domingo, 5 de junio de 2016

III Jornadas de juegos de mesa "Canis Ludus"

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El próximo sábado 25 de junio tendrá lugar la tercera edición de las Jornadas de juegos de mesa que organiza Canis Ludus, la sección de juegos de mesa de la Asociación Cultural El coloquio de los perros, y en la que también colabora la tienda Distrito Cómics.
Las Jornadas de juegos de mesa se desarrollarán en las instalaciones de Distrito Cómics, en el número 18 de la calle Perú de Montilla, desde las 10:00 de la mañana e incluirán partidas de exhibición y un torneo con varios de los juegos más conocidos y exitosos de los últimos años, cuyos tres primeros clasificados recibirán premios de 60, 30 y 15 €, respectivamente, canjeables por juegos de mesa en la propia tienda.
La inscripción en el torneo de las Jornadas de juegos de mesa cuesta 1€ y se puede realizar en Distrito Cómics o a través del siguiente formulario (pincha en el enlace o en el cartel para ello).

domingo, 29 de mayo de 2016

Coloquio sobre las elecciones generales: "Y el día 27, ¿qué?"

El viernes 3 de junio de 2016 a las 21 horas en el Círculo Artesano de Montilla, la Asociación Cultural "El coloquio de los perros" celebrará un coloquio sobre las próximas elecciones generales bajo el título "Y el día 27, ¿qué?"
El debate forma parte del nuevo ciclo de coloquios abiertos a todo el público asistente, en formato de mesa redonda en la que un coordinador modera la participación, que ya tuvo su comienzo con el coloquio sobre la felicidad el pasado 11 de marzo.

lunes, 23 de mayo de 2016

El Ladrío Primavera 2016

https://drive.google.com/file/d/0B5w63sv6aiNeQ3RqUXRiZVRkV2c/view?usp=sharing
En esta primavera tan repleta de celebraciones con motivo del cuatrocientos aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso el pasado 23 de abril, desde El coloquio de los perros hemos querido dedicar esta edición de “El Ladrío” a tan insignes personajes en particular y a los libros en general.
Aparte de unas ligeras semblanzas de cada uno de los tres, al menos conocido de los cuales, el Inca Garcilaso, que tanta relación tuvo con Montilla, hemos dedicado nuestra portada, la literatura en forma de creaciones narrativas o de su relación con películas, videojuegos, revistas o juegos de mesa impregnan las páginas de esta revista.
Como no podía ser de otro modo, es abundante la presencia de Cervantes y de su obra más universal. Se nota nuestra debilidad hacia el creador de la novela ejemplar que da nombre a nuestra asociación y, a la misma vez, el padre literario de nuestros canes Cipión y Berganza, quienes, por cierto, en esta ocasión se enzarzan en una discusión sobre las bondades del libro sobre la película o viceversa.
También la pluma de Cervantes hizo famosa a Leonor Rodríguez, “La Camacha”, que en su escritura sin bozal nos tira de las orejas por acordarnos tanto de estos tres autores en estas fechas pero olvidarlos cuando pasan las efemérides.
Esperamos que disfrutes de la lectura de estas páginas. Para ello, pincha sobre la imagen de la portada.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Interrail por Europa (III): Praga, Varsovia y Budapest, por Javier Ruz Cerezo

Continuamos con la tercera entrega de mi interrail por Europa, con el cual visité Noruega, Suecia, Dinamarca, Alemania, Republica Checa, Polonia, Hungría, Eslovaquia, Austria, Italia, Suiza y Francia.

Praga (República Checa)
Parafraseando a Franz Kafka, “Praga no te deja. Esta madrecita tiene garras”. Por algo esta ciudad ha sido cuna de famosos escritores y de un amplio abanico de corrientes literarias debido a la inspiración que evoca. El rio Moldava divide la ciudad por el centro: en su orilla izquierda podemos disfrutar del Castillo y sus jardines reales, de la Catedral de San Vito, del Antiguo Palacio Real, de la Basílica y Convento de San Jorge y de las casitas de colores que conforman el Callejón del Oro, el cual debe su nombre a los orfebres que lo habitaron en el siglo XVII. Comunicando a la Ciudad Vieja con la Ciudad Pequeña tenemos el Puente de Carlos, que es peatonal, y su visita cuando anochece es muy recomendable. Ya a la derecha del río destaca el Clementinum –antigua sede de la universidad–, la Plaza de la Ciudad Vieja con sus interesantes callejuelas, la Iglesia de Nuestra Señora de Týn, la Iglesia de San Nicolás, el Ayuntamiento y el Reloj Astronómico construido en 1490. Al noroeste tenemos Josefov –el barrio judío– y sus seis sinagogas, y al sureste se ubica la Plaza de Wenceslao.

