domingo, 16 de septiembre de 2018

Ganadores del 16 Concurso de Relato Corto y Fotografía

El cántabro Manuel Coterón González, con su inquietante obra "Tras la bruma", es el ganador del apartado de relato corto de la decimosexta edición del Concurso de Relato Corto y Fotografía que organiza la Asociación Cultural “El coloquio de los perros”, cuyo tema en esta ocasión ha sido "¿Susto o muerte?".
Asimismo, el segundo premio y accesit del certamen se ha ido hasta la localidad gaditana de San Roque, al relato "La Malaventura", de Alberto Puyana.
En cuanto al apartado de fotografía, la imagen ganadora es "Déjame entrar", enviada desde Jaén por Kini Mercado, que muestra una cadavérica mano abriendo una puerta.
Además de estas tres obras premiadas, los miembros del jurado decidieron otorgar menciones especiales a los relatos "¿Susto o muerte?", enviado por Ramón González Reverter desde la localidad tarraconense de Sant Carles de la Rápita; "El donante", del sevillano Miguel Ángel Gayo Sánchez; y "Las noches", del argentino Miguel Ángel Segurado. También recibieron esas menciones las fotografías "La cruz", del alicantino de Villajoyosa Felipe Tomás Jiménez Ordóñez; "El ente", del santanderino David Mazón Gómez; "La parca", del argentino Mauro Bersanker; “Parque de los Desvelados”, del pamplonés Pedro Pileño Malvar; y "Un baño de muerte", del valenciano Antonio Ismael Redondo García.
Los relatos y fotografías ganadores y mencionados por el jurado formarán parte del libro que la Asociación Cultural El coloquio de los perros edita cada año con las obras más destacadas del concurso, y que será presentado en el acto de entrega de premios que tendrá lugar a primeros de noviembre de este año en fecha y lugar aún por concretar, y de la cual daremos cumplida información.


Déjame entrar, de Kini Mercado
La cruz, de Felipe Tomás Jiménez Ordóñez
El ente, de David Mazón Gómez
La parca, de Mauro Bersanker
Parque de los Desvelados, de Pedro Pileño Malvar
Un baño de muerte, de Antonio Ismael Redondo García

