lunes, 22 de abril de 2019

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China, por Paco Espejo

En este espacio que se me brinda me gustaría tratar sobre un tema que me interesa particularmente, sin ánimo de ser pretencioso me he propuesto ofrecer en estas líneas una visión sobre China y el cambio geopolítico que se está viviendo en la actualidad.
El mundo cambia a gran velocidad. Para 2050 la proyección muestra que la economía china doblará la de EE.UU. Esto nos lleva a la suposición de que China va a cambiar el mundo en dos formas: no solo va a pasar a ser la economía dominante desde una posición de estar en vías de desarrollo, cosa nunca vista hasta ahora, sino que además será la primera vez que el líder mundial no será occidental.
China es un país increíblemente antiguo. Como civilización fue coetánea del Egipto clásico, llegando el primer imperio chino a coincidir con el auge de Roma en occidente. Debemos entender que China es extraordinariamente diversa y que su concepto político más importante es la unidad. Para construirnos una imagen mental de la estructura de China y su continuidad temporal, sirve la analogía de una pervivencia actual del Imperio Romano.
Profundizando en el país debemos tocar su demografía. La mayoría de la población se siente parte de la etnia mayoritaria, Han, al contrario que las otras grandes potencias tradicionales (EEUU o URSS) que son más multiétnicas. Los Han creen en su propia superioridad cultural y moral y son bastante poco conciliadores con otras culturas que conviven dentro del mismo país. Obsérvese el hostigamiento a minorías tales como los tibetanos o musulmanes en la parte occidental del país.
Esta unidad étnica revierte en su estructura o visión política. El gobierno chino es visto como el guardián del espíritu y la civilización china, al contrario de nosotros los europeos empeñados en los cambios de gobierno y nuestra variedad ideológica. La forma en que se construye el poder en China es muy distinta de la europea; en Occidente creemos en la limitación de poderes mientras que los chinos tienen una visión patriarcal del estado y la familia, la antigua figura del emperador-valedor sigue muy presente pero transmutada en el Partido Comunista Chino.
Pero hemos de admitir que la razón por la que no comprendemos China es la superioridad moral y arrogancia que sentimos al observarla, dado que en los últimos 200 años occidente y nuestro modo de vida han dominado el mundo, y consecuentemente hemos intentado exportar ese modelo de vida a todos los rincones de él. Ahora vemos cómo el gigante asiático ocupa una posición hegemónica con unos valores bastante alejados de la democracia liberal. Occidente está perdiendo rápidamente su influencia en el mundo y como consecuencia el ámbito internacional nos está resultando progresivamente poco familiar.
Paradójicamente el mundo ha sido gobernado por un fragmento pequeño de su población, países democráticos y garantes de los derechos civiles, pero con la llegada de China, Brasil e India el poder mundial se ha “democratizado” realmente, ya que ahora reside en aquellas sociedades que concentran una mayor población. 
El mundo a nuestro alrededor está cambiando, las viejas alianzas se resquebrajan (OTAN, UE) y una nueva potencia ocupa un lugar preminente. ¿Sabremos adaptarnos?

Texto basado en “Out of Mao´s Shadow”, de Philip P. Pan, y “When a Billion Chinese Jump”, de Jonathan Watts.