Poemario, por José Marcelo García

 De paz se han muerto mis manos
De esa paz enjuta y que soslaya el frio, el hambre, la amargura
De paz se ha resquebrajado mi cuerpo
Cuando el hambre oscura y la venganza pedían tregua,
Y también guerra.
De sangre han quedado manchadas mis carnes.
De mi sangre.
De mi honor.
De mi canto mi amante ha quedado prendada
Como yo sentí aquel día aquellas palabras:
No es más social el que menos reza
Sino el que más acude.
Por eso, inermes, mis manos piden guerra.
Una aliteración de sonidos, una  leve daga,
Clavada, profundamente fría.

Me he sentado ante un libro en blanco
Un mar de almas, una lluvia de gotas blancas,
Allí en la página cuarenta y siete  traen armas
Perdidas las madres del mundo,
Con leche en sus pechos de reluciente blancura,
Alimentando fieras que abren las fauces
para  devorar algo más que el hambre.

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