Varsovia (Polonia)
En la capital polaca abundan los palacios y los parques y resulta curioso contemplar enormes edificios cuadriculados y grises de época comunista. El casco antiguo, constituido a finales del siglo XIII alrededor del actual Castillo Real, fue totalmente destruido por los nazis y posteriormente reconstruido hasta el más mínimo detalle, lo cual ha posibilitado su declaración de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Aquí es recomendable visitar el Monumento al Alzamiento y los jardines Krasinski, así como pasear por la Ruta Real que desemboca en el Palacio Wilanów, de estilo barroco. Es de destacar la Iglesia de la Visitación de la Virgen Maria, el Barrio de Praga (al otro lado del río Wisla), el Barrio Judío y su cementerio, el Palacio de la Cultura y la Ciencia y el Museo de Chopin y el Nacional.

Budapest (Hungría)
Histórico Buda y frenético Pest (dos barrios divididos por el mítico río Danubio) constituyen la capital de Hungría y su corazón político, cultural y comercial. Elevado en la orilla oeste, Buda alberga el Castillo (o Palacio Real), al que se puede llegar subiendo las escaleras que salen del Puente de las Cadenas o mediante el funicular del siglo XIX, Sikló. En los alrededores del Palacio cabe destacar sus callejuelas adoquinadas, la Biblioteca Széchenyi, la Galería Nacional, el Museo de Historia, el Bastión de los Pescadores, con su mirador, y la Iglesia de Matías. Ya en la zona de Pest se alza el edificio más representativo de la ciudad, su Parlamento –construido entre 1884 y 1902– fue la obra más grande de su época. La calle peatonal Váci Utca –la más importante junto con la Avenida Andrassy– forma parte del corazón turístico y comercial de la ciudad y se encuentra situada en paralelo al Danubio, entre la Plaza Vörösmarty y el Gran Mercado Central. Aquí te puedes tomar un respiro, deleitarte con deliciosos dulces en la pastelería Gerbeaud y visitar la primera línea de metro del Continente (segunda después de Londres), inaugurada en 1896, Földalatti Vasúti y su museo. En la misma zona se puede pasear por el barrio judío y visitar su Gran Sinagoga para luego encarar la comercial Avenidad de Andrassy donde se ubican la Basílica de San Esteban y la Ópera de Budapest. Se recomienda visitar la Plaza de los Héroes y el Museo de Bellas Artes. Tras este recorrido, una visita a uno de los numerosos balnearios con los que cuenta Budapest se hace más que merecida.

domingo, 15 de mayo de 2016

Un aplauso a esas grandes figuras, por Aurora Márquez

Tenía ganas de escribir, llevaba varios meses queriendo dejar mis palabras en esta estupenda y ejemplar revista, pero siempre me asaltaban las dudas en el momento de decidir el argumento a redactar. Entonces me vino la gran idea al ver un video de Clara Lago y Dani Rovira en un famoso programa de Televisión Española promocionando su última película. Allí, la actriz dejó claro cómo se sentía cada vez que algún fan se acercaba para hacer una foto o pedirle un autógrafo mientras estaba tranquilamente en un lugar público a través de la palabra “coñazo”. Durante la entrevista, los protagonistas intentaron suavizar el comentario, pero quedó grabado en todos los televidentes y posteriormente en los internautas como una crítica hacia el público, ardiendo las redes sociales y los medios de comunicación.
He expuesto los hechos sintéticamente pero ahora me gustaría dar mi opinión al respecto, espero que no me lleguen muchas críticas por lo que estoy por escribir, pero aplaudo la sinceridad de esta mujer. Supongo que no viviré jamás una situación como esta, y creo que si me ocurriera alguna vez me gustaría la idea, pero tener que soportar día tras día una sobreatención hacia mi persona al final acabaría sacándome de mis casillas. Por esos fans de todo el mundo, por qué no os ponéis en su situación de vez en cuando; haceos a la idea que son personas normales, no seres superiores que van a hacer de la Tierra un mundo mejor.
Pero la duda que más tiempo lleva en mi cabeza es ¿por qué hacemos nuestros ídolos a personas que aparecen a través de una pantalla si ni siquera sabemos cómo son? Aplaudimos la imagen que dan gracias a su profesión, pero esta no es una imagen real, si no no serían ni actores ni actrices. Nos hacemos una idealización de un personaje ficticio y nos lamentamos si no son como los esperamos; esto nos crea ansia y rechazo, pero no nos paramos a pensar que nuestros ídolos deberían ser otros, personas que hacen algo por nosotros, no personas que hacen una película que los convierten en “conocidos”.
Me gustaría que hiciéramos una reflexión, parémonos diez segundos a pensar si sería mejor aplaudir a una madre que se levanta a las siete de la mañana para ir a trabajar y llega a las nueve de la noche porque tiene dos trabajos y tres hijos que mantener, o a toda esa fuga de cerebros que ha tenido que emigrar porque no había oportunidades en su propia tierra. Démosle la atención a esos científicos que luchan para encontrar cura a enfermedades raras o incurables en la mayoría de los casos y que no tienen ni un mínimo de reconocimiento, o a ese profesor que ha logrado encender la chispa para que tu hijo, tu sobrino o cualquier persona conocida quiera hacer algo que le guste, algo por lo que sea feliz y sea valorado por ello.

