lunes, 18 de marzo de 2019

Cipión y Berganza sobre el mantenimiento del patrimonio protegido

El Coloquio de los perros es la Novela Ejemplar cervantina en la que aparecen Montilla y la Camachas, y da nombre a nuestra asociación. Sus protagonistas, dos canes, Cipión y Berganza, también pretenden serlo de nuestra revista. En cada número, a través de sus reflexiones y posturas en páginas centrales, uno a favor y otro en contra, iremos tratando temas de interés para nuestra sociedad. En esta ocasión, ladrando sobre la participación de las administraciones públicas en el mantenimiento y preservación del patrimonio protegido de propiedad privada.

Cipión: ¿patrimonio público?
Cánido amigo Berganza, qué desazón me provoca en mis paseos por esta ciudad a la que nos trajo nuestro amo D. Miguel el deplorable estado de muchos de los edificios patrimoniales que han dado a Montilla su nombre en la historia. Coincidirás conmigo en que el valiosísimo patrimonio arquitectónico de nuestra ciudad, otrora símbolos de la efervescencia cultural y religiosa de Montilla como capital del Marquesado de Priego, se ha deteriorado hasta tal punto que han desaparecido interesantísimos exponentes de la arquitectura civil y religiosa y del acervo artístico que esta ciudad ha atesorado a lo largo de los siglos.
Qué recuerdos trae a mi memoria, querido Berganza, el arco del desaparecido Convento de San Lorenzo, cuando se erigía en todo su esplendor plateresco; qué rabia me entra cuando contemplo desde la plaza de la Rosa la fachada de la monumental Tercia; qué añoranza ver que el campanillo de la Ermita de San José ya no tañe por miedo a que se la espadaña que llamaba a misa a los carpinteros del Cerrillo se desplome; qué impotencia se me infunde al ver cómo el palacio de los Duques de Medinaceli se ha abandonado a su suerte, a la del inexorable transcurrir de los siglos y se ha convertido en el blanco de las miradas de los numerosos visitantes que acuden a Montilla a conocer el principal exponente del Siglo de Oro montillano y asisten atónitos e incrédulos a su lamentable estado de conservación.
Ya sé que me reconcomen las pulgas cada vez que ladramos de esto, compañero, y cada vez que me recuerdas que muchos de estos edificios que te menciono son bienes de propiedad privada, como eran muchos de los que ya han desaparecido por el abandono de sus dueños y la falta de inversión en su protección y conservación. Pero yo, me pregunto pese a su carácter privado ¿acaso no forman parte del patrimonio cultural de todo un pueblo? ¿Acaso estos bienes patrimoniales no pertenecen sentimental e históricamente a la tradición cultural de la Montilla cuya historia han iluminado? ¿Acaso las administraciones públicas no tienen ningún tipo de responsabilidad en su protección, conservación, restauración y puesta en valor? ¿Acaso no existen mecanismos de enajenación de bienes y expropiación de la propiedad privada en favor del bien común y colectivo?
Tenemos un magnífico ejemplo con la adquisición del Castillo del Gran Capitán por parte del Ayuntamiento de Montilla en 1998, momento hasta el que estuvo en manos privadas. ¡Quién sabe qué habría sido del imponente alhorí que moldea la silueta de nuestro pueblo desde leguas de distancia! Las administraciones públicas, que se financian con los impuestos que todos pagamos, deben tener un compromiso moral, cuando no jurídico, firme y decidido con el sostenimiento y la preservación de aquellos bienes individuales que han formado parte de la Historia para que pervivan en el tiempo y no solo en el imaginario colectivo. No solo existen argumentos éticos que avalan esto que digo, inseparable Berganza, sino también de interés turístico y, por ende, económico. ¡Menuda imagen ofrecemos a los visitantes! Perdimos los Arcos de la Puerta de Aguilar, que no tenían valor artístico, pero eran y siguen siendo una de nuestras señas identitarias, si no la única, que mayor añoranza inspiran a los montillanos. Que no caigan en el olvido de ayuntamientos, diputaciones, juntas y gobiernos el Palacio, la Casa de Teresa Enríquez, la Ermita de San José, lo poco que queda del Arco de San Lorenzo, la Tercia y otros tantos edificios singulares degradados por la inacción y la pasividad de la res publica.
Berganza:¿patrimonio privado?
Querido Cipión, compartimos el lamento por el deterioro que el patrimonio cultural y artístico de nuestra Montilla viene sufriendo desde hace años. En España, tradicionalmente la intervención y conservación del patrimonio se decidían en los despachos de los técnicos de la administración y se financiaban a través de las agencias gubernamentales correspondientes. Y los resultados de este modelo de gestión pública del patrimonio están a la vista: lamentables; especialmente después de los años de recortes presupuestarios consecuencia de la crisis económica.
Este modelo ha funcionado medianamente bien para grandes obras artísticas y monumentos que constituyen un reclamo turístico y, por tanto, un activo económico para la administración.  Sin embargo, ¿qué ocurre con el patrimonio pequeño? Muchas veces es de titularidad privada, fruto de herencias familiares; de manera que el propietario actual del monumento no tiene acceso a capital para restauración completa. Este tipo de patrimonio presenta peor estado que los grandes clásicos (catedrales, palacios, grandes obras públicas, etc.).
Pero el patrimonio cultural es mucho más que los grandes monumentos. Hoy en día, el patrimonio histórico, artístico y la cultura pasan a entenderse como todas las manifestaciones o modos de vida que caracterizan a un pueblo. Esta riqueza no está tanto en un valor monetizable o reclamo turístico, sino porque constituyen referentes identitarios, lugares de memoria y espacios de sociabilidad para las comunidades locales. Y en estos espacios de memoria pequeños y fragmentados sí que tenemos un problema grave y urgente de conservación y restauración del patrimonio. Y son las administraciones las responsables del mal estado, por su inacción o falta de conciencia.
Por todo ello y en paralelo al auge del concepto de Memoria Histórica como herramienta para configurar la identidad y fijar el acervo cultural, ocurre que la gestión del patrimonio debe pasar de gestionarse desde arriba hacia abajo; desde lo público a un modelo de iniciativa local. Es decir, desde abajo hacia arriba; gracias a la movilización ciudadana, la toma de conciencia de la importancia de los recursos culturales y la financiación privada. Para ello, una adecuada Ley de Mecenazgo sería clave en el fomento de la colaboración de PYMES, voluntarios y asociaciones privadas de diferentes tipos.
Como ejemplo, la ciudad de nuestro padre, D. Miguel de Cervantes. Su bella Universidad Cisneriana Complutense estuvo en ruinas tras la Desamortización de Mendizábal y la respuesta de la administración fue intentar venderla a un magnate estadounidense a precio de saldo. Los ciudadanos de Alcalá de Henares crearon la Sociedad de Condueños, poniendo dinero de su bolsillo y adquirieron el edificio. Lo conservaron privadamente durante 150 años hasta que en 1977 se creó la nueva Universidad de Alcalá y el edificio retomó su uso como Universidad. He aquí un ejemplo de iniciativa privada exitoso.
Amigo Cipión, para preservar los monumentos montillanos que enumeras con cariño y nostalgia, la iniciativa ciudadana y la financiación privada a escala local o comarcal son fundamentales para ejecutar intervenciones donde las Administraciones no pueden o no quieren llegar. En último término, la gestión privada puede hacer que el legado cultural, histórico y arquitectónico de una localidad se pueda convertir en un bien para los municipios y conseguir un desarrollo sostenible a largo plazo en la explotación de los recursos patrimoniales.


