viernes, 15 de septiembre de 2017

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¡Buen camino!, por Javier Ruz Cerezo

Este verano he decidido destinar parte de mis vacaciones a hacer el Camino de Santiago. Siete etapas (jornadas) que comenzaron en Ponferrada (León) y terminaron en la Plaza del Obradoiro, donde se ubica la Catedral de Santiago de Compostela, destino final de todo peregrino. Algo más de 210 kilómetros caminando, siguiendo la famosa flecha amarilla, discurridos por aldeas poco pobladas o semi-abandonadas, riberas de ríos, bosques idílicos que bien pudieran servir para inspirar cualquier cuento de hadas, caminos de terracería y tramos de carretera comarcal (los menos).
Este artículo no pretende contar mi experiencia personal ni el poder del Camino como mecanismo de ayuda a la reflexión en general. Creo que sería más útil para el lector relatar una serie de curiosidades entrelazadas en batiburrillo con el fin de animar a aquéllos que aún dudan de si hacer o no el Camino.
Empezando por lo obvio, existen varios caminos (Francés, Norte, Vía de la Plata, Primitivo, Portugués, Inglés, etc.) que desembocan en la Catedral de Santiago. Algunos de ellos continúan hasta Finisterre o Mugía, destino último de algunos peregrinos que hacen el Camino por motivos distintos al puramente religioso o que se sienten con energía de continuar viendo parajes de ensueño: tendencia en alza sobre todo para gente joven extranjera. En el Camino Francés confluyen la mayoría de las vías medievales de peregrinación europeas; es el Camino de mayor relevancia histórica y el más seguido por los peregrinos y se caracteriza por su variedad paisajística y su extraordinaria riqueza monumental. No obstante, dependiendo de la época del año puede estar muy masificado, aunque también abundan las opciones hosteleras y es más cómodo si se decide hacer el Camino en grupo numeroso o para personas de mayor edad no muy acostumbradas a realizar ejercicio físico de manera rutinaria. El Camino del Norte recorre la costa cantábrica y es muy aconsejable para aquéllos que practiquen senderismo por la belleza paisajística y dificultad de los emplazamientos.
En el plano físico, para un Camino a pie, huelga decir la importancia de un buen calzado; se recomienda que sea especializado para la práctica de senderismo ya que es mucho mejor que cualquier zapatilla deportiva con la que solamos salir a correr o a andar. Si el presupuesto lo permite, se aconseja ropa técnica adaptada a la época del año y condiciones meteorológicas. No obstante, en verano se aconseja llevar un chubasquero y algo de abrigo para combatir el fresquito mañanero y nocturno. Lo más importante es ir y sentirse cómodo por encima de estética alguna. Aun así, las ampollas son inevitables. Se recomienda llevar un kit simple de aguja y mechero para pinchar y vaciar el líquido y unos parches especiales que protejan la piel y ayuden a regenerarla. Al final de cada jornada se recomienda aplicar hielo en las rodillas y otras articulaciones y cremas con efecto analgésico, antiinflamatorio y rubefaciente que ayuden a la recuperación para el día siguiente. Una buena cena también ayuda y refuerza la idea de irse a la cama con el deber cumplido.
Antes de salir no olvides tramitar y obtener tu credencial del peregrino que tendrás que ir sellando como mínimo dos veces al día (a la salida y a la llegada) sin perjuicio de sellar en los tramos intermedios de cada jornada por cada capilla, iglesia, albergue o bar por el que se vaya pasando. Esta credencial te servirá para que te expidan la Compostela (o Compostelana) en la oficina de atención al peregrino de Santiago si hemos recorrido los últimos 100 kilómetros a pie o 200 en bicicleta.
Hay mucha información sobre el Camino en internet pero una de las webs más fiables y que aportan mejores contenidos y programación de etapas es www.gronze.com. Estoy a vuestra disposición para cualquier consulta en javiruz@yahoo.com