domingo, 9 de septiembre de 2018

Gracias, Edward Jenner, por Carlos A. Prieto Velasco


“Una mujer fallece al apostar por las 'pseudoterapias' para tratarse un cáncer de mama” (Diario Sur, ed. digital 20-07-2018)
“Unos 3.000 niños de Barcelona están sin vacunar porque sus padres no lo ven necesario” (El Periódico de Cataluña, ed. digital 19-07-2018)
“La homeopatía se venderá en farmacias como medicamento, aunque Sanidad reconoce que no cura” (El País, ed. digital 25-04-2018)
Estos titulares recientes son algunos ejemplos del preocupante avance de las pseudociencias y pseudoterapias que en el imaginario de muchas personas tienen el mismo grado de validez que las Ciencias. Estas pseudociencias o terapias alternativas no son nuevas. Desde tiempos inmemoriales todos conocemos a “sabias”, curanderos, echadores de cartas, astrólogos, tarotistas y otros charlatanes. La novedad ahora es el toque científico que muchas de estas prácticas introducen para legitimarse. Y así tenemos las terapias supuestamente basadas en conocimientos milenarios y filosofías orientales como el reiki, las flores de Bach, el feng-shui, terapias ayurvédicas, etc. Otras se dan una pátina de cientifismo basándose en la alimentación: la dieta alcalina, los “détox”, la ozonoterapia, la medicina ortomolecular, etc. Y por encima de todo, la homeopatía; práctica basada en que dosis mínimas de algunas sustancias son capaces de curar enfermedades. Es especialmente grave que productos homeopáticos se venden en farmacias con autorización de Sanidad. Al no ser medicamentos, aunque se vendan como tales, no tienen el nivel de seguridad y control exigible a un fármaco verdadero.
A pesar de que tenemos el acceso a la mayor cantidad de información de la historia de la humanidad, de que tenemos sistemas públicos de Educación y Sanidad más o menos eficaces; las personas seguimos confiando en estos bulos, sobre todo en momentos de desesperación o cuando la Ciencia no nos ofrece una solución.
De pequeños aprendíamos que el médico rural Edward Jenner descubrió la primera vacuna de la historia. Realmente esto no es exacto. Desde mucho tiempo antes se empleaban técnicas rudimentarias de inmunización: se tomaba pus de las pústulas de enfermos de viruela y se extendía en heridas superficiales de individuos sanos. Con esta técnica no se controlaba en realidad la dosis inoculada, por lo que era capaz de curar pero también podía hacer enfermar.
Analicemos el experimento de Edward Jenner: Jenner, como médico rural, había observado que las mujeres que ordeñaban a las vacas en las explotaciones lecheras no padecían la viruela. Jenner plantea la hipótesis de que la viruela vacuna pasa a los humanos, pero no es mortal. Y lo más importante, al infectarse de viruela vacuna nuestro organismo parecía capaz de desarrollar inmunidad frente a la variedad humana.
Para probar su hipótesis, en 1796 Jenner inocula al hijo de su jardinero con pus extraído de ampollas de una granjera enferma de viruela vacuna. El niño tuvo algo de fiebre y poco más. Después, Jenner le expuso a la viruela humana en dos ocasiones. Siguió este método con veintitrés pacientes más e informó de sus resultados a la Royal Society de Londres.
El gran logro de Jenner no fue la técnica de inoculación sino ser capaz de verificar una hipótesis con experimentos repetitivos y reproducibles. En este caso, la hipótesis de que se puede inmunizar a humanos usando la variedad vacuna, mucho menos virulenta. Esto supuso que se abandonase la técnica anterior de inmunizar aplicando pus de enfermos de viruela.
Y esta es la gran diferencia entre la Ciencia y estas falsas terapias. En la práctica de cualquier Ciencia: i) se plantean hipótesis, ii) se contrasta la hipótesis mediante experimentos reproducibles, y; iii) se comparten y publican los resultados en la comunidad científica.
Es decir, la Ciencia no es dogmática; está sujeta a crítica y discusión. No se basa en teóricas esotéricas sino en un cuerpo de conocimientos que han sido verificados por experimentos y que se amplían con nuevos experimentos. Las pseudociencias son dogmas: o se cree en ellas o no. Para conocer una Ciencia se necesitan años de estudio y aprendizaje; una pseudociencia ofrece respuestas fáciles a problemas muy complejos. Mediante la Ciencia se puede llegar a resolver problemas médicos, técnicos, etc.; las pseudoterapias no tienen ningún efecto positivo, como mucho ejercen cierto efecto placebo.
A pesar de todo, la Ciencia no da todas las respuestas, hay lagunas en el conocimiento. Esto, unido a que todos tenemos un punto irracional que nos invita a creer en los milagros, hace que las terapias falaces sigan presentes y explican los titulares con los que empezaba este artículo. Yo me quedo con la opinión del físico argentino y filósofo de la Ciencia Mario Bunge, “una pseudociencia es un montón de macanas que se vende como ciencia”.
Si crees que estas terapias son perjudiciales para la salud pública y un riesgo para las personas; por favor, difunde: #StopPseudociencias

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Jazz, vino y cine, por Antonio Luque

