miércoles, 15 de agosto de 2018

La caverna de la titulitis, por Alicia Galisteo

Todo nos hace indicar que cuando Platón nos hablaba de la caverna y del Mundo de las Ideas reflejaba una realidad social que cada día consumimos creando una verdad o una mal llamada normalidad alrededor de ella.
Las instituciones nos hacen creer día tras día y hora tras hora que la caverna es el mejor sitio donde podemos estar las personas en una sociedad civilizada y si, en algún momento, ves algo de luz allá afuera no te engañes, porque la Ética y la Moral en nuestros días es un mero espejismo.
Hace apenas unos meses salió a la luz el caso del ya famoso NO máster de Cristina Cifuentes. Esto llevó a que las mentiras por parte de la universidad y de la propia presidenta fueran “in crescendo”, tratando a la ciudadanía como simples títeres de sus juegos de poder, porque “ella no se iba, se iba a quedar”. Tras esto compareció en la sede parlamentaria, que debería ser lugar sagrado para cualquier demócrata que se preste, ocasión perfecta para pedir perdón y marcharse de forma honrosa, pero en cambio explicó de qué forma la evaluaron y cómo se desarrolló la presentación de su Trabajo Fin de Máster en unos 15-17 minutos por si los diputados y diputadas no tenían másteres o sus ciudadanos no se han vaciado sus bolsillos para estudiar alguno de ellos asistiendo incluso a clase (gracias por la aclaración, Cristina).
Poco a poco se fueron descubriendo firmas falsificadas, cambios de currículum cada año, y vimos cómo era una realidad política eso de inflar el currículum vitae como si de un globo de helio se tratase. Porque en la caverna nos dicen continuamente que sin títulos no serás nadie en la vida y, evidentemente, no podrás alcanzar puestos de poder para ganar dinero; pero nadie se acuerda de enseñarnos que será el camino más fácil para ser esclavos.
Una vez que la mayoría de la ciudadanía, a pesar de que constantemente nos falten al respeto como seres con una mínima inteligencia, se diese cuenta de que todo era un paripé, sale de nuevo Cristina Cifuentes a decir que renuncia al Máster. Alguien debería aconsejarla y explicarle que no se puede renunciar a algo que no es tuyo porque no te has esforzado lo más mínimo para conseguirlo, te lo han dado por ser una representante política que llevaba detrás unas siglas amigas de esta universidad pública.
Como los tambores de moción de censura sonaban cada vez más fuertes, el lado oscuro de este partido político (para el que siempre “dimitir” será un nombre ruso) se puso en marcha para sacar un vídeo donde se ve a la ya ex presidenta de Madrid robando unas cremas. Vídeo que debió ser eliminado un mes después de su grabación, pero el poder y sus tentáculos consiguieron una copia para obligar a Cristina Cifuentes a dimitir. Eso sí, se presentó ante los medios con un traje blanco impoluto al igual que lo hizo su antecesora en el cargo, Esperanza Aguirre, cuando presentó su dimisión del Ayuntamiento de Madrid. Cuando ya por fin creíamos que la ética nos iba a alumbrar y todo caería como en un juego de naipes, la ex presidenta dice que las cremas saltaron hacia ella y que deja el puesto para que la extrema izquierda no gobierne la Comunidad de Madrid; evidentemente nunca dimitiría por decencia o ética.
En mi última reflexión, me gustaría hacer una petición a los partidos políticos y a las personas que son la cara visible de ellos para que, siguiendo cualquiera de los principios morales de Lichtenberg (filosófico, religioso, humano o el político), iluminen de Ética sus actuaciones públicas, para que la ciudadanía no vea a la universidad pública cómo un instrumento para que los poderosos consigan sin esfuerzo lo que la sociedad le exige, que son títulos, porque parece que la honradez ni se la ve, ni se la espera. ¡Hasta siempre, Mundo de las Ideas!

