viernes, 12 de agosto de 2016

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Fuera de quicio, por Ofelia Ara

Dice Antonio Muñoz Molina que la lectura es una ventana y también un espejo. Y resulta difícil haberse asomado a esa ventana, querer contar lo que se ha visto y no desvelar la sorpresa que encontramos dentro. Ahora se avisa a menudo que lo que continúa contiene spoilers, es decir, que se va a destripar uno de los elementos importantes de lo que se recomienda que leamos o veamos. Así que, posible lector, avisado quedas.
Jacques Lacan definió la teoría del “estadio del espejo” como una fase del desarrollo psicológico del niño donde es capaz de percibir su imagen corporal. En esta fase empieza la formación del yo. Pero ¿qué ocurriría si ese espejo es un primate no humano?
La protagonista y narradora de “Fuera de quicio” formó parte de un experimento científico en su infancia al adoptar sus padres una chimpancé de su misma edad. Y esa es la primera parte del libro, su formación como persona desde un punto de vista psicológico, su adquisición del lenguaje y el progreso en la comunicación entre ella y el chimpancé y de ellas dos en relación a los demás. Cómo el instinto y la emoción constituyen la base de las decisiones que toman las personas, al igual que otros animales, pero, a su vez, cómo el lenguaje tiene efecto en nuestros recuerdos, pues simplifica y fija el pasado, a diferencia, aparentemente, de esos animales. La niña y la chimpancé se igualan y a la vez se diferencian, lo que deviene en una historia apasionante de la formación de nuestra personalidad en la infancia. Pero, incomprensiblemente, nadie tuvo en cuenta la parte sentimental de esa relación. Las dos se consideran hermanas y, cuando el experimento llega a su fin, las consecuencias para ambas y para toda la familia serán devastadoras y condicionará todo su futuro.
Con este planteamiento se llega al segundo tema del libro que, al fin y al cabo, parece el objetivo de la escritora. Y es el aspecto ético del uso de los animales en experimentos científicos. Sin olvidar que gran parte de la narración transcurre en 1979 y que la situación es bien distinta hoy en día, el libro es un alegato en favor del derecho de los animales a ser tratados de una manera digna. Terreno espinoso donde los haya, cercano a nosotros por la incomprensión que hay entre cazadores y no cazadores y entre partidarios de la tauromaquia y los que no. Si además entramos en la legitimidad de la experimentación con otros animales se abre una discusión sin fin. Porque la experimentación no solo tiene fines médicos, en la industria cosmética es todavía muy importante la investigación con pruebas sobre animales. Pese a ello, ha habido una gran evolución en este tema. Por ejemplo, en 1993 se fundó el Proyecto Gran Simio que reclamó una extensión del igualitarismo moral que incluyera a todos los grandes simios.
Podemos decidir si aceptamos o no que los animales estén hasta ese punto a nuestro servicio pero, al menos, con consciencia de las condiciones en las que se hace. Como en tantos aspectos de la vida, el problema no es el fin a conseguir sino el medio de obtenerlo y si verdaderamente vale la pena. Por cierto, la chimpancé se llama Fern y un día es capaz de expresarle a su hermana humana: “yo soy tú y tú eres yo”. Ni más ni menos.

Fuera de quicio
Karen Joy Fowler.
Ediciones Malpaso. 2016.