domingo, 24 de marzo de 2019

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CEFA, por José Alfonso Rueda

Hace unos días, rebuscando en un armario, di con una caja de cartón de un juego de mesa de mi infancia. Resaltando sobre el diseño, el logo de CEFA, esa empresa zaragozana que en los ochenta del pasado siglo creó y distribuyó algunos de los títulos más importantes de la década en nuestro país y que hizo que muchos niños de aquel entonces nos aficionáramos a los juegos de mesa.
El juego en cuestión no es otro que el mítico “En busca del Imperio Cobra”, la ópera prima del creador Pepe Pineda y el ilustrador Isidre Monés, el título del que se vendieron más de trescientos mil ejemplares y que revolucionó el sector lúdico español. Un juego simplón si lo vemos desde la óptica actual, en el que el azar intervenía de modo considerable en forma de dado y cartas y con una escasa rejugabilidad que no lo hacía, en esos aspectos, muy distinto de los juegos de tablero o cartas más tradicionales. Sin embargo, lo que realmente nos fascinó a tantos niños de esa época era su ambientación, la existencia de un argumento, de una historia, que nos permitían dejar volar la imaginación y convertirnos durante cada partida en uno de esos tres héroes que buscaban salvar el mundo del malvado dios Cobra.
Los juegos de mesa dejaron de ser algo abstracto, sin consideración a lo artístico y argumental. “Distrito 21”, “Sinaí” o “Drácula” son en el fondo una especie de ajedrez simplificado en la que dos jugadores se enfrentan en un tablero con piezas con distintas características de acción, poder o movimiento. Sin embargo, a los ojos de un niño no es lo mismo cuando esas piezas representan policías y mafiosos en las calles de Chicago, las tropas árabe-israelís en el primer acercamiento a los wargames que muchos disfrutamos, o las fuerzas del bien y el mal en un frondoso bosque de Transilvania.
Un ajedrez ampliado a cuatro o seis jugadores (según el tamaño de la caja) era el “Lepanto”, un juego que nos transportaba hasta la histórica batalla y en la que cada uno de los jugadores controlaba a España, Venecia, Turquía o Argelia, más Génova y Túnez en la caja grande.
CEFA también destacó por adaptar y versionar otros conocidos juegos internacionales. Así, “Alerta roja”, una versión del “Scotland Yard” de Ravensburger, nos transportaba hasta las alcantarillas de una ciudad por la que se paseaba un barril radiactivo que había que encontrar. También el “Misterio” era una adaptación del clásico “Cluedo”. O qué decir de “El Palé” y “La ruta del tesoro”; el primero, una actualización del título que se le dio al mítico “Monopoly” cuando se publicó por primera vez en nuestro país; el segundo, una adaptación del mismo juego al comercio mediterráneo y los piratas en la Baja Edad Media.
Por último, como consecuencia del éxito de “En busca del Imperio Cobra”, la marca zaragozana no solo publicó algunas secuelas de ese título (“Huida del Imperio Cobra”, “Isla Cobra”, “Héroes Cobra”…), sino que lanzó algunos otros juegos de ambientación y argumentación mitológicas, fantásticas o de aventuras que además, como novedad, incluían tableros 3D. Entre los destacados, “El cetro de Yarek”, un juego ambientado en un fantasmagórico barco, o “El templo de cristal”, claramente inspirado en las correrías de Indiana Jones.
Además del punto nostálgico inevitable que conlleva, este recuerdo de la mítica CEFA y de los títulos más destacados que distribuyó en los años ochenta es, por un lado, un homenaje a la labor de difusión de los juegos de mesa que realizaron la empresa zaragozana, Pepe Pineda e Isidre Monés entre los niños de aquella época y, por otro, un alegato en pro del uso de este tipo de juegos en la infancia; no solo producen un rato de diversión, sino que ayudan a desarrollar la mente a partir de sus reglas y estrategias y, sobre todo, fomentan la sociabilidad.
Como bien me decía hace unos días un compañero de trabajo de los que también creció con CEFA, el principal inconveniente que encuentra para echar una partida a sus juegos favoritos es encontrar gente que lo acompañe. Algo que cuando somos niños nunca ocurre.