sábado, 11 de agosto de 2018

Paradero desconocido, por Paco Espejo

Dos amigos afincados en California son propietarios de una galería de arte, ambos son alemanes aunque uno de ellos es de origen judío, Max Einstein. El otro, Martin Schulse, decide volver con su familia a la Alemania democrática y liberal de 1932, mientras Max se queda a cargo del negocio. Bajo estas sencillas premisas se construye una historia epistolar clara, breve y directa a la conciencia.
En sus 80 páginas que abarcan desde 1932 hasta 1934, el relato es la evolución de una amistad y la transformación de un hombre bueno. El intercambio de cartas comienza con la curiosidad de Max sobre el fenómeno del ascenso de Hitler en una Alemania empobrecida y humillada tras la Primera Guerra Mundial y continúa describiendo un perfecto retrato de la deriva de una sociedad a las manos de la barbarie.
Pero lo que de verdad hace de este libro “una historia absolutamente perfecta” o “una de las denuncias más rotunda contra el nazismo” según el New York Times, es la transmutación de Martin en un absoluto fanático entregado al ideal nazi.
Ese es el gran éxito de la autora, cómo a través de las cartas vemos a un hombre normal, un individuo culto, liberal y con apego a su país materno, transformarse en un fanático ante la incomprensión de su interlocutor y amigo. Esa “locura colectiva” que afectó a una de las sociedades más ilustradas de la época e invadió a la mayoría de sus componentes te lleva a la incómoda situación de ponerte en el espejo y admitir que seguramente tú también habrías sucumbido.
Una de las cosas que hace a esta obra y a su autora muy recomendable es la anticipación al desastre que planeaba sobre Europa; la obra se publica en 1938, es decir, antes de la invasión de Polonia que daría comienzo a la Segunda Guerra Mundial y con ello al atroz funcionamiento de la maquinaria de exterminio nazi.
La historia fue creada por Katherine Kressmann, graduada por la Universidad de Oregón y que trabajaba como publicista, además de en sus ratos libres escribir para algunas revistas literarias. Una mujer pionera a la que su editor aconsejó que usase un seudónimo masculino, Kressmann Taylor, debido a que el contenido de la obra era demasiado duro para ser publicado por una mujer.
Las razones que llevaron a Katherine a crear Paradero Desconocido se deben a que unos amigos suyos alemanes que, después de haber vivido en Estados Unidos, regresaron a Alemania y siguieron el proceso que se relata en esta historia hasta convertirse en unos nazis acérrimos, incapaces de admitir la menor crítica a Hitler o su sistema. Durante una visita de estos a California se encontraron con un viejo íntimo amigo judío al cual negaron el saludo y no le llegaron a dirigir la palabra. 
Angustiada por buscar una explicación a la actitud de sus amigos, comenzó a estudiar todas las noticias llegadas desde Alemania además de hablar con estudiantes americanos que habían estado allí de intercambio. Fue la toma de conciencia de lo que estaba gestándose en Alemania lo que la empujó a escribir esta obra que a los diez días de la publicación se encontraba agotada en América. En 1939 pegó el salto al viejo continente, meses antes de la “blitzkrieg”; las ventas en Francia y los Países Bajos fueron notables, pero después de la ocupación este título pasó a formar parte de las listas de libros prohibidos por el Reich. 
En 1995 se reeditó esta obra, como conmemoración a los 50 años de la liberación de los campos de concentración, convertido ya en un clásico americano de una autora que rompió moldes en su tiempo gracias a la agudeza de su pluma.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Niños en la ventana, por Virginia Polonio