Septiembre llega a Montilla con una nueva entrega del remozado Montijazz, que volverá a apostar por la música y el vino como reclamo cultural y turístico, por segundo año consecutivo. Ya se conoce el programa que los organizadores han preparado para este año, abriendo el abanico a diferentes estilos y a otras propuestas, paralelas a los conciertos, como el ciclo de cine Forajidos del Jazz. Montijazz Vendimia abarca este año tres semanas, si contamos desde la primera hasta la última proyección de cine previstas, pasando por las dos dobles sesiones de conciertos en el Lagar Cañada Navarro y Alvear.
David Peña, Dorantes, encabeza este año el cartel de actuaciones. Acompañado a la percusión por Javi Ruibal, presentará en Montilla su espectáculo Un flamenco al piano, en el que adapta su repertorio a un formato mucho más íntimo. Con el tiempo, el pianista sevillano ha ido ganando peso internacional gracias a su versatilidad y su capacidad para dotar a sus actuaciones de una creatividad que le convierte en un músico diferente. Sin muros, como él mismo pregona en uno de sus últimos discos, une de manera armoniosa el flamenco, el jazz y la música clásica, acompañando sus composiciones, en esta ocasión, del vino de Montilla Moriles.
Otro de los nombres propios en esta edición de Montijazz Vendimia es La Canalla. Hace algunos números ya recomendábamos a la banda andaluza desde este mismo lugar y ahora toca invitar a todo el mundo a que disfrute de su música en directo. Y es que 'Chipi' y compañía son hoy por hoy una de las propuestas más originales de la música nacional, con unas letras cuidadas, un punto 'guasón' y un fondo de jazz que aportan veteranos como Javier Galiana, Julián Sánchez, José López y José Benítez.
Montijazz Vendimia también apuesta este año por la promoción de jóvenes músicos. En esta línea, junto a Dorantes, en Bodegas Alvear, estará la banda Mandola Jazz Quartet, que lidera el guitarrista rambleño Francisco Fernández. Aunque desarrolla su labor musical lejos de nuestro país, ha hecho un hueco para participar en el festival montillano, acompañado de jóvenes músicos andaluces, aunque con un dilatada experiencia, presentando en Montilla los temas que formarán parte de su primer trabajo discográfico.
La agenda de conciertos se cierra con el grupo que abrirá las actuaciones en el Lagar Cañada Navarro, justo por delante de La Canalla. Crash for jazz es un proyecto veterano en el que toma parte el contrabajista montillano Juan Carlos Herrador. Desde hace años, recorren Andalucía con su propuesta didáctica, aplicando un repertorio ameno, que abarca desde el jazz tradicional hasta la fusión con otros estilos.
Como novedad este año, Montijazz Vendimia une fuerzas con la Asociación Forajidos para estrenar un ciclo de cine. Acordes y desacuerdos es la primera de las películas que se proyectará, el jueves seis de septiembre, en la Gastrobodega Los Arcos. Es un precioso homenaje al jazz, en clave del comedia, dirigido por el cineasta Woody Allen, que obtuvo dos nominaciones al Óscar en el año 1999: para Sean Penn como mejor actor, y para Samantha Morton como mejor actriz secundaria.
El mundo del jazz es el hilo conductor en Alrededor de la media noche, la última proyección del ciclo, el jueves 20 de septiembre. La espectacular banda sonora de Herbie Hanckock, galardonada con un óscar en 1986, la participación en la cinta del mismísimo Dexter Gordon, o la fotografía de Bruno de Keyzer, son algunos de los alicientes de esta película, dirigida por el francés Bertrand Tavernier.
Música, vino, y este año también el cine, son los tres pilares de Montijazz Vendimia 2018. Tres semanas para disfrutar del jazz en lagares, bodegas y restaurantes, alrededor de la vendimia que da sus últimos coletazos en la comarca. Son ingredientes más que sugerentes, que desde hace semanas promociona el cartel del festival, obra del montillano Juan Carlos Espejo.

domingo, 2 de septiembre de 2018

¡VAR!, por Berganza

El Coloquio de los perros es la Novela Ejemplar cervantina en la que aparecen Montilla y las Camachas. Sus protagonistas, dos canes, Cipión y Berganza, también pretenden serlo de nuestra revista. En cada número, a través de sus reflexiones y posturas en páginas centrales, uno a favor y otro en contra, iremos tratando temas de interés para nuestra sociedad.

