viernes, 26 de mayo de 2017

¿Qué fue de Rafael Alberti?, por Alicia Galisteo

La entrada en nuestra democracia, cuando aún los cimientos eran débiles y aún funcionábamos sin Carta Magna, nos regaló una imagen de reconciliación y fue la entrada, cogidos del brazo, de dos pilares dentro del comunismo en nuestro país; una, en la lucha feminista y de las libertades conseguidas durante la Segunda República, como fue La Pasionaria, y otro, uno de los poetas más célebres de la generación del 27, Rafael Alberti. El “poeta de la calle” solamente estuvo en el Congreso dos meses, cediendo su acta de diputado al campesino Francisco Cabral Oliveros.
Cuando aparecieron por el Congreso de los Diputados, los diferentes parlamentarios sabían que debían mostrarle respeto, ya que eran máximos exponentes de la cultura y de la política en España en los años del oscurantismo franquista. Eran conscientes de lo que ganaba España con estos parlamentarios, los cuales mostraban una oratoria digna de este hemiciclo. Era la palabra de los que habían sufrido, los que eran marginados por sus ideas, los que tuvieron que sufrir el dolor de la incultura de un país, los que se habían exiliado para que su opinión siguiese siendo escuchada y no se perdiera entre el ruido de los fusiles y las balas.
Cuando la democracia ha ido madurando y consolidándose, dando cabida a los medios de comunicación, particularmente la introducción de la televisión que ha ido retransmitiendo las sesiones del Parlamento y ha hecho posible el acercamiento de los ciudadanos a su democracia representativa, haciéndolos testigos de los debates más y menos tensos, siempre quedará en nuestra memoria la frase de José Antonio Labordeta “¡A la mierda!” al por entonces Presidente del Gobierno, José María Aznar. De este modo, los partidos han ido transformando sus mensajes para adaptarlos al formato televisivo y así conseguir tener un minuto de gloria, dejando la oratoria a un lado y buscando el mensaje mediático.
Gabriel Rufián, diputado de Esquerra Republicana, se ha convertido en el fiel exponente del mensaje hecho para los medios de comunicación y cada vez que sube al estrado o tiene el turno de palabra en alguna comisión es foco de todas las televisiones y sus vídeos se hacen virales en todas las redes sociales por sus declaraciones, por su forma de preguntar, por sus afirmaciones, por sus ejemplos cinematográficos, por sus pausas provocadoras… Todo vale para abrir un telediario o para que su vídeo tenga millones de visitas en Internet.
Si no lo hiciera así, este partido quedaría en el ostracismo parlamentario y perdido en un mar de declaraciones que solo tienen el efecto deseado en Cataluña, ya que su representación en el Congreso de los Diputados solo es una antítesis de su ideología y de su línea de actuación que lo ha llevado a un pacto electoral con la derecha nacionalista catalana.
Y de esta forma, con el paso de los años se ha ido degradando la defensa de posicionamientos de nuestros parlamentarios, la actualidad informativa se cuece en la Carrera de San Jerónimo y no dentro del hemiciclo y el respeto entre nuestros representantes se basa en los insultos entre ellos y no en la escucha activa de las diferentes propuestas/ideas. Solo nos queda llevar nuestra voz y nuestras ideas al mar para que nuestra voz no acabe muerta.

