jueves, 1 de febrero de 2018

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La llamada, por Alba Delgado Núñez

Cuando vemos que en la gran pantalla se estrena una película española, normalmente lo que se nos suele venir a la cabeza es, o que es otra absurda comedia llena de tópicos, o que es un dramón protagonizado por el guaperas de turno que no sabe actuar pero se quita la camiseta y vende más portadas que Cristiano Ronaldo.
No es fácil ser una película española, y menos musical (eso es como un porrazo en la frente). De primeras, la gente no va a pensar en gastarse el dineral que vale la entrada para ir a verla. Nos cuesta confiar en el cine de nuestra tierra y no es de extrañar. Sin embargo, y contra todo pronóstico, hay algunos largometrajes que nos dejan con la boca abierta. Bajo mi punto de vista, La llamada es una de esas ocasiones en las que pagas sin rechistar y terminas con la sensación de haber pasado un rato agradable y sin parar de reír.
La trama cuenta la historia de María y Susana, dos chicas de dieciséis años que pasan el verano en un campamento de monjas muy conocido: La Brújula. Ambas conforman un grupo musical llamado “Suma Latina”
Una noche tienen el propósito de escaparse y acudir al concierto de Henry Méndez. Como era de esperar, la noche acaba siendo larga y dura. Sin embargo, María comienza a darse cuenta de que algo está cambiando y es que se le aparece el mismísimo Dios declarándose por Whitney Houston. A la mañana siguiente, presas en el abrazo de la resaca, mientras todas las demás se preparan para un inolvidable fin de semana en las canoas, ellas son incapaces de salir de la cama. Por esa razón, son privadas de la aventura náutica. Milagros, la monja joven y divertida y Sor Bernarda, la nueva supervisora entregada y apasionada a la fe, quedan encargadas de vigilar a ese par de criaturas rebeldes para encaminarlas por el buen sendero. Sin embargo, ese fin de semana cambiará la vida de las cuatro.
La llamada es una adaptación al cine de la obra de teatro creada y dirigida por Javier Ambrossi y Javier Calvo (Los Javis). La aventura comenzó hace cuatro años, cuando Javier Ambrossi encontró a Belén Cuesta llorando desconsolada en el lugar donde ambos trabajaban. Ella sentía que su carrera como actriz no prosperaba y él le prometió escribirle una obra de teatro a su medida. Así fue como empezó todo. En un principio estaba programada para cuatro funciones, pero al público le gustó tanto y tuvo tanto éxito que acabaron haciendo una gira por toda España ¡Y hasta en Rusia! Es por eso que ahora han decidido trasladarla a la gran pantalla. Y no les han faltado productores para cumplir el sueño.
Sin duda alguna, esta demencial historia está cargada de talento. Vale mucho la pena ir a verla al cine y disfrutarla en buena compañía. No hay un minuto donde no se te escape la risa; además, hay pequeños detalles que, si prestas atención, te dejarán con la boca abierta.