jueves, 3 de septiembre de 2015

Reflexiones de una emigrante, por Sonia Zurera

Camino en una ciudad impersonal, lejos de mi barrio, a miles de kilómetros de mi país, intentando adaptarme a unas costumbres diferentes. El reto no es fácil pero al menos en Reino Unido hay oportunidades laborales, cosa que hace años dejó de haber en España y justo cuando me dispongo a escribir para El Ladrío se me vienen a la cabeza las declaraciones de la ministra de Empleo Fátima Báñez, cuando hablando de los jóvenes que dejábamos nuestro país buscando trabajo lo denominó “movilidad exterior”. Querida ministra, lo nuestro no es una opción, no es el deseo de conocer otros países, es un callejón sin salida, se llama supervivencia, no maquille la realidad. Salimos de España hastiados después de agotar todos los cartuchos, tras mandar cientos de curriculums sin respuesta.
Y el precio que pagamos es alto, lo más difícil no es aprender otro idioma o bien trabajar en la hostelería nada más aterrizar, lo más duro es vivir lejos de tu familia, no ver a tus amigos, perderte todas sus reuniones, no estar en cumpleaños ni en ninguna otra celebración. Y todo ello junto a la incertidumbre de no saber cuándo podremos volver ya que no se vislumbra un verdadero cambio en el mercado laboral español.
Es curioso cómo algunos ingleses se sorprenden de lo preparados que estamos, por otro lado me han llegado a decir que cómo me he ido de un país tan bonito como España. Y lo mejor de todo es que no queda ahí la cosa, tenía pensado votar de cara a las elecciones generales que se perfilan para final de año, pero el Gobierno ha cerrado el censo el pasado 31 de julio, sin previo aviso, dejando a miles de emigrantes sin poder votar de cara a esos comicios. Encima limitan nuestro derecho a participar en las urnas y francamente no me dejan nada más que una lectura a esta actuación, saben que el voto del emigrante es crítico, por lo tanto cerrando el censo se ahorran un montón de votos en contra.