lunes, 9 de mayo de 2016

Lúcidos bordes del abismo, por Santos Muñoz Luna

Lúcidos bordes del abismo, memoria personal de los Panero, Luis Antonio de Villena. Fundación José Manuel Lara, 2014.
Los poetas son unos desgraciados. La historia de la lírica, al menos desde Villon, está llena de suicidas, depresivos, depravados, dipsómanos, convictos, fascistas, malqueridos, opiómanos o dementes.
Luis Antonio de Villena nos ofrece en este libro su visión como testigo, amigo de correrías y  compañero de una de las castas malditas emblemáticas de nuestra literatura del último medio siglo. Reflexiona con acierto y hondura sobre los numerosos indicios que anunciaban el naufragio de una estirpe, naufragio personal, que no artístico. Nos quedan sus obras y un puñado de documentos que hablan de su indudable paso por el mundo.
La que pudo ser una familia de artistas acomodada del franquismo se convirtió con el tiempo en un retrato de grupo desenfocado a las puertas del infierno, un infierno cultivado por cada uno, evitable y deseado: Felicidad Blanc, una hermosísima y siempre dialogante y comprensiva dama del régimen, por un matrimonio que destrozó sus sueños y unos hijos que siempre tuvieron la voluntad de autodestruirse; Juan Luis, por  su frustración al no verse aceptado como sustituto del padre ausente y tal vez por envidia ante las alabanzas a la genialidad de Leopoldo María; este por ser dueño de todos los excesos y terminar como la atracción circense que en ocasiones terminó siendo en sus entradas y salidas del manicomio; Michi Panero, por su diletantismo sin fruto, por ser poeta sin obra, Bartleby sin rumbo.
Tras la muerte en 1962 de Leopoldo Panero, un poeta más variado y notable de lo que se suele suponer por su adscripción política, Felicidad Blanc, que soportó el insufrible carácter del vate de Astorga, acompañó la adolescencia y primera juventud de sus tres hijos y los engordó con educación esmerada, placer por la tertulia y pasión por cierto desamparo alcohólico. La memoria de De Villena se pone en marcha alrededor de los años en los que se estrenó El Desencanto, la película de Chávarri que persiguió a la familia y hacia la que alguno de sus protagonistas confesó cierto hastío. En un Madrid en plena transición, absurdo y brillante, lleno de la discreta represión que preparaba los años de la movida, el autor acompaña a estos poetas, especialmente a Leopoldo María, noche tras noche para admirar su agudeza intelectual, su inevitable malditismo. Juntos perpetran la caza del hombre y el diálogo, la visita de libros y librerías, pero sobre todo de bares para alimentar el ogro creativo que llevaban dentro. Resultan estremecedores algunos recuerdos del autor sobre la ruina esquilmada de la biblioteca familiar de los Panero o de las obras de arte que poco a poco se fueron malvendiendo para mantener viva la exclusiva dedicación a los versos y al abismo. Hay escenas, como la de Felicidad oculta en algún rincón de la vivienda de la calle Ibiza mientras los hijos festejaban a sus visitantes, extrañas y duras; otras, como el encargo que ocasionalmente se le hacía a la madre de tratar con los camellos abastecedores del hijo, terribles; u otras, en las que se hace alabanza y público festejo de las proporciones fálicas del amante de turno, tragicómicas. 
En esta instantánea que nos ofrece De Villena se puede apreciar cómo cada uno de los retratados hace esfuerzos para dibujar un destino que conduce inexorablemente a un parnaso desdichado, eso sí con algunos poemas memorables, pero con la nada personal más absoluta como único destino. Pensamos, como muchos, que nada hay menos poético que un poeta y aunque vida y obra son siempre inseparables, nos repugna la observación morbosa de la decadencia de otros. No es el caso del libro de Luis Antonio de Villena, que de manera honesta, como testigo pero también como protagonista, acompaña los restos de este naufragio. En poco más de doscientas páginas nos rememora distintas escenas donde los miembros de la familia Panero se acercan al abismo creativo y personal y nos dibuja, como un Latino de Hispalis leal o como Virgilio pasmado, el descenso a los infiernos de esta familia. 
Nos queda la certeza de que, a su manera, esta familia fue feliz, con la felicidad que dan el vino y las inolvidables líneas de sus versos. Los Panero son metáfora perfecta de la trinidad… lean al padre, lean al hijo y al espíritu caótico del que perdió el brillo en sus ojos porque ya solo miraba hacia adentro.

