la novela está salpicada de microcuentos que evidencian el gusto del autor por este género. Pequeñas historias de ranas, sapitos y demás anfibios como si fueran el álter ego de los personajes que van y vienen por el libro, bajo una mirada, en ocasiones humorística y afligida y, en ocasiones, humorística y mordaz, pero siempre desde un plano íntimo, para uno mismo. Es el humor inteligente.

lunes, 22 de abril de 2019

China, por Paco Espejo

En este espacio que se me brinda me gustaría tratar sobre un tema que me interesa particularmente, sin ánimo de ser pretencioso me he propuesto ofrecer en estas líneas una visión sobre China y el cambio geopolítico que se está viviendo en la actualidad.
El mundo cambia a gran velocidad. Para 2050 la proyección muestra que la economía china doblará la de EE.UU. Esto nos lleva a la suposición de que China va a cambiar el mundo en dos formas: no solo va a pasar a ser la economía dominante desde una posición de estar en vías de desarrollo, cosa nunca vista hasta ahora, sino que además será la primera vez que el líder mundial no será occidental.
China es un país increíblemente antiguo. Como civilización fue coetánea del Egipto clásico, llegando el primer imperio chino a coincidir con el auge de Roma en occidente. Debemos entender que China es extraordinariamente diversa y que su concepto político más importante es la unidad. Para construirnos una imagen mental de la estructura de China y su continuidad temporal, sirve la analogía de una pervivencia actual del Imperio Romano.
Profundizando en el país debemos tocar su demografía. La mayoría de la población se siente parte de la etnia mayoritaria, Han, al contrario que las otras grandes potencias tradicionales (EEUU o URSS) que son más multiétnicas. Los Han creen en su propia superioridad cultural y moral y son bastante poco conciliadores con otras culturas que conviven dentro del mismo país. Obsérvese el hostigamiento a minorías tales como los tibetanos o musulmanes en la parte occidental del país.
Esta unidad étnica revierte en su estructura o visión política. El gobierno chino es visto como el guardián del espíritu y la civilización china, al contrario de nosotros los europeos empeñados en los cambios de gobierno y nuestra variedad ideológica. La forma en que se construye el poder en China es muy distinta de la europea; en Occidente creemos en la limitación de poderes mientras que los chinos tienen una visión patriarcal del estado y la familia, la antigua figura del emperador-valedor sigue muy presente pero transmutada en el Partido Comunista Chino.
Pero hemos de admitir que la razón por la que no comprendemos China es la superioridad moral y arrogancia que sentimos al observarla, dado que en los últimos 200 años occidente y nuestro modo de vida han dominado el mundo, y consecuentemente hemos intentado exportar ese modelo de vida a todos los rincones de él. Ahora vemos cómo el gigante asiático ocupa una posición hegemónica con unos valores bastante alejados de la democracia liberal. Occidente está perdiendo rápidamente su influencia en el mundo y como consecuencia el ámbito internacional nos está resultando progresivamente poco familiar.
Paradójicamente el mundo ha sido gobernado por un fragmento pequeño de su población, países democráticos y garantes de los derechos civiles, pero con la llegada de China, Brasil e India el poder mundial se ha “democratizado” realmente, ya que ahora reside en aquellas sociedades que concentran una mayor población. 
El mundo a nuestro alrededor está cambiando, las viejas alianzas se resquebrajan (OTAN, UE) y una nueva potencia ocupa un lugar preminente. ¿Sabremos adaptarnos?

Texto basado en “Out of Mao´s Shadow”, de Philip P. Pan, y “When a Billion Chinese Jump”, de Jonathan Watts.

miércoles, 17 de abril de 2019

Cavafis y las redes sociales, por Santos Muñoz Luna

Cuanto puedas*

Aunque no puedas hacer tu vida como quieras
inténtalo al menos
cuanto puedas: no la envilezcas
en el trato desmedido con la gente,
en el tráfago desmedido y los discursos.

No la envilezcas a fuerza de trasegarla
errando de continuo y exponiéndola
a la estupidez cotidiana
de las relaciones y el comercio
hasta volverse una extraña inoportuna.

