sábado, 9 de febrero de 2013

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Viaje por la Ruta 66 (III), por Óscar Marcos

Este es el último capítulo sobre la Route 66 referido a mi estancia en California durante los últimos diez días de mi viaje a EEUU el verano del 2010. Es el estado más poblado del país y el tercero en extensión.
Desde Las Vegas se accede a California a través de la autopista, sin dejar el desierto que pasa a llamarse el “Valle de la Muerte”, lo cual no es muy alentador. Poco a poco, el paisaje se va poblando de vegetación hasta llegar a los valles fértiles más cercanos a la costa, como el del entorno de Los Ángeles. En aquella gran ciudad, visitamos los sitios más turísticos como Hollywood, el lujoso Beverly Hills, con las carísimas tiendas de Rodeo Drive (miramos pero no compramos) o la espectacular playa de Santa Mónica, donde se rodó “Los vigilantes de la playa”, y en la que termina oficialmente la Route 66, lo cual celebramos dándonos un chapuzón en el Pacífico.
Con nuestro objetivo de terminar la Ruta 66 conseguido, la idea era visitar algunos parques nacionales del interior del Estado (Yosemite, Sequoia y King’s Valley) y luego  pasar unos días en San Francisco. Así nos adentramos en un paisaje montañoso y salvaje que contrasta enormemente con la populosa costa y donde pudimos practicar senderismo en una naturaleza grandiosa, en la que se encuentran bellas montañas, lagos, cataratas y bosques de secuoyas, uno de los árboles más antiguos y enormes de la Tierra.
Nuestro último tramo del viaje fue San Francisco, que para mí es de las ciudades más bonitas de EEUU. Conocida por tantas películas y sus empinadas calles, fue emocionante acceder a ella en coche a través del larguísimo puente de la Bahía. Alojados en un hotel en una zona un tanto peculiar donde por la noche campan a sus anchas vagabundos, borrachos o colocados y gente de toda ralea, el primer día fuimos en antiguos tranvía al Fisherman’s Wharf, la preciosa zona del puerto con tiendas, músicos callejeros y un bar llamado “La gamba de Buba”, en honor al personaje de “Forrest Gump” y decorado con motivos o fotos de la película. Otro día fuimos a Chinatown, uno de los barrios chinos más antiguos y grandes del mundo con sus bazares, restaurantes y estrechos callejones, y no lejos de allí a una librería llamada “City Lights” donde se reunieron los poetas de la conocida como Generación Beat. Pudimos conocer también el San Francisco más alternativo en la zona de Haight, donde comenzó el movimiento hippie en los años 60 o el barrio de Castro, donde vive gran parte de la comunidad gay de la ciudad. Fue un acierto encontrar una noche un pequeño restaurante vietnamita en un auténtico antro donde sin embargo la comida y el trato fueron excelentes a un precio muy barato. Una de las excursiones de las que guardo mejor recuerdo fue la improvisada que hicimos un día frío y nublado cruzando a pie el famosísimo puente del Golden Gate donde comprobamos lo alto que era y cómo lo movía el viento, llegando a un precioso mirador y unos kilómetros más allá terminamos yendo andando a Sausalito, porque no venía ningún autobús y el hambre y el frío apretaban. En Sausalito, un antiguo poblado de pescadores reconvertido en barrio de lujo donde hay numerosas casas-bote y chalets de lujo, descansamos y comimos para volver en barco a la ciudad mientras anochecía, rematando de la mejor manera nuestra estancia allí.