domingo, 14 de enero de 2018

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Homenaje a Nacho Montoto

El pasado 8 de enero de 2017 nos despertábamos con la triste noticia del fallecimiento del escritor cordobés y socio de la Asociación Cultural El coloquio de los perros Nacho Montoto. Un año más tarde nuestra asociación lo recuerda y homenajea en un acto que tendrá lugar el viernes 19 de enero de 2018 a las 21 horas en la Casa del Inca de Montilla, y en el que hablaremos del poeta y de la persona, haremos una semblanza de su obra, leeremos algunos de sus poemas y comentaremos las sensaciones que nos producen.
José Ignacio Montoto Mariscal, nacido en Córdoba en 1979, era miembro de nuestra asociación desde 2009, cuando presentó en la Casa del Inca su poemario Mi memoria es un tobogán - Espacios insostenibles y formó parte del jurado de la séptima edición de nuestro concurso de relato corto. Dos años más tarde, en 2011, volvió a colaborar con El coloquio de los perros en la presentación en las Escuelas del Pescao de su libro Superávit.
Director de la edición de 2016 del Festival Internacional de Poesía Cosmopoética en Córdoba, Nacho Montoto es autor de una intensa obra poética: La ciudad de los espejos (2007), Las últimas lluvias (2008), Mi memoria es un tobogán - Espacios Insostenibles (2008), Superávit (2010), Tras la luz (2013), La cuerda rota (2013) y Estamos todos, aquí no hay nadie (2015), y de los relatos Binarios (2009) y Diario del fin del mundo (2012). A todos estos títulos hay que añadir su poemario póstumo, La orquesta revolucionaria (2018), publicado hace escasos días. Asimismo participó en numerosas antologías, colaboró como articulista o crítico literario en diversas publicaciones como Diario Córdoba o las revistas Puerto y La tormenta en un vaso, e impulsó múltiples proyectos culturales tanto en Córdoba como en Sevilla, ciudad en la que residía.

jueves, 11 de enero de 2018

Aquí no hay quien viva, por Alicia Galisteo

En los últimos meses, España se está convirtiendo en un capítulo de esta famosa serie de televisión y es que, a veces la realidad supera a la ficción. Porque si metes en una coctelera a un independentista, a un constitucionalista y a un reaccionario tienes cubierta una temporada o la tercera parte de Ocho apellidos belgas.
Y es que los vecinos del cuarto, a propuesta del presidente de planta, decidieron hacer una votación que afectaba a la comunidad pero no tenían el permiso del resto de vecinos; así, esa votación no tenía ninguna legitimidad, pero fueron el resto de vecinos los que se la dieron. El vecino de abajo colocó una bandera para que el bloque permaneciese unido, mientras los vecinos del cuarto ponían otras banderas totalmente diferentes; ellos querían decidir su futuro en su planta.
Probablemente os suene esta serie, pero ahora nos dan un capítulo diario, y es que los medios de comunicación nos mostraron una guerra callejera entre unos vecinos que querían votar pacíficamente en unas elecciones ilegales y unos Cuerpos y Fuerzas de Seguridad de la Comunidad a los que habían ordenado que aquello era una guerra y que se jugaban el honor de un bloque, ya que nadie les había explicado que nunca se apagará un fuego encendiendo un mechero.
Las cosas se iban precipitando y el presidente de la comunidad de vecinos le pidió al que manda en la cuarta planta que dijese si esa votación provocaba que el resto de los vecinos ya no podían decidir sobre esa cuarta planta; pero el presidente de la cuarta planta respondió que esas elecciones eran un comienzo para escuchar a la planta, el problema es que solo votaron los que querían poner barreras en el bloque, que anteriormente habían salido a la calle para quejarse de todas las cosas malas que el presidente de la comunidad les estaba haciendo en su planta.
Finalmente, el presidente de la comunidad de vecinos decidió aplicar un artículo del código de convivencia que tienen todas las viviendas democráticas y volver a hacer unas elecciones legales en la cuarta planta, para ver si el que los representaba tenía una verdadera legitimidad. Y es que el desenlace se estaba acercando, pero decidieron prolongar la temporada para darle más emoción. El presidente de la cuarta planta dijo que quien subiese a esa planta tendría una República Independiente de un bloque de vecinos que ha maltratado a esta cuarta planta y, si apoyaban a esta República, nadie les robará dinero y todos los vecinos vivirán en un mundo ideal, pondrán ascensor para los mayores solo en esta planta, pintarán las paredes y todos los vecinos vivirán felices en esa planta.
Aun así, muchos vecinos querían seguir compartiendo espacios y leyes de toda la comunidad de vecinos, incluso leyes que están obligados a cumplir por instituciones europeas que, en el caso de que la planta cuarta se fuese de la comunidad de vecinos, no serían aceptadas por estas instituciones.
La justicia decidió actuar para hacer cumplir la ley de todos los vecinos, así que el que capitaneaba el barco se aprestó a huir para pedir refugio en un bloque extranjero y otros que no eran los líderes de esta idea “pagaron el pato”.
Hubo unas elecciones en diciembre para intentar solucionar el problema, pero el “cuñadismo” del bloque, las banderas y la calle seguirán sin ser la opción que necesitan los vecinos. Y es que hace falta abrir la mente incluso antes que los oídos y encontrar puntos en común; la boca ya la han abierto demasiado y parece que esta historia se está alargando más de la cuenta. Quizás todo esto sea un sueño y ni al presidente de la comunidad ni al presidente de la cuarta planta les conviene que el resto de vecinos despierten.

