lunes, 19 de septiembre de 2016

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Populismo, rezando por el pueblo. Por Leonor Rodríguez "La Camacha"

En el Cádiz medieval, en aquella ciudad que se bebía lo vientos del Atlántico resguardada tras unas murallitas de sal, existía un cuadro sobre una de las puertas de acceso al entramado urbano que a modo informativo, podríamos decir, y acompañado de un retrato de la Virgen, afirmaba: Ora pro populo. Traducido del latín: reza por el pueblo.
Los gaditanos, como los habitantes de medio mundo, atravesaban a diario aquel portón que conducía al actual barrio del Pópulo –su nombre procede de aquella letanía- sintiéndose fuera de peligro porque tenían a la Virgen rezando por ellos. Poco importaba tu comportamiento o tu actitud, nada podía salir mal porque la Virgen estaba de tu lado. Solo necesitabas tener fe y no dudar de quien había venido a este mundo a proteger al populo, al pueblo.
Si extrapolamos razonamientos de ese tipo a la política, nos topamos de frente con los populismos. El lenguaje de los populistas se reboza con el mismo pan rallado de las monsergas religiosas, en general, y las cristianas, en particular: Dios es bueno per se, nunca nos abandona y ha venido a sacrificarse por nosotros. Aún no sabemos quién lo llamó, pero la cuestión es que se presentó aquí un día para salvarnos. Nos dijo que tenía la solución para todos nuestros males, que no confiáramos en los de antes, en los otros, y que si confiábamos en el cambio, el mundo sería maravilloso y chupiguay. Y cuando preguntábamos que cómo lo iba a hacer, sonreía, ponía cara piadosa y nos pedía fe.
Por si no se han dado cuenta, dejé de hablar de Dios hace unas líneas. Me refiero a personajes como Pablo “coleta morada” Iglesias, Marine Le Pen, Varoufakis o el mísmisimo Kichi por seguir con el autobús aparcado en Cádiz. Populistas que se agarran como garrapatas a las miserias de esta puñetera vida para presentarse como una suerte de salvadores, con una palabrería más falsa que las tetas de Belén Esteban. Son repugnantemente mentirosos: sólo nos dicen lo que necesitamos oír con palabras huecas, ellos poseen la solución y más fe, muchísima fe.
Decir que ellos son mejores porque vienen del pueblo y para colmo creerlos, nos da pistas para saber hasta dónde nos ha traído la evolución de la especie humana. Escuchar a Monedero, el que se enchufó unos pocos de millones de euros por asesorar a países de ciudadanos expoliados por sus gobernantes, hablando de desahucios abochorna al tendido. Por no hablar de Ada Colau, la otrora martillo pilón contra el clientelismo de CIU que nada más llegar encaloma al presupuesto del ayuntamiento la nómina de su compañero sentimental. ¿Oiga, es que no tiene derecho?, ladraba la muy pilla. Habría que ver a esta alcaldesa mandando en Bankia, yo igualo la apuesta de Rato y la veo. Bueno… mejor no verla. Con los ladrones conocidos ya tenemos suficiente.
Cuando la vida te mira con ojos torcidos, te agarras a un clavo ardiendo. Le compras el discurso al primero que pase por la puerta de tu casa, ya sea un grupo de amigos -¿en qué momento te perdimos, Judas?- que acaba de montar una religión o ya sea una pandilla de colegas de la Uni que quieren un partido político nuevo. Todos dicen que vienen a salvarte y a la hora de la verdad, madre no hay más que una y a ti te encontré haciendo populismo. Si para practicar nudismo no importa el tamaño de tus arrugas, para ejercer de populista no importa tu ideología. Te llames Donald Trump, Nicolás Maduro o el Papa Francisco, si tu discurso es populista, pues con toda seguridad es que eres un populista (afirmación patrocinada por Rajoy).
Dicho de otro modo, en política escuchar lo que te apetece oír y dejarte engañar es malo a la larga, igual que cuando tu madre te dijo que aquel bañador de lunares te quedaba muy bien y después fuiste el hazmerreír de toda la playa. Allá cada uno con sus creencias, sí. Cuando el partido se juega en casa, no importa mucho el resultado. Pero cuando se juega a nivel de sociedad, ahí las consecuencias son jodías. Y si no, preguntad a los ingleses con su Brexit y la madre que los parió. Igual a estas horas se sienten salvados porque alguien reza por el pueblo:  Ora pro populo…