martes, 26 de mayo de 2015

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Cipión: estereotipos políticos de izquierdas

Querido Berganza, menudo año este con tres citas electorales. ¡De locos, vamos! Te veo menos natural que una foto de comunión. Está bien que seas de izquierdas y te sientas orgulloso de ello, que nos cuentes tus batallitas del Cuéntame, ladrando y corriendo delante de los grises, pero no es necesario que cada vez que llegan las elecciones te dejes la barba, la melena y te pongas la palestina aunque estemos en pleno agosto, acostados a la sombra de un chaparro. ¿Es acaso un amago de coleta lo que dejas entrever este año o simple pelusilla? Aún recuerdo tu chaqueta de pana, ¡qué tiempos! Ahí seguirá en tu armario entre bolitas de alcanfor, con sus coderas de cuero y su olor a naftalina de manifa anti-OTAN.
A mí no me engañas. Hemos bebido agua juntos en muchos charcos. Yo te he visto aplaudiendo los capotazos de Curro Romero en la Maestranza, diciendo guapa a la Blanca Paloma cuando cruzabas en la barca con el simpecao el martes de carretas en Coria del Río, llevando al Nazareno el Viernes Santo la calle Juan Colín arriba mientras te rehidratabas con caldos de estas tierras. Pero, claro, este año eso no queda bonito, este año toca orgullo gay, Pablo Ibáñez en el Olimpia, poemas de Neruda y Alberti, beberse los mojitos doblados en el Rincón Cubano, el café en el Niño Ríos y cambiar los gintónics del Casino por los medios de vino de La Unión. Ya vi la bandera tricolor en tu perfil de whatsapp el 14 de abril y las flores que compraste para el primero de mayo. A la que me descuide, te veo en el Mercadona llevándote los carros llenos hasta arriba sin pagar, como tu amigo de Marinaleda, o colándote en alguna finca ladrando por la reforma agraria.
Cuentan las malas lenguas, aunque no acabo de creérmelo, que has dejado de roer huesos, comer chuletas o tomarte unos langostinos en el Romerijo y que te han visto pastando con las ovejas acompañado de unos cachorrillos saharauis que has acogido. O que estás ahorrando para cambiar este verano tu paseo marítimo de Los Boliches y sus espetos por una arepa en una playita bolivariana. Incluso que has escondido las pelis de tu adorado John Ford y has conseguido los grandes éxitos de Willy Toledo. Ojiplático me dejan esas maledicencias.
Y a pesar de todo esto, amigo mío, te veo más perdido que una brújula en el Polo Norte. Un día apareces con El País bajo el brazo y contándome los últimos dimes y diretes matinales del Hoy por Hoy de la Ser; otro tarde te deshaces en elogios del editorial de Público o de las ocurrencias de La Tuerka. Hasta te ha dado por tomarte la espuela cada noche haciendo tu tertulia en Comisiones Obreras. Del programa del Wyoming no te digo nada porque sé que eres perro pulgoso de fina ironía y no te lo sueles perder nunca, que pareces el Teniente Risitas cuando te desternillas con sus chistes.
¡Decídete! Sólo puedes votar a uno. Tienes la coleta morada de Pablo Iglesias y las gafas intelectuales de Monedero y Errejón, la barbita sexy de Garzón y Maíllo, o la guapura de Pedro Sánchez y el bombo de Susana. Aunque, claro, como toca ir tres veces a las urnas, este año puedes quedar bien con todos y dedicarles una papeleta a cada uno. Tú mismo.
Eso sí, saca de una vez por todas la chaqueta de pana del armario, que te está empezando a apestar a rancio toda la ropa.