¡Qué magnífica frase que todos hemos usado cuando veíamos cerca cualquier magnifica victoria que la vida nos tuviera preparada o una situación que nos jugábamos a todo o nada! Pero hoy no vengo a hablar de esas situaciones, estos párrafos se los voy a dedicar a esa pléyade de “cuñaos” que se creen por encima de los demás porque dicen que han leído, hoy voy a por los “culturetas”.
A mediados de julio se estrenó la última película de Christopher Nolan, en la que filma su particular visión de la Odisea de Homero. Como buena película que es, no lleva a la pantalla la obra hasta sus últimos detalles. Cambia personajes, tramas, se salta pasajes y utiliza todas las herramientas a su alcance para elaborar un producto visual atractivo y con la máxima calidad posible. No hay que olvidar que toda producción cinematográfica es una inversión de dinero que hay que rentabilizar, y más si miramos los números en los que se mueve el director británico, lo que condiciona la adaptación.
De lo que él no era consciente es del fantástico maridaje que ha realizado para poner en pie de guerra a los culturetas del mundo. Un anglosajón ha osado llevar al cine yanqui uno de los mitos de la literatura griega y universal en una producción rebosante de millones de dólares. Algo absolutamente imperdonable para ellos. Se puede perdonar, como así han hecho, películas pequeñitas, muy independientes y que pasen obligatoriamente desapercibidas para el público mayoritario. Pero una obra que lleve a una mayoría a ver recreado el mundo homérico, hasta aquí hemos llegado.
Para el “cultureta de pro” la cultura no es cultura si es de masas. Estamos saturados de ejemplos. Esa escritora que es adulada hasta que uno de sus libros llega a ser un superventas. O ese desconocido grupo de música hasta que sus melodías llegan a una mayoría. Ahí pierden el halo que les dan. Ya no tienen calidad, aunque el libro o el disco sean exactamente el mismo. Si una mayoría lo alaba y lo disfruta son lanzados al abismo de la abominable cultura de masas.
El cultureta se pavonea por el mundo haciendo gala de sus conocimientos en cualquier faceta del arte desconocido; todo lo demás no solo no es cultura, sino que lo aborrecen. Nos inundan, sin pedirlo, de artistas absolutamente desconocidos por la mayoría, pero que ellos si han sabido descubrir y disfrutar. En un mundo en el que el conocimiento está a la distancia de un clic, tienen que anudarse al esperpento para poder mantener su cima de la verdad.
Pero la película los ha llevado a ponerse las pinturas de guerra. No puede quedar sin castigo la osadía de Hollywood. Se han lanzado a las redes para intentar que la gente no vaya a verla, buscando un sonoro fracaso de taquilla. Se han puesto a escudriñar la cinta para sacar a la luz todas las diferencias con el texto o los errores de interpretación. Da igual lo que se hubiera hecho, ellos atacarían de igual forma la obra. Viendo la inutilidad del primer intento, han seguido después con el menosprecio de los que sí han ido a verla y han loado sus parabienes. Tachándolos de meros lacayos de la cultura americana. Y cuanto más conocido el personaje, más duro el ataque.
Otra vez han visto arder su propia Troya. Su reino de exclusividad ha sido devastado usando como Caballo al cine, el más eficaz para ello. Semanas después del estreno las obras de Homero se están vendiendo más que nunca. Toda una onda de choque que ha generado unas grandes ganas de conocer cómo era ese universo mítico, en particular, y la cultura clásica griega, en general. Odiseo, disfrazado de director de cine, ha vuelto a abrir las puertas de la ciudad para que sea destruida.
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