lunes, 5 de marzo de 2018

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¡Productos ecológicos!, por Berganza

Querido Cipión, en los tiempos en que nosotros vivíamos en el Matadero de la Puerta de la Carne de Sevilla, los humanos pasaban hambre y miseria. Solo los ricos tenían reses para llevar al matadero y el vulgo esperaba que algunas piezas menores, los menudillos o las criadillas que los señores no querían, fuesen repartidos entre la plebe. Por entonces, los humanos comían para alimentarse y tener fuerzas para dejarse el lomo trabajando los campos de su señor. No había abundancia de comida porque las cosechas dependían del tiempo, las lluvias y la voluntad del altísimo.
Eso terminó. Los humanos han creado toda una industria de campos, granjas, fábricas y grandes mercados donde hay todo tipo de alimentos y falta de nada. Ahora los humanos ya no cultivan su propio huerto pequeño y no tienen animales en sus casas, sino que lo compran todo en los grandes mercados. Pero, además, los humanos quieren que la apariencia de los alimentos sea limpia y pulcra, sin manchas ni defectos; que los alimentos duren mucho, que sean baratos y, a veces, que ya estén pre-cocinados, para no perder tiempo en la cocina.
Y claro, cumplir todos estos requisitos no es natural. Los alimentos caducan, tienen una vida limitada y los humanos luchan contra eso adulterándolos con aditivos varios: conservantes, colorantes, estabilizantes, sal, azúcar y grasas para potenciar el sabor y dar una bonita apariencia.
Además, los seres humanos tienen otras dos curiosas características. En primer lugar, hay millones de ellos que viven en zonas muy pobres y no tienen comida para todos. Incluso en zonas ricas, siempre hay personas que no tienen acceso a la comida. En segundo lugar, en estas zonas ricas hay superabundancia de alimentos y no comen solo para nutrirse y cubrir sus necesidades fisiológicas; sino que comen por placer, ingiriendo solo a su capricho, sin pensar en lo que su cuerpo requiere realmente. Incluso llegan a enfermar por la gran cantidad que comen. Así que tenemos humanos muy gordos, que comen demasiado y demasiado mal y; por el contrario, otros con enfermedades por no ingerir los nutrientes adecuados, a consecuencia de contaminaciones o por enfermedades causadas por alimentos adulterados. 
Los seres humanos de hoy en día viven en constante preocupación por organizar su tiempo al máximo, por obtener la máxima productividad de todo. Y así, querido Cipión, los humanos han preferido ganar tiempo en la cadena de la alimentación; ya no pierden tiempo en cultivar la tierra o cocinar. A cambio, han sacrificado la calidad de los alimentos. Han ganado cantidad, precio y disponibilidad de comida pero se han olvidado de la Nutrición de sus cuerpos.
Y viendo esas formas de ultra-procesado de los alimentos y la manera de comer de los humanos; creo que entiendo perfectamente que una minoría de ellos (todavía pocos pero en número creciente) estén dispuestos a pagar un poco más por comer alimentos sanos, con la menor manipulación posible, con menos aditivos, que provengan de granjas limpias, que no empleen fertilizantes o insecticidas tóxicos, con garantías de su calidad…
Les llaman productos ecológicos para distinguirlos, pero; ¡estos deberían ser los productos normales! Sea como sea, alimentos que respeten los ciclos y procesos naturales y que alimenten de verdad.