lunes, 22 de mayo de 2017

¿Populismos?, por Berganza

Querido Cipión, ni estoy de acuerdo con tu opinión ni la comparto. Eso sí, defenderé tu derecho a que la expreses libremente y a que seas respetado por quien, como yo, no coincida contigo. Esto último, precisamente, es lo que me diferencia de los populistas.
Para el populismo no existe más que el negro y el blanco; el gris no es una opción. O estás conmigo o estás contra mí. Solo hay buenos, los nuestros, y malos, los demás. Negociar, llegar a acuerdos, son meras expresiones del diccionario, nunca cederán en sus ideales para llegar a un punto de encuentro común.
Un peligroso y cobarde simplismo que siempre es capaz de encontrar un culpable externo a cualquier problema existente o sobrevenido. Para eso están los otros, los sistemas, las castas, los de fuera, los que tienen otras ideas, religiones, color de piel o tendencias sexuales, para acarrear con la responsabilidad de los males que nos aquejan a los que somos puros. Da igual que acabemos cometiendo los mismos errores; para los nuestros son excusables, travesuras de niño pequeño, para los otros, pecados capitales sin perdón alguno.
Una de las circunstancias más sangrantes para la ciudadanía se da cuando elementos destacados del propio sistema: políticos, jueces, empresarios, multinacionales…. se aprovechan de sus defectos y recovecos en su propio beneficio. Indigna. Y para el populismo el culpable está bien claro: el sistema por el que nos regimos en sí mismo. Hay que romper la baraja.
¿Tenemos accidentes de tráfico por exceso de velocidad o ingesta de alcohol? Prohibamos los vehículos. ¿Para qué buscar a los conductores responsables? Eso lleva más tiempo y esfuerzo. Y todos tan contentos hasta que descubren, ya tarde, que no pueden coger el coche. Como esos felices votantes de Trump o del Brexit que irán comprobando que igual los inmigrantes, los islamistas del ISIS o los burócratas de Washington y Bruselas no eran los responsables de sus males. Da igual, ya les buscarán otros demonios; es más fácil que encontrar y castigar a los culpables individuales y corregir esos defectos de nuestra democracia. Aunque, mientras tanto, sus países se vuelvan más pobres e intransigentes.
Obviamente nuestra sociedad tiene problemas, muchos, y el sistema político y judicial por el que nos gobernamos y regimos no siempre es capaz de dar solución y reaccionar con la prontitud que nos gustaría. Pero, al final, aunque tarde en muchas ocasiones, esta democracia imperfecta que tenemos responde, demuestra que es el menos malo de los sistemas. Situaciones complejas nacidas de una sociedad cada vez más global que no podemos parar no se pueden resolver con eslóganes de perfil de Whatsapp y respuestas simplonas e infantiloides; la más recurrente, como cualquier niño pequeño, echar la culpa a otros.
Cipión, amigo, no encuentro ninguna circunstancia en la que pueda resultar lógico que la gente se deje convencer y arrastrar por esas proclamas populistas. Son torticeras, medias verdades interesadas, buscan la diferencia y la confrontación en lugar de la unión y solidaridad, cambian y mutan según convenga a quien las realiza.

jueves, 18 de mayo de 2017

¡Populismos!, por Cipión

Amigo Berganza, la gente está más que harta y cansada de ser ninguneada, tratada como meros números, tenida en cuenta solo cuando se acercan elecciones, engañada posteriormente y, encima, tomada por tonta.
El sistema democrático occidental cada vez es más sistemático en sus defectos y menos democrático en lo que respecta a respetar y escuchar a sus ciudadanos. Cada vez se escora más hacia las élites, hacia los mercados, hacia la globalización mal entendida, hacia la laxitud con los poderosos corruptos y la criminalización de los pobrecitos robagallinas, hacia la explotación del trabajador y el privilegio del consejero y ejecutivo.
En un mundo donde tanto los pobres como los ricos cada vez lo son más y donde la mayor parte de los ciudadanos no encuentra apoyo ni respuesta a sus problemas entre las élites políticas y empresariales, capaces solo de pedir sacrificios y recortes para incrementar sus privilegios y cuentas corrientes y de, no conformes con ello, insaciables, no tener  rubor alguno en robar a manos llenas, que ya vendrán parlamentos, gobiernos o sistemas judiciales para salvarlos, ¿no crees, querido Berganza, que es desgraciadamente lógico que aparezcan “salvadores” que se adueñen de la indignación de la gente con sus mensajes populistas?
Desafortunadamente, son los únicos que prometen soluciones, que se salen de la retahíla habitual de quienes nos llevan gobernando décadas, sean de un color o de otro, anquilosados y apoltronados en sus sillones, incapaces de reaccionar ante las grandes multinacionales y las élites económicas y sociales.
El sistema político tradicional ha perdido casi toda su credibilidad. No supo ni quiso prevenir, ver llegar o atajar  la crisis. Consintieron en socializarla, en lugar de castigar a los culpables, y hacer recaer las consecuencias sobre la ciudadanía en su conjunto. Transformaron una crisis económica y financiera en otra crisis aún mayor política, social y de valores.
No quiero decirte con todo esto, Berganza, que esté de acuerdo con los mensajes populistas ni con quienes los abanderan. Tan solo que encuentro comprensible y razonable que, ante el hartazgo y la indignación, la gente reaccione; a veces, incluso, dejándose arrastrar por extremismos.
Por desgracia y por nuestra escasa memoria colectiva, la historia tiende a repetirse en más ocasiones de las que debiera. Ojalá no sea ésta una de ellas, tal y como ya pasara hace un siglo. En las manos de nuestros políticos está, pero también en las de empresarios y multinacionales de cortas miras que solo ven, como el borrico, la zanahoria que les hace andar, sin darse cuenta de los riesgos de un sistema excesivamente elitista e insolidario. Si ellos no reaccionan y ponen unas dosis razonables de autorregulación y credibilidad, otros vendrán con sus proclamas para regalar los oídos de quienes están hartos con las palabras que quieren escuchar.
Que luego cumplan lo prometido o radicalicen sus acciones estará por ver. Lo que queda claro es que la paciencia humana, individual y colectiva, tiene unos límites que, a día de hoy, cada vez parecen más superados.

