viernes, 23 de junio de 2017

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Psicología del juego de mesa cooperativo, por Víctor Barranco

He utilizado este medio en varios ladríos y mordiscos (con la venia de Barricada) para comentar algunos aspectos poso usuales de los juegos de mesa, como la vertiente educativa de los mismos o su relación con el mundo de la literatura. Hoy vuelvo a indagar en la parte trasera de los boardgames para hablar del juego cooperativo. Y, cómo no, del aspecto educativo del mismo. Pero, antes de empezar, ¿qué es eso del juego de mesa cooperativo?
La etimología en este caso, como en casi todos, nos da la respuesta. Un juego cooperativo no es más que un juego de mesa en el que todos los jugadores trabajan en la misma dirección para alcanzar un objetivo común. En los juegos cooperativos puros no gana un solo jugador: o ganan o pierden todos los jugadores. El espíritu cooperativo se alza sobre el competitivo. La verdadera esencia de este tipo de sinergias puede tener su origen en la teoría de juegos, una disciplina de las Matemáticas que estudia las interacciones humanas en la toma de decisiones. Si quieren saber más, busquen en su navegador “John Nash”, “dilema del prisionero” o “teoría de juegos” y déjense sorprender…
Pero vayamos al grano. La mayoría de juegos de mesa cooperativos suelen proponer a los jugadores sucesivos retos que, de ir superando en equipo, permitirán llegar a un desenlace final, en un desarrollo cada vez más difícil. Psicológicamente, un buen juego cooperativo es capaz de mantener a los jugadores en tensión hasta el final de la partida, generando una liberación continua de adrenalina que hace especial la sensación de jugar a este tipo de juegos frente a otros puramente competitivos.
El precursor de este tipo de juegos fue Jim Deacove, con títulos como Mountaineering, The Secret Door o Max, editados entre los años 70 y 80 y convertidos en el sanctasanctórum de los juegos de mesa infantiles cooperativos. Con un evidente aire vintage, la propuesta  de las creaciones de este padre canadiense se basa en disminuir las manifestaciones de agresividad de los juegos competitivos entre el público infantil, sustituyéndolas por ideas de sensibilización, comunicación o solidaridad. Se superan obstáculos, no personas.
Desde el plano pedagógico, los juegos cooperativos son especialmente recomendables a partir de los 8 años, cuando el cerebro del niño empieza a desarrollar habilidades de trabajo en equipo. Compensar el individualismo y la competitividad de la sociedad actual con este tipo de juegos puede ser un buen reto a asumir por el profesorado de Primaria. Además, el juego de mesa plantea un desafío a un niño con evidentes necesidades de superación para poder desenvolverse de forma satisfactoria en distintas situaciones.
Hanabi, de Asmodee, es una buena manera de iniciarse en esta disciplina lúdica. Una variante del clásico “cinquillo” al que muchos de nuestros abuelos nos enseñaron a jugar. Si quieres más emoción, Pandemia (Homoludicus-Devir) hará las delicias de los jugones más pequeños.
Para niños un poco mayores tenemos Rescate o La Isla Prohibida (Devir). Si te gusta ponerte en la piel del detective, Sherlock Holmes Detective Asesor sigue lanzando reediciones desde hace más de 25 años, convirtiéndose en uno de los mejores juegos de deducción de la historia. Y, si lo tuyo es la literatura fantástica, podrás sumergirte en un universo lleno de emocionantes criaturas con Zombicide o Eldritch Horror (Edge), Pathfinder Adventure (Devir) o Space Alert (Homoludicus-Devir).
Hasta aquí un pequeño repaso al juego de mesa cooperativo. Recordad siempre las palabras del fisiólogo José Manuel Rodríguez Delgado: “sería ideal que el objetivo máximo de la educación fuera la felicidad, y entonces el juego tendría un papel predominante”.
Juguemos y seamos felices, entonces.