lunes, 11 de marzo de 2019

El Ladrío Invierno 2019

Ya está disponible la edición de invierno de la revista "El Ladrío". Pincha aquí, en la imagen o en los enlaces para leerla.

https://drive.google.com/file/d/1Meieg0UyKHE6LfeQ0igqtqeAgiI8i6Gr/view?usp=sharing
Al igual que el invierno primaveral que este 2019 nos ha deparado, la edición invernal de El Ladrío llega cuando los almendros ya están florecidos.
Por el camino han pasado San Valentín, el Día de Andalucía y la presentación de la novela “La rana de Shakespeare”, de nuestro amigo Ricardo Reques. Referencias a todo ello, pues, las puedes encontrar en estas páginas que tienes entre manos.
Además, como siempre, dejamos recomendaciones literarias, de videojuegos y de juegos de mesa un tanto vintage. Igual que creación poética y narrativa u opiniones varias.
Te puedes encontrar, eso sí, un novedoso proyecto de sección: asesoría jurídica básica; en esta inauguración, sobre cuestiones hipotecarias.
Nuestra hechicera de cabecera, Leonor Rodríguez ,“La Camacha”, también nos habla sin bozal sobre otra cuestión legal inmobiliaria como es la inmatriculación.
Por supuesto, nuestros cánidos portavoces Cipión y Berganza plantean en esta ocasión sus distintas opiniones sobre algún tema; la participación de las administraciones públicas en el mantenimiento y preservación del patrimonio protegido de propiedad privada es el elegido.
Un patrimonio que pudimos disfrutar el pasado otoño en la ruta fotográfica que nuestra asociación organizó en la noche del casco histórico de Montilla, y cuya imagen ganadora preside nuestra portada.
En definitiva, una grata lectura que, por nuestra parte, celebramos en la anterior edición con una cata de vinos amontillados y que, en esta ocasión, volveremos a celebrar con otra cata de vinos finos. Porque, como es bien sabido, in vino veritas.

