martes, 13 de agosto de 2013

Filled Under:

Mi encuentro con el olvido, por Antoñi Aguilar

Me hallaba con un vacío interior que necesitaba rellenar, de forma que me aportara  personalmente en ayuda de los demás en esta sociedad tan escasa en valores y tiempo para disfrutar de pequeños momentos. Ahora hago tiempo y gozo de él como voluntaria en “Afamo”, Centro de Día para enfermos de Alzheimer.
Cada día me encuentro más satisfecha de lo que hago, aprendo a conocer algo de esta enfermedad, de estos enfermos tan indefensos y a la vez rodeados de cariño y paciencia por parte de los cuidadores que trabajan en este centro.
Cerca de ellos te das cuenta que cada uno lleva consigo una vida, que han ido perdiendo por el camino. Sus recuerdos, vivencias... van dejando de existir a causa del “olvido”, dependiendo en su totalidad de los demás. Te encuentras con impotencia e incomprensión de que poco más se puede hacer por ellos.
Estando a su lado me olvido de todo e intento ir conociéndoles un poco, poniendo por mi parte historias a cada uno de sus rostros. Miradas perdidas, palabras entrecortadas, repetición a lo que le dices. Manos que aprietan, costando esfuerzo liberarte de ellas, puede que de esta forma se sientan seguros. Es algo que yo al menos ignoro.
Mi recompensa es una simple sonrisa, un piropo, un beso o el caer de una lágrima. En  este punto juego a imaginar que perciben el cariño que se les muestra.
Veo y aprecio lo duro de esta enfermad, más pienso que se puede disfrutar de su presencia por duro  que nos parezca. Podemos hablar con ellos ( a pesar de no obtener respuesta), darles besos, caricias… Y es que por propia experiencia pienso que si esto crea dolor, más duro y amargo es el momento de dejar de verles, dar nuestro adiós para siempre, quedando solo en nuestro recuerdo o en una imagen plasmada en fotografía.