sábado, 6 de abril de 2013

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Otoño alemán, por Ofelia Ara Rouse

El interesante relato de Dagerman va más allá del puramente periodístico, pues sus propias reflexiones son una voz importante a lo largo del libro, donde parece que los acontecimientos y situaciones que vive sirven como ejemplo a su pensamiento.
Su formación y convicción anarquista quedan patentes cuando dice "¿…no es acaso esta obediencia lo que caracteriza la relación de los individuos con las clases dirigentes en todos los Estados del mundo, si lo pensamos bien? Lo importante en el momento de la verdad es el reconocimiento del principio del deber de obediencia. Cuando este principio ha sido reconocido, se ve pronto que el Estado que exige obediencia dispone de medios para obligar a la obediencia incluso en lo más repulsivo. La obediencia al Estado es indivisible".
Hay que recordar que el anarquismo es contrario al gobierno, siendo sus principios fundamentales la soberanía individual de cada individuo y la no coacción; asimismo es una ideología política de origen ético.
Dagerman va a Alemania al año siguiente de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, en otoño de 1946, y encuentra un país devastado, tanto física como moralmente, donde, pese a los tribunales de desnazificación, se dan contradicciones como algún ex-nazi subsistiendo cómodamente frente a refugiados muertos de hambre. Sin embargo, algo de dignidad (entendida como derecho a la supervivencia) y orgullo parecen quedar entre los vencidos, en donde el crimen por necesidad se ve con tolerancia. "Hundirse es más admitido que sucumbir", ya que "la miseria hace que uno pierda la costumbre de moralizar a expensas de los otros"
Pese a que el mundo reflejado es la Alemania de 1946, resulta lo que leemos demasiado familiar, tanto cuando se habla de la generación perdida donde "una juventud que había conquistado el mundo a los 18 años y a los 22 ya lo había perdido todo",como cuando al final del libro una mujer intenta escribir sobre el sufrimiento de su marido ante la incomprensión de todos y Dagerman nos dice "ese sufrimiento era sucio, repugnante, bajo y mezquino, y por lo tanto no se debe hablar ni escribir sobre él. La distancia es demasiado corta entre la literatura y este sufrimiento extremo; sólo cuando haya sido purificado por el tiempo será la hora de hablar de él", algo que se ha repetido en todos los conflictos armados.

Stig Dagerman fue un escritor anarquista sueco que murió en 1954.
"Otoño Alemán". Stig Dagerman. Ediciones Octaedro, colección Límites.