martes, 5 de marzo de 2019

¡Cómo se viene la muerte tan callando! Sin bozal, por Leonor Rodríguez "La Camacha"

¡Cuán acertado estaba Don Jorge Manrique en la elegía que dedicaba a su fenecido padre! ¡Cuán iguales son los ríos caudales, medianos y chicos cuando dan a la mar que es el morir! ¡Cómo la muerte equilibra a ricos y pobres, a poderosos y vasallos! A todos les une, además, el miedo a la misma y el deseo de inmortalidad.
En mis hechicerías, han sido muchos los embrujos o brebajes que he preparado para prolongar la vida, encontrar la eterna juventud o evitar a la parca. Patrañas para incautos; de algo hay que comer, aunque sea de la estupidez humana. Nunca funcionaron.
Otros, más avispados, prefieren buscar una inmortalidad menos física y corpórea, la del recuerdo. Si no eres olvidado, si siguen hablando de ti y permaneces presente a través de las generaciones, se puede decir, en parte, que no has muerto por completo.
¡Quién me iba a decir que aquel comisario real de abastos engolado que conocí mientras recaudaba provisiones para la Armada Invencible alcanzaría la inmortalidad gracias a una pluma, un papel y la enjuta figura de un hidalgo caballero de lanza en astillero y rocín flaco! Como él, tantos que siguen vivos gracias a sus obras y trabajos, sin apenas proponerse para esa eternidad otra cosa que hacer, de la mejor forma posible, aquello que les placía.
No me malinterpretes, lector insensato; no pretendo enaltecerlos. Si no hicieron más por lograr esa inmortalidad fue, simplemente, porque no pudieron. El ego humano es enorme y nunca queda satisfecho, y mientras más poderosa y rica se vuelve la persona, mayor es su egolatría y su afán por mostrarla al resto de los mortales y así diferenciarse de ellos; de hacer ver que su rio no termina en la misma mar. ¡Ilusos!
Tan grandes se ven en vida que más temen a la muerte equilibradora, y construyen mausoleos, pirámides, estatuas, santuarios, templos megalómanos a mayor gloria de su nombre. Sin escatimar en esquilmar recursos y esclavizar gente para ello. Lo que haga falta, cuanto sea necesario, todo es poco para saciar su sed de inmortalidad ególatra en directa proporción a su despotismo.
Y las pobres gentes, incultas, ignorantes, estupefactas ante semejante grandiosidad, siglo tras siglo, han idolatrado y ensalzado a sus opresores, empequeñecidos por la construcción megalómana, contribuyendo a conseguir esa soñada inmortalidad. ¡Cuán nefasta es la incultura!
Hasta que llegaron los ilustrados con su pretensión de combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía con el conocimiento humano para construir así un mundo mejor. Las sociedades, poco a poco, decidieron decidir por su cuenta e inmortalizar a quienes consideraron que las habían ayudado a mejorar y hacerse más grandes. No más egolatría megalómana; el triunfo de la razón… Risas. ¡Hay tanto idiota ahí fuera!
Porque si el ego humano es enorme e insaciable, la estupidez es infinita; no importa cuán cultos seamos y formados estemos. Sirvan de ejemplo el siglo XX y sus múltiples dictadorzuelos, a cuál más pagado de sí mismo, idólatras de su propia imagen que no dudaron en repartir por calles, plazas y edificios impregnados en la sangre de millones de víctimas de su ansia de poder inmortal. Una inmortalidad más efímera esta vez; cayeron las estatuas, retratos o mausoleos de muchos de ellos. Apenas alguno mantiene el recuerdo que mandó construir; bien porque sus herederos aún conservan el poder, bien porque mover su tumba sería la supuesta profanación de un lugar y una ignominiosa memoria erigidas sobre la sangre y el sufrimiento de miles de sus víctimas.
Pase lo que pase en esta España que tan poco se diferencia de aquella cervantina en la que viví, yo, Leonor Rodríguez “La Camacha”, bruja y hechicera, tengo una cosa clara: no hay recuerdo que el tiempo no le ponga fin. Así que, como dijera aquel sefardí de las Américas, Woody Allen de nombre, cómico de la legua de profesión: “No quiero alcanzar la inmortalidad a través de mi obra, sino simplemente no muriendo”.