jueves, 11 de mayo de 2017

El Ladrío Primavera 2017

https://drive.google.com/file/d/0B5w63sv6aiNeWlI1d3B5MkJtZzg/view?usp=sharing
Este número de primavera 2017 de El Ladrío que estás a punto de empezar a leer está centrado en dos aspectos principalmente: los populismos y la cultura.
Tan actuales a raíz del triunfo de Trump y el Brexit, del ascenso de otras candidaturas e ideologías populistas por toda Europa con un foco de excepción en las elecciones presidenciales francesas, Cipión y Berganza no pueden dejar de opinar sobre esos populismos y la lógica de su aparición y crecimiento que atrae con sus mensajes a los ciudadanos como modernos flautistas de Hamelin; una idea que es la que refleja nuestra portada. También Leonor Rodríguez, la Camacha, nos deja una poción de hechicera vieja, la receta perfecta para remover en el caldero y conseguir un jugoso populismo con el que embrujar a gentes de toda condición y género.
Incluso algunos artículos de opinión nos hablan de historia y respeto democrático: el recuerdo de Rafael Alberti en el Congreso, del bombardeo de Guernica o de la Revolución de los Claveles se contraponen a los excesos de los populismos llevados hasta el extremismo.   
La otra línea principal de esta edición de la revista de la Asociación Cultural El coloquio de los perros es la cultura: música, libros y viajes no faltan en estas páginas con distintas recomendaciones que dejan nuestros colaboradores. No solo eso, también los juegos de mesa y los videojuegos son cultura y, en dos secciones ya fijas en El Ladrío, nuestros lectores pueden acercarse a ambos mundos y conocerlos mejor.
En definitiva, opinión, cultura y creación, las tres patas que, como siempre, conforman el armazón de esta revista y también de nuestra asociación.
Esperamos que disfrutéis de la lectura y no dudéis en hacernos llegar vuestras opiniones y recomendaciones. Para ello, pincha sobre la imagen de la portada.

