martes, 16 de octubre de 2018

Las bellas extranjeras, por Ofelia Ara

Uno de los fenómenos más universales y profundamente humanos que existe es la risa, pero eso no quiere decir que también sea universal la causa que la provoca, pues depende de cada cultura. De hecho, el humor es la última barrera para el conocimiento del conjunto que engloba aquella: costumbres, creencias, arte, moral, etc; si se llegan a entender sus chistes, contemplados como lo más abreviado y humorístico, se puede decir que se ha llegado a un conocimiento hondo.
En antropología, se dice que el humor favorece las relaciones sociales pero, del mismo modo, reafirma sus desigualdades y sus estereotipos, tanto raciales como de género. La risa puede ser agresiva; el humor representa a un colectivo que agrede a otro y que lo hace mediante la burla. La risa desafía al control social, desafía a las autoridades, es subversiva, como lo es el carnaval. La risa es liberadora, ahuyenta el miedo, aleja la amenaza, echa a la muerte de nuestro lado. Puede ejercitarse hacia dentro, en grupo, puede ser necia o inteligente, amarga o malévola, integradora o excluyente.
Reír es relajante aunque en ciertos ambientes se desprecia porque se considera burdo, demasiado vulgar y popular. Así, se dice que la vida y el arte hay que tomarlos tan en serio que no podemos reír con ellos sin parecer poco inteligentes. Por eso es tan refrescante encontrar un libro con el que se puede contradecir esa opinión pues, desde las primeras hojas, resulta divertidísimo e ingenioso y se lee de un tirón.
Mircea Cartarescu, escritor rumano, escribe en “Las bellas extranjeras” tres relatos autobiográficos en los que el hilo conductor es su existencia como escritor, interrogándose sobre el sentido de su oficio y, sobre todo, a quién le interesa. Aunque pudiera parecer atractivo solo a futuros escritores, los relatos son tan hilarantes y, a menudo, tan absurdos, que atrapan a cualquiera que sepa disfrutar de alguien que, con inteligencia, sabe del ridículo que hacemos a menudo las personas y, en particular, él mismo. “Ántrax” es el primer relato, una crónica de un supuesto ataque terrorista al que es sometido donde, con humildad ante su absurdo, pone delante de los ojos del mundo la paranoia que sufrimos desde los atentados de Nueva York. En apenas treinta y dos páginas da repaso a los miedos contemporáneos y a la burocracia post-comunista de su país, encarnada en la policía de Bucarest, siendo el personaje de Mircea, el escritor, una especie de anti-héroe, abrumado por las circunstancias, asustado e hipocondríaco, pero con una gran conciencia cívica.
El siguiente relato, “Las bellas extranjeras”, que da nombre al libro, es el eje central de su sentir como escritor y también como rumano, es decir, proscrito por su pertenencia a dos colectivos cuya apreciación por parte de los otros es, cuando menos, negativa. Las bellas extranjeras son un grupo de escritores rumanos invitados a Francia para dar charlas sobre la literatura en general y la suya en particular. Ya el título da idea de cómo se sienten en el viaje, preparado por franceses como algo exótico y cuya trascendencia va a ser nula. El racismo de una sociedad supuestamente abierta bajo la letra de su himno, las intrigas entre colegas, las envidias si alguno tiene traductor y otro no, pues esto puede suponer vivir con cierta dignidad, en fin, las divertidas peripecias de un grupo algo alocado y muy necesitado de dinero a los que llevan y traen por toda Francia a cambio de unos cheques de viaje que pueden suponer dos meses de trabajo en Rumanía. Es una crónica muy divertida, hecha con ironía y perspicacia, evidenciando la frecuente fatuidad del mundo cultural y la incomprensión a la que estamos sometidos y que, a nuestra vez, sometemos a otros, por ser de otro país y de otra cultura. No es el primer ejemplo de una absurda crónica literaria; Jorge Ibargüengoitía relata algo similar y aún más divertido en “Revolución en el jardín”, a cuenta de un viaje suyo a La Habana, que merece también la pena leer.
Y termina el libro con “El viaje del hambre”, una vuelta a las penurias de su juventud, a su tremenda necesidad de dinero pero también a la ingenua certeza, ya perdida, de un futuro como escritor con mucho que decir y que sueña que le aguardan éxitos inimaginables.
El verano es el tiempo de la molicie, de los días de luz y calor interminables; las horas lentas se llenan con la espera de la noche liberadora, con un punto de nervioso aburrimiento. Se agradece encontrar, para llenarlas, un libro que tiene dos lecturas, una veraniega, ágil y muy divertida, y otra profunda y más irónica, que se podrá leer y apreciar cuando vengan tiempos meteorológicos más propicios.