martes, 26 de febrero de 2019

Regionalismo andaluz, por Javier Ruz Cerezo

Actuación local, repercusión global: hora de reivindicar “en andaluz” 

Las elecciones al Parlamento de Andalucía de 2018 se celebraron el pasado domingo 2 de diciembre, momento en el que se eligieron los 109 diputados de la XI legislatura del parlamento regional. Presentaron un adelanto electoral “técnico” de apenas cuatro meses sobre el calendario por defecto marcado por la legislatura que terminaba, constituida el 16 de abril de 2015. Según el PSOE -anterior gobierno andaluz-, la causante fue la decisión por parte de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía el pasado septiembre de dar por terminado el acuerdo de gobierno con ellos, anunciando su rechazo a apoyar los presupuestos de 2019.
Con una población total de 8.379.248 -según datos oficiales del Instituto de Estadística y Cartografía a fecha de abril de 2018- Andalucía es la comunidad autónoma que más habitantes tiene, seguida de las comunidades de Cataluña y Madrid, que cuentan con 7.488.207 y 6.549.979, respectivamente. El País Vasco es la octava autonomía en número de población y cuenta con 2.171.131.
Vivimos tiempos convulsos y llenos de incertidumbre donde la tan nombrada “crisis” -que ha azotado a millones de españoles- ha derivado en una pérdida de confianza en las instituciones públicas nacionales y europeas, percibidas por el ciudadano ordinario como entes mastodónticos y herméticos más preocupados por riesgos sistémicos y datos macroeconómicos que por las desgracias del ciudadano al cual dicen servir.
Acontecimientos como el hecho de que el esperpento del independentismo catalán o las exigencias (fruto de sus amenazas previas) de los nacionalistas vascos terminen traduciéndose en que una lluvia de millones de euros de los presupuestos generales del estado parta rumbo a mejorar esas autonomías con el fin de acallar bocas, dejan al resto de españoles con una sensación agria. Esto es así, sobre todo si el “cuponazo” toca, y toca y vuelve a tocar únicamente en tales comunidades de las cuales el gobierno central -con independencia de su color- parece depender en todo momento para poder seguir agarrado al poder.
Ante esta injusticia parece que estamos perdiendo una oportunidad única para reivindicar “en andaluz”. No estoy haciendo apología de un nacionalismo o independentismo andaluz, que por otro lado sería una insensatez y un suicidio que acabaría perjudicando a Andalucía. Simplemente se trata de reclamar más para nuestra Tierra que, a su vez, tuviera una repercusión suprarregional. Esta reivindicación se podría traducir en mayor inversión, más infraestructuras, mayor presencia, representación y poder de decisión más allá del puro plano regional, fomento de nuestra cultura e identidad que nos caracteriza y distingue respecto al resto de regiones, etc.
Con una mayor población frente al resto de comunidades autónomas, a los andaluces únicamente nos bastaría con agruparnos en torno a una idea política que defendiera este mayor regionalismo andaluz, sirviendo como bisagra del gobierno central, al cual apoyaría en sus esfuerzos, no por establecer comunidades de varios niveles y velocidades (que es lo que está ocurriendo en la práctica), sino todo lo contrario: trabajar por una igualdad entre autonomías con el fin de mejorarlas para que todas juntas hagan que España sea más competitiva, fuerte y determinante frente a otros países. Se trata de aplicar la teoría del “crear valor” frente a la del “reclamar valor”, que es por lo que algunas comunidades autónomas están abogando junto con la connivencia del gobierno central, en detrimento del resto que no son consideradas como “tan interesantes” -políticamente hablado- o que carecen de medidas de presión para hacerse oír. Os animo a comenzar este camino .