lunes, 31 de agosto de 2015

Subida al Mulhacén, por Ángel Márquez

Unos pocos de locos ilusionados se propusieron una meta de altura que consistía en subir los ocho picos más altos de cada provincia de Andalucía (La Tiñosa, Córdoba; el Mulhacén, Granada; el Chuyo, Almería; Bonales, Huelva; Mágina, Jaén; Torreón, Cádiz; Maroma, Málaga; y Terril, Sevilla). Este grupo se confeccionó un nombre: “Los Amigos del Sendero”, y con voluntad y tesón se pusieron pies a la obra. Enumerar cada subida sería muy extenso, casi se saldría del papel, pero estas notas bien valen para contar el último reto, el rey de estos ocho retos que ha sido la subida al punto más alto de la península: el Mulhacén.
Para subir el Mulhacén no puede uno poner la fecha arbitrariamente. El hecho de que esté cubierto de nieve unos nueve meses al año, sus 3.482 metros de altitud, condiciona que sea en los meses de verano cuando se pueda hacer la subida; se fijó para el día 26 de julio. Los preparativos se fueron configurando unas semanas antes. Lo primero que se decidió fue que necesitamos de 2 días, uno para desplazarnos y otro para la subida.
Son varias las rutas o lugares desde donde se puede acometer la escalada. Nosotros tomamos el camino desde el barranco de Poqueira, en el corazón de la Alpujarra granadina, con sus tres pueblos emblemáticos: Capileira, Pampaneira y Bubión, de dejes gallegos y raíces moriscas.
Todos estos preparativos se dejaron en las manos y el buen hacer de Paco Castellano. Nos preparó dos casas en la villa de Bubión para los once que integrábamos el grupo. De los once, cuatro aventureras con un valor y una preparación que ya los quisiera para mí.
El domingo a hora temprana comenzamos nuestra peculiar aventura. En una semi-claridad comenzamos a andar por un bosque de pinos y con un elevado desnivel. Nos encontrábamos a una altitud de 2.000 metros y en nuestras próximas diez horas nuestros cuerpos y nuestra respiración tendrían esta altitud como compañera de viaje.
El comienzo fue duro, hasta que nuestros cuerpos se fueron aclimatando a la altitud y, a la vez, cuando el desnivel descendió un poco. Entre nosotros y el Mulhacén nos separaban doce kilómetros y medio, y como es muy difícil que se cumpla que la montaña venga a nosotros, fuimos nosotros los que decidimos ir hacia ella.
Pasados los dos kilómetros primeros y duros, y después de quitarnos el traje de los pinos, pasamos a un paisaje completamente de montaña con una vegetación raquítica y mínima. El camino se hizo más suave y el paso más ligero, la media de la marcha aumentaba y los chivatos que te dicen las medias que llevas, los metros recorridos, la altitud y el tiempo empleado, parecían estar contentos. Concretamente, de uno salía una voz femenina y agradable. Daba la sensación que esa voz la sustentaba un cuerpo bello y no una máquina.
En esta parte del recorrido el desnivel que subíamos era muy poco y llevadero, solamente la altitud que poco a poco aumentaba nos acondicionaba la respiración y las paradas para echarnos una “humaíta”. En una ocasión, Jesús hizo física la “humaíta”.
En nuestro trayecto, algunos titánicos ciclistas con un esfuerzo de dioses nos adelantaban y nos daban unos entrecortados “buenos días”. Les ofrecíamos el vino como avituallamiento y solo uno, bajado de la bici y del mundo de los dioses, bebió de nuestro néctar de uva. Durante todo nuestro recorrido las cabras hispánicas con sus crías y sus ojos acristalados de taxidermista daban un punto de color y encanto al paisaje.
El Mulhacén es una montaña que por nuestra ruta se hace de rogar para ser vista. Frente a nosotros, en más de la mitad del recorrido, contemplábamos una cima sin muchas aristas a la que se denomina Mulhacén II, que es como un apéndice de la cumbre principal. Esta mole nos tapaba el auténtico.
En otro momento de la ruta dos jinetes con sus caballos de paso alpinista nos dieron los “buenos días” cuando nos adelantaron. Pasaban las horas y los kilómetros, y la señorita del traje metálico cada kilómetro nos daba información del tiempo y del…
Unos de los ciclistas nos dijo que quedaba poco para divisar el Mulhacén, “después de aquella curva que se ve a lo lejos, a vuestra derecha sale una senda que os lleva a la cima”. Efectivamente, después de la curva apareció ante nosotros por primera vez el auténtico pico y nuestros verdaderos problemas.
Como su hermano menor, no es una montaña de aristas duras, lo que era duro era esa senda que nos llevaba a su cima, que hasta arriba zigzagueaba en todo su recorrido. El desnivel se acercaba al 50% y la longitud era de unos 1.200 metros, distancia que cuando la afrontamos no sabíamos cuánta era, ni la máquina con su voz melodiosa tenía conocimiento de cuánto teníamos por delante.
Con una altura bajo nuestros pies de más de 2.800 metros, un cansancio de tres horas de caminata y en mi caso unos kilos de más en el cuerpo, la ascensión o escalada se presentaba bien difícil.
Cada uno subía según sus fuerzas, sus posibilidades y su respiración. Nada más comenzar la ascensión estábamos individualizados; los más preparados, poco a poco, se alejaban más de los menos preparados y se acercaban más a su destino. Igual que al principio de la ruta, el comienzo de la senda fue durísimo. El cambio en la respiración y en los músculos fue brutal, tanto, que la idea de abandono no paraba de rondar por la cabeza cada vez que miraba hacia arriba viendo los infinitos metros que quedaban y cuando se miraba hacia abajo y se veía lo poco andado. Los pasos que dábamos eran de geishas, pequeños, como si una bota no quisiera separarse de la otra y cada treinta o cuarenta pasitos (unos diez o quince metros), una nueva parada, para calmar la atrolladora respiración y para que las piernas volvieran a su ser. El palo o bastón que llevaba me servía en los descansos para apoyo de las manos y la frente sobre ellas, concentrándome en esos segundos en tomar todo el poco aire que allí había y que mis pulmones necesitaban. En esos altos había que luchar con la idea de no desistir y buscar ánimo en los que bajaban, “te queda poco…, es duro pero merece la pena….” Y con estas frases de aliento conseguíamos unos poquitos pasos más. Así mismo nos daba ánimo la visión de lo lejano que quedaban el camino y el comienzo de la senda. Casi sin creérmelo, bordeando un poco, a unos ciento cincuenta metros,  miré por primera vez el pico del Mulhacén. En ese momento vi que él estaba más vencido que yo.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Omer Avital, música de la buena, por Antonio Luque

