domingo, 4 de junio de 2017

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Malditos bugstardos, por David Luna

Cuando nos ponemos a jugar delante de nuestro ordenador (o consola) vamos a disfrutar de nuestro hobby favorito, ya sea para desconectar, echar unas risas con los amigos, desfogar la “mala leche” de una cruel jornada diaria o simplemente divertirnos sin más. Y la gran mayoría de las veces lo conseguimos, pero otras…, ese rato puede convertirse en un verdadero quebradero de cabeza. Cuanto todo funciona bien es maravilloso, pero eso no es lo que está pasando últimamente en la industria de los videojuegos ni de lejos. Nos están vendiendo juegos incompletos, llenos de bugs (bicho en inglés, referido a fallos informáticos) y que no han sido bien testeados; para qué, si el que compra ya hace de tester y ya, si eso, irá publicando los fallos que encuentre y la desarrolladora ya, si eso, lo arreglará (algún día), pero tú ya has pagado y ellos se lo han llevado calentito.
Vamos a retroceder en el tiempo para hacer un poco de historia. Los primeros videojuegos a los que pudimos jugar, ya sean en cinta de casete, en cartucho, en diskette, en DVD… venían en formato físico, los podías tocar, traían un bonito manual que te explicaba las teclas, una caja y una carátula que, aunque muy originales y espectaculares, exageraban la experiencia del juego hasta lo absurdo. Cuando ibas a la tienda adquirías un producto que te llevabas a casa y que podías tener en una estantería. Lo instalabas y jugabas, sin problemas, luego ya vendría la decepción de si no era lo que uno esperaba o el gozo de haber comprado algo a lo que le ibas a dedicar horas y horas de tu tiempo. No había internet, por lo que no podíamos mirar un gameplay en YouTube antes de comprar, así que lo que hacíamos era leer revistas especializadas, ver el juego en casa de un amigo o simplemente te dejabas guiar por esas carátulas y por tu instinto de jugador. Normalmente todos los juegos tienen bugs, pero no todos los bugs te impiden jugar ni destrozan tu experiencia de juego. Además, como no había internet, las desarrolladoras debían sacar el producto completo y probado porque una vez que se sacaba ya no había manera de arreglarlo vía parche o actualización; eran otros tiempos.
Ahora pasamos a ver la situación actual, que no es para nada alentadora. En este momento comprar un juego el mismo día de salida es un deporte de riesgo. Muy pocos se salvan de la quema (pero pocos, pocos), y estamos hablando que un videojuego es un artículo caro y que debería tener las mismas garantías que si compramos una tele o una lavadora, es decir, si viene defectuosa la puedes devolver. El problema puede ser debido a las prisas, al miedo a la piratería, a un afán recaudatorio desmesurado, o a la ausencia de empatía con el cliente por parte de la industria.  Sea lo que sea, el que paga es el que pierde.
Vamos a relatar una serie de problemas con los que se encuentran los sufridos gamers de hoy en día. Digamos que quieres comprar un juego que has oído que sale tal día y debido a la publicidad te ha creado un hype descomunal (altas expectativas de un producto). Pues bien, si lo compras en formato físico comprobarás frustradamente que de físico tiene muy poco ya que en tu ordenador no se cargará el juego completo y necesitas internet para descargar el 100% y para la actualización que vendrá de salida para arreglar fallos detectados (sí, ya el primer día viene con problemas). Entonces ya no hay diferencia entre la descarga digital y el juego en físico, con lo que no tiene sentido ir a la tienda como antiguamente. Otro problema es que si no tienes internet no podrás jugar, ahora se llevan los juegos en los que tienes que estar permanentemente conectado; es una manera de evitar la piratería, pero te vas a fastidiar cuando se caiga el servidor y no se grabe la partida o no se active el logro que habías conseguido, a la par que olvídate de jugarlo en el campo o en la casa de tu primo que no tiene wifi.
Hablando de piratería, todos los juegos importantes (los llamado triple A) vienen con protecciones antipirata muy intrusivas, el famoso denuvo; eso significa que en tu ordenador se instalará “algo” que no sabrás qué es ni lo que te está haciendo (como si fuera un virus), y eso muchas veces da problemas en algunas configuraciones de ordenadores (los piratas, paradójicamente, no los tendrían ya que su juego no vendría con la protección anticopia y pueden jugar felizmente, por lo cual lo que se está haciendo es penalizar al consumidor legal, al que paga).
Pero bueno, si después de todo esto el juego viniera en condiciones y la experiencia fuera satisfactoria podríamos pasarlo por alto, ya que los jugadores lo que queremos es jugar y en demasiadas ocasiones esto no es posible. A veces el juego o no da unos FPS (frames por segundo) aceptables o directamente son inestables y en determinados momentos del juego la pantalla sufrirá ralentizaciones que pueden llegar a hacerlo injugable. Otras, aunque el juego esté bien gráficamente, se cae a trozos por la cantidad de bugs que tiene. No me refiero a un error que hace que el personaje se caiga al vacío y muera; hablo de bugs que te impiden continuar misiones, grabar partidas, matar un enemigo, quedar atascado en el mapa, que tus ítems directamente desaparezcan…
Un apartado especial son los fallos en nuestros amados ordenadores, desde crasheos, imágenes congeladas, salidas al escritorio, sobrecalentamiento y, cómo olvidarlo, nuestra querida pantalla azul de la muerte de Windows. Eso sin contar el enorme tiempo que pierde un “pecero” en configurar bien algunos juegos para que funcionen correctamente en sus equipos.
Como veis, jugar no siempre es un acto agradable, a veces los gamers no somos tan felices como parecemos, sufrimos y mucho. Pero al igual que uno se cae y se levanta, volveremos a comprar juegos carísimos sabiendo que vendrán rotos, que estarán incompletos, y cuya publicidad sabemos que nos está engañando… ¿Por qué? Porque los jugadores estamos hechos de otra pasta, somos tipos duros y no tenemos miedo. Mi nombre es David y esto es Jackass.