jueves, 15 de marzo de 2018

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Sobre la piratería en los videojuegos, por David Luna

Se dice que la piratería es el cáncer de la industria de los videojuegos y que por su culpa ha llevado a la quiebra a multitud de empresas. Pero eso lo dice la misma industria de los micropagos, cajas de loot, juegos incompletos, rotos el día de salida, de los bugs que no se arreglan, DLCs abusivos, precios inflados…. Esa misma industria que abusa/engaña al consumidor se empeña en llamar ladrones y delincuentes a los que hemos jugado alguna vez al modo Jack Sparrow.
Dicha industria que demoniza la piratería, a veces, la ha usado para llevar sus productos a cuantos más hogares mejor. No nos engañemos, que el Windows fuera tan sencillo de piratear nunca ha sido “casual”; ni que las consolas más vendidas, las más fáciles y barato de saltar sus protecciones antipiratería. Industria y piratería muchas veces han ido de la mano ejerciendo una relación simbiótica y no tan destructiva como se nos ha querido hacer ver.
Que conste que no estoy a favor de la piratería, aunque gracias a ella he jugado a juegos que no habría comprado en mi vida. Y he comprado otros que, al jugar al pirata, me he dado cuenta que era un juego que merecía estar en mi colección. Al igual que no voy al cine a ver una de Adam Sandler pero no me importa verla en TV (con alguna me he reído, mea culpa), hay videojuegos que los juego pirata pero ni loco los compraría, con lo cual la industria ni gana ni pierde dinero conmigo.
La piratería en el videojuego ha existido siempre. Recuerdo en mi infancia cómo me hacía una copia de los juegos de mis amigos para el Spectrum 48k de 1982 (que venían en cinta de casete) con dos grabadoras unidas por un cable minijack y, si tenía suerte, alguien te dejaba usar su minicadena con doble pletina que en aquella época era pirateo nivel Dios. Es cierto que cuando se popularizaron las grabadoras de CDs y la gente empezó a usar a discreción el emule la cosa se descontroló un poco y la industria empezó a temer por su subsistencia. Conozco personas que llevaban sin pudor un catálogo de juegos de PC y consola que te podía grabar por un módico precio y así se sacaban un nada desdeñable sobresueldo.
Hoy en día la cosa está más normalizada y aunque seguimos viendo esos excesos (ahora por internet), se compran más juegos que antes y no es porque la gente piratee menos, sino que se ha pasado de comprar un juego y estar meses disfrutándolo a comprar juegos como churros, igual que se consume comida basura. De esto tiene mucha culpa la publicidad; hoy te anuncian juegos hasta en el telediario (os lo prometo que lo he visto). Las industrias, en lugar de gastar el dinero en hacer buenos juegos, invierten gran parte de su presupuesto en publicidad; de hecho, hay juegos en los que se han gastado más en publicitarlo que en desarrollarlo. Lo que les interesa es que el jugador compre de salida su producto antes de que empiecen a llegar las malas críticas, o directamente lo busque en el mercado pirata porque asuma que no tiene la suficiente calidad como para comprarlo.
Como norma general, para evitar que se pirateen sus juegos, la industria invierte millones de dólares en complicadas medidas de protección que son de dudosa utilidad (pues los juegos los acaban pirateando igual). Eso sin contar que muchas de esas protecciones permanecen instaladas en segundo plano y no tenemos muy claro los usuarios de PC qué es lo que hacen en nuestros ordenadores en cada momento. Este intrusismo ralentiza los juegos en muchos casos (incluso hasta hacerlos injugables) y provoca pantallazos azules y salidas al escritorio, haciendo que el juego pirata tenga mejor rendimiento y menos fallos que el obtenido de forma legal; algo que es, evidentemente, un absurdo en sí mismo. Las empresas, en lugar de luchar gastando tanto dinero en ponérselo difícil a los piratas, deberían incentivar al comprador a través de buenos contenidos, DLCs gratuitos, parches de arreglo de bugs y la vigilancia del uso de hack y trucos en los modos online.
Poniéndome en el otro punto de vista, debe ser terrible crear un juego durante meses o incluso años para que la gente lo acabe jugando por el morro. Como anécdota personal diré que cuando salió el FARCRY 4 (2014) hice la precompra, así que tuve que esperar al día del lanzamiento para descargarlo y jugar; lo llevaba esperando con ansias mucho tiempo y contaba los días que faltaban hasta su salida. Pues bien, los piratas ya estaban jugando varios días antes sin ningún problema, ¡¡¡subiendo gameplays a youtube!!! Y a mí, que había pagado una pasta por él, me tocaba esperar y ver como los demás jugaban. 
La industria del videojuego no podrá acabar con la piratería, al igual que la piratería tampoco matará a la industria del videojuego. Han convivido y convivirán, quizá para siempre. Los jugadores compramos aquellos juegos que realmente merecen la pena, por su calidad, jugabilidad, horas de diversión y, por supuesto, su precio. A mí me gusta compararlo con la industria del cine: los días en que las salas ponen sus entradas a cantidades razonables, se abarrotan. Con lo que la bajada en las ventas (de la que se quejan) igual no se debe tanto a la piratería como a los precios que el púbico entiende como abusivos. También, como todo, depende del poder adquisitivo de cada uno; ahora me puedo permitir gastar más dinero en juegos, así que prácticamente no juego nada pirata, pero antes sí que lo he hecho “alguna que otra vez”.
Si piratear es un pecado, el que tenga todo su software 100% legal que me tire la primera piedra.