sábado, 6 de enero de 2018

Agatha Christie, la reina del crimen, por Virginia Polonio

Existe una fórmula universal que establece que las personas más misteriosas son las que más ejercen el poder de la atracción. Imagino que Agatha Mary Clarissa Miller, más conocida como Agatha Christie, volcó su misterio en papel, en obras donde las letras son un laberinto de hechos y pistas que llevan hasta un asesino final. Y este juego literario que se podría llamar “Encuentra al culpable mientras lees” es muy atrayente.
Estos argumentos ya son más que conocidos entre los millones de personas que han tenido en sus manos algún ejemplar de los títulos que llevaron a esta autora británica a ser una de las escritoras más prolíficas y una de las novelistas más vendidas de todos los tiempos. Sacando a luz su literatura con “El misterioso caso de Styles” en 1920, Agatha Christie saborea el éxito con obras como “Diez Negritos”, “Asesinato en el Orient Express” o “El asesinato de Roger Acroyd”.
Sin embargo, la creadora de personajes como Hércules Poirot, Miss Marple o el matrimonio compuesto por Tommy y Tuppence Beresford cuenta con más de 80 obras policíacas (entre novelas y cuentos). Por ello me gustaría recomendar otros títulos menos conocidos de esta autora para todos aquellos que quieran seguir la pista del asesino entre las ingeniosas tramas de las obras de Agatha Christie.
“El hombre del traje color castaño”: monótona y pesada. Así describe su vida Anne Beddinfeld, la joven hija de un famoso arqueólogo que acaba de fallecer. Lo que ella no sabe es que su sed de correr aventuras y ver mundo comenzaría pronto, concretamente en la estación de Hyde Park Corner donde presencia un misterioso hecho que cambiará su vida para siempre.
“La venganza de Nofret”: la peculiaridad de esta obra es el tiempo y el lugar en el que transcurre. Al inicio del libro la misma autora explica en una nota que la acción se sitúa en Tebas, Egipto, en la orilla del Nilo y en el año 2000 a. C. pues la inspiración del argumento y sus personajes brotan de dos o tres cartas egipcias de la Dinastía halladas 20 años antes de la publicación de la obra por una expedición en Egipto del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. En ese contexto se sitúa la historia de la familia del sacerdote y agricultor Imhotep, a la que se une Nofret, una concubina cuya presencia atrae la tragedia a la casa de la familia egipcia.
“Un crimen dormido”: Gwenda Reed es una bella joven recién casada que compra, junto a su marido Giles, una casa en la zona costera de Dillmouth (Inglaterra). Al permanecer dos días en su nueva estancia, Gwenda descubre que la antigua decoración de la casa es justo la que ella desea para su nuevo hogar, ¿por qué? Este simple hecho es el despertar de un crimen que ha dormido durante muchos años en la nueva vivienda de los Reed.
Por último voy a destacar a “El misterioso señor Brown” entre las historias más adictivas de Christie. En esta obra los jóvenes amigos Tommy y Tuppence se saludan en la puerta del metro de Dover Street. Su saludo da lugar a una charla en la que ambos deciden poner un anuncio para ganar algo de dinero: «Se alquilan dos aventureros jóvenes dispuestos a hacer lo que sea y a ir a cualquier parte, por un buen precio. No rechazamos ninguna oferta razonable». 

