sábado, 6 de septiembre de 2014

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Fútbol y matemáticas, por José Alfonso Rueda

Decía Vujadin Boskov, uno de los ilustres fallecidos del mundo del fútbol en este año, frases tan cargadas de lógica como que fútbol es fútbol, que el fútbol es imprevisible porque todos los partidos empiezan cero a cero, que ganar es mejor que empatar, empatar mejor que perder y perder, mejor que descender, o que prefería perder un partido por nueve goles que nueve partidos por un gol. Cargadas de lógica y, por qué no, llenas de fundamento matemático.
Porque, como también afirmó el ex-entrenador serbio de Real Madrid o Real Zaragoza, el fútbol es bello porque es sencillo. Sencillo y, añadiría yo, geométrica, analítica, estadística o aritméticamente proporcionado.
Efectivamente, fútbol es fútbol, pero fútbol es geometría, por donde quiera que lo miremos. El terreno de juego, repleto de rectángulos, diagonales, segmentos y sectores circulares; el prisma trapezoidal que conocemos como portería o los balones casi esféricos, que en realidad son icosaedros truncados y rombicosidodecaedros; los rombos y triangulaciones de los jugadores en el campo; los ángulos, parábolas o líneas rectas en sus lanzamientos y ángulos; o, guiño friki, la curvatura de la Tierra en el terreno de juego de Oliver y Benji.
Para quien no le llene esa belleza geométrica del fútbol y tenga una mente más práctica, hablemos de probabilidad y estadística. Tablas y tablas llenas de datos, equipos y jugadores analizados hacia adelante y hacia atrás, audiencias televisivas, calendarios, posibles resultados comparados con los que ya ocurrieron. Expertos y computadoras al servicio de entrenadores, preparadores físicos, empresas publicitarias, cadenas de televisión o plataformas de apuestas. En suma, matemáticas para obtener más beneficios, para agradar al poderoso caballero de Quevedo.
Pero también caben en el fútbol los datos numéricos exactos, sin incertidumbres estadísticas, las funciones que determinan los sueldos de los futbolistas, los ingresos televisivos o por participación en competiciones, los impuestos que se deben pagar a Hacienda o la Seguridad Social o la forma de saltárselos; y la aritmética de una victoria, tres puntos, o de Di Stéfano, aún más sencilla, para ganar un partido sólo hay que marcar un gol más que el rival.
¿No se lo creen? ¿Me toman por un medio loco? Que no, que es verdad. Que, por ejemplo, hay un catedrático de economía de la London School of Economics, natural de Baracaldo, como el nunca suficientemente ponderado Javi Clemente, que ha aplicado las teorías del matemático estadounidense John Nash, el de la película Una mente maravillosa, a los lanzamientos de penaltis. ¿Les parece una tontería? ¡Qué negativos! Hay que ser positivos. Miren a Van Gaal. Él lo vio claro, cambió al portero holandés antes de la tanda de penaltis contra Costa Rica y, ¡oh maravilla!, va el tal Krul, estudioso de estos lanzamientos, y los para.
Así que no lo duden. Tanto si son padres con niños prometedores en el fútbol o jovenzuelas promesas del deporte rey, el fútbol son matemáticas. Y si las ciencias no son su fuerte, siempre les quedará hacerse comentaristas especializados o tertulianos deportivos.