“Las Bellas Extranjeras”
Mircea Cartarescu
Editorial Impedimenta

jueves, 11 de octubre de 2018

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En la corte de la Reina Virgen, por David Lara @cartesius78

Tengo la suerte de jugar mucho, con muchas personas y a muchos juegos, pero sobre todo soy afortunado porque algunas de esas partidas marcan un recuerdo en mi memoria para la posteridad. Son las denominadas partidas épicas, aquellas que podré recordar a mis nietos cual abuelo Cebolleta. Si bien cualquier chorrijuego puede alcanzar ese estatus lúdico con una sola tirada de dados, son los títulos con cierto empaque los que copan estos álbumes de recuerdos. Y el juego que me regaló mi última partida épica fue Virgin Queen.
Virgin Queen es un wargame que nos transporta a la Europa del siglo XVI en plena guerra de religión entre el catolicismo y el protestantismo que décadas antes había desencadenado Martín Lutero en Wittenberg. Los jugadores controlan las principales potencias de aquella época: Felipe II en España, Isabel I (la Reina Virgen) en Inglaterra, Solimán el Magnífico en el Imperio Otomano, Francia, el Sacro Imperio Romano y los protestantes holandeses y hugonotes. Es un juego asimétrico donde cada facción pelea por sus propios intereses para alcanzar la hegemonía. Guerras, revueltas, piratería, bodas reales, espionaje, mecenazgos y el Nuevo Mundo son los ingredientes de un cóctel aderezado con toneladas de diplomacia para convencer al resto de jugadores de que eres su mejor aliado frente a vuestro peor enemigo común.
Pero para ser un semillero de partidas épicas no basta con un extravagante mapa renacentista y tirar un puñado de caprichosos dados. El mojo de Virgin Queen es su aplastante sabor histórico que rezuma en cada una de las cartas de del juego, en cada rincón de su mapa de la época y en las reglas históricas que articulan el juego. Virgin Queen es un juego que se disfruta antes, durante y después de la partida. Antes porque los jugadores calientan motores negociando sus intenciones en el preludio de la partida. Después porque tras muchas intensas horas los jugadores pasan un rato largo recordando jugadas, éxitos, pifias y puñaladas que marcaron el devenir de la partida. El durante no hace falta explicarlo en un juego que te absorbe de comienzo a fin, te toque jugar o no.
Ahora bien, Virgin Queen no es un juego apto para todos los públicos. Exige un compromiso, implicación y predisposición importantes a sus jugadores. Su densidad de reglas y excepciones aconseja tener algún tutor en la mesa que las domine. La duración es larga (entre seis y ocho horas), requiere dedicarle un día entero y en un sitio bien acondicionado para poder negociar en secreto. No todos los jugadores tienen estómago para aceptar que en este tipo de juegos es habitual sufrir traiciones, puñaladas, y el acoso de varios oponentes conchabados para derribar al jugador mejor posicionado. Las tiradas de dados, a veces determinantes, pueden ser muy frustrantes; nadie manda sus naves a luchar contra los elementos. Y tener cierto conocimiento del periodo histórico no es imprescindible pero sí muy recomendable para poder disfrutar de la experiencia de juego.
Superadas estas barreras, una partida a Virgin Queen puede satisfacer con creces los paladares lúdicos más exigentes. Son juegos que rara vez ven mesa más de una vez al año pero, cuando se alinean los astros, su recuerdo es más duradero que el de cualquier eclipse lunar sangriento. Afortunadamente Virgin Queen es sólo un ejemplo entre los muchos juegos que propician estas partidas épicas. Sólo es cuestión de que los jugadores escojan el que mejor se adapte al marco histórico de su gusto. En resumen, os recomiendo vivir la experiencia que aportan este tipo de juegos épicos.
¡Dios salve a la Reina (Virgen)!