Cuando hace casi treinta años leí a Cavafis por primera vez –piso de estudiantes de los de entonces, dieta de estudiante, vicios de estudiante y búsqueda, como el poeta, de los arrabales, la noche y la desgracia– no reparé en el poema que veis más arriba. Durante años sí recordé bien y visité algunos de los grandes poemas eróticos de este autor griego o su relectura cultísima y desbordante de los clásicos de Grecia y Roma. Los años de estudiante de entonces no sospechaban el mundo interconectado que hoy disfrutamos o padecemos, como debía ser. Las llamadas redes sociales que hoy nos seducen tanto por su brillo, eficiencia y riesgo tienen demasiadas virtudes para que les dediquemos alguna línea en este cuento. No hablamos de marcas concretas, pero compartir fotos con todo aquel que quiera verlas, opinar sesuda y lacónicamente sobre acontecimientos que ocurren en los lugares más íntimos del planeta o hacer seguimiento de ídolos guerreros o deportivos, se ha convertido en una ocupación que resta tiempo a nuestra soledad personal, familiar y social. A nuestra bendita soledad. Antes escuchábamos en radio o prensa opiniones de expertos, atendíamos a los vecinos que tomaban el fresco en la puerta, verdadero origen de las redes sociales, hablábamos con los que nos acompañaban ante el café, la cerveza o la tila... Hoy, con la democratización universal de la opinión estamos expuestos, nos exponemos porque queremos, al peregrino correctivo de los que conocemos, pero también al de los que desconocemos. Cuando teníamos intimidad comíamos con cierta conversación, soportábamos errores políticos, no mirábamos como lelos la ridiculez de los otros y éramos capaces de disfrutar, pensar y observar solo para nosotros mismos.
Pero, ¿qué nos quiere decir Cavafis en este poema? Realmente hacemos trampa relacionándolo con las redes, pero creemos que una reflexión hecha hace más de cien años tiene perfecta ocupación en nuestro tiempo. Es lo que tienen ciertos artistas y sus ideas universales, visionarias. Como dice el poeta, exponer nuestra vida al trasiego de los demás, a sus miradas, a sus viciadas opiniones, puede hacer que el inmenso misterio que somos capaces contener se convierta en cristal y se rompa perdiendo su gracia. Los imperativos “inténtalo” y “no la envilezcas” marcan el sentido de todo el texto. El destinatario lógicamente es el desdoblado yo del propio poeta, pero cualquiera que se acerque a los versos puede entender que también a él o a ella se dirige la interpelación del sabio alejandrino. Intenta hacer de tu vida algo digno, no te desesperes porque sea gris y sobre todo no la subastes para que la envilezcan opiniones ajenas. Inténtalo en todo caso y ocasión y date cuenta de que tu vida no es mejor porque la expongas en relación con las demás, sino porque merece la pena en sí misma. La estática vida de Cavafis, de oscuro funcionario, poco viajero, poco sociable, está en la base de esta recomendación. Vivió en Alejandría la mayor parte de su vida y apenas salió de su burbuja ocasionalmente. Solo para acercarse a sus libros, a su querida cultura griega. A lo mejor los bárbaros que esperaba el poeta en otro de sus grandes poemas son nuestras generaciones perdidas en el exceso de información y comunicación que no saben sentarse a repasar las puertas y ventanas del edificio que construyen.
Entiendo que nos equivocamos seguramente con esta interpretación tan lejana de la intención del poema de Cavafis, como si lo hubiésemos puesto en relación con los programas televisivos que perpetran los dudosos valores del “mi perra vida debe conocerla todo el mundo”. Volver a leer este texto me ha puesto de frente a ciertos comportamientos asumidos que damos por descontados en nuestro tiempo. Sin embargo exponer nuestra genialidad o nuestra estupidez a un auditorio tan ampliamente desconocido puede provocarnos pronunciados altibajos en la paz mental, en la autoestima, como la llamamos ahora. Dejemos algo para la intimidad, para los que nos conocen, que nos entenderán mejor y serán capaces de respetarnos.
Queremos interpretar, y estamos en nuestro derecho, el pensamiento de alguien de hace ciento diez años con la percepción, la cultura y la realidad que hoy tenemos. Este poema no habla de redes sociales, faltaba más, como tampoco habla de la sobreexposición social. Habla de aprovechar la vida, la vida vivida como compañera de uno mismo. Dejemos que Cavafis, desde su tugurio funcionarial en Alejandría, una ciudad llena de libros por cierto, se convierta así, por nuestro capricho, en un poeta visionario en el gran sentido de la palabra: el que ve más lejos, más allá de su tiempo, el que piensa en mil novecientos diez con opiniones de dos mil veinte. Escuchemos a los artistas, escuchemos a los poetas.

