Cipión y Berganza: ¿San Francisco Solano o el Gran Capitán?

El Coloquio de los perros es la Novela Ejemplar cervantina en la que aparecen Montilla y las Camachas, y da nombre a nuestra asociación. Sus protagonistas, dos canes, Cipión y Berganza, también pretenden serlo de nuestra revista. En cada número, a través de sus reflexiones y posturas en páginas centrales, uno a favor y otro en contra, iremos tratando temas de interés para nuestra sociedad. En esta ocasión, la cuestión es quién es el más universal de los montillanos: San Francisco Solano o el Gran Capitán.


Cipión: San Francisco Solano
Querido y aguerrido Berganza, te voy a iluminar sobre por qué San Francisco Solano es el mejor de los montillanos, como bien dice alguna letrilla de coplas populares de su ciudad natal.
En primer lugar, te voy a destacar su universalidad.
Además de ser patrón de su Montilla natal, también lo es de Ciudad de Lima, el lugar en que falleció, y es ampliamente venerado en países como Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay o Perú. No por algo es llamado el Apóstol de América.
En segundo lugar, y a colación de esto último, te tengo que recordar que El Santo es otro representante más de esa relación entre Montilla y América que tiene más de cinco siglos de tradición, el más ejemplar de ellos y el que más huella dejó en aquellas tierras.
Desde que el marinero montillano Pedro Sánchez, cánido amigo, acompañó al almirante Cristóbal Colón en su primer viaje a aquel nuevo continente, otros nombres como el Inca Garcilaso, Diego de Alvear o Adolfo Jiménez Castellanos, junto a nuestro Solano, han reflejado esa relación entre la ciudad en la que nuestro creador Miguel de Cervantes habló sobre las brujas Camachas y América.
De todos ellos, San Francisco Solano ha sido el más destacado gracias a su labor evangelizadora en tan extensas zonas del continente y por su trato y relación con las poblaciones nativas de aquellos lugares.
De ahí, Berganza de mis entretelas, que te añada, en tercer lugar, que mientras otros blandían la espada y el arcabuz, hacían de la cruz un arma más, trataban con desprecio y superioridad a los pueblos autóctonos o apenas se movían de sus palacios, fortalezas y haciendas, nuestro protagonista usaba como principal herramienta la música y su voz, aprendía las lenguas y costumbres de los sitios por los que pasaba y respetaba y se hacía amigo de sus pobladores.
Es icónica esa imagen de San Francisco Solano llegando a las aldeas armado de un violín y una cruz, cantando rodeado de animales, al más genuino estilo franciscano. Incluso Murillo se hizo eco de ello en su pintura “San Francisco Solano y el toro”, cuando inmortaliza con su arte el episodio milagroso en el que el santo montillano consiguió amansar calmadamente al embravecido toro durante una jornada de lidia en San Miguel de Tucumán.
Como puedes ver, Berganza, el patrono del folclore argentino concebía la música como herramienta de evangelización, paz y alegría en pleno siglo XVI.
Continúo, perro querido, diciéndote que, en cuarto lugar, después de haberte expuesto y demostrado la universalidad de nuestro Solano, no puedo dejar de ir también al localismo y a su ciudad de nacimiento. Sus paisanos montillanos llevan siglos recordándolo, venerándolo y homenajeándolo.
¡Qué se puede decir de alguien que es reconocido tanto en su tierra como fuera de ella, en todos los lugares por los que ha pasado!
Alguien que no dudó en renunciar a sus estudios teológicos y a sus anhelos de ir a África de misionero a la muerte de su padre, regresando a su casa para ayudar a su madre y a su familia. Y que, una vez allí, se encuentra con una imprevista epidemia de peste. ¿Se fue? Pues no, se quedó en Montilla para echar una mano con los enfermos. Y vaya si lo hizo, que desde entonces se habla de las inexplicables y milagrosas curaciones que llevó a cabo en ese tiempo. Otro milagro que también ha quedado reflejado en un lienzo: “Milagro de San Francisco Solano en la Cuesta de las Tenerías”.
Curiosamente, la obra fue inmortalizada por José Garnelo, un montillano casi de nacimiento, y se puede contemplar en la Parroquia de Santiago de Montilla, donde también se ubica la pila bautismal del mejor de los montillanos. Ejemplo claro, pues, de la gratitud y devoción que sus paisanos profesan a San Francisco Solano; como la conversión de su casa natal en templo con su advocación o convertir en feria mayor las fiestas patronales en su honor.