Cuando vemos a otras personas, en su versión más pequeña, paseando con sus padres, jugando en el salón de alguna casa o en el patio del colegio puede que la nostalgia apriete el gatillo y los recuerdos de nuestra infancia nos atraviesen la mente, ágiles y directos como un disparo. Entonces, rememoramos el tacto del zapato al patear un balón, escondernos tras los coches en algunos juegos o el roce de los pedales de una bicicleta en los tobillos.
Ahí es cuando apreciamos la diferencia. En la actualidad, los niños y niñas siguen jugando en la calle, pero cada vez menos. Debido al aumento de situaciones peligrosas en la calle (sobre todo por la presencia de vehículos) la mayor parte del tiempo de ocio infantil transcurre dentro de casa, así que los menores están acostumbrados a asomarse a ventanas desde pequeños. A ventanas donde pueden ver una colorida, entretenida y diferente realidad: las pantallas del móvil, la tablet o la televisión.
A través de ellas y de las historias que observan, los más pequeños de la casa adquieren conocimientos, valores, conductas, formas de pensar que pueden cambiar su manera de entender la realidad que les rodea.
Muchos padres y madres u otros familiares tienen ante sus ojos la tentación de encender ese aparato electrónico que tendrá al hijo en silencio y lejos del aburrimiento durante un buen período de tiempo, sin preocuparse de cuáles son los mensajes que están viendo o escuchando o si son adecuados para su edad.
Aunque lo más relevante es que no son conscientes de que estos dispositivos están tomando un gran papel en el proceso de socialización que tiene lugar desde que nacemos. Por lo tanto, no es muy adecuado que acudamos inmediatamente a la televisión o al móvil para distraer a los hijos e incrementemos un efecto placebo audiovisual en los niños y niñas.
Pero tampoco nos debe invadir el alarmismo. En las nuevas tecnologías no reside la culpa, es el ser humano el que está haciendo mal uso de ellas: hemos realizado invenciones y llevado a cabo sinergias de cara a favorecer la llamada “sociedad de la información”. Sin embargo, en la mayoría de los casos hemos conseguido que la nuestra sea la “sociedad de la desinformación y el entretenimiento” y solo son unos pocos los que hacen verdadero uso de los medios sociales para su desarrollo personal.
Ante esta realidad lanzo una serie de preguntas a los lectores: ¿Pueden los miembros del sistema educativo insertar actividades de alfabetización mediática en algún momento de la vida educativa del alumno? ¿En algún proyecto escolar se puede combinar una materia de las consideradas “obligatorias” con el buen uso de los medios de comunicación actuales? ¿Pueden los padres y madres no estar ausentes en el momento en el que sus hijos se empapan de contenidos televisivos? ¿Podrán analizar lo que ven sus pequeños y dar explicaciones acerca de las situaciones planteadas en pantalla? ¿Conseguirán guiarlos en esta cotidiana experiencia al igual que cuando sus hijos aprendieron a comer o caminar? ¿Podrán informarse de las entidades que regulan los códigos que rigen los contenidos televisivos y si están descontentos promover cambios?
Cada uno que halle interiormente su respuesta. Yo me decanto por el sí.

