domingo, 6 de octubre de 2019

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El perdón, por Alba Delgado Núñez


¿Qué es el perdón? Depende de a quién le preguntes lo explicaría de una manera distinta. Teniendo en cuenta que viene del término “per donare”, es decir, liberar una deuda, podríamos entender el perdón como una palabra asociada al olvido, a hacer que no ha pasado nada. A no ejercer esa venganza hacia ese algo o alguien que consideramos que nos hizo daño. Por ende, ya estamos ligando ese significado a una sensación de libertad, tratándose de una acción de superioridad desde el EGO.
Hay quien puede creer en la típica frase que dice “perdono pero no olvido”. Pero eso no es perdonar, es juzgar, pues la acción sigue haciendo mella en nuestro inconsciente, seguimos aumentando la cólera y se acaba manifestando en nuestra vida de una manera u otra. Perdonar, en este sentido, significa que hemos llegado a la comprensión de esas personas o situaciones por las que nos sentimos agraviados. El primer beneficiario será uno mismo. Por tanto, no es un acto caritativo hacia los demás, es un acto caritativo hacia uno mismo.
Se dice que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. Por lo tanto, no existen cosas buenas o malas. Sino que, teniendo en cuenta nuestro aprendizaje y experiencias, consideramos que algo está bien o está mal. Si, bajo nuestro punto de vista, algo no está bien, aparece el sentimiento de culpa y justo después el castigo. Pero se nos olvida que existe la acción de superioridad más grande desde el EGO: el perdón.
A veces, hay que preguntarse ¿hasta dónde voy a dejar que me alcance el sufrimiento? Es necesario pararse a observar y comprender por qué la otra persona actuó de esa manera. Observa cómo tratas a los demás y qué recibes a cambio. Un ejemplo es el de aquella que se va de nuestra vida sin dar explicaciones. Las razones pueden ser múltiples pero, sin embargo, es un acto egoísta creer que se tiene la obligación de permanecer a nuestro lado de forma perenne. Hay que saber soltar. Es una manera de perdonarse y liberarse. De dejar de sufrir a través del otro. De pensar lo que los demás te hacen. De caer en el victimismo. Las personas no es que sean enemigas. Nada ocurre por casualidad. Tal vez estuvo en un momento en el que debías de aprender algo. Por lo tanto, hay que fijarse en los buenos momentos, agradecer todo aquello y entender para qué estamos viviendo esa situación. 
¿De qué nos sirve el “¡Con todo lo que he hecho yo por ti!” o “Yo necesito que actúes conmigo de esta manera porque yo te he dado tanto”? Se da sin esperar, pero es inútil pedir algo que no estás dando. Quizá lo que haya fallado fuera el amor propio. 
¿Cuál es el aprendizaje que tenemos que conseguir aquí? Si viésemos a través de sus experiencias y comprendiéramos lo que está pasando, nos daríamos cuenta que nuestra respuesta sería muy parecida a la que ha tenido. Por eso es necesario aprender a perdonar, a soltar tanto la cólera como a aquel por el que nos sentimos agraviados. Entender que esa interacción ha ocurrido para que tu aprendas algo en la vida.
Por lo tanto, el perdón es el mayor acto de amor y libertad que existe sobre la tierra. Quizá haya situaciones similares que se nos vuelvan a repetir. Pero, para ello, ya habremos tomado nota y sabremos a la perfección identificarlas y trascenderlas. Aceptar que nada ocurre por casualidad y que todo trae consigo un aprendizaje. Que debemos utilizar más el perdón en vez de nombrar la palabra de forma banal. El perdón nos da la libertad de sentirnos en calma con nosotros mismos y con aquello que nos rodea. No podemos vivir constantemente enfadados con todo lo que nos pasa. Poniendo un muro de ruinas delante, creyendo que nada nos va a afectar cuando va a derribarse tarde o temprano. Perdonar nos da alas, nos transforma.
Recuerda: Ser valiente es atreverse, atreverse a perdonarse, a perdonar y a amar.