sábado, 16 de febrero de 2019

Presentación de la novela "La rana de Shakespeare"

El próximo viernes 22 de febrero a las 21 horas, en la Casa del Inca, la Asociación Cultural El coloquio de los perros organiza la presentación del libro "La rana de Shakespeare", del autor cordobés Ricardo Reques.
Aunque nacido en Madrid, Ricardo Reques reside en Córdoba desde los once años. Es Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad de Córdoba y ha publicado numerosos artículos científicos y técnicos en revistas internacionales; además, es autor de varios libros y otras publicaciones de carácter técnico y divulgativo.
En el ámbito literario, tiene microcuentos publicados en 2001 en el libro Galería de Hiperbreves, Edición del Círculo Cultural Faroni (editorial Tusquets), un cuento infantil en el libro Historias Mágicas y Verdaderas, editado en 2005 por Aldeas Infantiles SOS y varios relatos en distintas antologías. En 2011, Ediciones Depapel le publicó el libro de microcuentos Fuera de lugar y la editorial Alhulia el libro de relatos titulado El enmendador de corazones.
Es colaborador del suplemento cultural Cuadernos del Sur del Diario Córdoba y coordina la sección de relatos en la web cultural La Torre de Montaigne.
"La rana de Shakespeare" es su primera novela, que transcurre en el norte de Argentina, entre el Gran Chaco y la selva misionera. Allí, un investigador algo irreverente, torturado por un amor que no le es correspondido, desarrolla un proyecto relacionado con el efecto del cambio climático sobre los anfibios. Con las notas encontradas en sus cuadernos, en las que se expresa de una forma crudamente sincera, el narrador nos muestra su privada forma de mirar un mundo que no entiende. La historia da un giro inesperado a partir de una decisión en apariencia intrascendente.

lunes, 11 de febrero de 2019

La playa, por Ángel Márquez

Me alegro que aún no haya aparecido una mente preclara, brillante y política que le haya impuesto un horario a la playa y al mar, porque todo horario es un proceso privatizador. El hecho de que podamos ir a la playa dentro de las 24 horas que le hemos impuesto al día nos da una libertad absoluta de estar, entrar y salir a nuestra voluntad. Esta libertad, en las playas, es llena a primeras horas de la mañana, cuando el sol da sus primeros bostezos madrugadores; a esas horas en las que mis compañeros de playa pueden ser una pareja soñando o descansando su amor, o algunos solitarios confesándose en sus sueños de alcohol.
La playa, siendo totalmente opuesta al mar, le debe su existencia a éste. El mar es quien modela, con sus cambios de carácter, las playas; las crea a su antojo, dándoles o quitándoles cuerpo como un escultor creando su obra, que coloca arcilla o la quita como en el juego adivinatorio de la margarita.
Además del mar, el hombre también tiene poder para darle a las playas un cierto carácter. Cuando la naturaleza, en un arrebato propio y salvaje, hiere la playa, el hombre, con más acierto o menos, intenta arreglarla y acondicionarla a pesar de que la naturaleza, tan avizora como se encuentra siempre, tendrá su arrebato para abrir esa herida.
Por último, otros elementos que modifican la virginidad de las playas son los playeros con su equipaje de neveras, sombrillas, sillas, voces y cuerpos. La playa se convierte en un atiborrado mercadillo de vendedores sin mercancía que vender, a excepción de esos malogrados seres de piel y país. Menos la mercancía, en las playas se dan las condiciones de un mercado: aglomeraciones, palabras altisonantes, carreras sin metas, desórdenes en la conquista del espacio y ese sol que durante siglos ha dejado su sello en la piel de los jornaleros, y que se convierte en muchas horas del día en el infernillo de la piel de los playeros.
Si al campo aún no se le han puesto puertas, todas las playas tienen su puerta: el mar. Por esta puerta se entra y se sale de la playa. Uniendo todos estos elementos en una coctelera, quizás sea esta la causa de que darse un baño en el mar sea tan agradable, placentero y relajante. Sin que nos demos cuenta, meternos en el mar, más que refrescarnos, nos sirve para tomar un poco de aire.
Por todo lo dicho, y como antes comenté, a mí la playa me gusta a primera hora, en la que los puntos cardinales se ven en su plena libertad; a esa hora a la que el sol, adolescente y tímido, se puede intimar con él; cuando el fresco mañanero me besa la piel y es ese momento en el que, a pesar de estar solo, nunca falta una tertulia con mi pensamiento, alternándolo con las palabras de un libro, y cuando descanso de la lectura y levanto la vista, el mar me invita a tener una conversación con él.
Creo que mi “Codi”, con su vista perdida en el horizonte, tiene mi mismo pensamiento.

