La realidad mundial y la actualidad sociopolítica española parecen sacadas de una mala película de ciencia ficción, pero innegablemente vivimos tiempos oscuros para la democracia tanto a nivel local como a nivel mundial.
Por un lado, el mundo actual se rige por el tecnofeudalismo, término acuñado por Giannis Varoufakis.
Haciendo una síntesis, se podría decir que define la deriva autoritaria que ejercen las grandes empresas tecnológicas, que buscan minimizar o eliminar todo tipo de regulación legislativa que frene o limite sus intereses comerciales a la vez que buscan abiertamente influir en los gobiernos nacionales, entrometiéndose en la política.
En Estados Unidos, con la con la versión 2.0 de Trump, alcanza el grado máximo de alianza entre ultranacionalistas, con una retórica proteccionista pero que en realidad son ultraliberales y anarcocapitalistas. En el mundo occidental y capitalista hay también un auge de la nueva derecha europea y norteamericana (neofascista para unos, ultracapitalista para otros) y un avasallamiento y entrometimiento de los grandes gurús hipermillonarios disfrazados de libertarios antirregulación en lo económico y que dominan el mundo desde los despachos presidenciales.
Es curioso ver similitudes entre el omnímodo poder de los consejos de administración de las grandes empresas multinacionales, especialmente las tecnológicas, y el binomio partido único y economía dirigida del Partido Comunista Chino, en la República Popular China, que sigue siendo comunista en lo político, pero hace ya más de 25 años que pasó a ser capitalista en lo económico. En ambos casos, gana el capitalismo pero el tándem política- economía no es democrático sino autoritario. Con un saldo negativo para los derechos civiles y humanos.
La simbiosis capital-gobernanza tiende a un feudalismo moderno al que algunos expertos llaman ya abiertamente “Complejo Tecnológico Autoritario”, con los EEUU y China al frente. Si a ellos unimos otras partitocracias y teocracias regionales (Rusia, Venezuela, Cuba, Corea del Norte o Israel, Irán, monarquías árabes del Golfo), podemos decir que los tecnofeudales dominan el mundo. Es decir, que el autoritarismo ya no es sólo político sino sobre todo económico y tecnológico. Ya no depende de la alternancia de los partidos en las elecciones de las democracias o del cambio de líder en los sistemas de partido único. La Historia vuelve a ir hacia atrás, moderna en lo tecnológico y feudal en su dinámica tecnoempresarial y tecnopolítica. Los cinco grandes empresarios: Thiel, Musk, Andreessen, Sacks, Luckey y Karp dominan tanto Silicon Valley como el despacho oval de Washington.
Por otro lado, en Europa y en España las cosas no parecen ir a mejor. Estos días se cumplen 50 años de la restauración de la monarquía, pero no de la llegada de la democracia. Se cumple el 50º aniversario de la muerte de un tirano y un dictador infame y cruel que violentó el Estado de Derecho apoyando un golpe de Estado, apropiándose y arrogándose de todos los poderes del Estado hasta su muerte, y que fue responsable de una cruel guerra civil y de una violencia sistemática ejercida contra los que él consideraba menos españoles. La democracia tardó años en llegar y no por la "obra y gracia" de los aperturistas del régimen franquista sino por la lucha del pueblo español.
Entre algunos veteranos resurgen los fachas de toda la vida, antes una minoría relegada y en cierto modo silenciada, hoy se les da voz y se les aúpa sin complejos por ciertos sectores conservadores que no se reconocen como ultras y se enmascaran de verdaderos españoles. Entre algunos jóvenes, se canta el “cara al sol” como signo de rebeldía. De modo que los fachas han salido del armario.
Soy pesimista, porque la barbarie acecha o ya está aquí. Franco debería estar bien muerto y algunos lo quieren resucitar.
No es cuestión de ganar o perder elecciones o que haya alternancia electoral; es, como en muchos otros países del mundo, el rostro del nuevo totalitarismo: moderno, tecnológico y publicitado en redes sociales.
Comentarios