¡Ay, Cipión… que no te quieres dar cuenta de que el mundo gira! Eres un can antiguo que vive pensando en que cualquier tiempo pasado fue mejor y no disfruta de las maravillas que hay delante de su hocico.
La evolución es intrínseca al ser humano, a todo lo que pone en marcha, y eso se nota en todos los aspectos de su vida. El fútbol no es diferente. Ese deporte tiene los fundamentos en aquel juego que unificaron los ingleses allá por el siglo XIX pero las reglas han cambiado con el paso de los años. Me atrevo a decir que de las reglas iniciales del balompié solo quedan: dos equipos que quieren meter un balón en las porterías contrarias con cualquier parte del cuerpo salvo las extremidades superiores. El resto ha ido evolucionando y puliéndose inexorablemente año tras año.
Pero tú, claro, eres un nostálgico que siempre jugabas de chupagoles, que devolvías la pelota una y otra vez al portero para perder tiempo y que fingías penalti cada vez que podías. Tienes morriña del supuesto juego de caballeros que se hacía antaño frente a los maniquíes de mírame y no me toques de ahora. Pues bien, el VAR (video assistant referee) o videoarbitraje es un sistema cuyo objetivo es evitar errores humanos que condicionen el resultado. Para que lo veas claro, cuatro ojos ven más que dos y son en aquellas jugadas dudosas donde hay que observar con mayor detenimiento qué es lo que pasa. Poner el VAR a funcionar es prácticamente eliminar el fuera de juego injusto en los lances del partido y olvidarnos de un plumazo de si el balón ha traspasado la línea de gol, por poner algún ejemplos.
¿Y que conseguimos con ello? Pues está claro, que se esclarezcan las jugadas dudosas, con lo que ganaremos en objetividad. El fútbol  así será más justo al menos y, por lo pronto, en el área. Ésta ya no será la tierra del más listo, la del pillo, la del que hace las cosas mal. Ahora no habrá tantos piscinazos ni fingirán tantas agresiones o se podrán poner sanciones a las que sí se hacen. A la larga, incluso podremos ver un más juego limpio al saberse observados por el árbitro.
Pero no solo estos pocos argumentos son los que tengo, tengo todo un mundial de Rusia 2018 para apoyar mis motivos. Han sido numerosos los partidos en los que se ha utilizado este sistema (en otros no porque no ha sido necesario recurrir a él) y en la práctica totalidad se han tomado decisiones correctas ante las acciones revisadas. Otra vez para que lo entiendas Cipión, no en todos los partidos se detiene el partido para decidir ante una pantalla una acción del encuentro, solo se hace cuando en una jugada crucial los árbitros entienden que debe ser revisada. Evidentemente es una herramienta más que habrá que mejorar con el tiempo y quién sabe si será relegada al banquillo cuando aparezca otra que la supere.
Una vez dicho esto, te digo que no te preocupes, amigo Cipión, seguirás discutiendo del VAR en el bar, en el trabajo, en el parque… porque los puntos de vista sobre un aspecto, la polémica en definitiva, son intrínsecos al ser humano y por ende al fútbol. Tranquilo amigo, te veré ladrando semana tras semana defendiendo a tu equipo.

jueves, 30 de agosto de 2018

¿VAR?, por Cipión

El Coloquio de los perros es la Novela Ejemplar cervantina en la que aparecen Montilla y las Camachas. Sus protagonistas, dos canes, Cipión y Berganza, también pretenden serlo de nuestra revista. En cada número, a través de sus reflexiones y posturas en páginas centrales, uno a favor y otro en contra, iremos tratando temas de interés para nuestra sociedad.

