domingo, 11 de enero de 2015

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Carta a una amiga, por Manuel Jiménez Bascón


Apareciste como salida de la nada, como por arte de magia.
Ni un día ostentosa ni prepotente; más bien sencilla, comedida, pero a la vez atractiva, elegante. Te gustaba narrar viajes increíbles, desatar tu vena poética, contrastar opiniones diferentes sobre temas de actualidad, recomendarnos lugares mágicos para disfrutar de ellos, hacernos reir con tus delirios humorísticos. Y a fe mía que lo lograbas y lo sigues logrando.
Nunca quisiste entrar en disquisiciones filosóficas profundas, ni utilizar un lenguaje desmesurado. Tu vocabulario es llano, asequible, del pueblo. Todo en ti resuma transparencia y humildad. Hablas y dejas hablar. Escuchas y dejas opinar y te apoyas en todo el que te ofrece colaboración. A la vez nos acompañas, enseñas, entretienes, alegras. Asumimos cierta dependencia de ti.
Pero es curioso; no te gusta exhibirte muy a menudo, te nos muestras a cuentagotas. Como manejada por los astros, solo apareces cuatro veces; coincidiendo con las estaciones. Sigues siendo igual aunque distinta…, sutil paradoja. En realidad, te adornan las mismas virtudes que siempre tuviste. El tiempo pasa y aunque ya no seas tan joven, eres mucho más interesante.
Has cumplido cincuenta números y sigo prendado de ti. Felicidades “Ladrío”.