domingo, 11 de noviembre de 2018

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Mimoun, de Rafael Chirbes, por Paco Espejo

Al consultar un diccionario online nos traduce del árabe “Mimoun” como el creyente o él que tiene fe. En el libro Mimoun es el nombre de un lugar, se refiere al pueblo donde tiene lugar la historia, pero es también el rumor de la creencia que aporta el aire angustioso que rodea a todo el libro.
Rafael Chirbes entró en el mundo de la literatura con esta, su primera novela, que nos traslada a los alrededores de Fez; en ella un profesor de español decide aceptar una plaza en la universidad de la citada ciudad con el motivo de avanzar en su novela. Tras un tiempo viviendo en la misma Fez decide mudarse a un pueblo de los alrededores para tener más tranquilidad; una vez en Mimoun, el pueblo, el tono de la narración se vuelve bastante más agobiante y opresor, que caracteriza a esta novela.
El profesor que parecía buscar un paraíso se encuentra vagando por un desierto, más movido por los hilos de sus debilidades que por su propia voluntad. En el libro la climatología y el paso de las estaciones se convierten en un personaje principal que ayuda a conducir el desconcierto que reina en la historia. Marruecos se hace casi el protagonista, ya que geografía, clima y gente envuelven como una opresora mortaja al narrador-protagonista, Manuel.
A la hora de buscar algún referente o parentesco con otras obras, nos lleva indudablemente a Camus y su “Extranjero”; el protagonista muestra a lo largo de la obra esa indiferencia a la realidad, al resultarle esta inabordable, y por lo tanto absurda, no siendo hasta el final de la narración donde Manuel toma metafóricamente “la sartén por el mango”, a diferencia del clásico del franco-argelino.
Con Mimoun se nos muestra un relato absorbente que nos hará ponernos en el difícil pellejo de este profesor, en un viaje a la degradación personal y pérdida de auto orientación. La vieja ciudad marroquí, con su decadente pasado colonial, se vuelve un agente opresor que juega un papel principal.
Volviendo a la similitud entre ambas obras, observamos que la apatía hace de Manuel un antihéroe que se entrega a la vida sin oponer la menor resistencia; el hombre es vencido por el ambiente y, en este caso, Manuel es devorado por Marruecos. Su persona se va diluyendo en el ambiente de los bares del zoco, las casas tradicionales y en los brazos de los habitantes del país; él se hace marroquí por así decirlo.
La originalidad y gran atractivo de la novela es, a mi parecer, el proceso de todo lo descrito anteriormente, pasar de un profesor que quiere escribir un libro al hombre que acaba escapando del reino alauí. Sirva como advertencia que no será un libro feliz y puede hasta resultar sofocante para algún lector aprensivo, ya me lo han reprochado, pero valdrá la pena.
Nacido en un  pueblo cerca de Valencia, Chirbes era huérfano de padre, estudia en Madrid y luego vive en multitud de lugares, entre ellos Marruecos. Allí recibirá la inspiración para crear esta obra publicada en 1988 que da inicio a un universo literario que se cerró con su fallecimiento en agosto de 2015. Se le ha tenido por una pieza fundamental de la escena literaria española que nos dejó, entre otras grandes obras, aparte de la ya mencionada, “Crematorio” o “La larga marcha”.
Escribió Paul Bowles, el escritor que encontró en Tánger su inspiración, en "El cielo protector": El alma es la parte más cansada del cuerpo. Y ese es el sabor de boca que te deja el libro, usando a Marruecos como catalizador nos habla del cansancio espiritual de vivir.