martes, 10 de diciembre de 2013

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¿Gibraltar español?, por Berganza

Veo con pesar, viejo amigo Cipión, que en este asunto te dejas llevar por tu lealtad canina, que siempre que se menta la patria ladras y gruñes dispuesto a defender al amo que sólo te da mala vida. No seré yo el que embista cuando me pongan la bandera delante, que soy perro viejo y no novillo.
Las patrias se inventaron para servir al rey y a sus nobles y esto de Gibraltar no es más que un juego de rapaces. Duermo tranquilo todas las noches sabiendo que en Gibraltar manda la Gran Bretaña, y si hay algo que me quite el sueño es que esta panda de sátrapas que nos gobiernan se pueda apuntar el tanto de devolvérselo a España, para que se nos olvide que hace años que apenas nos dejan un mal hueso que roer y la carne ni olerla. Y no nos viene mal, querido Cipión, que la roca no sea España. Pregúntale a sus vecinos de la Línea si prefieren trabajar en Gibraltar o en Alemania. Y si los españoles van allí a comprar perfumes y tabaco, los llanitos vienen aquí a por comida y a airearse, dejándose sus cuartos, porque el peñón es muy pequeño y enseguida se les embota la cabeza de estar metidos en un metro cuadrado.
¿Qué sería de la Bahía de Algeciras si no fuera por Gibraltar, con tanto paro? Tampoco la ecología nos da la razón. Si ellos hacen bunkering y ganan terreno al mar lo hacen con el gasoil y la tierra de España. No estamos para darle lecciones a nadie de cómo construir en la playa, sólo hay que mirar nuestra Costa del Sol y Levante.
Otro asunto son los paraísos fiscales. Muchas cosas se le pueden reprochar a los llanitos, amigo Cipión,, la mayoría de las cuales no se resolverían en el seno de España, y no me extrañaría nada que por poner su pendón en la roca más de un presidente del gobierno les dejara seguir sin pagar IVA y tributando lo que les diera la gana. Fíjate en Hong Kong y Macao, que de chinas tienen sólo el nombre y hasta sus propias leyes y aduanas les han dejado mantener con tal de cambiarles la bandera.
Mas no sólo existen razones de hoy sino también del pasado. Nunca debió tanto un imperio a tan pequeño espacio, si no fuera por Gibraltar no te digo yo que Rommel no hubiera llegado al Canal de Suez, estrangulando al Imperio Británico, y ahora andaríamos todos marcando el paso de la oca y saludando con la palma extendida y el  brazo en alto.
Tampoco me vale que me digas que si está tan cerca, porque entonces ni Ceuta ni Melilla deberían ser nuestras. Y no me hables de tratados de hace 300 años y los reyes que los firmaron, ellos mismos estaban dispuestos a incumplirlos a las primeras de cambio. Con el Peñón los ingleses también se llevaron Menorca, pero tiempo después pudimos recuperarla por la fuerza, que en la guerra tantos palos nos ha dado la pérfida Albión como nosotros les hemos devuelto. Pero la gloria del campo de batalla es efímera si no se saben aprovechar las victorias en casa, y mientras ellos hacían fábricas nosotros conventos y palacios. No te equivoques, Cipión, no existe el derecho a poseer una tierra sino la capacidad de defenderla ¿O acaso nosotros pedimos permiso para hacernos con media América? Hasta los indios americanos construyeron sus imperios a costa de sus hermanos. Llegar primero sólo da gloria que luego queda para la hemeroteca.
Desengáñate, viejo amigo Cipión, no dejarán de picarte las pulgas ni de rugirte las tripas aunque puedas entrar en Gibraltar sin hacer cola ni enseñar el carnet a un poli que te habla medio en inglés medio en dialecto llanito.