martes, 2 de enero de 2018

Micropagos y cajas de loot, por David Luna

De un tiempo a esta parte, cosas que antes disfrutaba sin más ahora han dejado de interesarme. No hace mucho me encantaba el fútbol, era socio de un club y veía cada partido que echaban en la tele; ahora, desde que me he dado cuenta que el vil metal ha corrompido este deporte, ya no quiero ver cómo once contra once millonarios le dan patadas a un balón. Y desde que la política ha metido las zarpas en los clubs de fútbol han conseguido que deje hasta de ser un seguidor culé que lleva desde la época de Maradona animando al Barça, pues con su pan tumaca se lo coman; ya por mí como si le cambian directamente el nombre por F.C. Republicano Independiente de Barcelona y se ponen en el escudo la “estrellada”.
Con la televisión me pasa exactamente igual. Desde que me di cuenta que las cadenas de televisión hacen sus programas pensando en el dinero que van a obtener en los cortes publicitarios y no en los contenidos que vamos a ver, dejé de prestarle atención. Además, me revientan los trucos que usan para que veamos los anuncios (volvemos en 3 minutos, para que piques, e inmediatamente después te meten otros 6 minutos, con lo que te han colado casi diez minutos de anuncios a lo tonto).
No me gustaría que me pasara lo mismo con los videojuegos, pero la cosa empieza a pintar mal y todo, como siempre, es por culpa del dinero. Comprendo perfectamente que antes se podía hacer un juego en dos tardes desde un garaje, y que ahora hacen falta millones de euros para sacar un producto de calidad al mercado (parte del presupuesto es para publicidad, cómo no). Las empresas quieren ganar dinero (obviamente), pero hay formas más éticas de obtenerlo y de la que voy a hablar es posiblemente de las peores. Me estoy refiriendo al fenómeno de los micropagos.
¿Que son los Micropagos? Es una forma de obtener determinadas ventajas como armas o ítems con dinero real en lugar de conseguirlos jugando. Este modelo de negocio se puede comprender en los juegos Free to Play (puedes jugar sin tener que comprar el juego), pues de algún modo tienen que financiarse. Pero, cómo demonios se le puede meter micropagos a un juego que vale 70 eurazos… ¡pero si ya has pagado una pasta por él!
Pues esto es justamente lo que está ocurriendo, los últimos “Triples A” que han salido al mercado (juegos que son auténticas superproducciones) vienen con micropagos. Los defensores (que vaya tela que haya jugadores que les guste pagar por ítems) dicen que a nadie se le obliga a pasar por caja, pero cuando entras a jugar online te das cuenta la cantidad de gamers que llevan verdaderos “pepinos” de armas gracias a que usaron su tarjeta de crédito para obtenerlos, con lo cual el juego se desbalancea, puesto que si tú no pagas te conviertes en un pato de feria y eso no es divertido. Es lo que en el argot se conoce como pay to win, o lo que es lo mismo, un juego en el que tienes que pagar para ser competitivo.
Y para mejorar la cosa, ahora ha aparecido una moda que se empieza a convertir peligrosamente en tendencia: las cajas de loot. Las cajas de loot son una especie de cofre virtual que nos da armas, experiencia, ventajas…, o un simple sombrero mono. Dichas cajas se compran con monedas del juego y cuando te quedas sin ellas ya no puedes abrir más, pero, por supuesto, se te da la opción de comprarlas con dinero real. Es decir, que cuanto más dinero inviertas, más posibilidad tendrás de obtener los ítems que tu personaje necesita para ganar. ¿Si yo quiero la mejor espada de un juego la puedo comprar? Pues no, y ahí es donde reside la gracia, son aleatorias, así que si quieres esa espada tendrás que abrir cientos de cajas hasta que tengas la suerte de dar con aquella que la contiene.
Hemos pasado de “farmear” jefes (matarlos para que nos suelten objetos) a “farmear” cajas. La diferencia, que acabar con un boss es un desafío importante y entretenido, pero para abrir una caja solamente necesitas un click de ratón. La sociedad se está volviendo perezosa y las empresas lo saben, ¿para qué perder horas jugando para obtener ítems?, compremos unas cajas y ya nos saldrá. Suena muy absurdo, pero en poco tiempo vamos a jugar un partido al FIFA como excusa para que nos dé la opción de abrir una maldita caja. Yo no sé vosotros, pero a mí me gusta jugar a la vieja usanza y no abrir tantas cajitas.
Cabe decir que el fenómeno de los micropagos y sobre todo las cajas de loot, que es el micropago elevado a la enésima potencia, no sólo es despreciable, sino que fomenta la ludopatía y estamos hablando que la mayoría de los juegos están destinados a los menores. A mí me recuerdan a las tragaperras; tú echabas la moneda y te enganchaba por tres razones: la interacción, el estímulo y la recompensa. El no saber qué hay detrás de la siguiente caja es tremendamente adictivo, por eso, las cajitas de loot no se deberían tocar ni con un palo. La buena noticia es que somos los propios consumidores los que podemos parar esto no comprando ningún juego que venga con micropagos. La mala noticia es que hay muchos jugadores a los que no les importa pagar con tal de tener los mejores ítems, y las empresas no van a dejar escapar la oportunidad de vaciar los bolsillos de esos zotes.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Luces de Bohemia, por Sonia Zurera