domingo, 5 de agosto de 2018

Los esposos, por Ángel Márquez

A media noche desperté un poco excitado. Tengo bajo mis pies muchos kilómetros debidos a mi profesión de camionero, pero era la primera vez que tenía un porte a Ceuta. Aunque cerca, Ceuta la tenemos en un imaginario de distancia que no se corresponde con la realidad. A pesar de esto, en el porte concurrían una serie de circunstancias distintas de los portes realizados en la península, los papeles eran distintos y era la primera vez que mi camión se subía en un barco, la primera vez que hacia los kilómetros de espectador.
A primera hora de la mañana me encontraba en la cola esperando la orden para pasar al ferry – esas ballenas metálicas creadas por el hombre que se lo comen todo – con un tiempo razonable de espera. Entré el camión en la bodega del ferry. Poco a poco se fue llenando la barriga del ferry de vehículos y algo de humo. El camión lo aparqué justo detrás de un furgón policial. Me dije a mí mismo, con una sonrisa interna, que en la travesía el camión se encontraría perfectamente custodiado.
Ya más relajado, subí a la planta superior del “Unión Pacifico” – esos puentes móviles que unen España con otro trocito de España y África –. El viaje duraría una media hora y para aprovecharla me dirigí a la parte de atrás, donde los motores comenzaron su estruendoso ruido primigenio. Era todo un espectáculo ver el movimiento loco e impulsivo del agua, era como si una parte de la Tierra quisiera reencarnase de nuevo. En esa lucha titánica el agua cedía a los miles de caballos con sus colas en forma de hélices del ferry; éstas consiguieron que el paisaje empezara a moverse.
La mañana estaba clara, la silueta de África se divisaba en toda su plenitud. Unas gaviotas nos acompañaban en el viaje, aprovechando los aires y la confianza de otros viajes. Hacían el viaje con las alas abiertas con una quietud de lámina. Se encontraban tan cerca de los viajeros que si habláramos el mismo idioma, seguro que hubiésemos mantenido una conversación con ellas.
Después de contemplar este maravilloso e inaudito paisaje con las compañeras gaviotas me fui al interior del ferry y me encaminé al bar a tomar un café y un pequeño desayuno. El balanceo del ferry no era muy pronunciado, pero en un crucero de este tipo pocos se libran del estar borrachos cuando andan, y creo que no hay nada más lamentable que un borracho que no haya bebido. Me dirigí al inmenso salón donde cientos y cientos de butacones lo atestaban, parecía una inmensa sala de cine cuya pantalla era la silueta de Ceuta y África que, vistas a través de los grandes ventanales, eran cada vez más nítidas.
Me senté a descansar un poco; los viajeros éramos escasos y los asientos en su mayoría se encontraban vacíos. Dos filas delante de donde me había sentado se encontraba una pareja. El pelo de ella acariciaba el respaldo derecho del butacón. En el mismo instante que me senté me fijé en ella, más que en ella en su pelo. Ya nos encontrábamos por la mitad de la cicatriz de África y Europa y aún no le había visto la cara, pero su pelo, su larga melena, era un presente de su belleza. El movimiento del ferry “Unión Pacifico” se hizo más ondulante, sin llegar a ser agresivo, era como si hubiese puesto todos sus mecanismos para que nos acunasen. Ella volvió su cara hacia los ventanales para ver la plenitud del paisaje y quitarse un poco de modorra acumulada en el viaje. Su cara me reafirmó lo que decía su pelo: era muy bella.
Observé que ella en toda la travesía no intercambió ninguna palabra con su acompañante, pareja o esposo. Como su belleza me cautivó, mi mirada desde ese momento se concentró en el paisaje de su cara. Y estando observándola, se giró y nuestras miradas se cruzaron; me ruboricé un poco y mirando hacia otro lado me quité el rubor. En los siguientes momentos estuve pensando en su mirada y en sus grandes ojos negros, tan bellos como los describiera Juan Ramón Jiménez. Con el balanceo de la mecedora gigante pensé que con su mirada me quiso decir algo. Junto a su belleza deduje que esos ojos estaban tristes, muy tristes. En mis cavilaciones no encontraba el motivo de esa tristeza y volvió a mirarme otra vez, y otra vez se cruzaron nuestras miradas y la tristeza seguía presente en sus ojos y mis conjeturas y signos de interrogación aumentaban. En ese momento quien me miró volviéndose hacia atrás fue su pareja. Con su mirada no me ruboricé, sino que un raro miedo entró en mí; su mirada era severa como una sentencia desfavorable de un juez y miré hacia otro lado como si no hubiera pasado nada. La mirada de su pareja lo que sí dio ocasión fue a que poco a poco comenzase a hacer conjeturas e hipótesis y de esta manera quitara unos pocos interrogantes a esa extraña relación, porque relación había, aunque no supiese de qué tipo.
Me puse como un “Sherlock Homes” primerizo a hacer deducciones, no había duda de que eran esposos por esa mirada que mandó al intruso que era yo y por los muchos minutos que llevaban sin decirse ni una palabra como si estuviera todo dicho. Otra certeza que tuve por la mirada de espada afilada que me mandó su esposo era que tenía que ser una persona celosa, rayando la enfermedad, porque su mirada no consentía que le robase su propiedad. Hilvanando los hilos con deducción tras deducción vi que el motivo de la tristeza de ella y de sus ojos estaba a su lado: era ese esposo celoso al que no le importaba sembrar tristeza antes que soltar a su presa.
Con estos pensamientos Ceuta nos habría los brazos de su puerto. El ferry aminoró la marcha y comenzó las faenas de atraque. Un altavoz, siempre con su voz enlatada, nos dijo que nos desplazáramos hacia la bodega, ya que en unos pocos minutos los vehículos tendrían que abandonar el ferry. Al momento estaba otra vez subido en el camión, y mi pensamiento aún estaba dedicado a esa mujer de la que nunca sabría su nombre, a su belleza, a su tristeza y a esa mala sombra de esposo que llevaba a su lado.
Tuve que esperar un buen rato hasta que los vehículos que me predecían se pusieron en marcha. En ese momento la volví a ver a ella y a su esposo. Conforme se iban acercando, nuestras miradas por última vez se cruzaron en un mensaje mudo. En una fracción de segundo se desplegó todo mi error en las deducciones y pensamientos de antes: no eran esposos; eran esposas las que llevaba ella alrededor de sus muñecas cuando fue introducida en el furgón policial y el brillo de éstas eran como un anuncio luminoso que anunciara la tristeza de su belleza.

