miércoles, 24 de septiembre de 2014

Filled Under:

¿Independencia de Cataluña?

La próxima edición de Otoño 2014 de la revista El Ladrío, que edita la Asociación Cutural El Coloquio de los perros, será la que haga el número 50 de la misma. Todo un evento que merece un tratamiento especial y una celebración. Una de las formas en que se realizará esa conmemoración es a través de esta web, trayendo al recuerdo algunos de los números y artículos más destacados en estos años.
En esta ocasión, lo hacemos a través de Cipión y Berganza, los protagonistas de la novela ejemplar cervantina que da nombre a nuestra asociación, quienes, allá por Otoño 2012, reflexionaban y opinaban a favor y en contra de la independencia de Cataluña.

A favor de la independencia de Cataluña, por Cipión
Querido Berganza, el hecho de que Catalunya tiene una historia, una cultura, una lengua y una trayectoria diferenciada de otros pueblos del Estado español me parece algo innegable. Catalunya ha sido además una entidad jurídica independiente de los reinos peninsulares durante parte de la Alta Edad Media, cuando estaba ligada al Rosellón y al reino de Francia. Por tanto, hablar de independencia de Catalunya no es ninguna sorpresa desde el punto de vista histórico. Estos hechos diferenciales son más que suficientes para aspirar a constituir un Estado-Nación moderno.
Estas razones de corte historicista no son las más importantes. Creo que el principal motivo es la voluntad legítima y democrática de una mayoría de los catalanes de formar un Estado propio. Especialmente cuando durante los últimos años no se ha comprendido desde Madrid la voluntad de aumentar el autogobierno en el marco legal español. El primer Estatuto de autonomía no pudo ser completado por la falta de voluntad de diferentes gobiernos españoles. El nuevo Estatut, aprobado según todos los trámites que marca la Constitución española, ha sido recortado severamente por el Tribunal Constitucional. Este hecho trasciende lo meramente jurídico y en Catalunya se entiende como un truco desesperado de última hora para lograr lo que no se ha podido ganar en el juego parlamentario. Ahora, la petición de un pacto fiscal que resuelva de una vez por todas la falta de financiación de Catalunya ha sido tajantemente rechazada. Catalunya supone una quinta parte del PIB español y su aporte de impuestos a las arcas es el más importante para la Hacienda central. Sin embargo, la tasa de inversión del Estado central es mucho menor que en otras Comunidades Autónomas. Esta falta de infraestructuras ha debido ser compensada por la Generalitat, de ahí su abultado déficit público.
En definitiva, todos los intentos de mantener a Catalunya dentro de la estructura estatal de España han sido boicoteados por los propios gobiernos españoles tanto en el plano político (Estatutos) como en el económico (financiación y pacto fiscal), pero no por independentistas catalanes. Este sentimiento de desprecio ha potenciado la sensibilidad nacionalista y ahora sólo la independencia es el camino que se vislumbra. El método elegido debe ser la salida pactada y negociada de España como primera opción. Ahora bien, si nuevamente Madrid cierra todas las puertas a la voluntad del pueblo catalán, la independencia debe ser unilateral, aunque esto no quepa en el ordenamiento jurídico actual. Después de años de encontronazos y cierres en falso es momento de que se corte un lazo que no es cómodo para ninguna de las partes. No será fácil, pero la voluntad de un pueblo en marcha no puede torcerse.

En contra de la independencia de Cataluña, por Berganza
No hay una cosa que me revuelva el estómago más que escuchar a un catalán pregonar que ellos, los catalanes, son los que sostienen con sus impuestos la holgazanería de otras regiones españolas. Y que otro gallo cantaría a los españoles sin los catalanes. Ay, Cipión, ¿cómo era eso de una mentira repetida mil veces...?
La unidad territorial de todo un país como España no puede estar acongojada por las alocadas pretensiones del president Mas. Ese héroe que el pueblo catalán ha encontrado en su hégira hacia la independencia, que no es más que otra lata de gasolina arrojada a una nación que arde por casi todos sus vértices. Es la moneda con la que la sociedad catalana nos paga tantos y tantos desvelos a este otro lado de su frontera, desde donde han partido inversiones millonarias que han hecho de Cataluña, junto al esfuerzo de sus trabajadores –es justo reconocerlo-, la zona más próspera del país.
En estos últimos 35 años, España ha estado cautiva de Cataluña durante bastantes años. Sí, sí, Cipión, escuchas bien: “ca-u-ti-va”. Cuando los gobiernos nacionales eran gobiernos en minoría en las Cortes, los partidos catalanes –CIU, el primero- se pintaban su mejor sonrisa, se anudaban la corbata frente a Madrid y ponían la mano. ¿Sabe usted, señor Mas, dónde se limpiaban los mocos los andaluces mientras su partido hacía de mamporrero del gobierno de turno? Y ahora claman la independencia porque se sienten perjudicados...
Cipión, mucha saliva la que hay que tragar por esta España que unieran los Reyes Católicos. La solidaridad interna entre españoles ha contribuido al avance del pueblo catalán. La voraz industrialización que el país entero toleró en Cataluña se hizo en base a un lógico principio de solidaridad que unas veces te da y otras veces te quita. Y en mi opinión, amigo, a los catalanes esa solidaridad de la que hablo, les ha dado más que lo que les ha quitado.
Te hago un símil futbolístico y pongo como ejemplo el equipo con el que los catalanes alcanzan el orgasmo desde las gradas, cada vez más politizadas, del Camp Nou. Si Messi es el bueno del equipo es porque se lo curra, sin lugar a dudas, pero también porque otros se sacrifican por él, para que triunfe su estilo de juego. No sería justo que, después, Messi se llevara la copa de campeón a su casa, arrebatándosela al equipo.
No sería justo que Cataluña se pase ahora por el forro del refajo de la Moreneta ese reparto de esfuerzos. Aquí todas las comunidades estamos en fila india, temblando de frío, esperando las migajas que suelta la “rica” Cataluña. Se autodefinen como los ricos de España y resulta que están endeudados hasta las cejas. ¿Eso también es culpa de los españoles? ¿España es responsable de las barbaridades pagadas a toca teja del tripartito? Si los gobiernos catalanes hubieran sido más responsables en su gestión, ahora no estarían metidos en ese callejón sin salida que es el debate de la (absurda) independencia.