lunes, 16 de enero de 2017

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Conflicto y extinción, por Carlos Alberto Prieto Velasco

La Historia, es en gran parte, la documentación del conflicto (Kenneth Boulding)

La gestación de conflictos es inherente al proceso de toma de decisiones en el seno de una organización en la que, por normal general, suelen existir opiniones y posturas diversas. Dentro de ese proceso de toma de decisiones, el profesor Jeffrey Pfeffer comprobó que hoy en día las organizaciones complejas tienen cada vez más problemas en la implementación de las mismas, más que en la toma de decisión en sí. En el caso del PSOE, la Comisión Ejecutiva de Pedro Sánchez no ha podido llevar a cabo la decisión de oponerse a la investidura de Mariano Rajoy tomada en el Comité Federal.
Actualmente se concede mucha importancia a contar con un líder dotado con grandes cualidades personales y habilidades emocionales. No cabe duda que las competencias del líder son decisivas, pero se suele infravalorar el peso del control de recursos, el manejo de información y la autoridad formal a la hora de transmitir e implementar las decisiones. Han sido los barones regionales, que controlan más recursos por estar en los gobiernos autonómicos, los que con mayor fuerza se han opuesto a Pedro Sánchez. El Secretario General siempre ha contado con la autoridad formal y con la legitimidad de ganar su cargo en unas elecciones primarias, pero dicha autoridad ha quedado vacía de poder ante la rebelión interna de los órganos internos.
El conflicto ha surgido abiertamente cuando el nivel inferior de poder ocupado por las ejecutivas autonómicas no ha querido asumir el coste político de pactar con partidos nacionalistas o a su izquierda. Es básico para poder resolver un conflicto que se cree una situación de suficiente tensión como para necesitar un arreglo entre las partes, pero no tanta como para romper totalmente sus relaciones. La resolución de conflictos puede abordarse mediante diferentes estrategias: negociación, control o confrontación. Normalmente, la negociación se produce cuando hay interdependencia obligatoria entre las partes y ninguna puede imponerse. El control se da cuando hay una dependencia jerárquica clara. En este caso, Pedro Sánchez sí que ha intentado recurrir en varias ruedas de prensa a su papel de Secretario General a la hora de ratificar su postura como opinión oficial del partido. Ahora, tras el espectáculo del Comité Federal socialista, pareciera que este golpe de autoridad ya preludiaba la ruptura. Finalmente, el PSOE ha optado por la confrontación abierta. Este último recurso es inevitable cuando el tiempo es esencial para tomar la decisión o cuando los egos personales entran en juego. Aquí el conflicto deja de ser un conflicto más o menos racional y se convierte en conflicto emocional. Una buena estrategia para resolver enfrentamientos tan enconados es recurrir a una figura de autoridad con poder de mediación entre las partes. Pero, desgraciadamente, los referentes históricos del PSOE con capacidad para representar ese papel han elegido tomar partido por uno de los bandos litigantes, eliminando la posibilidad de resolver mediante la negociación y el pacto.
En cuanto a la resolución, la forma elegida para hacer caer a Pedro Sánchez siembre dudas sobre la legitimidad de la nueva autoridad surgida en el PSOE. Más allá de esas dudas, está por verse si la nueva gestora del PSOE es capaz de poner de acuerdo a la organización en todos sus niveles (federal, autonómico y a los militantes de base) de cara a la próxima investidura de Rajoy. Pero después de pasar este trance, el PSOE se enfrenta a lo que el profesor Salvador Aragón llama la extinción lenta de las organizaciones. Un proceso en el que las organizaciones se van apagando poco a poco cuando no comprenden las necesidades de sus votantes, no desarrollan nuevas propuestas y en última instancia no atraen a nuevos talentos a sus filas.
Veremos si el PSOE es capaz de reinventarse y sobreponerse a esta lenta extinción.