Así que, mi marcial Berganza, a ver cómo me rebates que ¡viva Solano, que es el mejor de los montillanos!
Berganza: Gran Capitán
Cipión, musical y alegre can amigo de los animales, si hay un personaje nacido en Montilla o vecino de tan ilustre ciudad que más influencia en la historia de España o del mundo haya tenido ese es, sin lugar a dudas, Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. Incluso en la historia de su localidad de nacimiento, como miembro del linaje de los Fernández de Córdoba.
Durante las guerras civiles castellanas de su juventud, siempre estuvo al lado de Isabel la Católica en su búsqueda de la corona de Castilla. Un fiel servidor que nunca la traicionó en unos tiempos en que la lealtad a uno u otro bando era una moneda más con la que mercadear.
Posteriormente, cuando Isabel y Fernando lograron consolidarse como monarcas, su destreza militar sobresalió en la guerra de Granada y fue decisiva en numerosas batallas en las que demostró su buen hacer, sus dotes de mando y su ingenio como estratega.
Su contribución en esa campaña, querido Cipión, no se quedó solo en lo militar. Su amistad con Boabdil, el último rey nazarí, su respeto al rival dentro y fuera del campo de batalla y su capacidad negociadora fueron decisivas en la rendición de Granada.
Está claro, cánido amigo, que ningún montillano de nacimiento o adopción ha contribuido más que Don Gonzalo a la conformación de la España moderna tal y como la conocemos.
Sin embargo, donde logró llevar a la cumbre el desarrollo de todas esas cualidades personales fue en Italia. Allí es donde se convirtió en un personaje universal.
Volvió a demostrar su fidelidad inquebrantable a un rey, Fernando el Católico, que siempre desconfió de él. Su brillantez militar y estratégica le hizo vencedor de batallas que parecía imposible ganar por la superioridad de tropas de los franceses y en las que de nuevo mostró su respeto por los vencidos. La consideración que tenía entre su tropa impidió revueltas o saqueos por el simple motivo de que lo ordenaba Gonzalo.
También hay constancia artística de estos hechos, pictórico Cipión: en “El Gran Capitán recorriendo el campo de la batalla de Ceriñola”, Madrazo refleja su triunfo a la par que su pesar por la muerte de su rival, el Duque de Nemours.
Tras aquellas victorias, en las que nació el apodo de Gran Capitán, dejó clara otra vez su capacidad negociadora y de gobierno en Nápoles. ¡Cómo no destacaría que hasta el mismo rey Fernando desconfió de él, no fueran los napolitanos quererlo ascender de virrey a rey!
Las acciones del Gran Capitán en aquellas tierras, amigo Cipión, conformaron una organización territorial y política en Italia y unos equilibrios de poder en Europa que marcaron la historia moderna del mundo durante siglos.
Y si nos centramos en su actividad en el campo de batalla, todavía se estudia en las academias militares de todo el mundo. Por su capacidad como estratega y, sobre todo, porque fue el creador de la infantería moderna y revolucionó la técnica militar.
Que sí, Cipión, que blandía espada y arcabuz, como tantos segundones de familias nobles. Pero con una honra, una fidelidad a sus señores, un respeto a sus rivales, un cariño de sus hombres y una visión de estratega pocas veces vista y que, aún hoy, en el siglo XXI, sigue causando admiración.
Y aunque como segundón de los Fernández de Córdoba que era, poco pudo decidir de forma directa sobre el gobierno de su Montilla natal, su influencia sobre su hermano Alonso, Señor de Aguilar, y su sobrino Pedro, primer Marqués de Priego, y la desconfianza y envidias de Fernando el Católico sí tuvieron repercusión en su entonces villa de origen. Bien que el viejo aragonés ordenó tirar el castillo donde nació Gonzalo y bien que, gracias a su intercesión, perdonó la condena a muerte que dictó contra su sobrino Pedro.
Un castillo sobre cuyos restos, Cipión, amigo de la música y de los animales, se levanta ahora un espacio museístico dedicado al Gran Capitán. La más reciente de las muchas honras y homenajes que le han dedicado sus paisanos. Porque es, claramente, el mejor de los montillanos.




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