sábado, 31 de enero de 2015

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Éxito, por Alba Delgado Núñez

Hay muchas personas que dicen que quieren tener éxito. Pero, ¿qué es el éxito? Hay quien cree que tener éxito es vivir en una mansión, tener un yate y muchas mujeres alrededor. Otros piensan que es ir a trabajar en traje, con un maletín en una mano y poseer un coche de alta gama. Bueno, en realidad, eso es tener dinero. Todo el mundo quiere tener dinero. Aunque sea para poder hacer algo más que subsistir.
El éxito consiste en otra cosa, consiste en marcarse una lista de objetivos y llegar a ellos de la manera más satisfactoria. La suerte, lo que la gran mayoría cree que es llegar a la meta, reside en la constancia. Empieza ya, con lo que tienes. Haz lo que puedas, con lo que tengas y donde estés. No hay excusa para tener excusas. Es el momento de dejar de hablar de propósitos y empezar a celebrar logros. Porque es duro fracasar, pero es más duro no haberlo intentado nunca. Quedarse en el "yo siempre quise..." ¡No! "Yo no tengo habilidad para..." ¡Tampoco! Como dijo Albert Einstein una vez: "Todo el mundo es un genio, pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar a los árboles creerá toda su vida que es un idiota".
Para empezar, lo que hay que cuestionarse es ¿Qué es lo que quieres hacer? ¿Hasta dónde quieres llegar? ¿Qué necesitas para conseguirlo? En esta última pregunta es donde siempre surgen las dudas. Todo lo que necesitas es tu mente. Una idea. Un plan. Y creer que realmente eso es lo que se quiere. Da igual lo que otros digan, da igual lo oscuro que se pinte. Si vas a por ello, ganarás de una manera u otra. La habilidad se crea con horas y horas de trabajo y esfuerzo. Y, eso sí, paciencia. La vida no es una película donde tres meses pasan en treinta minutos. La vida pasa más lentamente y, la mayoría de los días, parece que el avance es prácticamente nulo. Aun así, esa no es razón para dejar de lado ese esfuerzo. Los edificios se construyen ladrillo a ladrillo, empezando por los cimientos, pensando en cuál es su mejor lugar, con su dosis de cemento. Paso a paso. Las montañas son granos de arena, los ríos y los océanos gotas de agua. Día y noche hay que luchar por ello. Si realmente es lo que quieres, te vas a esforzar y no importa cuánto cueste o lo duro que sea. Estarás luchando por ello a cada segundo, sabiendo que en cualquier momento puede haber otra persona que esté esforzándose más que tú para conseguirlo. No vale la mediocridad, ni el conformismo. Hay que pretender avanzar siempre, no rendirse jamás.
El único que puede conseguirlo eres tú. Sí... tú. El que se despierta cada mañana con los pelos revueltos y corre a por un café bien cargado. El que se ameniza las tardes con cualquier pego o se pasa las horas delante de la televisión, el que no deja el whatsapp ni aunque el móvil esté ardiendo. Dentro de ti hay una persona fuerte, valiente. Una persona capaz de conseguir lo que se proponga. Que nunca se rinde. Que nunca estima, sino que dedica el tiempo necesario. Y necesario es mucho más. El que sabe autoevaluarse, saber rectificar, avanzar sin miedo, con coraje, entusiasmo. El que nunca se rinde. ¿O no es verdad? Vas a ser la persona que más pueda quererte, la que más te apoye, la que más mimos te dé. Mírate al espejo, dedícate una sonrisa cada mañana y cada tarde, y cada noche. Todas las veces que necesites. Y ponte manos a la obra. Porque el éxito, el verdadero éxito, sólo tiene que ver con nuestro propio esfuerzo. El diez en el examen se consigue estudiando un poquito cada día. ¡Que sí! ¡Que es un tremendo coñazo! Pero, ¿y qué? Al final del camino está lo que quieres. No te quedes nunca con la mediocridad, puedes superarte a ti mismo, puedes demostrarle a los demás que estaban equivocados cuando no creyeron en ti. ¿O no es eso lo que quieres? Mírate, en serio, MÍRATE y piensa lo que tú quieres. ¿Lo sabes ya? Pues, ¡ADELANTE!