Ay, Berganza, vienes con ganas de hablar de fútbol… El Mundial de Rusia te dejó con malas pulgas porque volvemos a ser esa España ramplona, aburrida, insulsa, que pintaba aquellos lejanos veranos de nuestra adolescencia de Eurocopas y Mundiales de narices rotas y goles que nunca llegaban. Vienes a hablar de fútbol y nuevas tecnologías, como si fueran dos conceptos que tuvieran cabida en la misma frase.
Decía mi vecina que el WhatsApp es un invento del demonio. Pues imagínate el VAR. Qué podemos decir de este puzzle de pantallas y ojos humanos convertido en una suerte de tribunal inquisidor. “El fútbol ya no es lo que era, cuando jugaba Luis Aragonés, Di Stéfano o Cruyff eso sí que era fútbol”, repiten una y otra vez los viejos, y llevan razón porque este fútbol con tantas cámaras y tanta lupa hasta el milímetro pierde su esencia. Se empeñan en poner un videojuego donde teníamos un deporte.
Los defensores del VAR, como tú, hablan de la justicia del fútbol y de robos históricos que se podían haber evitado. El fútbol es pasión, polémica, hoy te toca a ti y mañana a mí, errores, aciertos, conversación de barra de bar… y goles. El fútbol es todo eso y no el mecanismo infalible de un reloj suizo. Aburrido como un partido de ajedrez por la radio, así está el fútbol por culpa del dichoso VAR.
Y ya puestos a entregarnos a la modernidad, prescindamos del árbitro en el campo. ¿Para qué leñes lo queremos estorbando en el campo? Pongámosles a los futbolistas un pinganillo en la oreja y que reciban por ahí las indicaciones del árbitro supertacañón que hablará desde las alturas. Hagamos del fútbol un gran hermano, plagado de espejos con cámaras con un director imponiendo el guión desde el plató. ¿Y qué tal si en el tiempo que tarda el árbitro en repasar en la banda la jugada por la pantalla, abrimos una encuesta en Twitter y que opinen todos los espectadores? Berganza, sería más democrático, dónde vamos a comparar: un campo entero y la gente desde su casa votando desde el móvil si ha sido penalti o no. “Corred, en veinte segundos cerramos nuestras líneas”. 
Y así todo, Berganza, ridículo y absurdo. Como esa imagen de cinco tíos vestidos de árbitros en una sala de ordenadores a cientos de kilómetros del estadio. Ridículo y absurdo este mundo del VAR. Futbolistas hiper controlados en el terreno de juego y, mientras tanto, fuera engañando a Hacienda con los impuestos. Y para eso no hay VAR ni malas pulgas que los parieran…

sábado, 25 de agosto de 2018

El ladrío verano 2018

Ya está disponible la edición de verano de la revista El Ladrío. Pincha aquí o en la imagen para leerla. Más abajo te dejamos unas pinceladas de lo que incluye.

https://drive.google.com/open?id=1oXxvh9y7WEsauITXABAWBTIerGzJwXUz
Ha tardado en llegar el verano; se ha hecho de rogar. Pero al final ha venido con fuerza. Igual le pasa a El Ladrío en su edición estival que, como siempre, tratamos de hacer ligera y refrescante.
Por ello, encorsetados entre Mundial de Rusia, Supercopas y comienzo de la Liga, qué tema más veraniego para nuestros Cipión y Berganza que el polémico VAR; sí, el que se escribe con V. El otro, el que empieza con B, es el que se presta a disertar sobre las nuevas tecnologías, en este caso futbolísticas, y la idoneidad o peligrosidad de la toma de decisiones por máquinas o por humanos. Para tan profundos temas son capaces de dar el fútbol, en particular, y el deporte estival en general. Si no lo creéis, leed a nuestros icónicos canes y a nuestra hechicera de cabecera, Leonor Rodríguez, “La Camacha”, opinando sin bozal.
Además de eso, desde la playa y la piscina, lugares también gratos para los placeres intelectuales, nuestros colaboradores nos dejan recomendaciones literarias, musicales, viajeras o jugables, en tablero o en videojuego. Y reflexiones, cómo no, o bellos poemas, que la tranquilidad de las vacaciones y las cañas del chiringuito dan para mucho.
Y ya que hablamos de cañas, no podemos dejar de mencionar la actividad veraniega por antonomasia de nuestra asociación: la cata de cerveza. Un evento que ha llegado este año a su decimoséptima edición y que se ha convertido ya en todo un referente del ocio veraniego en Montilla y alrededores. Una vez más, la gran afluencia de público ha permitido que la cata sea un éxito y que cumplamos los dos objetivos que nos proponemos: reunir a personas de todas las edades, ideologías, creencias e intereses en torno a cervezas de muchos tipos y lugares y a un rato de conversación, y conseguir la financiación que permite a nuestra asociación realizar el resto de actividades que llevamos a cabo durante el año. Entre ellas, por ejemplo, sacar cada tres meses esta revista que tienes entre manos o en la pantalla.
A todos los asistentes, pues, muchas gracias por su colaboración y decirles que como asociación de base dual (Cipión y Berganza son nuestros referentes) y amor a sus raíces, en otoño tendremos actividades relacionadas con el vino. ¿Por qué cerveza o vino? Mejor, cerveza y vino; quizás no estuvieran presentes en el momento de la creación del mundo, pero desde luego lo estuvieron en la aparición de la civilización.