domingo, 7 de mayo de 2017

Píldoras deliciosas: Gairloch, por Paco Vílchez

Así, tal cual, Gairloch suena a género masculino, probablemente lo sea, pero a mí me recuerda a una chica misteriosa, recostada entre niebla, playas salvajes, paisajes montañosos…
Con poco más de mil habitantes en invierno, la pequeña Gairloch juega a despistar al visitante, tanto es así que se multiplica en ella misma. Charlestown, Poolewe, Kinlochewe, Strath. Asentamientos que dan forma al misterio, al despiste, a veces a la desesperación de no saber a ciencia cierta qué parte del cuerpo toca con la punta de la yema de los dedos el seductor que la visita.
Pero el misterio y el despiste continúan a cada metro que el viajero recorre. Gairloch juega con la niebla, que rompe en un sol reluciente en escasos segundos, y cuando uno cree tenerla conquistada, el cielo parece tragarse la tierra y de sus tonos plomizos regala granizo y ventiscas de aire frío del norte. Entonces solo queda refugiarse en algún café con aroma a reggae que esconde una preciosa librería en su interior. Y otra vez el sol aparece entre nubarrones, consolando al viajero que a lo lejos puede disfrutar de la dorada arena de sus playas salvajes. Gairloch se vuelve a insinuar. Pero conquistarla no será fácil. Entonces uno tiene la sensación de que nunca será definitivo.
Mas el viajero insiste, y acercándose al puerto pesquero queda nuevamente embobado ante la inmensidad del Lago Gairloch, que otra vez despista. Y es que siendo lago, no deja de ser una ensenada donde los barcos pesqueros de arrastre, amarrados, no dejan de balancearse bruscamente ante el fuerte oleaje que los aborda. Ahora es el mar el que parece comerse la tierra.
Silencio humano, silbidos de las ráfagas del aire, rugido del mar, cielo cerrado y grisáceo, soledad abrumadora, incluso incertidumbre, incluso miedo. Nadie a nuestro alrededor. A kilómetros de nosotros. Carmen y yo permanecemos quietos, parados ante las fuerzas de la naturaleza. Es como si la chica que queremos conquistar nos mostrase su lado más bello y más cruel a la vez. La naturaleza elevada a la máxima potencia. Miramos a nuestro alrededor. Frente a nosotros el mar, el lago, la ensenada, todo en uno. La chica sigue enredando marcada por el Atlántico. Y todo ello rodeado de montañas, las Wester Ross que coquetean en plenas Highlands, entre más lagos interiores y ríos preñados de vida.
Seguimos quietos, contemplando la belleza de estas tierras, sintiéndonos infinitamente minúsculos y sufriendo las ráfagas de aire casi helado en nuestros rostros. Entonces la chica parece regalarnos otro ratito de sol por nuestra perseverancia en conquistarla. Nosotros, agradecidos, decidimos adentrarnos por una de las muchas rutas de los alrededores. Estrechas pistas forestales entre vegetación tintada de los colores del otoño y del plateado de los arroyos que corren junto a nuestros pasos.
A lo lejos Gairloch, la chica misteriosa, espera con una tranquilidad asombrosa, alejada de las grandes urbes, y solo reservada para lugares místicos, la caída de la tarde. Ese momento mágico cuando el sol desaparece en el horizonte. Poco a poco el hilito de humo de las chimeneas se mezclan con el ocaso, los visillos de las ventanas de las casitas de madera parecen amarillearse por la luz que emanan del interior. Nosotros buscamos refugio en The Old Inn Gairloch con la sensación de haber conquistado a la chica misteriosa y a la vez sentir cómo se esfuma de nuestras manos.
Sin duda Gairloch no tiene nada que ver con la mujer pomposa de grandes catedrales, avenidas, palacios… Pero siempre estará en mi corazón. Y es que a veces lo menos es mucho más.

jueves, 4 de mayo de 2017

¿Podríamos vivir sin consejos reguladores? Por Leonor Rodríguez, "La Camacha"