domingo, 7 de octubre de 2018

VI Ruta Fotográfica "El coloquio de los perros"

La noche del próximo viernes 19 de octubre de 2018 la Asociación Cultural “El coloquio de los perros” organiza la ‘VI Ruta fotográfica El coloquio de los perros’, orientada a aficionados a la fotografía y a todas las personas interesadas en realizar un recorrido nocturno por el casco histórico de Montilla.
La principal novedad de esta edición es el carácter nocturno de la ruta, lo que aumentará la complejidad técnica de la fotografía, a la vez que dará una visión distinta de los lugares visitados. Se recomienda, por tanto, a los participantes, que acudan con trípode.
La actividad posee un carácter mixto: ruta interpretativa y taller práctico de fotografía, y discurrirá por varios rincones del casco antiguo de Montilla, de los que conoceremos sus aspectos históricos, artísticos y culturales más destacados. A la vez, se tomarán fotografías en esas paradas, que serán anunciadas durante la actividad, y en el recorrido para desplazarse de una a otra.
La inscripción para participar en la ‘VI Ruta fotográfica El coloquio de los perros’ es de 3 € y se realizará a través del formulario que aparece al pinchar en el enlace. Posteriormente a ello, se dará más información sobre el lugar y hora de inicio, el desarrollo y recorrido de la ruta a los participantes inscritos.
Puedes conocer las bases de la actividad pinchando aquí.

viernes, 5 de octubre de 2018

Batallas, por Lucas Carpio

Me gusta escribir sobre las cosas que no acierto a entender. Me pone. Quizás sea una especie de ajuste de cuentas, un poligonero -eso me lo dices fuera-, entre la realidad y mis expectativas. Una necesidad de saldar deudas con todo, y cuanto antes, en la manida frontera de los cuarenta.
Sentir el cursor barriendo dulcemente la infame noche televisiva supone un aseado éxito, una minúscula victoria en la batalla de una guerra en la que apenas comparecimos.
Mi reciente descubrimiento del informe Petras suponía un excitante argumento para pedirle una tregua al trabado calor de la campiña. Fuera: los grillos, el crepitar del asfalto. Dentro: los partidos faltos de ritmo de pretemporada, la respiración suave de las chicas durmiendo en la habitación de al lado.
El informe Petras (cuya sonoridad literaria arrastra ya un punto de intriga) fue un estudio encargado por el gobierno de González al sociólogo estadounidense James Petras, a mediados de los 90, sobre las relaciones entre la estrategia de modernización del  país y su impacto sobre la estructura social.
Así, a principios del año 1995 el profesor Petras traslada su residencia a Barcelona para empezar el estudio sociológico a pie de campo. Recopila datos, informes, visita ministerios, sindicatos y universidades, y empieza a construir una base documentada y sólida sobre la que empezar a articular su trabajo. Sin embargo, pronto se da cuenta de que existe una profunda desconexión, una brecha insalvable, entre esta realidad y el pulso que él respira en la calle, en el bar, en el gimnasio... De esta forma descubre que el peaje de las políticas neoliberales realizadas a partir de 1982, el sueño de entrar en la Europa acaudalada a toda costa, no ha sido tenido en cuenta.
Seis meses después, Petras, termina su análisis, elabora el informe y se lo entrega al CSIC. Cobra por los servicios prestados y abandona el país. Pero, ¿qué pasa con el informe? Las observaciones de Petras, las conclusiones, parecen no ser del agrado de la parte contratante y todo su trabajo va a parar a algún cajón polvoriento de un edificio ministerial. Aunque la idea inicial era la de publicar el mismo, a última hora hay un extraño cambio de planes pasando el informe al más oscuro ostracismo. Pero Petras tiene amigos, y una copia del informe se desliza hasta la editorial de la difunta revista Ajoblanco, que lo publicará valientemente, dando posteriormente el salto a la red. El resto ya es historia.
La idea que aterra no es el error de unas políticas concretas, que pueden ser más o menos acertadas (o más o menos compartidas), sino la alevosía a la hora de ocultar el informe, la evidencia de que no se actuó o no se quiso actuar a sabiendas de cuál era la realidad y cuáles eran las perspectivas de los años venideros. El informe está en internet. Gane su batalla. Estábamos avisados.

