miércoles, 5 de diciembre de 2012

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Los banqueros y sus hijos primero, por Andrés Núñez



Es la hora del sálvese quien pueda mientras aún toca la orquesta. No hay botes para todos y con nuestros billetes de tercera tras las rejas vemos cómo embarcan los ricos; estén tranquilos y esperen su turno, nos dicen, mientras el agua nos llega a las piernas. Lo primero es salvar a los banqueros que nos pusieron el iceberg en la proa, después a sus hijos; ustedes lo votaron, y si queda tiempo dejaremos saltar por la borda a los de tercera. Y siguen los botes embarcando medio vacíos mientras la plebe espera y se resigna, esto me pasa por mi avaricia, por querer mejorar mi vida en América. Se salvan los ricos y no salen las cuentas.
Soñar es gratis y yo sueño que salimos de la crisis, no porque nos saquen los políticos ni los banqueros, sino porque los ciudadanos de una vez por todas consigamos que dejen de engañarnos. Que haya listas abiertas para que votemos a personas y no a partidos, a ver si algún parado votaba a la Fabra. Se empeñan en sacarnos la sangre como los médicos medievales y, cuando ven que el paciente no mejora, dicen: de trasfusión nada, eso es que hay que seguir sacando sangre. Ese es el bucle en el que andamos metidos; todo se reforma para que no cambie nada.
Para salir de la crisis hay que tomar medidas valientes e innovadoras, nos dicen. Que llamen como quieran a su mierda, pero que no quieran que yo me la trague aunque ya me la estoy tragando. Gastamos menos que nadie en educación y sanidad, nuestros sueldos y pensiones son de los más bajos de Europa y aún son capaces de decirnos que el estado del bienestar es un lastre. Mientras tanto, siempre hay dinero para echarle una mano a un banco, antes con dinero del FROB que del rescate europeo, que los trapos sucios mejor lavarlos en casa, donde los mismos corruptos que se llevan dinero a espuertas nombran a los jueces.
Lo que no se puede seguir manteniendo no es el estado del bienestar sino el sistema profundamente corrupto en el que vivimos. Nuestra separación de poderes es una ficción. Vemos  normal que alguien pueda colocar a su yerno en Washington con una llamada telefónica, valga la redundancia, para quitárselo de encima; ex presidentes a sueldo de petroleras, eléctricas y lobbys de la información cuyos objetivos son obtener el mayor beneficio sin ningún escrúpulo y lavarnos el cerebro. A todos los niveles aceptamos que no hay nada mejor que un buen enchufe, lo cual divide la nación en dos clases de ciudadanos: los que roban y los que no pueden.
Esto es lo que tenemos que empezar a cambiar, aunque parezca que está intrínsecamente ligado a la condición humana. Y debemos cambiarlo aunque sea por puro egoísmo, esa es mi última esperanza. Al fin y al cabo los humanos siempre acabamos reaccionando y sintiendo empatía sólo cuando todos estamos metidos dentro del mismo saco. Vivimos tiempos de cambios acelerados, en poco más de 20 años hemos visto caer el telón de acero y lo que parece el colapso del sistema capitalista. Contamos con medios de información o desinformación y libertades que jamás han existido, de nosotros depende elegir y luchar para hacerlos efectivos. Cabe recordar que en 1865 con el fin de la Guerra civil americana se abolió la esclavitud en EEUU, pero no fue hasta un siglo después que se consiguió acabar con la segregación y aún hoy existe mucho racismo. Que nadie espere que el hecho de plasmar buenas intenciones en un papel legal haga cambiar a la sociedad de inmediato, y los últimos recortes parecen llevarnos de nuevo a la esclavitud.
A pesar de todo soy optimista, al ritmo que llevamos no tardaremos en tener que enfrentarnos a un cataclismo ecológico planetario del que no se podrán salvar ni los pasajeros de primera con todo el dinero del mundo. Entonces aflorará el “altruismo” de los ricos y dejarán de pensar sólo en pagar menos impuestos y salarios, lo que haga falta para salvar el planeta dirán, y de paso yo mismo. Será  cuando rememos todos juntos sin saboteadores y al menos tendremos una oportunidad de salvarnos.

1 comentarios perrunos:

Gonzalo dijo...

Lo malo de que cayera el telón de acero es que se vino abajo el comunismo y se reactivó el capitalismo. Excelente artículo.