martes, 31 de julio de 2018

Celebrando el Día del Libro en femenino, por Elena Soria

Aunque ya hayan pasado los meses de marzo y abril, me gustaría aprovechar esta ocasión para poner de relieve dos días muy importantes del año: el Día del Libro y el Día de la Mujer. Y qué mejor manera de celebrar ambos que fusionarlos y disfrutar de la lectura a través de tres autoras que he leído recientemente.
A continuación, resumiré brevemente los libros por orden cronológico de publicación. He de decir que estos libros no tienen ninguna relación entre sí. Simplemente, de una manera u otra han caído en mis manos y ahora me siento en la obligación de compartir estas autoras y sus obras con vosotros.
Mi primera recomendación es Una Habitación Propia de Virginia Woolf. Este conocido ensayo gira en torno a la idea de que para que una mujer pueda escribir tienen que darse dos condiciones: que tenga una habitación propia y un sustento económico. La autora repasa en cinco capítulos a grandes escritoras que la precedieron, su repercusión y su situación como escritoras y mujeres en su tiempo.
Virginia Woolf, una gran pionera en una época en la que tratar la desigualdad entre hombres y mujeres era impensable, defendió el papel indispensable de la mujer en la sociedad, fuesen escritoras o no.
El segundo libro se trata de Mujer en punto cero de Nawal El Saadawi. Esta novela, que más bien es una especie de libro de memorias de un encuentro de la autora con la protagonista, narra la dura vida de Firdaus, una mujer que conoció Nawal en una cárcel de Egipto, y que se ve embestida de lleno por una sociedad patriarcal en la que sufre todo tipo de maltratos por parte de los hombres de su entorno.
Recomiendo también investigar sobre la vida de esta autora y activista que durante toda su trayectoria ha luchado por romper las barreras y desigualdades a las que se enfrentan las mujeres en su día a día; no solo en su propia cultura, sino a nivel global.
Mi última sugerencia, dejando la ficción para el final, es El cielo es azul, la tierra blanca de Hiromi Kawakami, una novela radicalmente distinta a las dos anteriores. Cuenta la historia de amor entre una solitaria mujer japonesa de cuarenta años y su anciano maestro de escuela. Es un primer acercamiento a la cultura nipona, ya que recoge aspectos muy característicos de esta. La historia es lenta y cargada de descripciones de naturaleza y gastronomía, no obstante es un tierno relato que se aleja de los que estamos acostumbrados a leer en occidente.
Sin lugar a dudas, los tres libros son muy dispares entre sí, pero captan a la perfección las preocupaciones y vivencias de estas tres creadoras, viéndose envueltas cada una de ellas en unas circunstancias vitales muy diferentes. Espero que os animéis a leer alguno de estos libros y que podáis celebrar durante todo el año la literatura, ya sea en masculino o en femenino.