viernes, 28 de septiembre de 2018

GTA V PC, por David Luna

Si las bicicletas son para el verano, los videojuegos también. No hay nada mejor para la época estival que ponerte a jugar en esas horas que no se puede estar en la calle sin las prisas y el estrés del curro. Lo mejor es viciarse con un juego largo, de echarle horas, como GTA V (2013 para consolas y PC dos años después). Como siempre, me voy a centrar en la versión para el ordenador puesto que las consolas no me interesan (si puedes conducir un BMW qué necesidad tienes de manejar un FIAT Punto, pero para gustos los colores).
Explicar qué es un GTA (Grand Theft Auto) es como explicar a alguien de qué va una película de Alien. Todo el mundo sabe que es un videojuego en el que hay coches, explosiones, mujeres de vida disoluta y tiros, muchos tiros. Por eso no tiene sentido dedicar tiempo a lo obvio. Si nunca jugaste a ninguno de la saga, al menos habrás escuchado hablar de él cuando demonizan los videojuegos en la presa, radio o en la TV. Porque GTA suele estar en todas las listas de juegos violentos por antonomasia, más por su temática, diría yo, que por su violencia intrínseca (que, por supuesto, la tiene, pero no más que cualquier película o serie que te puedas encontrar a cualquier hora en la tele).
Parece que ahora las nuevas generaciones tienen a su alcance la “ultra violencia” a un click de ratón y no le voy a restar un ápice de veracidad a esta frase. Lo único que añadiría. que cada juego lleva una clasificación por edades y está ahí por algo. Que una película sea de dibujos no es sinónimo de “para todos los públicos”; por ejemplo: La fiesta de las salchichas (2016) es absoluta y rotundamente para adultos y hay que estar muy “grillao” para dejársela ver a tus hijos.
Lo mismo pasa con los videojuegos, no todos son aptos para niños y GTA evidentemente no lo es. En este juego se roba, se hacen carreras ilegales, se habla tranquilamente de droga (se compra, se vende y se hace apología de su legalización), se frecuenta la compañía de prostitutas, se tortura, hay peleas callejeras y, por supuesto, si hay que asesinar se asesina sin miramiento alguno. Como se ve, una temática muy pueril no es. Qué pasa si juegas a títulos como éste durante tu infancia; pues supongo que como en la mía, que veíamos las películas de Rambo y no por eso me ha dado por coger una escopeta e ir matando gente por la calle. La maldad o la enfermedad mental está en uno mismo, no en el videojuego.
La historia de GTA V es, sobre todo las primeras horas, muy interesante y divertida, aunque luego según avanza se va volviendo un sindiós sin pies ni cabeza, pero es mera buena excusa para pegar tiros a cascoporro. En esta entrega tienes tres personajes, cada cual más carismático, para elegir, todos con un perfil muy estereotipado y visto cientos de veces en películas de Hollywood. Tenemos al chico negro de barrio pobre metido a delincuente de poca monta que quiere prosperar (Franklin); al mafioso italiano retirado que está forrado de pasta, pero necesita revivir las emociones de antaño porque se siente ya viejo e inútil (Michael); y al psicópata (Trevor) que vive en el hedonismo más absoluto y que sólo le interesa el caos, capaz de convertir un McDonald’s en la boda roja por una mísera hamburguesa con queso.
Los tres pueden vivir sus aventuras por separados y realizarán algunas conjuntas (las principales) en las que podrás ir cambiando de uno a con otro según te convenga (o convenga a la misión). Cada cual tiene una habilidad especial que va desde la conducción, el tiro y la amplificación del daño, que se podrán ir mejorando a lo largo del juego.
