lunes, 26 de mayo de 2014

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Ibrahim Maalouf: Al este del oeste, al oeste del este, por Antonio Luque

Desgraciadamente Oriente Medio siempre se recordará como una de la zonas con mayor número de conflictos bélicos de las últimas décadas. Afganistán, Irak, Líbano, la franja de Gaza o Irán son nombres que van unidos a la guerra. Con semejante currículo, no es de extrañar que la cultura de estos territorios haya quedado relegada a un lugar remoto, poco accesible para el público occidental. A pesar de ello, la eclosión musical que ha habido en estas zonas, desde la última década del pasado siglo, no tiene precedentes. Músicos con formación académica, que no renuncian a sus orígenes, han irrumpido en todos los ámbitos, fusionando estilos que parecían  antagónicos (música árabe, jazz, rock, hip-hop...). El elemento más novedoso es que para ello han utilizado instrumentos tradicionales como el oud, el riq o el tambor de copa, que se han mezclado con guitarras eléctricas, baterías y pianos, hasta dar un resultado embriagador.
El tunecino Dhafer Youssef, los iraelíes Avishai Cohen, Omer Avital o Daniel Freedman, o el francolibanés Ibrahim Maalouf, encabezan  desde hace años los carteles de los principales festivales de jazz de Europa. No es una casualidad. Montreaux, Vitoria, Coutances o Rotterdam, siempre cuentan con alguno de ellos como  reclamo año tras año. Es un lujo llevarlos en programa y además, la fusión de estilos está de moda, con lo que el abanico de público potencial se amplía de manera exponencial.
Aunque cualquiera de los músicos citados más arriba servirían para dar forma a este artículo, merece especial atención el último nombre de esa pequeña lista de artistas irrepetibles e imprescindibles. Ibrahim Maalouf es un artista difícil de catalogar, capaz de sacar de sus casillas a los críticos más puristas del jazz internacional, pero también de poner a bailar con sus ritmos al público más joven. Su  tema más popular, titulado Beirut, comenzó a fraguarse hace una década, mientras el trompetista libanés paseaba por una ciudad destruida por la guerra civil, escuchando a Led Zeppelin. Posiblemente sea la mejor manera de definir su música.
El público que escucha sus discos o sus conciertos nunca permanece indiferente. Como siempre pasa con la música que se sale de los cauces habituales... o la amas o la odias. Varios son los elementos que hacen que Maalouf sea un músico especial pero, sobre todo, el hecho de sacarle el máximo partido al instrumento heredado de su padre, el también trompetista Nassim Maalouf.  Fue el inventor de la trompeta a cuartos de tono, incluyendo en ella un cuarto pistón, que amplía el abanico de tonalidades, sobre todo incluyendo el sonido árabe tradicional. A este elemento innovador, hay que unir la impresionante formación de Ibrahim Maalouf, clásica y tradicional, desde niño. A la música no le importa la lejanía o cercanía de la fusión. Se busca siempre el enriquecimiento con nuevas sonoridades, texturas o matices y, a pesar de la evidente distancia entre la música oriental y ocidental, Maalouf consigue que su trompeta luzca engrasada.
A principios de año ha salido a la luz su último trabajo discográfico, titulado Illusions, con el que ha llegado hasta uno de los templos de la música europea como el Olympia de París. Mantiene la línea de sus discos anteriores, aunque Maalouf da una nueva vuelta de tuerca, incorporando sonidos propios del funk, el jazz o la música disco. Posiblemente no sea el mejor trabajo para sumergirse en la música del trompetista francolibanés, no obstante, es un disco lleno de matices. En una entrevista concedida a un medio de comunicación francés, Ibrahim Maalouf  comentaba que sólo falta que los críticos del jazz más académicos le pongan una bomba en casa, por su atrevimiento a fusionar estilos musicales tan diversos. Es una opinión seductora en sí misma, suficiente para buscar el disco y escucharlo.