domingo, 18 de junio de 2017

Aurora boreal, por Óscar Marcos

Aunque se debe intentar estar al día de las últimas novedades literarias sin olvidar ni dejar de leer a los clásicos, tampoco es mala idea no dejar atrás libros atractivos y con calidad literaria que en su momento tuvieron gran repercusión y éxito de ventas. Es el caso de la novela negra sueca “Aurora Boreal”, que se editó originalmente en su país en 2003 y fue traducida en España años después por Seix Barral.
Se trata de una interesante intriga criminal muy enrevesada con tintes religiosos y protagonizada por la joven abogada Rebecka Martinsson. Su éxito editorial hizo que llegara a convertirse en una saga literaria con un total de cinco libros publicados hasta ahora y dio lugar también a una versión cinematográfica.
Es una historia contada con una narrativa fresca y muy directa, en la que el lector se ve arrastrado hacia una comunidad mística cristiana de la localidad de Kiruna. Allí, concretamente en la acristalada y moderna iglesia de esa cerrada comunidad y que tiene el rimbombante nombre de la “iglesia de la Fuente de Nuestra Fortaleza”, aparece brutalmente mutilado el cadáver del joven y atractivo sacerdote Víktor Strandgard, famoso por sus curas milagrosas y conocido en el país como “el Chico del Paraíso”, siendo su violenta muerte protagonista de los informativos de televisión durante unos días.
Las sospechas policiales recaen sobre su hermana Sanna, amiga de la infancia de la protagonista y madre soltera de dos hijas, que es detenida y formalmente acusada de su asesinato. Ahí es donde entra Rebecka que, como abogada y a regañadientes, se ve obligada a defenderla viajando precipitadamente desde Estocolmo a Kiruna, poniendo en riesgo su trabajo en un importante bufete de la capital.
Kiruna y su especial y gélida naturaleza, situada muy al norte de Suecia en la región de Laponia, se convierte en un protagonista más del relato, muy cerca ya del círculo polar ártico y donde son habituales las auroras boreales que dan título a la novela.
Sin destripar demasiado de la trama, hay que destacar el protagonismo de los personajes femeninos: la propia abogada Martinsson, cuya inteligente y fuerte personalidad atraen desde el principio, contrapuesta a su amiga, la pusilánime e ingenua Sanna, así como la embarazada policía Anna-Maria Mella, no menos avispada y sutil en sus actuaciones que la letrada Rebecka.
A pesar de las evidentes diferencias narrativas y de contraste entre sus protagonistas en edad y sexo, es imposible no acordarse de las novelas del inspector Kurt Wallander del también escritor sueco Henning Mankell, quizás en la manera en cómo influyen la familia y el pasado en la manera de actuar y de ser de sus respectivos protagonistas.
Aparte del agudo análisis de la personalidad de los personajes, también es destacable en la novela de Larsson cómo analiza a la comunidad cristiana de Kiruna, donde hay un punto de aislamiento que recuerda a las sectas y donde predomina una mentalidad fundamentalista de la religión. El propio pasado de Rebecka evidencia que no está tan alejada de esa comunidad como parecía al comienzo de la novela.
Por último, destacar que conforme se avanza en la lectura del relato y aparecen nuevos personajes se evidencia que el abanico de posibles asesinos es tan amplio que puede llegar a desconcertar, pero la autora sabe mantener en todo momento el suspenso de la intriga y la atención del lector. El desenlace es sorprendente.