martes, 3 de mayo de 2016

La estructura, por Ángel Márquez

Me dirigía a mi casa al mediodía, en esa hora en la que las cocinas de algunas casas asoman sus olores a la calle. Mi moto tuvo que desviarse hacia otra dirección debido a que una señal de dirección prohibida me obligaba a tomar otra calle distinta a mi itinerario habitual. No le di mayor importancia, porque los discos de dirección prohibida en mi ciudad son algo habitual, es algo casi inherente en nosotros; es más, si no vemos un día un disco de este tipo, es cuando nos sentimos raros, como que algo nos falta.
El motivo de este disco implantado como un rey en mitad de la calle era que una grúa telescópica invadía la calle. Unos obreros o ingenieros cubiertos con trajes blancos, incluidos pies y sus zapatos, manos, cabezas, caras, ojos y pestañas, manipulaban la grúa para desmontar una estructura de un material peligrosísimo: chapas de fibrocemento o, como siempre las hemos denominado cuando estábamos familiarizados con ellas y las usábamos, chapas de uralita.
El espectáculo que tenía ante mis ojos me pareció en los primeros momentos dantesco o de catástrofe. Todos los empleados o ingenieros estaban envueltos en sus cápsulas blancas y aisladas. Unos se encontraban en la estructura desde la que poco a poco desmontaban las chapas. La grúa las bajaba y otros empleados o ingenieros (creo que ahora para manipular o tocar una chapa de uralita hay que estudiar una carrera) las colocaban despacito y con sumo cuidado en el suelo, para que no explotaran o se rompieran, dando lugar a la expansión de su radioactividad. Por unas horas la imagen era como si Montilla tuviese una central nuclear vieja, de la que desmantelaban su reactor nuclear. Bien pensado, es muy difícil, viendo la imagen de los trabajadores, sopesar cuál de las dos es más peligrosa, si un desmantelamiento de chapas de uralita o un desmantelamiento de un reactor nuclear.
Conforme las chapas de uralita se desprendían, dejaban al descubierto una estructura rectangular formada por vigas de hierro de distintos tamaños. Una vez desprovista la estructura de todas las chapas de uralita, y visto que éstas no habían podido con la estructura, el paisaje de mi barrio tenía un nuevo elemento estructural o escultural. La estructura tiene unas dimensiones aceptables para que los ojos la contemplen y se fijen en ella, como si el esqueleto de Mazinger Z se hubiese quedado al descubierto, unas medidas de sueño pobre de Torre Eiffel.
No he comentado que esta estructura se encuentra en una antigua alcoholera y su cuerpo de torre tenía como función enfriar el agua que producía el alcohol, en aquellos vaporosos años 50, 60 y 70 del siglo anterior.
Ya ha pasado el peligro; las chapas de uralita se encontrarán muy bien controladas y enterradas en los muchos dineros que cuesta su peligrosa manipulación, porque si tocamos con las manos la uralita, no sé si directamente iremos al cementerio, pero sí estoy seguro que por los menos estaremos en pecado mortal, un pecado que queda impregnado en la piel durante toda muestra vida.
Lo que no saben estos manipuladores de uralitas, ni se lo voy a decir, es que existen miles de depósitos y miles de metros de tubería de uralita que las utilizamos para el agua. Si se enterasen nos obligarían a beber agua con guantes en la lengua y en la faringe y en el esófago. El estómago y las tripas se librarían, como no se ven…
Espero que cuando el futuro tenga nuevamente hambre de construcción no devore esta estructura con que mis ojos y el paisaje de mi barrio se están familiarizando.
Algunas noches, cuando la luna está llena y mimosa, desde la coqueta y belenista plaza de la Merced se la ve jugar dentro de la estructura metálica, alegre y desenfadada, como la sonrisa de un niño que ha dejado las estupideces para los mayores.

Asociación Cultural El coloquio de los perros

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