jueves, 23 de agosto de 2018

Viaje con nosotros: Lisboa, por José Alfonso Rueda

Visité Lisboa por primera vez con 14 años, cuando mi andadura en la extinta EGB y la de mis compañeros de colegio llegaba a su fin. Mucho ha llovido desde entonces y apenas unos recuerdos intermitentes e inconexos quedan en mi memoria: el claustro de los Jerónimos, el viento desde lo más alto del Monumento a los Descubrimientos, las vistas del Castillo de San Jorge, el Museo de Carruajes o la mirada impresionada de un adolescente que cruza por vez primera el Tajo sobre el Puente 25 de Abril.
Más de 25 años tuvieron que pasar para que volviera por la capital portuguesa, de nuevo rodeado de adolescentes de 17 y 18 años, pero convertido ahora en pastor del rebaño. Una ruta trashumante que repito periódicamente cada curso escolar y que me refresca aquellos recuerdos y le añade otros muchos más por las calles lisboetas.
Portugal y Lisboa están de moda como destino turístico pero, de momento, eso no les ha supuesto perder su esencia entrañable, su idiosincrasia. Aún no se tiene ese sentimiento de estar paseando por un parque temático para turistas; solo en el barrio de Belém, en el entorno del Monasterio de los Jerónimos, la torre de Belém y el Monumento a los Descubrimientos se tiene una cierta conciencia de ello. Pero basta adentrarse en el interior de Pastéis de Belém, en uno de sus amplios salones, pedir un café y unos pasteles para degustar sentado tranquilamente y creer que nos hemos transportado hasta una versión lisboeta de la montillana Pastelería Manuel Aguilar.
Mis rutas estudiantiles por Lisboa me llevan recurrente y metódicamente a la Baixa y Alfama. Primero, callejear por Alfama, echar un vistazo a la iglesia y casa natal de San Antonio (que no era de Padua sino de Lisboa), donde siempre alguien suelta algún euro por si el santo se deja caer con un novio o novia; cruzar la calle y visita rápida a la Catedral para, a continuación, sortear empinadas y estrechas aceras entre tranvías hacia la Puerta del Sol, el ensoñador mirador sobre el Tajo. Desde ahí, descenso por intrincadas callejas hacia el Museo del Fado y el nuevo puerto de cruceros. A la vera del río caminamos hasta la Plaza del Comercio.
Aquí es obligada la parada para reponerse de las subidas y bajadas de nuestro recorrido en alguna de las terrazas que jalonan sus soportales. Tras ello, cruzamos el arco que da entrada a la Rua Augusta, peatonal y repleta de comercios y en la que, muy probablemente, no muy discretos personajes nos ofrecerán alguna que otra sustancia estupefaciente cuya posesión en ciertas cantidades está despenalizada en Portugal. Tras negarles el ofrecimiento con amabilidad, llegamos al Elevador de Santa Justa, un ascensor de primeros del siglo XX que une la Baixa con el barrio de Chiado. Dar una pequeña vuelta por él es opcional, sin olvidar en ningún caso que nuestro recorrido debe terminar al otro extremo de la Rua Augusta, en la Plaza de Rossio, centro neurálgico de la Baixa Pombalina y de la propia Lisboa.
En ella encontramos A Ginjinha, un típico y diminuto bar en el que hay que probar la ginja, el aguardiente de guindas originario de la capital portuguesa. En sus alrededores, restaurantes donde degustar un bacalao a bras o la Plaza de Figueira, llena de cafeterías y en la que es habitual encontrar un mercadillo de productos artesanales y típicos portugueses.
La labor de pastor de adolescentes no permite una perspectiva más amplia de Lisboa: son poco dados a escuchar fado, somos mucha gente para subir en tranvía, tenemos poco tiempo para visitar el Parque de las Naciones y el Oceanario.
Aún me queda mucha Lisboa que conocer y, con o sin estudiantes, pienso seguir volviendo a esta fascinante ciudad para repetir metódicamente esos mismos recorridos e irles añadiendo más barrios y calles aún ignotas para mí.

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