De todos los GTAs es el único que he terminado (dos veces), el resto los dejé por puro aburrimiento. GTA V es mucho más divertido que sus predecesores, o al menos eso me ha parecido a mí. La duración va entorno a las 40 horas, pero debido a todo lo que se puede hacer (atracos, misiones secundarias, jugar al tenis, al golf, a los dardos, arriesgar tu dinero en la bolsa, carreras de coches, saltos acrobáticos, etc.), puede llevarte decenas de horas más completar el juego al 100%. Aunque puede tener varios finales, casi todos son prácticamente el mismo: puedes elegir quién quieres que viva o muera, pero no esperes grandes cambios, como mucho, diferentes conversaciones entre los personajes.
Donde luce espectacular es en el apartado técnico. La ciudad se ve viva, llena de gente, de coches, motos, gatos, perros… Existe transición entre el día y la noche, al igual que la climatología irá cambiando para hacer el entorno más realista. El sonido también es su punto fuerte, las armas parecen de verdad, así como los motores de los coches con sus derrapes y colisiones. Las físicas de los vehículos están muy bien implementadas, los coches chocan y se abollan, pierden piezas y eso irá afectando a la conducción, con lo que realmente sientes que debes conducir con un mínimo de cuidado si no quieres convertir un buen “buga” en una chatarra infecta.
La jugabilidad es la clásica de la saga, GTA V es un sandbox sobre raíles en el que tienes que ir del punto A al punto B para completar las misiones sin mucho margen a la improvisación.
Como aspectos negativos resaltaré dos que afectan gravemente al juego. El primero, si bien no es directamente fallo de GTA, sino una mezcla de mi torpeza con los idiomas y el sistema educativo que no me ha enseñado suficiente inglés para pasar de los subtítulos. Y es que no está doblado, sólo tiene los textos en castellano. Eso, una auténtica pena, el 90% de las conversaciones interesantes ocurren mientras conduces (cosa que también se hace el 90% del tiempo), con lo cual, como ocurre en el mundo real, o conduzco o leo, las dos cosas al mismo tiempo no son una buena idea, así que raro es que llegue con el coche en condiciones al final de la cada misión. La otra, y sí que esta vez es culpa de Rockstars, es que cuando conduces algo que no sea un auto la sensación con el teclado y ratón es que estás pilotando un ladrillo. Así que en lugar de disfrutar de un paseo en avión o en helicóptero más bien lo sufres. Solución: cuando cojo un vehículo aéreo utilizo un mando, eso sí, cuando hay que pegar tiros vuelo al vetusto combo pero infalible keyboard and mouse.
Todo lo anterior dicho es para el singleplayer, para el online decir que me ha encantado; es un juego para echar miles de horas, aunque considero que no es un producto hecho para mí. No tengo tiempo de hacer todo lo que se necesita para subir de nivel y, por supuesto, no voy a tomar el camino rápido del micropago comprando con dinero real monedas del juego ni ventajas para mi personaje, es un Pay to Win descarado de Rockstars, y lo sabes… Es un juego que en cuanto entras te das cuenta que todo el mundo tiene mejores armas que tú, mejores coches, más experiencia y más dinero. No quieres contacto con nadie puesto que cualquiera te puede matar y robar y si eres tú el que matas tienes que aguantar al “niño rata” de turno llamarte de todo menos bonito. Y para sentirme un tieso, un mierdecilla, o para ser insultado ya está el mundo real, no necesito un simulador de eso.
Huelga decir que el juego está más que recomendado por su calidad, jugabilidad y diversión. Si te da pereza hacer las decenas de misiones que tiene, juégalo, aunque sea sólo para hacer el cabra por la ciudad conduciendo y pegando tiros en su “modo director”. Eso sí, no te gastes los 60 pavos, cada dos por tres sale alguna oferta puesto que ya es un juego que tiene unos añitos y entonces sí que merece la pena.  ¡Buen juego y mejor verano!

