sábado, 25 de abril de 2015

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Qué será lo que tiene el sudeste asiático, por Daniel Viera

Os escribo desde Palawan, una alargada y tropical isla a la deriva en el Pacífico, a mitad de camino entre el archipiélago filipino y la isla de Borneo. Aquí estoy dando comienzo a mi paso por Filipinas, que durará 4 semanas; a la vez que finalizando una etapa del viaje que durante 5 meses me ha llevado por todos los países del Sudeste Asiático (exceptuando las diminutos y remotos Brunei y Timor Oriental). Por orden de visita estos fueron Tailandia, Laos, Vietnam, Camboya, Myanmar, Malasia, Singapur, Indonesia y, por último, Filipinas. ¡Casi nada, no me quejo!
El dicho “Same same, but different”, popular entre turistas y locales de esta región, es totalmente cierto. Estos países tienen muchas semejanzas y diferencias a partes iguales. Bajo mi punto de vista, el elemento común más recurrente son sus verdes paisajes rurales. Con las omnipresentes plantaciones aterrazadas de arroz, repletas de palmeras cocoteras, personas sonrientes labrando el campo y con algún que otro búfalo aliviando el calor en una poza de agua. ¡Todo un clásico! Es la escena que para mí resume los muchos cientos de kilómetros recorridos por estos 9 países. Pero, a su vez, como apuntaba, son muchos los elementos diferenciadores que hacen de cada uno de estos países, e incluso de sus diferentes regiones e islas, un mundo diferente. Varían, en cada caso, la religión predominante, las etnias, las lenguas, los alfabetos, la comida, los sistemas políticos, la historia, la naturaleza y un largo etcétera... Lo cual hace que los atractivos turísticos sean muy diferentes de un lugar a otro, haciendo que el Sudeste Asiático tenga una diversidad y riqueza difícil de igualar en otras zonas del planeta. ¡De contar también con desiertos y alta montaña, podríamos decir que lo tendría casi todo!
Solo la mala suerte de haber saltado de un país a otro al compás que avanzaba hacía el este la temporada de lluvia, lo cual se traduce en muchos días pasados por agua y haberme quedado sin ver/hacer alguna que otra cosa, ha hecho que mi paso por el Sudeste Asiático no haya sido perfecto. Podría extenderme de manera infinita contando lo mucho y bueno que descubrí en cada país, pero como no quiero robaros vuestro tiempo en demasía, a continuación destacaré lo mejor de cada uno de estos países: de Tailandia destacaría sus playas tropicales con aguas de color esmeralda; de Laos, sus extensos arrozales rodeados de montañas cársticas y regados por los afluentes del Mekong; de Vietnam, el país más rico en diversidad y uno de los que más me complació, me quedo con su gastronomía y el buen ambiente de ciudades como Ha Noi y Hoi An; de Camboya, lo tengo claro, pese a las hordas de turistas, lo mejor son los templos de Angkor Wat; de Myanmar no sabría qué elegir, es el más especial de todos, es simplemente único tanto en la grandeza de lugares como Bagan, como en la sencillez de una mujer que cubre su cara de thanaka para protegerse del sol; de Malasia, la multiculturalidad y amabilidad de sus habitantes; de Singapur, su arquitectura vanguardista; de Indonesia, muchas cosas, pero me marcaron especialmente sus volcanes, que son de otro mundo; y de Filipinas, por lo poco que llevo, diría que la herencia española, sobre todo en su lengua, ¡aunque lo que más promete son sus playas!
Todo ello, unido a unos precios muy asequibles para el visitante, mucho más bajos que en África, Latinoamérica y el resto de Asia (exceptuando India y Nepal), hacen del Sudeste Asiático el lugar mochilero por excelencia. En lo que atañe a mi presupuesto viajero, os cuento que mi paso por el Sudeste Asiático me ha ayudado a mantenerme en los 20 euros diarios que me propuse en mi salida, hace ya 9 meses. Los bajos precios de la comida, alojamiento y transporte (terrestre y marítimo) han ayudado mucho a contrarrestar los vuelos que he tenido que coger por necesidad geográfica o política, y los visados, en ocasiones muy costosos, oscilando entre los 60 euros de Vietnam y 30 de Laos o Camboya, y la gratuidad de países como Malasia y Tailandia.
En tres semanas, habiendo ya visitado Filipinas, aterrizaré en una invernal y gélida China para recorrer un poco del Lejano Oriente antes de despedirme de Asia. ¡Podéis seguir esta aventura día a día a través de los perfiles sociales del blog Universal Traveler!