domingo, 12 de octubre de 2014

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¿España es diferente?

La próxima edición de Otoño 2014 de la revista El Ladrío, que edita la Asociación Cutural El Coloquio de los perros, será la que haga el número 50 de la misma. Todo un evento que merece un tratamiento especial y una celebración. Una de las formas en que se realizará esa conmemoración es a través de esta web, trayendo al recuerdo algunos de los números y artículos más destacados en estos años.
En esta ocasión, lo hacemos a través de Cipión y Berganza, los protagonistas de la novela ejemplar cervantina que da nombre a nuestra asociación, quienes, allá por Primavera 2008, opinaban sobre los tópicos que existen de España.

Spain is different!, por Cipión
Amigo Berganza, Spain is different! Ya sé que esto es un eslogan publicitario que el Ministerio de Información y Turismo de Fraga creó en los años 60 para promocionar España como destino turístico. Pero esta frase, que muchos utilizan para ridiculizar la idiosincrasia de nuestro país, nuestras costumbres y, en definitiva, nuestra forma de ser y vivir, va mucho más allá de tópicos como los toros, las sevillanas, la playa, el sol, la sangría y la siesta.
Todo esto forma parte de nuestra cultura, sí; pero lo que confiere ese carácter especial a España y a los españoles no es solo lo que vemos reflejado en las películas de Paco Martínez Soria o Alfredo Landa. Lejos de Catetos a babor o Abuelos made in Spain están también aquellos que, como en ¡Vente a Alemania, Pepe!, dejaron con añoranza su país al son del Emigrante de Juanito Valderrama o del famoso pasodoble Suspiros de España. Pregúntales a esos, a los que han podido volver, si España es diferente, a ver qué te responden después de 40 años en Francia, Bélgica o Alemania o si han echado de menos todos esos topicazos con los que se suele atacar nuestro estilo de vida.
Amigo Berganza, desgraciadamente los españoles llevamos muchos años tirando piedras sobre nuestro propio tejado. Nuestro singular carácter  trasciende a muchos aspectos de la vida cotidiana, porque lo que nos diferencia de otros lugares de Europa no es el buen tiempo ni los chiringuitos sino nuestra solidaridad. Hoy, cánido amigo, somos nosotros quienes, tras décadas condenados por el hambre y el paro al ostracismo, acogemos a nuestros vecinos de la otra orilla del Mediterráneo; somos nosotros quienes hemos tenido que superar nuestras miserias sin ayuda de nadie y quienes observamos sin reparos, por ejemplo, cómo dos hombres pueden contraer matrimonio sin que nadie (o casi nadie) se escandalice; somos nosotros quienes hemos plantado cara a las injerencias que interferían en la educación de nuestros hijos, quienes valientemente nos fuimos de una guerra ilegal, quienes...
Quizás no tengamos la economía más competitiva de Europa pero hemos sabido ganar en derechos y libertades sin interferir en las obligaciones que todos como ciudadanos tenemos contraídas. Por eso, España es diferente, por eso nos admiran y visitan incesantemente desde todos los rincones del mundo y por eso me siento orgulloso de haber nacido en esta tierra.

Spain is different?, por Berganza
Coincido contigo, querido Cipión. España es diferente. Y eso es algo que, efectivamente, trasciende los tópicos de pandereta, sol, toros y paella. Quienes bien nos conocen saben que nuestras particularidades no son esas; que no dejan de ser un tópico turístico que interesa vender.
Quienes bien nos conocen saben que España es el segundo país más ruidoso del mundo. Un defecto en el que nos supera Japón, pero que el País del Sol Naciente compensa con otras muchas virtudes como su laboriosidad, su eficiencia, su organización o su capacidad de innovación, y que no suelen adornar los méritos del españolito de a pie.
Quienes bien nos conocen saben que en España el escaqueo en el trabajo o la picaresca en los tratos con las administraciones públicas y privadas alcanzan el grado de arte supremo; algo de lo que cualquier ciudadano de pro no dudará en vanagloriarse en cuanto logre conseguirlo para, a renglón seguido, criticar a esas administraciones por su pésimo funcionamiento y al vecino de al lado por su escasa colaboración con las mismas.
Quienes bien nos conocen saben que los españoles somos maestros de la envidia y el critiqueo; del culo veo, culo quiero; de ver la paja en el ojo ajeno y ser incapaces de reconocer la viga en el propio.
Quienes bien nos conocen saben cómo actúan nuestros políticos, preocupados en más ocasiones de su propia parcela de poder que del bien común, más interesados en oponerse a lo que diga el contrario y crear crispación que en llegar a un acuerdo sobre temas de interés general, sometidos a maquinarias de partido e incapaces de salirse de esos collares.
Quienes bien nos conocen saben que en España es más importante un Madrid – Barça que cualquier guerra extranjera; que la cultura puede esperar frente a una carrera de Alonso; que solo hay dos formas de ver la Gran Vía vacía: en Abre los ojos de Amenábar o cuando nuestra selección juega un partido de Eurocopa o Mundial (total, luego no pasaremos de cuartos); que los tomates, granhermanos, triunfitos o chiquilicuatres son los principales acontecimientos sociales del país.
Quienes bien nos conocen saben también que, a pesar de ser uno de los países más solidarios del mundo y para nada racistas, no queremos tener en el piso de al lado a unos gitanos, unos rumanos, unos negros o unos moros; si acaso, hispanoamericanos, que para eso viajamos a sus países de origen a hacer turismo sexual, o guiris rubios y adinerados.
Quienes bien nos conocen saben, en definitiva, que España es, como todos, un país cargado de virtudes y defectos, pero que los españoles nunca reconocerán esos defectos, los achacarán a los demás y enaltecerán hasta la exageración las pretendidas virtudes. La hipocresía, la picaresca, el individualismo y el fanfarroneo son, querido Cipión, los que nos hacen ser diferentes. Y mejor que yo ya supieron expresarlo Quijotes, Lazarillos o Buscones. Pasan los siglos pero España no deja de ser un país de hidalgos, de quijotes y sanchos.