martes, 13 de junio de 2017

1937-1974, por Antonio A. Ligero

Entre los años 1937 y 1974 se produjeron los sucesos más importantes del siglo XX. Sucesos que han marcado nuestro presente como sociedad contemporánea, pero lo más importante, sucesos que sustentan nuestro futuro. Entre la multitud de ocurrencias protagonizadas por el ser humano en 37 años, permitidme que os hable de dos que han cumplido aniversario en los últimos días de abril.
El 26 de abril de 1937, en plena Guerra Civil, el municipio de Guernica fue bombardeado por la Legión Cóndor de la Alemania nazi. La misma legión ayudó al Frente Nacional a hacer caer la Segunda República tras el Golpe de Estado del 18 de julio de 1936. El pueblo de Guernica fue masacrado, y uno de los grandes pintores universales de nuestro país reflejó el horror de la muerte y el olvido en blanco y negro pintando una de las joyas más vivas y presentes de todos los tiempos a la que tituló con el mismo nombre del lugar, “Guernica”. Historia viva la que muestra Picasso en su cuadro más internacional.
También la madrugada del 24 de abril de 1974, el ejército luso se opuso al dictador Marcelo Caetano y a la herencia de la Dictadura Salazarista derrocando de forma pacífica al régimen. Dos canciones, “E depois do Adeus”, de Paulo de Carvalho y “Grândola, Vila Morena”, de José Afonso, se convirtieron en símbolos de la conocida como “Revolución de los Claveles”. La primera, sonó la noche del 24 abril de 1974. La segunda, ya en la madrugada del 25 de abril. Horas después, miles de civiles se unieron al ejército portugués saliendo a la calle y derrocando al dictador. Ambas canciones son un símbolo de la historia de Portugal, de la historia viva contemporánea del Siglo XX. Un símbolo cultural en la Europa del post-fascismo.
Ambos acontecimientos han celebrado, como digo, aniversario en la última semana de abril. La cultura, en todas sus expresiones, ha sido siempre un símbolo de rebeldía que ha servido de imagen para mostrar los acontecimientos vividos por sus protagonistas. Es por ello que la pintura de Picasso y la música lusa de la década los 70s han tomado protagonismo en esta semana triste en la Europa del olvido. Una Europa trasnochada que confunde progresismo con progresía y “modernez” con modernismo. La misma Europa de los blancos y negros del Guernica que vota a gobiernos que alienan a sus ciudadanos con premisas y hechos que desvirtúan la historia reciente de nuestro continente. Somos nosotros, en estos duros tiempos para la cultura, los que debemos reivindicar la rebeldía que nos precede para que nunca borren la historia. Reitero que la cultura es por tanto necesaria para sustentar la base de la historia de nuestro futuro y no puede quedar relegada por nuestros gobiernos al mero ocio. La cultura es el mayor exponente humano para hacer de los ciudadanos y ciudadanas libres pensadores. Libres pensadores por cierto, incluso para estudiar la asignatura de “Literatura Universal”, desterrada por el Gobierno de Rajoy del bachillerato también en esa última semana.
Cultura que es hoy más necesaria que nunca, como lo fue en 1937 y en 1974. Por cierto, “E depois do Adeus” representó a Portugal en el Festival de Eurovisión de 1974 semanas antes de la “Revolución de los Claveles” obteniendo la última plaza. ¡Historia viva, cultura muerta!

jueves, 8 de junio de 2017

Música para romper tópicos, por Antonio Luque

El perfume de las músicas orientales, desde Siria hasta Marruecos, resulta irresistible. Las maltratadas raíces árabes, que todavía perduran a través de los siglos, hacen que sus canciones sean asimiladas con naturalidad, como quien recuerda con placer la nana que la abuela cantaba, sentada al borde la cuna. Mar Medi Terraneum, Mesogios Thalassa, al-Baḥr al-Mutawasit, Ak Deniz, al-Baḥr al-Abyad... Las aguas del Mediterráneo siguen trayendo a nuestras costas sonidos y recuerdos que parecen lejanos, pero que siguen siendo familiares, cientos de años después. Será éste el motivo por el que escuchar las grandes voces de la música de la cultura mediterránea (Oum Kalthoum, Omar Sarmini...), y también los nuevos valores, resulta una experiencia embriagadora. Como ciertos perfumes, inolvidable.
Es la misma sensación que queda en la memoria cuando se escucha por primera vez a Dhafer Youssef, uno de los artistas más carismáticos de Túnez. Pasará por Córdoba en el mes de julio para participar en el Festival de la Guitarra, propiciando una vez más un reencuentro de culturas en la capital. Autodidacta y miembro de una familia con larga tradición de muecines, hace dos décadas que pasea su oud, laúd árabe que sirvió de modelo para el laúd europeo, por los escenarios de todo el mundo.Su propuesta parte de ritmos y melodías originarias del norte de África, abriéndose a la 'contaminación' occidental, que aquí llamamos jazz.
Dhafer Youssef es un artista que alcanza nuevos horizontes musicales en cada uno de sus trabajos discográficos. Hace más de dos décadas abandonó su país para instalarse en Viena, con la intención de completar sus estudios musicales que había iniciado en Túnez. Una vez inmerso en el ambiente multicultural europeo, no tardó en evolucionar hacia nuevas posibilidades creativas. Pueden percibirse claramente en cada uno de los siete discos que ya ha publicado desde el año 1999, hasta su último trabajo, que hoy recomendamos. Lleva por título Diwan of beauty and odd (septiembre 2016) y en él habla de la belleza y lo extraño.
Sería injusto dejar la trascendencia musical de Dhafer Youssef en el plano instrumentista. También es un maestro en conjugar el misticismo de la tradición sufí, en la que se educó hasta la adolescencia, llamando a la oración con su hipnótica voz desde el escenario. Es música destinada a romper tópicos, a hacernos perder la noción del tiempo. Huyendo de todos los clichés que a menudo rodean al jazz y a las llamadas músicas del mundo, Youssef se apodera de las posibilidades que ofrece la música moderna, para modelar un abanico de sonidos antiguos, repletos a la vez de contemporaneidad.
La música en el Islam ha sido negada por amplios sectores pero Dhafer Youssef la recoge y la actualiza, como demuestra el hecho de haberse reunido para esta gira mundial con tres reconocidos músicos americanos: Aaron Parks al piano, Ben Williams con el contrabajo y Justin Faulkner a la batería. Independientemente del punto del planeta en el que haya nacido, universalidad es lo que percibirá cualquiera que se sumerja en su obra. La música es la mejor expresión artística para derribar fronteras y Youssef lo consigue con canto y oud.

