lunes, 18 de marzo de 2019

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Cipión y Berganza sobre el mantenimiento del patrimonio protegido

El Coloquio de los perros es la Novela Ejemplar cervantina en la que aparecen Montilla y la Camachas, y da nombre a nuestra asociación. Sus protagonistas, dos canes, Cipión y Berganza, también pretenden serlo de nuestra revista. En cada número, a través de sus reflexiones y posturas en páginas centrales, uno a favor y otro en contra, iremos tratando temas de interés para nuestra sociedad. En esta ocasión, ladrando sobre la participación de las administraciones públicas en el mantenimiento y preservación del patrimonio protegido de propiedad privada.

Cipión: ¿patrimonio público?
Cánido amigo Berganza, qué desazón me provoca en mis paseos por esta ciudad a la que nos trajo nuestro amo D. Miguel el deplorable estado de muchos de los edificios patrimoniales que han dado a Montilla su nombre en la historia. Coincidirás conmigo en que el valiosísimo patrimonio arquitectónico de nuestra ciudad, otrora símbolos de la efervescencia cultural y religiosa de Montilla como capital del Marquesado de Priego, se ha deteriorado hasta tal punto que han desaparecido interesantísimos exponentes de la arquitectura civil y religiosa y del acervo artístico que esta ciudad ha atesorado a lo largo de los siglos.
Qué recuerdos trae a mi memoria, querido Berganza, el arco del desaparecido Convento de San Lorenzo, cuando se erigía en todo su esplendor plateresco; qué rabia me entra cuando contemplo desde la plaza de la Rosa la fachada de la monumental Tercia; qué añoranza ver que el campanillo de la Ermita de San José ya no tañe por miedo a que se la espadaña que llamaba a misa a los carpinteros del Cerrillo se desplome; qué impotencia se me infunde al ver cómo el palacio de los Duques de Medinaceli se ha abandonado a su suerte, a la del inexorable transcurrir de los siglos y se ha convertido en el blanco de las miradas de los numerosos visitantes que acuden a Montilla a conocer el principal exponente del Siglo de Oro montillano y asisten atónitos e incrédulos a su lamentable estado de conservación.
Ya sé que me reconcomen las pulgas cada vez que ladramos de esto, compañero, y cada vez que me recuerdas que muchos de estos edificios que te menciono son bienes de propiedad privada, como eran muchos de los que ya han desaparecido por el abandono de sus dueños y la falta de inversión en su protección y conservación. Pero yo, me pregunto pese a su carácter privado ¿acaso no forman parte del patrimonio cultural de todo un pueblo? ¿Acaso estos bienes patrimoniales no pertenecen sentimental e históricamente a la tradición cultural de la Montilla cuya historia han iluminado? ¿Acaso las administraciones públicas no tienen ningún tipo de responsabilidad en su protección, conservación, restauración y puesta en valor? ¿Acaso no existen mecanismos de enajenación de bienes y expropiación de la propiedad privada en favor del bien común y colectivo?
Tenemos un magnífico ejemplo con la adquisición del Castillo del Gran Capitán por parte del Ayuntamiento de Montilla en 1998, momento hasta el que estuvo en manos privadas. ¡Quién sabe qué habría sido del imponente alhorí que moldea la silueta de nuestro pueblo desde leguas de distancia! Las administraciones públicas, que se financian con los impuestos que todos pagamos, deben tener un compromiso moral, cuando no jurídico, firme y decidido con el sostenimiento y la preservación de aquellos bienes individuales que han formado parte de la Historia para que pervivan en el tiempo y no solo en el imaginario colectivo. No solo existen argumentos éticos que avalan esto que digo, inseparable Berganza, sino también de interés turístico y, por ende, económico. ¡Menuda imagen ofrecemos a los visitantes! Perdimos los Arcos de la Puerta de Aguilar, que no tenían valor artístico, pero eran y siguen siendo una de nuestras señas identitarias, si no la única, que mayor añoranza inspiran a los montillanos. Que no caigan en el olvido de ayuntamientos, diputaciones, juntas y gobiernos el Palacio, la Casa de Teresa Enríquez, la Ermita de San José, lo poco que queda del Arco de San Lorenzo, la Tercia y otros tantos edificios singulares degradados por la inacción y la pasividad de la res publica.
Berganza:¿patrimonio privado?
Querido Cipión, compartimos el lamento por el deterioro que el patrimonio cultural y artístico de nuestra Montilla viene sufriendo desde hace años. En España, tradicionalmente la intervención y conservación del patrimonio se decidían en los despachos de los técnicos de la administración y se financiaban a través de las agencias gubernamentales correspondientes. Y los resultados de este modelo de gestión pública del patrimonio están a la vista: lamentables; especialmente después de los años de recortes presupuestarios consecuencia de la crisis económica.
Este modelo ha funcionado medianamente bien para grandes obras artísticas y monumentos que constituyen un reclamo turístico y, por tanto, un activo económico para la administración.  Sin embargo, ¿qué ocurre con el patrimonio pequeño? Muchas veces es de titularidad privada, fruto de herencias familiares; de manera que el propietario actual del monumento no tiene acceso a capital para restauración completa. Este tipo de patrimonio presenta peor estado que los grandes clásicos (catedrales, palacios, grandes obras públicas, etc.).
Pero el patrimonio cultural es mucho más que los grandes monumentos. Hoy en día, el patrimonio histórico, artístico y la cultura pasan a entenderse como todas las manifestaciones o modos de vida que caracterizan a un pueblo. Esta riqueza no está tanto en un valor monetizable o reclamo turístico, sino porque constituyen referentes identitarios, lugares de memoria y espacios de sociabilidad para las comunidades locales. Y en estos espacios de memoria pequeños y fragmentados sí que tenemos un problema grave y urgente de conservación y restauración del patrimonio. Y son las administraciones las responsables del mal estado, por su inacción o falta de conciencia.
Por todo ello y en paralelo al auge del concepto de Memoria Histórica como herramienta para configurar la identidad y fijar el acervo cultural, ocurre que la gestión del patrimonio debe pasar de gestionarse desde arriba hacia abajo; desde lo público a un modelo de iniciativa local. Es decir, desde abajo hacia arriba; gracias a la movilización ciudadana, la toma de conciencia de la importancia de los recursos culturales y la financiación privada. Para ello, una adecuada Ley de Mecenazgo sería clave en el fomento de la colaboración de PYMES, voluntarios y asociaciones privadas de diferentes tipos.
Como ejemplo, la ciudad de nuestro padre, D. Miguel de Cervantes. Su bella Universidad Cisneriana Complutense estuvo en ruinas tras la Desamortización de Mendizábal y la respuesta de la administración fue intentar venderla a un magnate estadounidense a precio de saldo. Los ciudadanos de Alcalá de Henares crearon la Sociedad de Condueños, poniendo dinero de su bolsillo y adquirieron el edificio. Lo conservaron privadamente durante 150 años hasta que en 1977 se creó la nueva Universidad de Alcalá y el edificio retomó su uso como Universidad. He aquí un ejemplo de iniciativa privada exitoso.
Amigo Cipión, para preservar los monumentos montillanos que enumeras con cariño y nostalgia, la iniciativa ciudadana y la financiación privada a escala local o comarcal son fundamentales para ejecutar intervenciones donde las Administraciones no pueden o no quieren llegar. En último término, la gestión privada puede hacer que el legado cultural, histórico y arquitectónico de una localidad se pueda convertir en un bien para los municipios y conseguir un desarrollo sostenible a largo plazo en la explotación de los recursos patrimoniales.