Hace ya algún tiempo, leí por internet que si algún día nos meten en la cárcel por descargar música, sólo hay que esperar que al menos nos separen por gustos musicales. Esta afirmación, que seguramente arrancará una sonrisa de los melómanos más empedernidos, es tan cierta como precisa. Soy de los que le gustan dividir la música en dos únicos estilos: la mala y la buena. Puestos a elegir, para qué escuchar la mala, pudiendo hacerlo con la buena. Parece una forma fácil de fragmentar algo tan complejo, aunque hay que reconocer que en esta segmentación hay un tanto de complejidad. En la primera categoría, está aquella que se asemeja a un ruido incomprensible, que pasa sin pena ni gloria y que al final acaba olvidándose, a pesar de que ocupa un amplio espectro del dial. En la otra hay que distinguir la música que horada el corazón, que acaba por atravesar el alma para quedarse, y que deja un eco eterno, independientemente de generaciones y gustos. En este último grupo se encuentra sin duda el contrabajista hebreo Omer Avital, uno de los compositores e intérpretes de jazz más reclamados en los últimos años por los festivales europeos más prestigiosos. Lo que el músico israelí hace sobre el escenario, y en cada uno de sus discos, es la fusión perfecta entre la sensual música oriental y el jazz. De ello ha dado buena prueba en los nueve trabajos discográficos que llevan su firma inconfundible, desde Think with your heart (2001) hasta New song (2014), último disco publicado. Puristas al margen, la mayoría de sus composiciones son una invitación para viajar a cualquiera de los cuentos de Las mil y una noches. A ello contribuye también una banda espectacular, con la que ha conseguido que un quinteto suene como solista sobre el escenario. Joel Frahm al saxo tenor, Yonathan Avishai al piano y Daniel Freedman a la batería, lo acompañan desde hace varios años. Junto a ellos, mención aparte merece Avishai Cohen. El trompetista hipster del jazz, por su aspecto desaliñado, es un músico obligatorio para los que prefieren la buena música, aportando momentos de auténtico lujo a los discos y actuaciones del quinteto de Omer Avital.
A pesar de todas sus virtudes, que son muchas, lo más cerca de Montilla que estará la banda hasta final de año, será el Marseille Jazz des Cinq Continents, un festival que trata de reunir a músicos de todas las esquinas del mundo en Marsella, para demostrar que la música es universal, y que sólo se divide en buena y mala. Como sé que la mayoría de los que leéis El Ladrío sois curiosos por naturaleza, no tenéis más que buscar en el canal oficial de Youtube del músico hebreo para encontrar ejemplos de su música y de la potencia que tiene sobre el escenario.

lunes, 24 de agosto de 2015

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¡Es tiempo de juegos de mesa!, por David Lara @cartesius78

Si bien los amantes de esta afición la disfrutamos durante todo el año, los juegos de mesa encuentran en el verano un gran aliado por el tiempo libre que suele acompañar a la estación estival. Son una fórmula de entretenimiento ideal para compartir esos ratos de ocio en compañía de familiares y amigos.
En la actualidad, la afición a los juegos de mesa atraviesa una segunda época dorada, con un boom de publicaciones tan diversa que cubre todo el espectro de jugadores, de todos los gustos y edades, ya sean ocasionales o más exigentes. Su punto de inflexión surgió con el nacimiento de juegos icónicos en la afición como Colonos de Catan y Carcassonne, acuñando así el nombre juegos de mesa modernos. A diferencia de los títulos tradicionales comercialmente más extendidos (Monopoly, Trival Pursuit, Parchís, etc.), los juegos de mesa modernos brindan una experiencia de juego más enriquecedora, ya sea aportando un mayor componente estratégico con toma de decisiones y menor azar, una mayor inmersión en el tema en que se ambientan, o sencillamente mayor diversión.
Desde El Ladrío queremos recomendar a nuestros lectores dos juegos de mesa modernos para disfrutar este verano (y resto del año), y con los que podrán comprobar que esta afición ofrece un entretenimiento de calidad, muy por encima del anodino hecho de tirar un dado para avanzar una ficha por un tablero.
El primero de ellos es Fantasma Blitz. Es un juego de percepción visual, calificado como piscinero por ser fácilmente transportable al venir en caja pequeña, e ideal para jugarlo en todo tipo de ambientes, desde el césped de la piscina, hasta la toalla en la playa, o la terracita del bar. Fantasma Blitz trae unas figuritas de madera de diferentes colores (un fantasma blanco, una botella verde, un ratón gris, un sillón rojo y un libro azul) y un mazo de cartas donde siempre aparecen dos de estos objetos. Las cartas se van revelando una a una e indican a los jugadores qué pieza de madera deben atrapar antes que el resto de jugadores (sólo una es la correcta): aquella que coincida exactamente en objeto y color (p.ej. si aparece el fantasma blanco  y un libro verde, el correcto es el fantasma blanco), o bien aquella pieza que quede por eliminación al no coincidir ningún atributo (p.ej. si hay un fantasma gris y un libro rojo, sólo nos deja como correcto a la botella verde). Es un juego divertido, fácil de explicar, y que además suele gustar a los más peques.
Nuestra segunda recomendación es ¡Aventureros al Tren! Viene en una caja más grande que el anterior, con fichas de trenes, cartas y un tablero con el mapa de diferentes regiones dependiendo de la versión que compremos (EE.UU., Europa, Asia, etc.). A diferencia de la anterior recomendación, ¡Aventureros al Tren! requiere de una mesa sobre la que poder jugar. En el mapa encontramos ciudades conectadas por tramos de diferentes longitudes y los jugadores compiten para enlazar diferentes ciudades completando así unas rutas asignadas durante la partida. Para completar estos tramos, primeramente tendrán que obtener cartas que posteriormente gastarán para colocar sus fichas de tren sobre el tablero, indicando así que ese tramo les pertenece y obstaculizando las rutas del resto de jugadores. Es un juego muy vistoso, sencillo de aprender pero con dosis de estrategia y planificación, y con una interacción indirecta entre los jugadores que lo hace tenso y divertido a la vez.

