domingo, 11 de agosto de 2013

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La hija del este, por Ofelia Ara Rouse

Trae esta novela el recuerdo de nuestro pasado europeo más reciente y vergonzoso al ambientarla durante la guerra de los Balcanes. La voz de dos narradores nos va llevando a través de los acontecimientos que se dividen entre la historia personal de Ana y la historia real de los protagonistas serbios. Estos justifican el genocidio que se cometió durante ese período, con su historia que va desde el rey Lazar hasta nuestros días. Es también la historia de un descubrimiento y del paso de la inocencia al conocimiento, de amor filial y deseo de libertad. A lo largo del libro Ana irá encontrando a su alrededor un mundo más complejo que el que conocía o, mejor dicho, que creía conocer, pues su visión del mundo es la que su familia le ha mostrado. Tendrá su particular descenso a los infiernos, pasando desde la incomprensión a la verdad y podrá al fin reinterpretar sucesos de su vida que ahora se le antojan terribles.
A raíz de la muerte de Tito, las seis naciones que componen Yugoslavia entran en una vorágine nacionalista. La noción de la llamada “historia oficial” subyace en todo el relato, reescrita desde un espíritu nacionalista y mediante la apelación a la propia tradición. Para la protagonista, el patriotismo es noble y natural; llama a la auto-defensa frente a la malévola consideración de los extranjeros, de los otros. Para tener una memoria y una identidad, se crea una memoria histórica, partiendo en numerosas ocasiones de una invención, estableciendo incluso un arquetipo antropológico de pureza racial. Cuando uno de los dos narradores, atónito y horrorizado por lo que está sucediendo, entra en la acción del libro, dice, parafraseando a Bernard Shaw,  que “el patriotismo es el último refugio de los canallas, es la insensata convicción de que tu país es superior a los otros porque tú has nacido en él”. Para sostener esto se crea el mito, que tiene una fuerza lírica y una belleza de la que la Historia carece pues es voluble y poco fiable.
Ana, que es una figura real, es hija del general Mládic, cuyo apodo era “el carnicero de Srebrenica”, que fue Jefe del Estado Mayor del ejército durante la guerra de Bosnia. Fue acusado de crímenes de guerra y genocidio por el tribunal de la Haya, en especial por el asedio a Sarajevo, donde murieron 10.000 personas y la masacre de Srebrenica, donde mató a 8.000, siendo el mayor asesinato en masa desde la Segunda Guerra Mundial.
El libro entrelaza la descripción de personajes reales de la guerra de Bosnia con la novela sobre lo que pudo suceder con Ana. Su viaje de estudios a Moscú es el principio de su anagnórisis que, tomado desde un punto de vista aristotélico, es el momento crucial en el que la verdad se revela y se hace clara al protagonista, con efectos casi siempre demoledores. El desconcierto ante el mundo que le rodea y la angustia del descubrimiento de los horrores de la guerra no pueden sino tener un fin liberador para ella.