Miles de recuerdos se atropellan en mi cabeza en los últimos días; la culpa la tiene este lugar y la cantidad de olores evocadores que te asaltan en cualquier punto de sus calles. Es el olor a vino de despacho inconfundible que me transporta a mi infancia o bien ese aroma a pan y bollo recién horneado. Cuando la gente es amable y tu vida empieza poco a poco a ordenarse, consigues disfrutar un poco más de ese tiempo del que dispones, y de esos años que te brinda la vida porque nunca debemos olvidar que no todos corrieron la misma suerte.
Ya es hora de nombrar el lugar que nos acoge y no es otro que una ciudad de la Campiña cordobesa de nombre Montilla. Algunos pueden reconocer que la esencia de este lugar está en la uva, en el mosto resultante de esta fruta, sus vinos denominación de origen. Otros pueden pensar, sin embargo, que está en su aceite o en sus gentes. A mí particularmente no me preocupa saber dónde reside, sólo tener la oportunidad de pasar aquí los años más importantes de mi edad madura. Algunos podrán decirme que estoy loca, que aún soy joven, pero no os voy a engañar, eso de madurita interesante tiene su gracia.
Sin lugar a dudas, sea Montilla, Córdoba, Peñarroya o Sevilla da un poco lo mismo donde establezcas tu nido; lo verdaderamente relevante, bajo mi humilde punto de vista, es sentirse a gusto y rodearse de buena gente. Y francamente creo que vamos por buen camino. Pues son las luces y no las sombras las que iluminan esta nueva senda, un camino donde “El coloquio de los perros” juega un papel interesante. La mayoría sé que conocéis la asociación, otros no obstante han llegado a decirme que si somos un grupo de veterinarios: “¿cómo? -diría yo- no, no; somos una asociación cultural con más de una década de trayectoria que fue fundada por un grupo de gente joven, en concreto un puñado de montillanos. Asociación que como el buen vino ha ido cogiendo solera y cuyo único objetivo es disfrutar con y por la cultura”. Mientras, mi interlocutor descolocado me escucha pensando qué tontería haberlos confundido con amigos amantes de los canes.
Pues lo dicho, disfruten de este Otoño-Invierno, pues promete ser especial o al menos así lo creo. Porque son luces de Bohemia las que alumbran este lugar, sólo hay que saber mirar.