FICHAS:
Fantasma Blitz
Autor: Jacques Zeimet.
Editorial: Devir.
Duración: 20 minutos.
Nº jugadores: 2-8.
Edad recomendada: 8 años en adelante.

¡Aventureros al Tren!
Autor: Alan R. Moon.
Editorial: Edge Entertainment.
Duración: 30-60 minutos.
Nº jugadores: 2-5.
Edad recomendada: 8 años en adelante.

sábado, 22 de agosto de 2015

Grecia desde Grecia, por Berganza

Querido Cipión, a pesar de tu escepticismo para con el gobierno y el pueblo griegos, creo que la actual situación financiera y económica de Grecia no se puede explicar solo por causas internas y por sus sucesivos malos gobiernos. Y los datos son apabullantes: la deuda asciende a 344000 millones de euros, un 175 % del producto interior bruto griego; esto es unos 31000 € por cada ciudadano griego y solo los intereses suman unos 23000 millones al año. Realmente, tener deudas no es un problema para un Estado o para un particular. El problema viene cuando no puedes pagarlas.
Pagar o no pagar. Quita o re-estructuración ordenada de la deuda. Podemos llamarle de muchas maneras pero tras estos conceptos se esconde una realidad: Grecia no está en condiciones de devolver el principal prestado. De hecho, el tercer rescate aprobado se va a consumir en gran medida en pagar intereses del primer y segundo rescate.
Llegados a este punto, la actitud intransigente de los acreedores y prestamistas está contribuyendo a hundir aún más al Estado griego. Es lógico que el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Unión Europea pidan garantías de pago; pero si ahogan a Grecia, nunca les va a devolver el dinero. Las condiciones de los préstamos obligan a políticas monetarias y económicas muy restrictivas, es decir, de reducción del gasto público y privado. Esta reducción del consumo ya ha hundido en un 25 % el PIB griego y podría empeorar con el tercer rescate. Y con reducción del PIB, los Estados recaudan menos. Por tanto, en la contabilidad nacional griega seguirá habiendo más gastos que ingresos, creando un círculo vicioso muy difícil de romper.
Con estos rescates, Grecia se hunde y nadie saldrá ganando. Pareciera que el Eurogrupo hubiera decidido dar un castigo político ejemplarizante a Grecia, por su referéndum, sus negociadores poco ortodoxos y como terapia contra otros posibles partidos simpatizantes de las políticas de Syriza. El castigo no es un arma muy aconsejable en una negociación, porque después de estas críticas ambas partes tendrán que seguir tratando diferentes soluciones y llegando a nuevos acuerdos. Así que de cara al futuro, el Eurogrupo ha dejado abierto un camino de desconfianza absoluta. Además, ¿qué es el Eurogrupo?; es un grupo sin respaldo de los tratados europeos ni es un organismo oficial de la UE. ¿Qué legitimidad tiene para negociar en nombre de Europa? ¿Por qué los Estados miembros y sus ministros de Economía suplantan el papel del Parlamento Europeo o la Comisión, que sí son órganos oficiales de la UE?
Al Gobierno griego le asiste la legitimidad de unas elecciones y le soporta la mayoría del Parlamento griego, donde reside la soberanía nacional de los ciudadanos griegos. El Eurogrupo tiene una remota legitimidad indirecta y la fuerza que le otorga la delicada situación financiera de Grecia. Como bien explicó el presidente de la II República francesa y posterior emperador Napoleón III: "la pobreza ya no será sediciosa cuando la riqueza no sea opresiva". Esto puede ser un buen resumen del problema griego. La empobrecida Grecia dejará de ser un peligro para Europa cuando el resto de gobiernos europeos y organismos acreedores dejen de usar los préstamos como arma opresiva para obligar a un Estado soberano y democrático a aplicar políticas económicas tan restrictivas. No es fácil proponer políticas alternativas viables, pero es evidente que los rescates y sus condiciones de devolución no son la vía de salida.

