Parece claro que, a pesar de la total subordinación de María Corina Machado al dictado de Trump, Delcy Rodríguez le ha comido la tostada sirviendo en bandeja a Maduro a sus enemigos norteamericanos.
La oposición venezolana se debate entre la alegría de ver a Maduro rehén de Trump y la frustración de ser ninguneados en el incierto proceso que se abre a continuación.
Todo hace indicar que Corina se ha ganado la confianza de Trump y le ha asegurado el ansiado acceso norteamericano al petróleo venezolano, que es el indisimulado motivo del secuestro de Maduro.
El gran pecado original del Chavismo no fue otro que tomar el control sobre su producción petrolera para financiar programas sociales y hacer gasto público, con lo que sobrara de sobornar a medio país, claro.
Por supuesto que Chávez, orquestador de un golpe militar en 1992 y objetivo de otro en 2002, sabía perfectamente que o controlaba el ejército o el ejército lo controlaría a él. Para garantizarse la lealtad del ejército siguió el mismo modelo que sigue cualquier dictadura, ascender amigos, dar protagonismo en la estructura del estado otorgando control de puertos, aeropuertos, empresas importaciones, obras públicas y por supuesto el petróleo. Después del golpe de estado de 2002, además, retiró a decenas de generales y almirantes y reorganizó la estructura del ejército aumentando el número de generales para premiar lealtades, al estilo de Alfonso XIII y Primo de Rivera.
Hugo Chávez pretendía conseguir el control del petróleo para el estado venezolano, algo parecido a lo que ocurre en Noruega, con la grandísima diferencia de hacerlo en el mismísimo patio trasero de EEUU y en un país con una democracia muy débil y con una corrupción institucionalizada.
Entre 1998 y 2006 Chávez ganó las elecciones de forma limpia, lo cual no impidió que Corina Machado, actual premio Nobel de la Paz, apoyara un golpe de estado fracasado en 2002 que incluso condenó parte de la oposición chavista. En las elecciones de 2012, aunque se reconoció internacionalmente el resultado, Hugo Chávez usó la coacción y los recursos del estado para arrimar el ascua a su sardina. En 2015 el chavismo perdió las elecciones parlamentarias ya con Maduro como presidente y se intensificó la represión política. Venezuela nunca ha sido una dictadura al estilo chileno o argentino con miles de asesinatos, desaparecidos y violencia sistemática. A pesar de ello, Chile y Argentina apenas recibieron sanciones económicas en comparación con Venezuela; de Israel, ni hablamos.
¿Qué horizonte se abre hoy para Venezuela? El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, apuntó a España como modelo de transición a seguir en Venezuela. Hagamos un ejercicio de trasposición con la “ejemplar” Transición Española. Necesitamos un jefe de estado que transfiera la llama del poder; digamos que es Delcy Rodríguez.
Parece que Marco Rubio, ya con el control del petróleo venezolano, no tiene prisa por celebrar unas elecciones cuyo resultado podría ser incierto. Es mucho mejor tomarse un tiempo para asegurar que el resultado sea el deseado.
Dada la juventud de Delcy, le podemos dar un doble papel, el de Franco y el del Rey. Asimilemos que Venezuela era una dictadura al estilo de la española y por lo tanto es necesario un cambio radical. Así que propongamos un cambio en la estructura del estado, se acabaron las elecciones a la presidencia, a partir de ahora Delcy y su descendencia serán jefes de estado vitalicios, figuras de consenso, de poder sólo representativo, eso sí, pero con el apoyo casi incondicional del ejército, que sigue manteniendo todos sus chiringuitos gracias a la familia gobernante y su lealtad inquebrantable a EEUU.
Por supuesto, a los jueces y policía chavista no se le toca ni un pelo; continúan llevando a cabo sus labores y pelillos a la mar, hacemos una ley de amnistía que los absuelva de todos sus delitos y los de la oposición también claro.
Todo esto es redactado, por supuesto, por un grupo representativo de todos los partidos políticos venezolanos que buscan la paz y el consenso. Después hacemos un referéndum en el que preguntamos al pueblo venezolano si lo toman o lo dejan, pero son lentejas. Y ni hablar de la figura de Delcy, que se monta un golpe de estado.
Cuando Corina y su partido ganaran las elecciones, seguro que ni jueces, policías, ejército y poder económico, todos heredados del chavismo, le pondrían ningún palo en la rueda.
No creo que le gustara tanto a Marco Rubio, feroz anticastrista, una transición a la española en “su isla” ¿Os imagináis a un nieto de Fidel Castro, jefe de estado vitalicio en Cuba?
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