domingo, 15 de julio de 2018

17 Cata de Cerveza "El coloquio de los perros"


Los próximos días 26, 27 y 28 de julio, de jueves a sábado, a partir de las 21 horas, en las Naves Municipales de Avenida de las Camachas de Montilla (antiguas naves de Ciatesa), la Asociación Cultural El coloquio de los perros celebrará su 17 Cata de cerveza.
El evento, una actividad de referencia en el verano comarcal, que cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Montilla, vuelve a disponer de unas 70 marcas de cervezas rubias, tostadas, negras o rojas, con y sin alcohol, nacionales y de importación, artesanales o de abadía, lager y ale, de trigo o de cebada, que este año, como novedad, se dispondrán organizadas en cinco tipos diferentes, según su precio. Además, la edición de 2018 mantiene la oferta de cocina y la instalación de mostradores, mesas y sillas dispuestos para disfrutar de la cata en el recinto ferial de Montilla.
Para los visitantes más fetichistas, El coloquio de los perros ha preparado una jarra de 60 cl personalizada para la cata que se podrá rellenar de forma exclusiva con cerveza de barril. Un grifo que también estará disponible para quien lo desee en vasos de 50 cl.
A todo ello hay que añadir un castillo hinchable para disfrute de los más pequeños, una estupenda selección musical de acompañamiento y numerosas ofertas y promociones para los asistentes a la cata que se harán públicas a través de la megafonía y las redes sociales de la asociación durante la celebración de la actividad.
Los organizadores esperan volver a alcanzar las 6.000 visitas durante los tres días de duración de la actividad, repitiendo éxito de asistencia y animando a todos los montillanos y montillanas, habitantes de los pueblos vecinos y visitantes a pasar por las Naves Municipales de Avenida de las Camachas desde el 26 al 28 de julio para disfrutar de una cerveza fría junto a una buena conversación en buena compañía, eso sí, desde el consumo responsable.
La Cata de cerveza tuvo su primera edición en 2002 como respuesta a una inquietud de los socios de "El coloquio de los perros", aficionados a refrescar los calores estivales con cerveza fresca, que se plantearon organizar un evento en el que probar y conocer diferentes cervezas nacionales e internacionales, a la vez que fomentar la interacción y el diálogo intergeneracional, el consumo responsable y la aportación histórica de esta milenaria bebida a la cultura tradicional mediterránea y europea. Además de todo esto, los beneficios obtenidos en la Cata de cerveza permiten a la Asociación financiar el resto de actividades que realiza, como la revista "El ladrío", el Concurso de Relato Corto y Fotografía, las catas de vino dirigidas para jóvenes, las presentaciones de libros, los coloquios sobre temas de interés y de actualidad, el intercambio de libros en el Día del Vecino, las visitas guiadas a distintos lugares de interés en la provincia o las rutas fotográficas culturales.