domingo, 3 de febrero de 2019

Somos iguales, por Valeriano Rosales

Pretendo llegar a algún acuerdo contigo, lector, ya seas un gobernante reconocido, desconocido, un ciudadano como yo u otro cualquiera… a todo el que lea este artículo, ¿te animas? Para ello te haré una serie de preguntas y, dependiendo de la respuesta, estarás más o menos en sintonía conmigo.
¿Vivimos en una mejor sociedad? Si la respuesta es sí, continúa leyendo. ¿Es una democracia un sistema adecuado para establecer unas normas? Sí, adelante. ¿Necesitamos gobernantes para hacer leyes y ejecutarlas? Si tu respuesta es afirmativa, continúa. ¿Y jueces para que se cumplan y hacerlas cumplir? Sí, sigue. ¿Y quién debe gobernarnos? Personas que quieren el bien común. Sí, prosigue.
¿Eres humano? Si la repuesta es sí, continúa. ¿Intentas hacer las cosas mejor día a día? Sí, adelante. ¿Te equivocas? Sí, sigue. ¿Tienes fallos y haces cosas a sabiendas? Sí, continúa.
¿La última cuestión has estado a punto de contestar que no pero te has acordado de algún asunto en concreto? Sí, continúa. Si has elegido el no, en esta o alguna de las anteriores puedes dedicarte a leer otro artículo; este no es para ti.
No somos perfectos, ni nuestra sociedad tampoco. Somos terrenales, mundanos, unos más y otros menos, pero todos homos sapiens.
He conocido personas con unos empleos que bien podrían ser otros muy diferentes pero que por distintas causas no hemos tenido la suerte de que alcancen ningún cargo institucional.
Pero lector, ¿te pondrías al frente de una concejalía de tu ayuntamiento? Ahora entiendo que para seguir leyendo debes contestar que no. ¿Te gusta ser presidente de la comunidad de vecinos? No, al menos por el momento, continúa.
Y entonces, ¿por qué criticamos tanto a los que nos dirigen? ¿Por qué no bajamos un tanto el tono cuando acusamos de tal o cual cuestión a los que nos gobiernan? ¿Tan fácil será tomar una decisión? ¿Tanta maldad tienen cuando llevan a cabo sus propuestas? ¿Tan faltos de civismo y entrega pública están?
Me niego a ver que ellos son los malos y nosotros los buenos. Pero si aun así tú lo eres, ¿por qué no decides dar el salto y dirigir aquello más cercano que es bueno para tu entorno? En gran parte por el miedo a verte cuestionado por todo lo que haces.
Lector, no soy yo mejor que tú. Yo lo sé y tú, si me conocieses, lo sabrías.
En cualquier corrillo que hacemos con amigos, compañeros de trabajo, familiares… todos parecemos saber de todo y hasta nos aventuramos a dar lecciones de cómo se debe actuar ante todo aquello de lo que, sinceramente, no tenemos la información suficiente para valorar.
Ya está bien de que todos seamos tertulianos empedernidos, conocedores con detalle de todos los temas, usuarios de redes sociales plagadas de buenismos y de realidades idealizadas que nada tienen que ver con las miserias que cada uno guarda de puertas para dentro.
¿Y qué pido? Pues, copiando una estupenda frase, porque tampoco podemos ser inventores en todo, si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir.
Por si no te has dado cuenta, te pido que te calles; tú gobernante, yo votante, tú amigo o tú militante. Sí, que nos callemos, que no hablemos tan descaradamente de lo que simplemente desconocemos con exactitud, que dejemos de meter cizaña, que dejemos correr muchos asuntos porque cualquiera que emplee su tiempo en trabajar por la comunidad habrá contestado afirmativamente a las primeras preguntas.
En definitiva, que aprendamos a comunicarnos desde la empatía, que sepamos que del acercamiento entre diferentes posturas surge un nuevo ajuste de ideas que beneficia al entendimiento y la convivencia.

Asociación Cultural El coloquio de los perros

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