domingo, 4 de junio de 2017

Malditos bugstardos, por David Luna

Cuando nos ponemos a jugar delante de nuestro ordenador (o consola) vamos a disfrutar de nuestro hobby favorito, ya sea para desconectar, echar unas risas con los amigos, desfogar la “mala leche” de una cruel jornada diaria o simplemente divertirnos sin más. Y la gran mayoría de las veces lo conseguimos, pero otras…, ese rato puede convertirse en un verdadero quebradero de cabeza. Cuanto todo funciona bien es maravilloso, pero eso no es lo que está pasando últimamente en la industria de los videojuegos ni de lejos. Nos están vendiendo juegos incompletos, llenos de bugs (bicho en inglés, referido a fallos informáticos) y que no han sido bien testeados; para qué, si el que compra ya hace de tester y ya, si eso, irá publicando los fallos que encuentre y la desarrolladora ya, si eso, lo arreglará (algún día), pero tú ya has pagado y ellos se lo han llevado calentito.
Vamos a retroceder en el tiempo para hacer un poco de historia. Los primeros videojuegos a los que pudimos jugar, ya sean en cinta de casete, en cartucho, en diskette, en DVD… venían en formato físico, los podías tocar, traían un bonito manual que te explicaba las teclas, una caja y una carátula que, aunque muy originales y espectaculares, exageraban la experiencia del juego hasta lo absurdo. Cuando ibas a la tienda adquirías un producto que te llevabas a casa y que podías tener en una estantería. Lo instalabas y jugabas, sin problemas, luego ya vendría la decepción de si no era lo que uno esperaba o el gozo de haber comprado algo a lo que le ibas a dedicar horas y horas de tu tiempo. No había internet, por lo que no podíamos mirar un gameplay en YouTube antes de comprar, así que lo que hacíamos era leer revistas especializadas, ver el juego en casa de un amigo o simplemente te dejabas guiar por esas carátulas y por tu instinto de jugador. Normalmente todos los juegos tienen bugs, pero no todos los bugs te impiden jugar ni destrozan tu experiencia de juego. Además, como no había internet, las desarrolladoras debían sacar el producto completo y probado porque una vez que se sacaba ya no había manera de arreglarlo vía parche o actualización; eran otros tiempos.
Ahora pasamos a ver la situación actual, que no es para nada alentadora. En este momento comprar un juego el mismo día de salida es un deporte de riesgo. Muy pocos se salvan de la quema (pero pocos, pocos), y estamos hablando que un videojuego es un artículo caro y que debería tener las mismas garantías que si compramos una tele o una lavadora, es decir, si viene defectuosa la puedes devolver. El problema puede ser debido a las prisas, al miedo a la piratería, a un afán recaudatorio desmesurado, o a la ausencia de empatía con el cliente por parte de la industria.  Sea lo que sea, el que paga es el que pierde.
Vamos a relatar una serie de problemas con los que se encuentran los sufridos gamers de hoy en día. Digamos que quieres comprar un juego que has oído que sale tal día y debido a la publicidad te ha creado un hype descomunal (altas expectativas de un producto). Pues bien, si lo compras en formato físico comprobarás frustradamente que de físico tiene muy poco ya que en tu ordenador no se cargará el juego completo y necesitas internet para descargar el 100% y para la actualización que vendrá de salida para arreglar fallos detectados (sí, ya el primer día viene con problemas). Entonces ya no hay diferencia entre la descarga digital y el juego en físico, con lo que no tiene sentido ir a la tienda como antiguamente. Otro problema es que si no tienes internet no podrás jugar, ahora se llevan los juegos en los que tienes que estar permanentemente conectado; es una manera de evitar la piratería, pero te vas a fastidiar cuando se caiga el servidor y no se grabe la partida o no se active el logro que habías conseguido, a la par que olvídate de jugarlo en el campo o en la casa de tu primo que no tiene wifi.
Hablando de piratería, todos los juegos importantes (los llamado triple A) vienen con protecciones antipirata muy intrusivas, el famoso denuvo; eso significa que en tu ordenador se instalará “algo” que no sabrás qué es ni lo que te está haciendo (como si fuera un virus), y eso muchas veces da problemas en algunas configuraciones de ordenadores (los piratas, paradójicamente, no los tendrían ya que su juego no vendría con la protección anticopia y pueden jugar felizmente, por lo cual lo que se está haciendo es penalizar al consumidor legal, al que paga).
Pero bueno, si después de todo esto el juego viniera en condiciones y la experiencia fuera satisfactoria podríamos pasarlo por alto, ya que los jugadores lo que queremos es jugar y en demasiadas ocasiones esto no es posible. A veces el juego o no da unos FPS (frames por segundo) aceptables o directamente son inestables y en determinados momentos del juego la pantalla sufrirá ralentizaciones que pueden llegar a hacerlo injugable. Otras, aunque el juego esté bien gráficamente, se cae a trozos por la cantidad de bugs que tiene. No me refiero a un error que hace que el personaje se caiga al vacío y muera; hablo de bugs que te impiden continuar misiones, grabar partidas, matar un enemigo, quedar atascado en el mapa, que tus ítems directamente desaparezcan…
Un apartado especial son los fallos en nuestros amados ordenadores, desde crasheos, imágenes congeladas, salidas al escritorio, sobrecalentamiento y, cómo olvidarlo, nuestra querida pantalla azul de la muerte de Windows. Eso sin contar el enorme tiempo que pierde un “pecero” en configurar bien algunos juegos para que funcionen correctamente en sus equipos.
Como veis, jugar no siempre es un acto agradable, a veces los gamers no somos tan felices como parecemos, sufrimos y mucho. Pero al igual que uno se cae y se levanta, volveremos a comprar juegos carísimos sabiendo que vendrán rotos, que estarán incompletos, y cuya publicidad sabemos que nos está engañando… ¿Por qué? Porque los jugadores estamos hechos de otra pasta, somos tipos duros y no tenemos miedo. Mi nombre es David y esto es Jackass.