jueves, 20 de agosto de 2015

Grecia desde Europa, por Cipión

Amigo Berganza, Grecia es la cuna de la democracia, pero ¡qué democracia! ¿Hay democracia en un país donde un 35 % o 40 % de la economía está sumergida y el deporte nacional es la evasión fiscal? ¿Es democrático que quienes han gobernado el país heleno década tras década hayan maquillado la deuda para no desvelar la escasa recaudación tributaria y el excesivo gasto público? Claro que apabullan las cifras de la deuda y el déficit, pero esas cuentas que me haces no son otra cosa que las nefastas consecuencias de una política financiera errónea que les ha costado a los griegos no uno, ni dos, sino hasta tres rescates.
Y ahora resulta que Grecia no puede pagar. ¿Qué debía haber hecho Europa? ¿Dejar caer a Grecia en la bancarrota para que los acreedores, fundamentalmente Francia, Alemania, el BCE y el FMI, no cobren lo prestado? Quizás el problema está en contraer una nueva deuda para pagar otra anterior cuyas condiciones de préstamo no se cumplieron. Querido Cipión, Irlanda, Portugal y también España hicieron sus reformas para corregir los excesos del pasado; fueron —están siendo— duras, pero la austeridad, tan denostada por el discurso populista de los nuevos movimientos políticos como el del Sr. Tsipras, una suerte de Pablo Iglesias helénico, acaba por reconducir situaciones que, de no ser encauzadas, habrían conllevado un resultado aún más nefasto si cabe que este tercer rescate.
Cuando en una casa se vive por encima de las posibilidades de sus miembros y se contraen deudas por valor superior a los ingresos del conjunto de la familia, llegado el caso de no poder pagar, ocurre lo que estamos viendo en Grecia: el abismo del Grexit y una recesión de dimensiones inéditas. No sé qué propones entonces para que Grecia logre devolver lo prestado, ¿una quita, sin más? ¡Qué fácil! A lo mejor lo que a Grecia le hace falta es un curso de Economía para dummies para que sus gobernantes entiendan que la Unión no es una ONG. Todos los socios comunitarios tienen derechos y obligaciones, por eso a España, con la que está cayendo aquí, le toca rascarse el bolsillo y pagar 10 000 millones de euros para rescatar a Grecia por tercera vez.
El Eurogrupo puede no tener entidad jurídica, pero reúne a los representantes políticos en materia económica de los estados miembro —no solo de los estados acreedores— por cierto, legitimados también en las urnas. No creo que se deba entender la situación a la que ha llegado Grecia en términos de castigo, pero si quieres verlo así… En una negociación hay, al menos, dos partes que tratan de llegar a un acuerdo con condiciones y Grecia las ha incumplido ya en dos ocasiones, lo que no ha hecho más que agravar la situación y se ha saldado con un corralito, una subida del IVA, del IRPF y otros impuestos, recortes en empleo público, privatizaciones, etc.
La ayuda prestada a Grecia sale de los bolsillos de todos los ciudadanos europeos y es de justicia la devolución del principal, a cambio de unas condiciones razonables que eviten situaciones similares en un futuro en Grecia y en los demás estados que han afrontado (y superado) coyunturas similares. No es un castigo ni un chantaje como quieres hacerme ver, sino la garantía de que el proyecto europeo no se desmorona arrastrándonos a todos con un referéndum que ha dado un mandato muy claro al primer ministro Tsipras: no se negocia con Europa. Por cierto, también lo ha incumplido. Si Grecia, que es Europa, quiere seguir en la Unión, estas son las normas que nos hemos dado todos, si no, ahí está la puerta.

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