sábado, 23 de diciembre de 2017

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Tablero, cartas, dados... ¿nos vamos a la escuela?, por Víctor Barranco

Si en otros Ladríos he aprovechado la ocasión para cuestionar desde diferentes ámbitos las posibilidades educativas de los juegos de mesa, hoy vuelvo a mezclar lo lúdico con lo pedagógico -cóctel que, todo sea dicho, preparo con gusto, paciencia e incluso sorna- y les traigo un nuevo capítulo de los boardgames en el aula. Esta vez le toca el turno a la Historia. Con hache mayúscula, y que la RAE les aclare si está bien empleada…
Hablar de la historia, con minúscula ahora, en los juegos de mesa, no es más que mostrar la evidencia de que cualquier juego o diversión precisa de su propia trama narrativa para conseguir el máximo interés del espectador. Y que, mientras más original y profunda sea esa trama, mayor será la expectación por el juego y la implicación del participante. Y en este punto, entiendo, algunos creadores de juegos de mesa debieron pensar aquello de que “la realidad supera a la ficción” (quién sabe si por convicción o, simplemente, pura pereza…) y empezaron a valerse de la Historia, con mayúscula, para crear la historia de su propio juego*.
Y aquí, justo en este punto, pueden ustedes plantearse: ¿por qué no utilizar esos juegos históricos para enseñar Historia en las aulas?
Muchos habrán pensado que los wargames son el estereotipo de este recurso pedagógico. Pueden tener algo de razón: juegos de guerra como “Senderos de Gloria” (I Guerra Mundial), “Memoir ’44” y “Combat Commander” (II Guerra Mundial),“Twilight Struggle” (Guerra Fría) o “Labyrinth” (terrorismo islámico y guerra contra el terror), desarrollan un conflicto bélico con extremado realismo. Pero comprenderán que, con duraciones de incluso 8 horas en algunos casos, estos juegos puede ser una buena manera de aprender Historia en casa, pero no son el mejor recurso para llevar al aula.
Tampoco vengo a hablarles de los llamados civilization games, juegos de estrategia donde los jugadores dirigen su propia civilización hacia el progreso pasando por diferentes fases de nuestra era. “Historia”, “Civilization”, “Age of Empires” o “Through the Ages” merecen la pena, no lo duden; pero también los dejaremos para después de clase.
Para una lección de Historia general, existen varios juegos que me gusta catalogar como “cronolúdicos”. Se trata simplemente de sencillas reglas tendentes a alcanzar una línea cronológica de algunos acontecimientos históricos reales. La saga “Timeline” (Eventos, Inventos, Descubrimientos…), de Asmodee, se puede utilizar desde Primaria con algunos matices. Mucho más disparatado es “Chrononauts In Chrononauts”, donde se puede alterar el curso de la Historia y provocar auténticas hecatombes. Si quieren asesinar a Hitler antes de su ascenso al poder o hacer que la URSS gane la carrera espacial, aquí tienen su juego. En inglés, eso sí. Tiene su clon en español, “Locos Crononautas”, aunque el original supera toda copia.
Pero lo que más abundan son los juegos históricos monotemáticos. Roma es el cénit temático de muchos eurogames, aunque debemos tener en cuenta las deficiencias históricas de muchos de estos juegos que, en el mejor de los casos, basan su categoría de “históricos” en una pobre ambientación y poco más. Por el contrario, podemos destacar el clásico “República de Roma”, un juego de simulación y negociación política en el que nos ponemos al frente de una facción del Senado en la antigua República romana. El objetivo, claro: evitar que Roma sea destruida. Un reto de disputas y malentendidos que seducirá a muchos jóvenes de Bachillerato. ¡Ojo! Sus reglas son muy complicadas. Advertidos quedan, profesores valientes…
¿Eurogames válidos para enseñar Roma? Los hay, aunque me van a permitir ceñirme a un mínimum: “Tribuno” (Edge); “Gloria a Roma” (Homoludicus-Devir); “Concordia”; “Trajan”, de Stefan Feld; o “Struggle for Rome”, el peculiar juego de Klaus Teuber para la saga “Catan Histories”, basado en la mecánica del juego moderno más vendido del mundo.

