lunes, 21 de septiembre de 2015

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Medios de comunicación de masas, por Alba Delgado Núñez

Para entender este concepto, hagámonos la siguiente pregunta. ¿Quién no utiliza hoy en día alguna red social? Facebook, Tuenti, Twitter, Instagram… parece que si no estamos conectados a las redes, no tenemos vida social.  Pero ¿es vida social de verdad? Quizá vivamos en la llamada “era de la comunicación” sin embargo, la comunicación, en estos casos, queda en entredicho. Toda clase de personas tienen hoy en día acceso a cualquier tipo de información. Ponemos en Google una palabra y directamente aparecen infinidad de enlaces relacionados con ella, así como las búsquedas más realizadas se despliegan en una pestaña para autocompletarse. Pero ¿realmente se puede confiar en la veracidad de esos artículos?
En Facebook la gente suele colgar su información personal: nombre, apellidos, fotos de sus vacaciones, de su almuerzo, de sus progresos en el mundo del fitness... Hay quien utiliza su página para dar a conocer los productos de su empresa, para dar consejos sobre temas de interés, para comunicarse con los que tiene lejos… Sin embargo, a veces se cuelga demasiado contenido personal bajo ningún tipo de protección. Esto quiere decir que cualquiera puede acceder a nuestros datos. Cualquiera puede conocer al detalle nuestra vida personal y después hay quien se extraña de que otros conozcan sus historias.
Twitter es una plataforma donde emisor y receptor no tienen por qué interactuar entre sí. Consta de pequeños mensajes, con un número determinado de caracteres, enviados al instante, donde se puede encontrar información precisa casi a tiempo real. En el que un usuario puede “seguir” a otro, pero no necesariamente esta comunicación tiene que ser recíproca. Hoy en día está en auge. Es un medio donde se transmite información. Se pueden enviar enlaces de noticias, fotos, vídeos o incluso una ubicación; la aplicación favorita de los partidos políticos dadas las circunstancias actuales en las que se encuentra nuestro país, así como la manera de vomitar pensamientos que se nos vienen a la cabeza, directas e indirectas. Un emisor y diferentes receptores que entenderán el mensaje a su manera.
¿Y qué pasa con la televisión? Es complicado encontrar un canal donde el periodismo sea realmente objetivo. Las noticias se basan más en opiniones que en hechos en sí y de igual modo, a veces encendemos el televisor y encontramos programas donde la gente se pierde el respeto, hablan a voces, se saltan los turnos de palabras, dejan en evidencia incluso su propia integridad. Y, sin embargo, tienen audiencia. El problema de estos comportamientos es que, al fin y al cabo, se acaban interiorizando y reproduciendo de manera natural, como si esto fuera lo más normal. Entendiéndose como una verdad irrefutable. En definitiva, nos constriñen, nos limitan a ser. Se entiende que es la manera adecuada de pensar, de vestirse, de actuar ante determinadas ocasiones, de alcanzar un estatus u otro. A decir verdad, parece que lo que no cabe en estos medios, no existe. Que la manera buena de ser es la de Ylenia, Rafa y Perico el de los Palotes… Pero siempre se olvida que la que vale es la manera de ser de nosotros mismos. De preguntarnos, de reservarnos, de contemplar y valorar diferentes tipos de visiones e impresiones, de imaginar. A veces es mejor dejar de contemplar un rato el mundo virtual y ver en lo que se puede mejorar nuestro mundo real. Dialogando y con coherencia. Valorando diferentes opciones. Pero actuando. Porque esa es la única manera que tenemos de poder llegar a sentirnos bien, de ser felices.