martes, 30 de mayo de 2017

Elogio del viaje, por Carlos Prieto Velasco

La búsqueda de uno mismo se acaba en el momento del último aliento. Hasta el borde de la tumba, se trata de seguir anhelando siempre la fuerza, la vida, el movimiento.
Del libro Teoría del Viaje. Poética de la Geografía (Michel Onfray)


En el inicio de la civilización humana no existía la sociedad sedentaria, el ser humano era nómada y no se establecía en localizaciones fijas. La sociedad nómada se caracterizaba por intentar vivir en paz con la Naturaleza, ya que su supervivencia dependía de su abundancia, de si había lluvia y agua suficiente, caza y comida. La agricultura, la pesca y la ganadería nos volvieron sedentarios. Y las sociedades sedentarias se basan en domeñar la Naturaleza y aprovecharse de ella para sus fines materiales. Esta relación dialéctica entre Naturaleza / Sociedad, dinámica / estática, movimiento / equilibrio permanecen en nuestra sociedad y en el interior de las personas como un conflicto no resuelto. En algún momento de nuestra vida todos nos hemos sentido atrapados por el entramado social que nos atrapa: nuestro trabajo, los compromisos familiares, las obligaciones de todo tipo nos acechan y cercenan nuestra libertad.
En esos momentos en los que nuestra vida nos supera, nos llega una necesidad imparable de movernos, ponernos en marcha y buscar un camino nuevo que nos aleje de nuestras tribulaciones personales. Hoy en día, con nuestros acelerados modos de vida, el Viaje cumple esta función de válvula de escape y devolvernos por un tiempo a nuestro estadio primitivo de nómadas. Más allá del puro escapismo, el viaje nos mantiene viva la esperanza de que es posible cambiar, comenzar de nuevo y reinventarnos. Probablemente sea solo una falsa ilusión, pero la mera promesa de que es posible cambiar nos insufla aire fresco.
Un gran viaje debe tener un efecto de catarsis en el viajero, de poner patas arriba sus sentimientos y sus convicciones más profundas. Por eso el viajero que vuelve a casa es diferente al que se fue. Así viajar se convierte en un proceso circular, te devuelve al mismo punto del que has partido, pero vuelves siendo otra persona, redimido de bajas pasiones y con nuevos objetivos vitales.
Se atribuye a San Agustín la frase latina solvitur ambulando (en castellano sería “se soluciona andando”), referida a que todos los problemas tienen una solución experimental. Sin embargo, también se interpreta en referencia a las virtudes terapéuticas del movimiento y el acto de caminar sin rumbo, pensando mientras vagabundeamos. Paul Theroux escribe que andar en soledad es un acto espiritual, y ese caminar solitario induce a la meditación. Castigamos nuestro cuerpo para descansar la mente, como el antiguo peregrino buscaba la redención a través de su esfuerzo.
Y a pesar de que durante la travesía vamos interaccionando con nuevas gentes, un buen viajero no se preocupa de dejar su huella en los lugares que va conociendo, sino que busca que los demás dejen sus huellas en él. El viajero disfruta de la geografía, se dejar empapar por el paisaje e intenta comprender los usos y costumbres de los lugares que encuentra a su paso.
Los viajes se acaban y tenemos que volver, pero siguiendo a Kavafis, no debemos esperar nada de nuestra particular Ítaca a nuestro regreso, sino que habrá sido el propio viaje el que nos habrá enriquecido. Y al final, el camino nos enseña que más allá de decepciones pasadas y expectativas de futuro; el sentido de la vida consiste solamente en el propio acto de vivir.

