viernes, 2 de marzo de 2018

Filled Under:

¿Productos ecológicos?, por Cipión

Querido Berganza, anteayer acudí a la plaza de abastos buscando pitracos y mi habitual hueso de jamón y, nada más hacer la ronda por sus diversos puestos, una gran confusión me embriagó: comprobé estupefacto una harta retahíla de letreros apostados donde los cestos de frutas, verduras, carnes, pescados, lácteos, pastas y legumbres donde reza lo siguiente: “ecológico”, “biológico”, “natural”, “orgánico”, “sostenible”, “artesanal”, etc. Preguntado el tendero de turno sobre el significado de tales términos y la diferencia con el producto convencional o industrial me respondió: “¡El producto de siempre pero mucho más caro!, ¡A la gente ahora le ha dado por esto!”.
Asumiendo que el tendero simplificó mucho su respuesta y que alguna bondad ha de aportar el producto ecológico, me toca ahora, mi querido Berganza, romper una lanza a favor de los productos convencionales o industriales, entendidos como aquéllos en los que se utilizan productos fitosanitarios o antibióticos o hay algún añadido o intervención no natural para su producción.
Pues bien, ciertos estudios demuestran que no hay relación entre cómo se ha cultivado el alimento y su sabor final. Para no alterar el sabor es más importante elegir el correcto momento de maduración o recolección del producto, por lo que los alimentos tradicionales pueden saber igual de bien que los ecológicos. Otros estudios indican que los productos ecológicos no son nutricionalmente más relevantes que los convencionales o industriales: sobre la base de una extensa revisión de los estudios sobre este tema desde 1958, publicada en 2009 en The American Journal of Clinical Nutrition, los expertos concluían que no hay evidencia clara de que existan diferencias en la calidad de los nutrientes entre alimentos ecológicos y alimentos convencionales, sin olvidar que los productos ecológicos también tienen riesgos, sobre todo de contaminación bacteriana.
Una de las contaminaciones más masivas ocurrió en Estados Unidos, donde se detectó un brote infeccioso por el consumo de espinacas ecológicas contaminadas; se concluyó que pudieron haber sido abonadas con estiércol de animales.
En relación a las críticas sobre los productos transgénicos, al ser relativamente nuevos, pasan bastantes más controles que otro tipo de productos, por lo que su producción está más controlada que cualquier producto ecológico cuya trazabilidad depende de la honestidad del productor local de turno, lo cual puede derivar en fraude si no se ponen mecanismos como entidades de certificación que acaban encareciendo el producto ecológico aún más.
Muchos de los pesticidas usados en productos industriales o convencionales están totalmente legalizados, y se ha comprobado que no son tóxicos para los seres humanos; todo depende de la dosis y el uso. No hay que olvidar que los cultivos ecológicos también usan ciertos tipos de pesticidas. La alimentación está relacionada con la tecnología, por tanto, al comprar productos ecológicos renunciamos al avance científico que pueden conllevar.
Otra ventaja de los productos industriales o convencionales, mi querido Berganza, es que están al alcance de más bolsillos que los ecológicos. Con la crisis muchas familias han tenido que reducir su presupuesto para comida y conformarse con el mejor producto que su bolsillo pudiera permitirse. Amén del creciente problema de la superpoblación en el mundo. Las proyecciones más recientes de las Naciones Unidas esperan que la población mundial llegue a 9.000 millones de personas en 2050. Para proveer suficiente comida para toda esta gente, la única manera de intensificar y aumentar la producción de alimentos es mediante el progreso de las biotecnologías, que permiten elaborar productos genéticamente modificados de manera que sean más productivos, más nutritivos o más adaptados a determinadas condiciones climáticas. Esta tendencia, mi querido Berganza, si bien no deseable, es imparable.