sábado, 16 de enero de 2016

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Carmen Boza, por Alba Delgado Núñez

Se llama Carmen y hace canciones.
Posiblemente la música la descubriese a ella antes de darse cuenta. Cuentan que odiaba las clases de música del colegio, pero que un día se embrujó por una guitarra vieja… la cual más tarde vendió en un ajuste de cuentas. Al no poder desintoxicarse, se compró un piano, con el cual mantuvo una bonita relación amor-odio bastante particular. Hasta que un día comenzaron a entenderse, a escucharse, a mimarse, a acompañarse, a fusionarse… creando algo muy parecido a la magia. De ahí empezó a hacer versiones de otros cantantes y las subía a un canal de la archiconocida plataforma “YouTube”. - Creo que la que más lo petó fue una cover de Zahara y su tema “olor a mandarinas”-. Nunca mostraba su rostro. A veces, también daba a conocer pequeñas estrofas que vagaban por su cabeza, hasta que un día comenzaron a salir canciones enteras.
Canciones que son mucho más que eso, son un punto exacto donde convergen los sentimientos, donde los sonidos se acarician, se muerden, se chupan, a veces se calcinan… Es la belleza de su voz, la polivalencia, el alcance… La maestría de su lírica junto con que sabe el momento exacto donde meter una nota y una palabra. Como cuando mezclas las galletas, el chocolate y el helado y sale el batido perfecto. Con el sabor justo, la dulzura justa, el frío justo y, sobre todo; el tamaño justo. Aunque ella siempre nos deja con ganas de más.
Ya no es sólo por el hecho de que la música mola. Ella hace sus canciones y nos transporta. Quizá compuso una idea y nosotros desciframos otra. Pero es lo que pasa cuando necesitamos oír de otro lo que tenemos que oír. Muchos cantantes hacen buenas canciones pero, sin embargo, en directo dejan mucho que desear. Este caso no, este caso sorprende de todas las maneras.
Desde luego, aquella niña de la Línea se ha ido haciendo mayor poco a poco y con ella sus obras. Después de aquellas versiones y estrofas que publicaba sin dejarse ver, sacó algo parecido a una maqueta. Grabada en casa con mucho cariño y sencillez. Quiso que se llamara “Rollitos de Primavera” y se componía de historias de todas las clases y colores. Mientras tanto, Boza realizaba algún concierto que otro dejando al público boquiabierto. Cautivando oídos y mentes mientras los demás nos entregábamos, al doscientos por ciento. Así fue que, cuando decidió grabar en un estudio, hizo una campaña para recaudar fondos y, en el primer día, consiguió más del dinero que necesitaba. De ahí nació “La Mansión de los espejos” con canciones nuevas y versiones mejoradas. Ya de forma más profesional, con banda y todo. Ahora mismo podemos encontrarla por ahí dando conciertos y sorpresas, contando historias en Instagram, poniéndonos los dientes largos… dándole su toque personal a las canciones de otros cantantes…
En fin, es menester prestarle un rato a la muchacha.
Sin más, yo me despido y, como ella suele jugar a decir: “No se ha terminado aquí… ¡Volveremos a vernos!” – Fin.