viernes, 26 de mayo de 2017

¿Qué fue de Rafael Alberti?, por Alicia Galisteo

La entrada en nuestra democracia, cuando aún los cimientos eran débiles y aún funcionábamos sin Carta Magna, nos regaló una imagen de reconciliación y fue la entrada, cogidos del brazo, de dos pilares dentro del comunismo en nuestro país; una, en la lucha feminista y de las libertades conseguidas durante la Segunda República, como fue La Pasionaria, y otro, uno de los poetas más célebres de la generación del 27, Rafael Alberti. El “poeta de la calle” solamente estuvo en el Congreso dos meses, cediendo su acta de diputado al campesino Francisco Cabral Oliveros.
Cuando aparecieron por el Congreso de los Diputados, los diferentes parlamentarios sabían que debían mostrarle respeto, ya que eran máximos exponentes de la cultura y de la política en España en los años del oscurantismo franquista. Eran conscientes de lo que ganaba España con estos parlamentarios, los cuales mostraban una oratoria digna de este hemiciclo. Era la palabra de los que habían sufrido, los que eran marginados por sus ideas, los que tuvieron que sufrir el dolor de la incultura de un país, los que se habían exiliado para que su opinión siguiese siendo escuchada y no se perdiera entre el ruido de los fusiles y las balas.
Cuando la democracia ha ido madurando y consolidándose, dando cabida a los medios de comunicación, particularmente la introducción de la televisión que ha ido retransmitiendo las sesiones del Parlamento y ha hecho posible el acercamiento de los ciudadanos a su democracia representativa, haciéndolos testigos de los debates más y menos tensos, siempre quedará en nuestra memoria la frase de José Antonio Labordeta “¡A la mierda!” al por entonces Presidente del Gobierno, José María Aznar. De este modo, los partidos han ido transformando sus mensajes para adaptarlos al formato televisivo y así conseguir tener un minuto de gloria, dejando la oratoria a un lado y buscando el mensaje mediático.
Gabriel Rufián, diputado de Esquerra Republicana, se ha convertido en el fiel exponente del mensaje hecho para los medios de comunicación y cada vez que sube al estrado o tiene el turno de palabra en alguna comisión es foco de todas las televisiones y sus vídeos se hacen virales en todas las redes sociales por sus declaraciones, por su forma de preguntar, por sus afirmaciones, por sus ejemplos cinematográficos, por sus pausas provocadoras… Todo vale para abrir un telediario o para que su vídeo tenga millones de visitas en Internet.
Si no lo hiciera así, este partido quedaría en el ostracismo parlamentario y perdido en un mar de declaraciones que solo tienen el efecto deseado en Cataluña, ya que su representación en el Congreso de los Diputados solo es una antítesis de su ideología y de su línea de actuación que lo ha llevado a un pacto electoral con la derecha nacionalista catalana.
Y de esta forma, con el paso de los años se ha ido degradando la defensa de posicionamientos de nuestros parlamentarios, la actualidad informativa se cuece en la Carrera de San Jerónimo y no dentro del hemiciclo y el respeto entre nuestros representantes se basa en los insultos entre ellos y no en la escucha activa de las diferentes propuestas/ideas. Solo nos queda llevar nuestra voz y nuestras ideas al mar para que nuestra voz no acabe muerta.

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