sábado, 22 de septiembre de 2018

A las chanclas (oda intrascendente), por Rafael Reyes


Hermanas pobres de la delicada sandalia,
sencillas y humildes reinan sus gomas
ya desde antaño sobre piscinas y playas,
y ahora campean, también victoriosas,
por aceras, moquetas y baldosas.

Mínimo común de cualquier zapato,
informal uniforme de gentes varias y edades,
las más delcalzas de todos los calzados,
cinco desvergonzados dedos al desnudo,
los talones libres de sostenes,
sobre el empeine apenas un tanga,
ponen su clásico compás, rumboso palmeo
de suela contra planta, a las calores del verano.

Colgadas de un caótico tenderete
o en un escaparate dispuestas con arte,
de mil marcas, formas y colores,
buenas, bonitas, baratas,
visten de pinturera gracia plazas y calles.

Lucen ya bajo el sol de junio,
para septiembre, por amor a la rutina,
pasito a pasito caminan hacia su ocaso.
Pero no por efímero su triunfo
son menor promesa de mercado.
Sobre los dictados de la veleidosa moda
el año que viene triunfan otra vez seguro
y acaso las lleven hasta Cenicienta y Mercurio.

domingo, 16 de septiembre de 2018

Ganadores del 16 Concurso de Relato Corto y Fotografía

El cántabro Manuel Coterón González, con su inquietante obra "Tras la bruma", es el ganador del apartado de relato corto de la decimosexta edición del Concurso de Relato Corto y Fotografía que organiza la Asociación Cultural “El coloquio de los perros”, cuyo tema en esta ocasión ha sido "¿Susto o muerte?".
Asimismo, el segundo premio y accesit del certamen se ha ido hasta la localidad gaditana de San Roque, al relato "La Malaventura", de Alberto Puyana.
En cuanto al apartado de fotografía, la imagen ganadora es "Déjame entrar", enviada desde Jaén por Kini Mercado, que muestra una cadavérica mano abriendo una puerta.
Además de estas tres obras premiadas, los miembros del jurado decidieron otorgar menciones especiales a los relatos "¿Susto o muerte?", enviado por Ramón González Reverter desde la localidad tarraconense de Sant Carles de la Rápita; "El donante", del sevillano Miguel Ángel Gayo Sánchez; y "Las noches", del argentino Miguel Ángel Segurado. También recibieron esas menciones las fotografías "La cruz", del alicantino de Villajoyosa Felipe Tomás Jiménez Ordóñez; "El ente", del santanderino David Mazón Gómez; "La parca", del argentino Mauro Bersanker; “Parque de los Desvelados”, del pamplonés Pedro Pileño Malvar; y "Un baño de muerte", del valenciano Antonio Ismael Redondo García.
Los relatos y fotografías ganadores y mencionados por el jurado formarán parte del libro que la Asociación Cultural El coloquio de los perros edita cada año con las obras más destacadas del concurso, y que será presentado en el acto de entrega de premios que tendrá lugar a primeros de noviembre de este año en fecha y lugar aún por concretar, y de la cual daremos cumplida información.


Déjame entrar, de Kini Mercado
La cruz, de Felipe Tomás Jiménez Ordóñez
El ente, de David Mazón Gómez
La parca, de Mauro Bersanker
Parque de los Desvelados, de Pedro Pileño Malvar
Un baño de muerte, de Antonio Ismael Redondo García

Asociación Cultural El coloquio de los perros

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