De mayor quiero ser trabajador de un consejo regulador. Del que sea, lo mismo me da de la denominación de origen de la Chirimoya Costa Tropical o de la Miel de Granada. O del consejo regulador de los Vinos Montilla-Moriles, por tenerlo más a mano.
Con inquietante asiduidad, los que se conocen las administraciones públicas como la palma de su mano suelen referirse a estos entes –como en todo, siempre hay honrosas excepciones- como cuevas técnicas de Alí Babás donde no se sabe muy bien cuánto te van a robar, aunque se da por hecho que robado entras y robado sales.
Si de un tiempo a esta parte se ha implantado la necesidad de arrojar transparencia a la vida pública, seguro que se debe al oscuntarismo propio de habitáculos administrativos como los consejos reguladores. Concebidos como oficias técnicas de productos avalados por un marchamo de calidad, a menudo se ganan el cielo como contenedores de sonámbulos cuasi funcionatas o funcionarios de pleno derecho, acostumbrados a pelearse con montones de inocuos expedientes con menos chicha que el currículo de Belén Esteban.
Con la mano en el corazón, ¿alguien me puede decir para qué narices sirven los consejos reguladores? Las consejerías o departamentos de Agricultura de cualquier comunidad autónoma ya tienen entre sus competencias el control, la vigilancia y el cuidado administrativo referente a las campañas agrícolas. O dicho de otro modo, los productos –vinos, aceites, mieles, jamones…- no amparados por denominaciones de origen, ¿acaso no responden a controles de calidad? ¿Sobre ellos pesa un sistema menos riguroso de celo administrativo?
Seamos sensatos, eso de velar por la calidad de unos productos determinados es un cuento chino que no necesita una administración paralela. Porque así hay que definir a los consejos reguladores: patentes burocráticas de dudosa eficacia. Y si no, hablemos de la promoción que hacen a sus productos estrella.
En Montilla podrían perfectamente sangrarnos las manos de aplaudir las iniciativas promocionales en las que ha acertado el consejo regulador. Tiramos de ironía, por si no se han dado cuenta. En esta bendita tierra, el caso es especialmente sangrante. La promoción de los vinos que se les presupone, no es más que la promoción personal de sus responsables y las vacaciones pagadas de sus estructuras medias. Respóndanme con sinceridad, ¿dónde estarían ahora los vinos Montilla-Moriles si no hubiera existido un consejo regulador? ¿Creen que estarían mejor, peor o igual?
Demasiadas preguntas y ecuaciones en las que si despejamos la X, más de uno se queda con las vergüenzas al aire. Somos desesperadamente condescendientes con unos organismos que quitan más de lo que aportan, negocietes particulares aparte. Y ahí está, para quien tenga tiempo y ganas, la historia de un consejo regulador como el de nuestros vinos al que nunca se le conoció una sola medida para proteger a los viticultores. Tan sólo rimbombantes planes que no suelen sobrevivir más allá de la presentación de turno, fotografía incluida. Porque de otra cosa no pueden presumir, pero de fotos los consejos reguladores están atiborrados. En cualquier sarao que se precie no falta el gerente, el presidente o el arrimado del consejo regulador. Una imagen vale más que mil palabras, dicen, pues cojan un periódico y búsquenlos, allí les están esperando.