*Traducción de Pedro Bádenas. Alianza 2018.
 

viernes, 12 de abril de 2019

Calzando tus botas, por Miguel Cruz Gálvez

Nuestra llegada al mundo viene acompañada de la asunción de una serie de patrones de comportamiento que secundamos hasta que, por convicción o en última instancia por conveniencia, nos los comenzamos a plantear.
Desde el inicio de los tiempos, la humanidad ha interiorizado profundamente el concepto dual del bien y el mal. De esta forma, hemos practicado consciente e inconscientemente el arte de prejuzgar, juzgar y etiquetar a todos y cada uno de nuestros semejantes, ya sea prójimo o ajeno, nos sea más conocido o menos. Y aunque parezca mentira, con todo lo que ha llovido, en ese lapso aún estamos.
Juzgar o prejuzgar es algo contra lo que guerreo a menudo. Seguramente este artículo es un nuevo intento bélico, y aunque el pelear me solivianta el ánimo, necesito involucrarme porque siento, “amigo Sancho, que cambiar el mundo es de justicia” y obligación de todos, ya que en este asunto del entendimiento con los demás, nos lo jugamos todo.
Así, personalmente pienso que nuestra habitual forma de proceder no es para nada justa. Tú, yo y el resto de la humanidad somos algo más complejo que una apariencia, un estatus o unas determinadas acciones o reacciones puntuales. Y es triste ver que sólo en base a eso decidimos dónde alojamos a cada una de las personas que tratamos: en el saco de los buenos o los malos según “nuestra justicia”.
Seguramente, esta costumbre de dictar sentencia a la ligera sea más visceral que racional, porque si sujetamos ese proceder y practicamos el raciocinio, ese simplismo del bien y el mal desaparece y saca a la luz la compleja realidad.
En cada uno de nosotros hay un mundo lleno de circunstancias (gracias señor Ortega y Gasset), y estas explican todas y cada una de nuestras actitudes. Familia, amigos, trabajo, situación económica, ilusiones, frustraciones, complejos…Factores que unas veces se ven y otras no. Y ahí se decide la partida, en lo que no vemos de los otros.
Lo crítico de todo esto es que esas circunstancias que nos condicionan son opacas para los demás y nos hacen no ver (y en consecuencia no entender) la realidad y los comportamientos de los demás.
Dice el proverbio que, antes de juzgar a nadie, deberíamos caminar un buen trecho con sus botas puestas; pues hagámoslo.
Seguramente si nos las calzamos, una vez sufridas sus rozaduras por el caminar, moldeado nuestro transitar por sus suelas, agotados nuestros músculos por su peso, entenderemos cómo los demás no son ni héroes ni villanos, ni santos ni criminales, simplemente seres humanos que tratan de buscar un poco de luz, un poco de vida a través del azaroso camino que nos ha tocado vivir.
Hagamos todo esto, amigos, porque no hay nada más hermoso que empatizar, ponerse en lugar del otro y entrar en sintonía. La vida es, en gran medida, cuestión de sintonía.
Pequeños momentos que se hacen enormes al hacerlos en sintonía: cuando todos cantamos un gol, cuando coreamos una canción, el día que rezamos todos a la vez o cuando simplemente nos reímos por lo mismo…
Cuando bailamos acompasados, cuando andamos juntos, cuando dos manos se unen y pasean como una sola…
Cosas pequeñas que nos hacen sentir grandes por hacerlo con los demás. Recuerda el día que pedimos lo mismo para comer, cuando hicimos el tonto a la vez, cuando me dio por pensar lo mismo que a ti…eso me hizo feliz”.
Hoy me aplico el cuento, volveré a hacerlo, empezaré a sintonizar conmigo mismo, para mañana sintonizar contigo.

sábado, 6 de abril de 2019

Cata ciega de vinos de tinaja 2019


El pasado viernes 5 de abril, en las instalaciones del Restaurante Los Arcos, la Asociación Cultural El coloquio de los perros, dentro de la actividad de catas ciegas que inició hace unos años con los vinos amontillados, trasladó este mismo formato a los vinos de tinaja de la denominación Montilla-Moriles.
En concreto, fueron cinco caldos de cinco lagares de la Sierra de Montilla los participantes: Cabriñana, La Primilla, Los Raigones, Cañada Navarro y Maíllo e Hijos.
La actividad consiste en la degustación de estos cinco vinos de tinaja, en la que se trata de apreciar las principales características organolépticas de los caldos: visuales, olfativas y gustativas. Después de ello, la veintena larga de participantes pone en común impresiones y se valora cada uno de los vinos. En esta ocasión, el que recibió la mejor valoración fue el vino de Los Raigones.


Asociación Cultural El coloquio de los perros

Asociación Cultural El coloquio de los perros
Con la tecnología de Blogger.

Sí­guenos en Facebook

Concurso de Relato Corto y Fotografía

Cata de cerveza

Últimas noticias