“La verdad es mil veces más maravillosa que la misma fábula: la realidad vuela más alto que la ficción a la que sirve a veces de alimento”. Evaristo Fernández San Miguel, miliar y político.
 

martes, 19 de diciembre de 2017

Si pudiera ser una ola, por Paco Espejo

La vida sólo puede ser entendida mirando hacia atrás, aunque deba ser vivida mirando hacia adelante –o sea, hacia algo que no existe. Algo así decía el filósofo danés Kierkegaard.
Manuel Rui es angoleño, quizás esta no sea la mejor introducción a una obra pero a mí me parece la más acertada, dado que con esta escueta información podemos ya imaginar que nos adentramos en paisajes o ciudades con cierto aroma a misterio y misticismo. Masáis danzando y leones cazando, cuando no hambrunas, sequias y terribles conflictos que asolan el continente.
Pero este autor no ceja en su empeño de desmontar ese mito, recordándonos que existe otra cara de África donde la cotidianeidad y el humor tienen su hogar; para ello, en casi la totalidad de su obra nos ofrece un retrato diferente de la Angola post colonial, siempre acompañada por un ácido punto de ironía. Leer cualquier obra suya supone un momento refrescante en el que la carcajada aparece por sí misma, gracias a una prosa hilada finamente bajo la que subyace una crítica mordaz a todo el proceso de construcción de un nuevo país, empeñándose en la defensa del carácter multirracial y plural de la cultura angoleña, pasando por los desvíos ideológicos de los dirigentes políticos que no cumplieron ideales revolucionarios y llevaron a la región a una cruenta guerra civil con intervención cubana incluida, después de 1975.
Puede resultar curioso, o al menos a mí me pasó, que cuando se lee alguna de sus obras y la forma tan humorística y colorida en que están escritas, es difícil imaginar que su autor fue Ministro de Información, el primer representante de Angola ante la ONU y hasta autor del himno de su país, entre otros muchos cargos púbicos que ha ocupado en la joven nación.
En su haber literario cuenta con multitud de publicaciones, defendiéndose tanto en la poesía como en el teatro, pero siendo en la prosa donde más prodiga. Por lo tanto me gustaría recomendarles su obra “Si pudiera ser una ola”; se trata una guasa con un marcado carácter antiburocrático que comienza con el encuentro de dos vecinos y el cerdo de uno de estos en el ascensor de su casa.
Con esta premisa nos adentraremos en la vida cotidiana de una familia angoleña y cómo se enfrentan a la crianza de un cerdito, lo que nos deja  cuestiones tales como si un cerdo es una cosa o revelaciones del orden de que el ronquido de los cerdos se soluciona con música (conste que no lo he comprobado para darle veracidad). Entremetidas en todo este relato se sienten la crueldad de la guerra y la dureza de la vida en el país, pero nos muestra todo esto sin caer en un relato seco y brutal sino que lo envuelve en la enternecedora historia del cerdito y los dos entrañables niños que lo cuidan.
Es por tanto que tal y como afirmaba Kierkegaard se nos demuestra que el pasado es nuestro mejor maestro y el futuro es una incertidumbre, por lo que, tal y como a los protagonistas de este libro, no nos queda más que disfrutar del presente e intentar engordar el cerdo que nos alimentara en el futuro.

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