domingo, 30 de abril de 2017

(In) Dependencia por bandera, por Alba Delgado Núñez

La Oficina de Vida Independiente (OVI) es un sistema de la Comunidad de Madrid gestionado por ASPAYM (Asociación de personas con lesión medular y grandes discapacitados físicos) y financiado por el Fondo Social Europeo. Su finalidad es prestar horas de asistencia a personas con discapacidad física severa y que tengan una vida activa. Está basado en Planes Individuales de Vida Independiente (PIVI) Su principal característica es que proporciona medios humanos de ayuda (es decir, asistentes personales) y, sobre todo, el protagonismo que se le da a los propios usuarios. Es decir, es el participante quien elige a la persona que va a ser su asistente, ya sea porque se conocen o porque han hecho una entrevista personal a los que están dentro de la bolsa de empleo. Bajo mi punto de vista es una ventaja poder elegir a quien va a trabajar para ti, quien se puede adaptar a tus necesidades y con quien puedes tener más confianza a la hora de llevar a cabo tareas que pueden resultar algo incómodas. Asimismo, son ellos quienes gestionan las horas concedidas conforme a su necesidad.
Para empezar, haré un repaso de lo que el comité de Ministros del Consejo Europeo definió como Dependencia, esto es, “la necesidad de ayuda o asistencia importante para las actividades de la vida cotidiana” […]/[…] Un estado en el que se encuentran las personas que, por razones ligadas a su falta o pérdida de autonomía física, psíquica o intelectual, tienen necesidad de asistencia y/o ayudas importantes a fin de realizar los actos corrientes de la vida diaria y, de modo particular, los referentes al cuidado personal” También es preciso reseñar la definición que se le dio a la palabra Autonomía. Dícese como “la capacidad de poder hacer actividades básicas de la vida diaria por uno mismo” y, por último, Independencia: “actitud ante la vida, que da lugar a que la persona sea dueña de sus propias decisiones y resuelva qué hacer, cómo y con quién las actividades de su vida diaria”
Será con la Ley 39/2006, de 14 de Diciembre de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia (LAAD) en su artículo 2.7 donde se definirá la Asistencia Personal como un “servicio prestado por un asistente personal que realiza o colabora en tareas de la vida independiente, promoviendo y potenciando su autonomía personal” Así podemos entender que un Asistente Personal es aquel que llevará a cabo una serie de tareas múltiples y diversas en función de las necesidades que tenga el usuario con el fin de que la vida de este tome la mayor autonomía posible, favoreciendo entre otras cosas el afianzamiento del empoderamiento (o empowerment)*. Para que resulte más fácil distinguir las funciones de un Asistente Personal de las de un Auxiliar de Enfermería u otra clase de asistencias, añadiré que las competencias de estos consisten en: acompañamientos (en actividades cotidianas como ir al trabajo o a clase, al mercado, etc., actividades sociales o de ocio en las que se pueden incluir los viajes), apoyo en el autocuidado (vestirse, comer, evitar riesgos, aseo…), actividad física (intrínseca o funcional), función sensorial (escuchar, ver, oír…), funciones manuales (agarrar, sujetar, apretar…), apoyo en las funciones sexuales, apoyo en la capacidad para utilizar el transporte e incluso en el descanso.
Ahora bien, como ya he dicho, la Oficina de Vida Independiente es un proyecto de la Comunidad de Madrid que comenzó a funcionar alrededor del año 2006 poniendo en marcha un proyecto piloto sobre la vida independiente y promoción de la participación social. Que sea un proyecto piloto implica que se desconoce la duración que éste pueda tener, sobre todo porque, a día de hoy, su financiación puede parecer algo inestable. Aparte, aunque pueda considerarse ambicioso, en toda la Comunidad hay alrededor de sesenta y tres personas que pueden disfrutar de este servicio (que incluye el trabajo de alrededor de unos ciento treinta Asistentes Personales) Si nos ponemos a pensar en la cantidad de personas que, por un motivo u otro, tienen alguna clase de diversidad funcional y requieran de este tipo de ayuda, observamos que es muy deficiente. Otro punto negativo, y como ya se ha recalcado antes, es un proyecto de la Comunidad de Madrid que en el resto de autonomías no existe (aunque en algunas encontramos servicios parecidos). Suele resultar que, en la mayoría de los casos, cuando una persona tiene discapacidad acostumbra a tirar de la ayuda de algún familiar, algún trabajador por cuenta propia (trabajo privado, o sea, bajo su propio coste) o voluntariado. Que si no se cuenta con estos medios, la independencia de la persona se verá mermada en muchos aspectos.
Hablo de esto porque el proyecto de la Oficina de Vida Independiente me parece algo fundamental, así como la asistencia personal. Un recurso al que se le debería dar más promoción y tener alcance. Algo que, debido al aumento de personas con discapacidad, tendría que ser frecuente y extenderse a nivel nacional.
Reflexionemos un poco. ¿Crearía puestos de trabajo? ¿Le arreglaría un poquito más la vida a mucha gente? ¿Estaría la gente más concienciada sobre la CAPACIDAD de las personas con diversidad funcional y sería perfecto para la inclusión social? ¿Fomenta el desarrollo de la autonomía personal? Y después de estas preguntas, ¿no sería necesaria una OVI para todos?

*Empoderamiento (o Empowerment): Proviene del verbo “to empower” y significa dotar o conceder a la persona el poder o la facultad de poder elegir su vida y diseñarla a su manera, potenciando su actitud y capacidad ante las circunstancias que puedan suceder en ella.

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