domingo, 9 de octubre de 2016

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Teruel, una ventana abierta al mundo; por Ofelia Ara Rouse

En 1983 sale el primer número de la revista Turia, editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputación Provincial de Teruel. Y aunque el origen de esta revista nos pueda provocar cierto escepticismo porque temamos que sea demasiado académica y hecha por y para estudiosos con deseos de publicar sus estudios pero sin un público con deseos de leerlos (al menos yo, a estas alturas, suelo ser escéptica ante todo lo que sale a la luz desde la res publica, entendido como lo oficial e institucional), nada más lejos de la realidad porque nos encontramos ante uno de los mejores escaparates para la difusión de la literatura y pensamiento actual.
Las secciones son fijas, unas de reseñas exhaustivas de libros próximos a publicarse, ya sean novedades como reediciones – Letras – y otras de breves pinceladas de otros libros – Torre de Babel -. Si no sabemos qué leer en breve, cerca de cincuenta libros comentados aquí es más que suficiente para encontrarlo. Taller está dedicada a que podamos escuchar la voz de los propios autores, al igual que la sección de Poesía, aunque ésta también tiene un breve análisis de algún poeta. La sección de Pensamiento ofrece un artículo o bien un capítulo de un libro de alguien que hace un análisis de la realidad y circunstancias actuales. Cartapacio es el centro de la revista, tratando de la obra de un escritor de manera profunda, con numerosos artículos de opinión, reseñas, semblanzas personales y bioblibliografía. Conversaciones introduce la parte más dinámica, pues son dos entrevistas a personas del mundo de la cultura con cualquier forma de expresión. Y por último tenemos La Isla, Sobre Aragón y Cuadernos turolenses, que sí suelen ser textos más académicos pero muy digeribles enfocados a la literatura e historia regional y local pero siempre con una proyección amplia.
Como ejemplo, a través del número actual de Turia nos acercamos al pensamiento de David Le Breton con un artículo suyo sobre la identidad contemporánea, donde analiza nuestro lugar en el seno del vínculo social y cómo la ruptura con este vínculo nos aísla pero también nos enfrenta a nuestra libertad. El autor explica que llama “estado de blancura” al estado de ausencia provocado por la dificultad de ser uno mismo; responde al sentimiento de saturación, de hartura, que experimenta el individuo. En un mundo hipercomunicado realmente estamos descomprometidos. Necesitamos la presencia de los demás pero también su alejamiento. Interesante idea la de que la libertad que nos ha dado el contexto democrático en el que vivimos nos cueste asumirla por falta de referencias y medios simbólicos.
El plato principal del número 117-118 (doble) de la revista es la aproximación a la obra del escritor zaragozano José María Conget. Descubrimos, a través de varios artículos, a un escritor subjetivo, cinéfilo, aferrado a la memoria y a los recovecos del pasado (no en vano dice que le aterra el futuro porque allí no le espera nadie). Incluso hay un texto suyo, al igual que otros textos inéditos que nos ofrece Turia, de los que algunos serán publicados en breve; encontramos escritores como Begoña Garayoa con su “Acércate y al oído te diré adiós”, un texto divertido y con final sorprendente, utilizando un formato de anuncios por palabras de un periódico. No falta una interesantísima entrevista al escritor de culto que es Enrique Vila-Matas en la que, además de hablar de su nuevo libro, hace un repaso implacable por el panorama cultural en general, lamentando, cómo no, el problema que arrastra España de educación y cultura.
Este número de El Ladrío que tenemos entre las manos está dedicado al libro. ¿Es adecuado recomendar una revista dentro de otra si estamos hablando de libros? Tratándose de Turia, no hay mejor forma de acercarse a ellos que leerla, empaparse de cada una de sus quinientas páginas -número doble, como he dicho antes-, no solo por su contenido, sino también por su cuidada edición, y disfrutar de lo que Teruel nos ofrece. Su lectura es siempre un placer. Y, tomando prestado lo que hace poco recibí por email como parte de una cadena poética, leeré de nuevo lo que dice Samuel Johnson sobre la literatura, que es una especie de luz intelectual que, como la luz del sol, nos permite ver tanto lo que nos gusta como lo que no. Pero, ¿quién desearía escapar de objetos sin encanto condenándose a la oscuridad perpetua? Turia es como esa luz del sol.