domingo, 8 de julio de 2018

Far Cry 5 PC, por David Luna

Ya está aquí la esperadísima nueva entrega de Far Cry, la que han llamado Far Cry 5 (sin premio, por favor).
Reconozco que soy fan boy de esta saga. Le habré echado cientos de horas a juegos de la franquicia y me he comprado todos los que han salido y, a pesar de ello, no he podido ponerle un nueve de nota, que es lo que me pedía mi corazoncito. Es un juegazo, que vaya por delante, pero no es un juego perfecto; Ubisoft ha hecho un producto rentable, da lo que pide el gamer, pero podían haber sido más ambiciosos y hacer un GOTY (Game Of The Year) en toda regla.
Con cada entrega, Far Cry va perfilando un estilo genuino propio e inconfundible. He leído muchas críticas sobre que Far Cry 5 no innova nada y que es muy continuista.  Vamos a ver, en un primer momento esto no tiene por qué ser algo malo; una tortilla de patatas tiene muchas formas de hacerse, pero todas deben llevar, al menos, huevos y patatas. La fórmula funciona tanto para Far Cry como para la tortilla. Cuando uno se pone a jugar un Far Cry sabe de antemano lo que se va a encontrar: muchos tiroteos, armas, vehículos y un malo, muy malo. 
Es cierto, que Far Cry 2 (2008), siendo diez años más antiguo, tiene mejores físicas: los enemigos heridos se cubrían; las armas se encasquillaban; los árboles se rompían al dispararles; el personaje tenía que curarse sacándose la metralla tras una explosión o colocándose un hueso tras una mala caída; etc., pero realismo no tienespor qué ser sinónimo de más diversión. Far Cry 2 era una bestia para su época y, sin embargo, a mí se me hizo muy repetitivo, con fallos en la jugabilidad que se han ido corrigiendo en las sucesivas entregas (uno muy grave es que al liberar un puesto enemigo, cuando volvías, tenías que volver a liberarlo, cosa que tenías que hacer más de cien veces durante la partida; las primeras tenían su gracia, luego se volvía tan aburrido que todos los que hemos jugado acabábamos pasando a toda velocidad, a pie o en coche, aunque te disparasen).
Far Cry 3 (2012) tenía el mejor protagonista (Jason Brody) y a la vez el mejor antagonista de la historia de los videojuegos (Vaas Montenegro). Far Cry 3 Blood Dragon (2013) fue una deliciosa gamberrada, ya que mezclaba a la perfección música de los 80, luces de neón y cantidades ingentes de tiros en un entorno futurista (¡¡¡con dinosaurios!!!). Far Cry 4 (2014), con la aparición del gancho, dio a la escalada una vuelta de tuerca muy acertada que han seguido manteniendo; y a Far Cry Primal (2016), a pesar de todas las malas críticas que tuvo (posiblemente por su ambientación prehistórica y por su ausencia evidente de armas de fuego), yo le eché sus buenas horas y me lo pasé en grande jugándolo.
No me he olvidado del primer Far Cry (2004), pero lo he dejado para el final puesto que para mí fue más un benchmark para testear qué tan potente era el PC que te habías montado que un juego de la saga; en lo único en que se parece a los otros Far Cry es en el nombre y es con diferencia con el que menos me he divertido.
Far Cry 5 presenta la optimización más asombrosa que he visto en mucho tiempo; funciona tanto en PCs Gamings como en PCs con configuraciones algo más modestas. He probado el juego con una tarjeta gráfica GTX970 y con una GTX1070 y me he divertido igual, iba muy fluido en ambas y con FPS (Frames Por Segundo) más o menos estables. Evidentemente, con la tarjeta más potente lo he jugado con mejores gráficos, pero no he notado diferencia a nivel de gameplay. La historia, si bien no puede compararse a aquella de Far Cry 3 que nos enamoró, está bastante currada y bien merecería una serie para televisión. En este caso, tenemos no solo un malo, malo, malísimo de la muerte, sino cuatro: el lider de la secta (Joseph Seed) y sus tres hijos (Jacob, John y Faith), cada uno de los cuales controlará un territorio e intentarán por todos los medios que no nos acerquemos al gran jefe. Todos los enfrentamientos finales están muy bien, son espectaculares y divertidos; quizá la lucha con Joseph se me antoja un poco floja, pero lo compensa la escena final que me dejó “con el culo torcido” (de la que no pienso contaros nada por ser un claro spoiler).
Una de las pocas pegas que le puedo poner al juego es que se me ha hecho demasiado corto, en torno a las 20-25 horas jugando en normal y haciendo todos los desafíos y logros. Eso sí, el modo arcade (que se alimenta de mapas creados por la comunidad de jugadores) alargará la vida del juego todo lo que queramos, ya que tiene unas posibilidades casi infinitas. Otra cosa que no me gustó es que ir por la carretera es un suicidio, es como ir en modo alerta 5 en GTA; constantemente te saldrán patrullas que intentarán matarte. En los foros he leído que esta queja es global, por lo que no descarto que lo arreglen pronto con algún parche, ya que acaba siendo bastante molesto y artificial.
En conclusión, Far Cry 5 es el mejor Far Cry que haya jugado. Y sí, tiene muchos fallos, la IA es desastrosa, curar a un compañero es de chiste (una palmadita y a seguir jugando como si no lo hubieran acribillado un momento antes); las físicas de la vegetación de sonrojo (pasas al lado de arbustos y éstos no se inmutan, ocurre igual cuando los atropellas con un coche); cuando disparas nada se rompe (eso es muy molesto cuando disparas al cristal de un vehículo y no aparece un agujero de bala, se rompe como lo haría un espejo); y así cien cosas más. Pero yo no estaba interesado en un simulador de físicas, yo he comprado un juego (y no barato) para pasar horas disfrutando solo o en cooperativo. Tiene muchos fallos a nivel de físicas y cosas que se podrían haber implementado mejor…, pero no lo estoy jugando para sacar defectos, solo quiero pasar un buen rato y con este juego lo consigo.
Si disfrutaste con alguno de la franquicia, con éste vas a disfrutar el doble. No es un juego de diez, no innova, ni han arriesgado en modo alguno. Han cogido todo lo que funcionaba en el mundo Far Cry, lo han metido en la coctelera y se han sacado un juego divertidísimo. Ojalá hubiera dejado mi cerebro de fan en casa cuando vi la última de Star Wars, la habría disfrutado mucho; no dejes que te pase con Far Cry 5: ¡¡NO PIENSES..., JUEGA!!

Asociación Cultural El coloquio de los perros

Asociación Cultural El coloquio de los perros
Con la tecnología de Blogger.

Sí­guenos en Facebook

Concurso de Relato Corto y Fotografía

Cata de cerveza

Últimas noticias