martes, 27 de noviembre de 2012

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Un ejercicio de responsabilidad, por Antonio Luque Sánchez

“Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Es la segunda vez que escribo esta cita para El Coloquio de los Perros, aunque ahora por motivos diferentes. La frasecita es de Joseph Goebbels y desgraciadamente tiene tanta actualidad, que pone los pelos de punta.
Desde hace meses, incluso años, muchos medios de comunicación se han disfrazado del Ministerio de la Verdad del Ingsoc, imaginado por George Orwell en su novela 1984. Han sido el instrumento utilizado para repetir, más de mil veces por cierto, que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y que ahora estamos pagando las consecuencias. El objetivo del mensaje es evidente. Los culpables de la situación actual son aquellos que aceptaron las condiciones ofrecidas por bancos, mercados y entidades cuando el viento soplaba a favor, nunca los que idearon esos productos y los pusieron a disposición del personal.
Si habláramos en términos estadísticos, seguramente nos sorprenderíamos al saber que un amplio sector de la población no se compró una segunda vivienda antes de la eclosión de la burbuja inmobiliaria. Tampoco eligió el Caribe como lugar de vacaciones excepcional, ni tan siquiera cambió de coche, simplemente el que tenía funcionaba bien. Por supuesto otros sí lo hicieron, ganando más dinero del que habían imaginado, mientras la economía crecía con un ritmo frenético a la vez que falso.
En este terreno, artificialmente abonado, ayuntamientos, diputaciones y administraciones en general, se empeñaron en pasar a la historia construyendo velódromos, aeropuertos y demás obras faraónicas que se han acometido en las dos últimas décadas. Muchas de ellas ni han llegado a terminarse tras muchos cientos de millones de inversión. Ahí los ciudadanos también han vivido por encima de sus posibilidades. No han tomado ninguna decisión al respecto, pero estos trabajos se han llevado a cabo con dinero público, es decir, de todos. Miles de millones de euros a la basura y nadie es responsable. Los ciudadanos sí porque alguien ha gastado su dinero en proyectos que ahora languidecen.
Si hablamos del sistema financiero, el asunto todavía resulta más visceral. En los consejos de administración de las cajas había representación ciudadana. Supuestamente, concejales y diputados debían velar entones por el correcto funcionamiento de estas entidades, para que el dinero del ahorro de sus vecinos estuviera seguro y bien invertido. Su defecto de celo también es culpa de los ciudadanos, por confiar en ellos. Porque la situación actual de crisis económica sí es responsabilidad de cada uno de los más de 47 millones de habitantes del país. No por vivir por encima de sus posibilidades, sino por no exigir a políticos, banqueros y demás entidades o colectivos que manejan su dinero, un ejercicio constante de responsabilidad.
También se puede aplicar a empresas y trabajadores, la diferencia estriba en que manejarán dinero público, como sí hacen los anteriores, en contadas ocasiones. Responsabilidad, sólo eso. El que no cumpla su cometido tiene que rendir cuentas, no basta con pedir disculpas. Por norma general ya sucede en el ámbito de la empresa privada y también debe ser así en lo público, donde parece que todo funciona al revés.
Mucho podría contar Fran Llorente, exdirector de los servicios informativos de Televisión Española, de responsabilidad. Desde el 2004 ha recibido más de 200 premios para su equipo por su excelente labor periodística. Ha sido tan responsable en su trabajo, reconocido internacionalmente, que ha sido relevado de su cargo en favor de Julio Somoano. Las primeras medidas del nuevo responsable de los informativos de TVE, eliminar a la mayoría de jefes de sección, incluso a la directora de Radio Nacional, que tantos reconocimientos habían recibido. Todo un ejercicio de responsabilidad.
La duda es si tendrán el mismo trato los imputados en Bankia o el Urdangarín de turno, siempre que llegue a demostrarse su culpabilidad. Porque la justicia también merece una última mención. Desde pequeños aprendemos que la justicia es independiente. No obstante, en los máximos más altos, hay jueces conservadores y progresistas, cuando sólo debería valer con ser juez. Casi siempre se sabe el resultado de una votación en el seno del Consejo del Poder Judicial antes de que se produzca y eso, cuanto menos, hace cosquillas en la espalda.
Podríamos seguir con más ejemplos, pero la extensión y sobre todo las ganas de escribir en verano, se reducen. Que cada palo aguante su vela con responsabilidad y sentido común. Y si no cumple su cometido.... a los tiburones, sea peón de albañil o presidente del gobierno.

1 comentarios perrunos:

Rafa dijo...

Nos falta a la ciudadanía eso, ser ciudadanos que valoren así mismos su poder y su voto. No nos podemos dejar llevar por unas siglas si no están a la altura de la circunstancias. Debemos tener unas miras más amplias, y no tener en mente eso de "viva er betis manque pierda", porque si pierde es porque han jugado mal o peor que el adversario. Nuestros "colores" han de ser universales.